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Relatos y Experiencias

Penetrado por mi novia, mi primera experiencia de pegging

Hace algunos años conocí a una mujer mayor, en ese entonces ella rondaba casi los 45 y yo tenía poco más de 30, nos conocimos a través de una red social y después de chatear durante varios días decidimos encontrarnos y conocernos, eso sucedió en un café en el norte de Bogotá.

Desde un primer momento hubo mucha química entre ambos, además de que era más que claro cuáles eran nuestras intenciones y por ende terminamos teniendo sexo en mi casa, la verdad que fue mucho mejor de lo que esperaba, su edad lo único que reflejaba era toda la experiencia acumulada que tenía y las ganas de desfogarse con un hombre menor.

Transcurrieron las semanas y todo iba bien, nos llevábamos de maravilla y el sexo era inmejorable, cierta noche de sábado tuvimos sexo como de costumbre y el domingo temprano en la mañana decidí levantarme y salir a montar bicicleta un rato antes de que mi pareja que en este relato llamaré Mariana se levantara, me puse mi camiseta y una pantaloneta muy corta con la que suelo estar en casa o montar en bicicleta, se me marca muy bien el trasero, ella se despertó y elogió mi cola, me dijo que una de sus fantasías consistía en alguna vez penetrar un hombre ella quería saber que se sentía, yo le dije que no le veía problema y que me gustaría ayudarla a cumplir su fantasía (lo que ella no sabía era que no era virgen de culo ni que anteriormente ya había tenido sexo anal con hombres), ella me hizo cara de sorpresa y a la vez de morbo, salí a montar en bici, volví a casa y noté que ella había tenido un cambio, se le notaba el morbo que sentía ver cumplida su fantasía y quiso dar un pequeño “bocado” ese mismo día, me acarició suavemente las nalgas metió la mano en la pantaloneta y me introdujo un dedo en el ano, me dijo que me tenía una sorpresa para nuestro próximo encuentro que sería días después.

Nos volvimos a ver el miércoles en cine Colombia, nos vimos una película y la idea era cenar algo y cada uno para su casa ya que ambos debíamos madrugar, salimos de cine y me dijo que no tenía apetito que si mas bien nos íbamos para mi casa y me mostraba la sorpresa que me tenía, accedí y nos fuimos a mi casa. Una vez allí nos tomamos unas cervezas y ella con un poco de pena me aborda y me dice que quiere mostrarme la sorpresa y saca de su bolso un arnés con un pene de latex de un tamaño no tan largo pero si muy grueso, y me dijo: por esto no tengo apetito porque hoy te voy a comer, me asustó un poco el tamaño pero accedí, fuimos a la habitación ella se puso el arnés sobre su jean ajustado y me dice vamos a probar el juguetico, me hace arrodillar y me pone a mamar el strapon que estaba a punto de introducirme.

Ese strapon era tan grueso que apenas si me cabía en la boca y se me salía la saliva por los labios, a Mariana se le notaba esa excitación y me dijo vamos a ponerlo más interesante, me hizo desnudar y me dijo no te preocupes por nada por la forma en que lo mamas, veo que te va a encantar lo que sigue. Sacó de su bolso una cuerda y me amarró las manos adelante, me puso en posición de perrito y me puso una mordaza de bola en la boca, me sentía indefenso pero a la vez emocionado, ella me comenzó a masturbar estando en esa posición y lentamente me sobaba esa verga en la raya del culo, una sensación indescriptible, me lubricó el ano y lo comenzó a dilatar primero con un dedo, luego con dos y luego con tres (ahí ya me comenzó a doler un poco) un gemido mudo salió de mi mordaza, solo sentí una nalgada y un “cállate que esto apenas comienza”, me fue metiendo la cabeza de ese estrapon poco a poco, al principio no estaba entrando tan fácilmente pero el esfínter se dilató lo suficiente Me tomo de la cintura y me dijo que ahora si iba a estrenarme (que ingenua in sabía que ya había sido penetrado por varios hombres en ocasiones anteriores) y lo metió hasta el fondo de un solo empujón.

Aunque me dolía un poco por lo grueso del strapon me encantó, a Mariana se le notaba la excitación al tenerme dominado y penetrado, sus embestidas iban de rápidas y salvajes a lentas y suaves me tenían extasiado, me sacó el strapon, me puso boca arriba se puso mis piernas en sus hombros y fue el segundo round, ya el strapon entraba fácilmente y me embestía con mas ganas, ella terminó con un orgamos que pocas veces le había visto y como premio por ser un buen sumiso ante sus deseos, me dejó la mordaza y las manos atadas, para que ella me pudiera hacer un sexo oral y pudiese tomarse toda mi leche.

Afortundamente para mi, el tiempo que duró esa relación, los juegos con el strapon eran frecuentes, muchas de las veces innovábamos con cosas nuevas y poco convencionales


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