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Relatos y Experiencias

Viajar con amigos es una experiencia curiosa, pues en algún momento de manera casi siempre implícita y pocas veces explícitamente se hace una especie de acuerdo en donde cada uno cumple un papel; sin embargo, todo depende mucho si se va en pareja. Si voy emparejada con alguien el papel es muy claro y el plan es consecuente. El tema es cuando no se va en pareja. La que va sola cumple una función de tributo -aplica en caso de las mujeres- que puede ser divertido y emocionante, o evidentemente cabe la posibilidad de ser un desastre. 

Cuando me pienso como tributo la imagen que viene a mi mente es la icónica escena de King Kong en particular, y el sacrificio de la virgen como tributo a los dioses.

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Estas vacaciones fui de nuevo el tributo. Cumplí con ser la llave para una decentes vacaciones en una finca a las afueras de la ciudad. En este caso, el Kong es un hombre de 53 años de edad, que tiene por costumbre afeitarse la cabeza; la primera impresión que da, es que es un ex-convicto, esta lleno de tatuajes rústicos que en lugar de decir: "venganza", "muerte", tiene extractos de la biblia e imágenes de sus tres hijos cuando eran pequeños, su mirada provoca miedo. No obstante, Gin, que tiene ascendencia mexicana y francesa, tiene una mescla de hombre dulce y duro.

Gin, se pronuncia Jean en francés, pero se escribe GIN, por petición del padre. Vive en una casa que le falta poco para denominarla mansión, tiene una piscina climatizada, un minibar y varias habitaciones. Creo que me equivoque al decir que era una finca, pues es una casa, su casa. Gin se dedica a algo que tiene que ver con ciberseguridad y ello le permite trabajar desde casa. 

Cuando me invitaron, me dijeron que el dueño de la casa solo hizo la petición que llevaran una amiga para él. No le vi inconveniente y me apunte. Y sí, cuando lo vi por primera vez me dio algo de miedo, su mirada y aspecto de ex-convicto de 1.85 de estatura que dominaba el solo un patio entero de una prisión. Nos recibió amablemente y si mirada estaba clavada en mí, lo que me llevo a pensar que seguramente le habían compartido una foto mía con anterioridad.  

Después de conocer un poco la casa, fui a la piscina, mi imagen de Gin cambio por completo, fue bastante dulce y alegre cuando nos hizo el recorrido por su casa, lo hizo con tal confianza y tranquilidad que me sentí segura. El agua tibia iba bien con una copa de vino que Gin me trajo, se metió conmigo a la piscina y sin ningún genero de duda se acerco a mí, me tomo por la cintura, permitiéndome comprender su experiencia y seguridad de obtener lo que desea. 

Hablamos un poco, de él, de mí, de su familia y de su casa, de los motivos de su divorcio, de nuestros trabajos. Parecía que con cada palabra se acercaba más, su mirada tenia una mescla de interés, deseo y lujuria. Su mano, fuerte, grande acaricio mi mejilla, me tomo y me beso. Fue un beso que paso por todas las fases de un buen beso, que empezó siendo tierno y termino coherente al deseo que nacía.

Mi traje de baño floto en la piscina y pude verlo como se alejaba mientras Gin entraba en mí. Similar al beso, me penetro con gentileza, sin embargo, esa gentileza desapareció pronto. Cuando eyaculo dentro de mi vagina, nuestra respiración se encontraba muy agitada, tomo aire y me susurro al oído que podía quedarme en su casa todo el tiempo que quisiera. 

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