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Relatos y Experiencias

En la isla y en el Adventure III

Por alguna razón esperaba que la isla estuviera congelada en el tiempo y que fuera exacta a como la recordaba de hace años. Sin embargo, reconocí poco, todo en efecto había cambiado. Lo particular es que, en esta ocasión estuve en la parte menos turística de la isla.

Vía una App, comencé a hablar con alguien. Me pregunto cuantos días estaría y donde estaba alojada, me dijo que podría darme un paseo en lancha si así lo deseaba, pensé en decirle a B.. pero él estaría ocupado, así que le pregunté sobre el recorrido y me dijo que seria en la tarde y me mostraría lo que quisiera. Pregunté el costo y me contesto que mi compañía, enseguida me pregunto cómo me gustaban los hombres…

Tal como dijo, fue por mi en moto. El lanchero, era bastante alto, tal vez 1,80. Fuimos al puerto, dijo que era más bonita que en las fotos, sonreí. Solo llevaba un vestido de baño de dos piezas, azul, sandalias, una gorra y gafas oscuras. El lanchero, una pantaloneta de jean, una gorra y una camiseta roja. Intento besarme y lo esquive, expresando que me parecía muy linda la vista desde ahí.

No soy una experta en lanchas, pero creo que era de las mas modernas y grandes, con un techo rojo, lleno de salvavidas y a un costado decía algo así como «Adventure III». Me presentó a un amigo, el segundo lanchero que estaba ya sentado en la lancha con una gorra un un tapabocas de tela negro, camiseta negra. El Adventure III, creo que podría tener una capacidad para 30 usuarios, sin embargo nadie llegaba y me sorprendí cuando el lanchero me dijo que estábamos listos para salir.

Así que subí, me puse el chaleco salva vidas y salimos, primero lento, luego a mucha velocidad lo que hizo que al principio me asustara y no pude evitar reírme de nervios. Vimos el manglar, algunos islotes cercanos, otras embarcaciones llenas de turistas. En un momento, como en una película de piratas se pusieron al lado de un barco grande en donde había música, el lancero subió, los abordo y volvió con unas cervezas frías, todo como saltar de una llanta a otra en un parque de niños.

El lanchero me dio una cerveza, se sentó a mi lado, avanzamos rápido y luego lento, estuve hipnotizada por el paisaje hasta que el lanchero me beso, luego beso mi cuello apasionadamente, me quito el chaleco, luego la parte de arriba del vestido. Lo detuve un momento, lo mire como diciendo que no estábamos solos, estaba su amigo, él me entendió y solo me susurro que tranquila que no pasaba nada.

Chupó mis senos, froto superficialmente mi vagina, luego me quitó la parte de abajo del vestido, metió un dedo, luego dos hasta que noto que estaba muy mojada, dijo que iba a comer un negro muy sabroso y caliente, antes que pudiera reírme, saco su verga la parada, me tomo del cabello y me hizo chupársela, me pareció más grande y dura de lo que había visto. Me hacia moverme arriba y abajo, enseguida me detuvo, me dijo que quería clavarme, me puse de pie y él sentado se quito la camiseta, me senté de frente y ahí su verga me pareció aun mas grande que antes.

Sus manos en mi caderas guiaron un rimo lento, chupo mis senos mientras que, vi a su amigo manejando la lancha, pero viéndonos de vez en cuando, y nos cruzábamos las miradas y no podía sostenérmela. El lanchero se aferro a mi queriendo llegar lo mas profundo posible, luego me dijo que me diera la vuelta y que me diera gusto con su verga negra. Así que sin sacármelo me gire, le di la espalda aún sentada en él.

Sus manos de nuevo en mi cintura promovieron que mis movimientos fueran rápidos, firmes y sonoros, no solo de nuestros cuerpos chocar sino de mis gemidos cada vez menos tímidos y olvidando que no estábamos solos. Quiero derramarme en tus tetas, me dijo, entonces me puse de pie, me arrodille con cuidado pues era difícil mantener el equilibrio a mar abierto, el lanchero se puso se pie, se sacudió un par de veces su pene y eyaculo abundantemente en mis senos.

Le dije que ahora tenia que limpiarme, y dijo que me quedara un tiempo así, luego con el agua del mar me limpiaría. Me puse de pie, a estirar las piernas y mirar el mar, contemplarlo, luego el lanchero me dio una sonora nalgada y me pregunto si quería comer más negro, pues su amigo estaba disponible.

Le dije que estaba especialmente hambrienta.

https://pilarmartelh.wordpress.com/2022/01/12/en-la-isla-y-en-el-adventure-iii/


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