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Relatos y Experiencias

Recuerdo que una tarde a la edad de 10 años salí de compras navideñas con mis papás, entre el tumulto de la gente ví una mujer caminando con cierto aire seductor, y vestida de manera sensual por el centro de Medellín, el impacto de aquella escena fue grande porque sentí una de las primeras erecciones al apreciar semejante hembra paseándose por la calle.

Era muy niño para ser discreto con la mirada y no fijarme en las enormes tetas a punto de salir de su blusa, cabe mencionar que vestía una minifalda verde fucsia, al mejor estilo de los 90 con sus medias de malla y tacones altos puntiagudos, la pinta perfecta para lucir un peinado de cola alta.

En esa etapa preadolescente es difícil entender a las personas y sin embargo pude comprender que aquella dama guiñó el ojo mientras me sonreía haciéndome un gesto halagador de ser lindo; luego de caminar mucho rato pudimos sentarnos a descansar y comer algo rápido.

Mi sorpresa fue grande cuando aquella mujer también llegó al sitio para comer algo ligero, al sentarse me miró y sonrió de nuevo, mientras se acomodaba en su silla me permitió ver su ropa interior, fue la primera vez que una prostituta generaba tantos impulsos en mi cuerpo.

Aunque jamás he generado ningún tipo de juicio hacia las trabajadoras sexuales no puedo negar que he tenido una seria atracción hacia este tipo de mujeres.


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