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Relatos y Experiencias

Debo admitir que el incitador fui yo. Conocí a una chica por Telegram y a la otra por Tinder. Sobre el sexo teníamos los gustos parecidos, y charlabamos con la intencidad que genera lo nuevo. Las dos eran muy expresivas, con una capacidad enorme de imaginación e intuía por lo que decían que tenían un gusto grande por el placer. Si me escribían, sabía en qué íbamos a terminar. 

Pero un día las letras me cansaron un poco. O más bien debo decir que las ganas me pedían que hiciera otra cosa. Así, de la nada, ese día le escribí a las dos, les plantée un trio; una aceptó y enseguida le hablé a la otra. A la última le gustó la idea. Las dos pidieron fotos de una y la otra, me pedían que las describiera, que si ya había estado con una y la otra; que, qué le gustaba... yo era el mensajero o el punto de unión de esa charla de dos desconocidas y curiosas. Conté con la suerte de que las dos ese día querían sexo. Pactamos una cita para las 6 de la tarde en mi apartamento. 

Se hicieron las 2 de la tarde y algo cambío. Me llamó la chica de Tinder. Pensé que iba a cancelar, es algo común. Pero no, me llamó a decirme que si podía invitar a un amigo. La verdad no pregunté quién era, solo dije: espera le pregunto a ella (a la otra chica). Y así fue, le pregunté si tenía algún problema y para mi sorpresa, no tenía ninguno. El trío se convirtió en cuarteto. Las cosas fluyen cuando hay ganas e interés. 

...

Estaba terminando de organizar mi apartamento cuando sonó el citófono. Vi la hora y eran las 5:30, vi en la pantalla y era la chica de Telegram. Abrí, le indiqué cómo llegar y golpeó la puerta. Solo fue abrir la puerta y el ambiente se tornó muy sensual, ardiente, como con ganas de hacerlo todo ya, no se si me entiendan. Fue un corto saludo y luego un beso.

Ella estaba de vestido negro como de encajes (no sé cómo describirlo), más arriba de sus rodillas y ajustado a su cuerpo; tacones verdes brillantes y unos labios rojos. El beso se volvió un recorrido hasta los muebles de la sala y me dijo: "espera, te tengo una sorpresa". Se sentó, sin quitarse nada abrió las piernas para mi, tanto que su falda subió para dejarme ver su ropa interior también verde, de encajes, pero con una apertura que me permitía ver una panocha brillante porque ya estaba mojada. Mordió sus labios, lo recuerdo tanto, y preguntó: ¿te gusta? Ella sabía que si, que me encantaba, que con solo eso fortaleció mi erección, que quería arrodillarme ante ella y darle un oral para recibir sus jugos.

Y como lo sabía se abrió más y se puso al filo del sofá, no pude hacer más que arrodillarme para saborear su vulva, sus líquidos. Con la punta de la lengua recorría su rajita y sus jugos babosos se quedaban en mi lengua. Lubricó mucho más y decidí que su primer orgasmo debía ser así, se lo merecía y puse labios, lengua y dedos a la obra.

Ella sostenía sus piernas con sus dos manos, yo sin quitar su ropa interior, le chupaba su panocha que cada vez se mojaba más. La abría para descubrir su clitorís, ya hinchado, le daba lenguetazos, succionaba, con la punta de la lengua le hacía círculos; descansaba mi boca y la masturbaba con mis dedos, sobando, penetrando. Se quejaba de placer, gemía y parecía una niña, era un gemido de una niña, como si fuera a llorar o sollozar. Como si se hubiera portado mal y ahora estaba pagando por hacerlo. Estaba pensando en ello cuando me bañó la cara con una eyaculación mezclada con temblor de sus piernas y agitación en su respiración. 

Me miró y sonrió. Me hizo sentar, me bajó el pantalón y empezó a mamar. Estaba en esa labor cuando de nuevo el citófono, faltaban 10 para las 6, eran los otros invitados.

CONTINUARÁ EN UNA SEGUNDA ENTREGA.


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