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Relatos y Experiencias

Han pasado dos semanas desde que el hombre de Transmilenio me dejo mi vagina de sissy llena de su leche, tirada en el sofá de mi casa, mientras se iba hablando con la que creo que era su esposa. Cada día que regreso a casa, volteo siempre a mirar si alguien me sigue, con la esperanza de que él venga de nuevo a mi encuentro. No me gusta meterme en relaciones, de hecho, nunca lo he hecho, pero aun no entiendo que tiene él que me cautiva y me hace querer desearlo.

Una de las pocas personas de mi familia con las que me hablo, una prima para ser más exactos, que no me dieron la espalda cuando hice mi hormonización, la considero como mi hermana. Tiene un pequeño quien me considera como su tía y cuando me lo pide, le ayudo recogiendo al pequeño en el colegio. Esta vez, no sabía que había pasado, pero el pequeño se había metido en problemas y tenía citación en el colegio de alguno de sus familiares para tratar el tema. Mi prima, por trabajo, le era imposible ir y el esposo de ella estaba de viaje, así que me pidió el favor que fuera como su acudiente. Tenia que estar a las 10 am y asistir a la reunión ya que el pequeño tenia clases normales.

Empecé mi día como de costumbre, con baño de agua caliente, una buena taza de café. Volví a mi cuarto, eran las 7 am, así que tenía 1 hora para alistarme y 2 horas para llegar con tiempo. Me decidí por un vestido negro, abierto en los hombros, con encaje en todo el borde y sobre todo en el escote, dejando ver parte del brasier negro en encaje también que tenía puesto de realce, haciéndome ver los senos más grandes. La parte de arriba de mi vestido era tipo algodón y la parte de abajo era de varias capas quedando ancha. La tela era tipo satín, con rosas impresas sobre el fondo negro de la tela. Me puse un cachetero muy ajustado negro en encaje, un liguero completo (cinturilla, ligas y medias, todo color piel) y, complementando mi atuendo, llevaba una chaqueta tipo torero rojo que vienen con mangas largas pero la chaqueta es corta en el abdomen, llegando casi hasta el final de mis costillas y unos tacones rojos también, de 12 cm de alto, sin plataforma y que terminan en punta (son de mis favoritos). El vestido me llegaba hasta la mitad de las piernas, tapando el liguero y escondiendo bien mi secreto (no he querido atrofiar mi clítoris, por lo que la jaula que uso es de un único tamaño. No he querido irla reduciendo porque me encanta el morbo que produce el hecho que tenga erecciones y tenga que esconderlas, aunque me ha jugado malas pasadas por ese mismo hecho). Los cacheteros o tangas que uso, por lo general son ajustadas precisamente para poder comprimir más la jaula, aunque si me deja, al final del día, bastante cansada y a veces hasta maltratada, por lo que hoy no decido usarla. Escondo bien mi clítoris entre el cachetero, acomodé mi vestido, mi escote y me fui para el baño a maquillarme. Me decidí por unas sombras color café, tratando que quedara con un efecto ahumado, base, rubor, polvos sellantes, rímel y delineador negro y para mis labios, los delineé con un color rojo vino y, para terminar, me los pinté de rojo pasión, aplicando un brillo color cereza para hacerlos brillantes. Me apliqué un sellador de maquillaje, tome un perfume florar que me gusta mucho, lo pase por algunas zonas de mi cuerpo, me puse mi chaqueta, guarde algunas cosas de mi maquillaje en el bolso y antes de salir, por si algo, me gusta llevar mi jaula y un plug con joya en forma de corazón, junto con un lubricante caliente que me estimulaba más que el frio o el normal. Un habito que adquirí después de varias experiencias que he tenido.

Salí de mi casa con 1 hora y 45 minutos de anticipación. Así que aproveché para ir caminando de nuevo hasta la estación de Transmilenio mientras disfrutaba el liguero y mi cachetero apretado rosando mi cuerpo. Me he ido acostumbrando a la sensación y ya casi no siento que la gente se me queda mirando como sabiendo que saben mi secreto, aunque a veces me suele volver el sentimiento porque soy consiente que levanto miradas y hoy no era la excepción. Después de un largo viaje, llegué con 20 minutos de sobra. Al llegar, un celador ya de edad, se me quedo mirando de arriba abajo. Me dedicó una sonrisa algo morbosa fijándose en mis senos, mientras yo me trataba de tapar con la poca tela de mi torerito rojo (fue una mala idea vestirme así para un colegio de niños). Le dije al celador que tenia una cita con el profesor Claudio a las 10 am. Me dijo que pasara mientras me anunciaba, me estiró la mano para ayudarme a pasar y me hizo esperar de pie al lado de la puerta. Tomó el teléfono e hizo una llamada. Me volteo a ver para preguntarme el nombre a lo que le dije que era Laura Daniela Poveda y le di el nombre de mi “sobrino”. Me sonrió de nuevo morbosamente, a lo que le di una mirada despectiva poniendo en blanco los ojos y dándome la vuelta.

Por fin le dieron la autorización para dejarme entrar y no dudé dos veces en comenzar a caminar. No espere ni que me diera las instrucciones de a donde debía ir así que solo entre. En el camino me encontré con una profesora ya entrada en edad, con una bata blanca de maestra. Le pregunte que donde podía encontrar el salón donde estaba mi sobrino y cómo hacer para llevarlo a donde estaba el profesor Claudio, dándome las indicaciones amablemente. Seguí las instrucciones tal cual me las dijo la profesora hasta que di con el salón del pequeño. Toqué a la puerta y me abrió una profesora, más joven, a la cual le comenté lo mismo que a la anterior profe. Ella llamó a mi sobrino que tan pronto me vio me dio un abrazo, haciéndome agachar para poderlo abrazar. Le pedí que trajera su maleta por si se demoraba la reunión, la trajo y comenzamos a caminar rumbo a coordinación académica. Por el camino le pregunté que era lo que había pasado, a lo que el pequeño me dijo que no había querido hacer una actividad en clase y que el profesor le había llamado la atención, a lo que mi sobrino de vuelta, le contestó mal y por eso la citación.

El pequeño me guio hasta la sala de profesores para buscar al profesor. Adentro había una maestra quien se presentó formalmente como la Profesora Elizabeth. Extendí mi mano para saludarla y nos indicó que el profesor se encontraba en clase, que a las 10 sonaría el timbre anunciando el cambio de clase y que él tendría esa hora libre, por eso nos citó a esa hora pero que debíamos esperar. Le di las gracias y me indicó que nos sentáramos a esperar. Jugué con el pequeño mientras eran las 10. Sonó el timbre y solté un suspiro para liberar tensión. La profesora Elizabeth se despidió de nosotros indicándonos que tenia que dictar una clase pero que nos podíamos quedar. A las 10:10 am, escuchamos los pasos fuertes de alguien viniendo. Me levanté de la silla y planché mi vestido con las manos. Escuche una voz familiar que decía buenos días, obligándome a levantar la cara quedándome totalmente paralizada al ver a quien tenia enfrente. Era el señor que había visto en Transmilenio, era el hombre al que había masturbado, era el hombre por quien me había venido en un baño de un local de la calle, era el hombre que me había seguido hasta el almacén y me había hecho temblar solo con sentirlo, era el hombre que me había comido, me había recordado que era ser mujer, quien me había llamado puto y me había hecho suya. Claudio… por fin te conozco tu nombre.

Me quede de una pieza. Mis piernas automáticamente comenzaron a temblar. Me senté de nuevo sin poder decir nada mientras mi sobrino me preguntaba si estaba bien. Claudio se quedó de pide mirándome sin decir nada, hasta que el pequeño, hablando en voz más fuerte, nos hizo volver a la realidad. El profesor se sentó mientras nos pedía que nos sentáramos en las sillas que estaban al frente de su escritorio. Como pude, me levanté despacio, caminando torpemente y sin fuerza en las piernas mientras me sentaba despacio sin quitarle la mirada de encima. Claudio guardaba unos documentos en los cajones del escritorio mientras me dedicaba miradas cortas de vez en cuando. Le pidió la citación al pequeño, que estaba escrita a mano en su agenda. Le pidió que la dejara conmigo y que se retirara para sus clases para que no faltara a ninguna clase, dándole un papel como excusa que estaba en la citación. El pequeño se despidió de mi saliendo con su maleta. El profesor se levantó y cerro la puerta, escuchando como le ponía seguro. Se paró atrás mío y sentí como la piel se me erizó. Mi respiración se detuvo, sintiendo un nudo en la garganta que me impedía pasar saliva. Mi corazón iba a mil y sentía que se iba a escapar de mi pecho. Me rodeó de nuevo, quedando enfrente mío mientras yo lo seguía con mi mirada. Se sentó sobre el escritorio, quedando con las piernas abiertas a lado y lado mío, su pelvis a la altura de mi pecho, obligándome a levantar mi mirada. Su boca húmeda y caliente chocó contra la mía. Me comía la boca sin dejarme respirar. Su lengua jugaba con la mía mientras mi ser se derretía ante él. Se separó de mi dejándome con la boca abierta deseando más de sus besos. Su voz varonil me estremecía mientras me decía que así de linda me recordaba, sus manos iban directo al broche de su cinturón mientras yo miraba con la boca hecha agua como se veía su pene erecto sobre si pantalón.

Su rica verga cabezona estaba enfrente mío, masturbándose lentamente haciendo que se me volviera agua la boca. Me pidió que me acercara y eso hice, arrastrando torpemente la silla para quedar sobre su rico pene. Mi boca se abrió lo mas que pudo, recordando al instante como sabia, como sus besas acariciaban mi lengua y como su enorme cabeza trataba de caber en mi garganta. Se la comencé a mamar despacio comiéndome lo que podía para evitar que me dieran arcadas. Su cara de placer me indicaba que lo estaba haciendo bien y que ese ritmo le gustaba. Me comenzó a peinar mientras le chupaba los huevos, haciéndome sacar sus bolas de la boca pidiéndole por favor que no me lo metiera tan adentro de mi boca porque me iba a hacer que se llorosearan mis ojos y me iba a dañar todo el maquillaje. Un fuerte apretón en mi garganta junto con un fuerte jalonazo de cabello me hizo gemir tipo grito, haciendo que Claudio se acercara lentamente a mi boca y en forma de susurro me decía que me callara, que un puto como yo solo existía para complacer machos. Sin soltarme, Claudio puso su pene en la entrada de mi boca, jugaba con la enorme cabeza de su pene en mis labios hasta que lo fue empujando despacio adentro de mi boca. Metió primero la mitad, sacándola y metiéndola despacio. Siguió así por uno segundos hasta que me metió muy despacio su verga dejando que se deslizara despacio por mi garganta. La primera vez hizo que me dieran arcadas tan fuertes que lo tuve que sacar. Tocia fuerte mientras con un jalonazo de cabello me hacia mirarlo de nuevo, ordenándome que me callara. Iba recuperando mi aliento mientras alistaba su verga de nuevo. Le pedí que soltara mi garganta, suspire para liberar mi tensión, me relaje y lo deje intentar de nuevo. Apretaba mis ojos mientras controlaba las arcadas. Claudio aumentaba la fuerza de las embestidas mientras yo apretaba mis ojos. Mis lagrimas comenzaban a recorrer mis ojos con la esperanza de que el rímel y el delineador a prueba de agua que había comprado resistiera mis lagrimas sin dejar rastro. Bombeo mi boca por unos 2 minutos que fueron eternos para mi hasta que me obligo a levantarme, tomándome del cabello mientras todo lo que había en el escritorio, que era poco, lo botaba al suelo, haciéndome inclinar sobre su escritorio y el sentándose en la silla donde yo estaba sentada.

Mis piernas quedaron totalmente abiertas, mi cola parada y dispuesta completamente para él. Sus manos frotaban mis nalgas por la suave y deliciosa tela satinada de mi vestido, subiéndolo lentamente para poder ver lo que llevaba puesto. Mis piernas forradas por el liguero, mis nalgas adornadas por las tiras de las ligas y mi cola forrada por el encaje del cachetero, lo prendieron más. Pasó su lengua caliente y húmeda sobre mi vagina de sissy sin retirarme el cachetero, mojando un poco la tela de encaje mientras sus grandes manos me sostenían cada una de mis nalgas, abriéndome bien el culo y de vez en cuando, nalgueándome o apretándome las nalgas, dejándomelas rojas. Mis gemidos escapaban de mi boca con cada lengüetazo mientras él me decía que me mantuviera en silencio o nos descubrirían. Puse mi mano derecha sobre mi boca mientras Claudio jugueteaba con su lengua, apretándome el cachetero contra la entrada de mi vagina de sissy estimulando mi clítoris de chico con su mano. Se sentía tan rico que quité mi mano, cerré mis ojos y dejé que mis gemidos escaparan mientras disfrutaba de su roce. De un jalonazo, me bajo los cacheteros mientras me decía que era una puta que no sabía obedecer. Bajó el cachetero por mis piernas con desespero hasta tenerlos completamente en sus manos, mientras veía y escuchaba como los olía, formando una bola. Me tomó por la mandíbula con gran fuerza diciéndome que abriera la boca, metiéndome el cachetero mojado de mi humedad y de su saliva a la boca para que mitigara mis gemidos. De nuevo se sentó en la silla y me dio un enorme beso seguido de un lengüetazo por todo mi ano. Un gemido largo y profundo mitigado por mi ropa interior en mi boca se escuchaba por la sala de profesores mientras sus dedos comenzaban a penetrarme. Sentía como mi liquido preseminal escurría frio de la punta de mi clítoris mientras sus dedos me comían el culo y su mano me la jalaba. Siguió así por unos segundos hasta que un gemido tipo gruñido salió de su boca, levantándose desesperado, poniendo su enorme cabeza a la entrada de mi ano listo para metérmelo. Lo volteé a ver por encima de mi hombro derecho con los ojos bien abiertos mientras me tomaba de la cadera dispuesto a destrozarme. Empujó su verga adentro de mi ano y un ardor invadió mi cuerpo, haciéndome apretar las manos fuertemente contra la madera del escritorio, haciendo fuerza para atrás para que lo sacara, pero lo único que lograba era que más pegara su pelvis a mis nalgas. Trataba de gritar, pero mordía fuerte el cachetero que cumplía muy bien su función de mantenerme en silencio. Su mano izquierda me tomó de la nuca y con un fuerte movimiento me obligó a volver a mi posición original, recostada contra el escritorio, mientras su mano derecha se quedó apretándome la cadera fuerte y firme, un tanto doloroso, mientras mis piernas se seguían moviendo desesperadamente con el afán de soltarme. Me decía que me relajara mientras se quedaba allí sin hacer ningún movimiento, pero tampoco sin sacarla, esperando que mi cuerpo se acostumbrara. Mi respiración agitada por el dolor se iba poniendo en calma mientras el dolor iba desapareciendo.

Comenzó a bombear mi vagina de sissy lento, mientras sentía como si me comenzara a quemar. Moví mi pierna derecha para de pronto encontrar una posición mas cómoda y que no doliera, pero Claudio me tomó con su mano derecha la pierna que yo estaba moviendo, haciendo que la subiera sobre el escritorio, solo manteniendo mi equilibrio con la izquierda. Sacó su verga de mi culo y sentí un descanso, pero de nuevo lo metió. Sentía que quemaba más, sumado a esto que en esa posición me penetraba tan adentro que lo sentía en mi estómago. Sabía que podía detenerlo, que debía pararlo porque era un hombre casado además que estábamos en el colegio de mi sobrino, pero no podía pensar, tenia ese efecto sobre mi y él lo sabía. Sabia dominarme muy bien y eso me prendía más. Por un momento, tuve un segundo de claridad y le señalé mi bolso. Claudio, sacó su verga de mi dejándome respirar, mitigando la sensación de ir al baño. Me lo pasó y saqué rápido el lubricante. Se lo di y boté el bolso al piso sin importarme que se regara todo lo que llevaba adentro.

Me aplicó una generosa cantidad de lubricante caliente en mi ano, además de untarlo en su pene, lo puso de nuevo a la entrada de mi cola y comenzó a empujar. La sensación cambio totalmente, el calor del lubricante más la sensación de placer se comenzaban a apoderar de mi mientras mis gemidos iban en aumento. Me empotraba por su juguete, como su zorra y eso me encantaba. Sentía como me estimulaba mi punto G de sissy mientras mis uñas se clavaban en su escritorio. No podía parar de gemir mientras el cachetero en mi boca atrapaba toda mi saliva. Toda la situación, el lugar, como me lo estaba haciendo, literalmente todo, me tenia tan prendida que al cabo de unos 3 o 4 minutos, sentía como me venía. Mi clítoris de chico estaba al borde del escritorio. La madera del escritorio me hacía apuntar mi pene hacia el piso, por lo que todo mi semen, termino derramado sobre la madera vertical que tapa los pies de las personas, escurriendo directo al piso. Claudio sacó su pene de mi ano y me pidió que me diera la vuelta, haciéndome acostar sobre el escritorio, poniendo mis piernas sobre sus hombros apretándolas con sus brazos para que así también apretara mi ano. Las inclinó un poco hacia mi pecho, poniendo de nuevo su verga a la entrada de mi vagina de sissy y comenzó a penetrarme de nuevo. Me daba rico y fuerte, profundo, sintiendo como me llegaba tan adentro, mientras mis nalgas sonabas con su pelvis. Sus manos fueron directo a mis senos, abriendo mi torero rojo, bajando mi escote y mi brasier, dejando mis senos al aire libre. Pellizcaba mis pezones y jugaba con ellos entre sus dedos sin soltarme las piernas. Me siguió dando así por unos minutos hasta que se canso y me hizo cambiar de posición. Me puso ambas piernas hacia el lado izquierdo, haciéndomelas flexionar un poco sobre mi pecho, pero dejándole espacio para que me tocara las tetas. Con su brazo derecho me tenia ambas piernas mientras su mano izquierda mi manoseaba desde la cadera hasta los senos. En esta posición, se sentía menos la penetración, pero se duplicaba el placer, haciendo que mi clítoris de niño se parara otra vez. Mi clítoris estaba por detrás de mis piernas apuntando hacia él y al ver como estaba mi lo tomo con su mano izquierda y me comenzó a masturbar. Se sentía tan rico que mis dos manos se concentraron mis pechos, masajeando ambos, uniéndolas y separándolas, jugando con mis pezones y de vez en cuando lamiéndolas con mi lengua. Les daba besos a mis besos dejando mi labial en forma de labios marcados en mis tetas. Claudio estaba tan excitado por hacer eso que me masturbaba mas fuerte y me lo metía más duro. Empujó su verdad adentro mío en una ultima embestida mientras sus ojos se apretaban y su cuerpo se tensaba. Su semen caliente me comenzaba a llenar, produciéndome todo esto tanto placer que me hizo venir de nuevo. Mi semen caía al lado izquierdo mientras yo trataba de recuperar el aliento. El cachetero adentro de mi boca me asfixiaba por lo que lo saqué de mi boca para recuperar el aliento. Claudio saco su verga de mi vagina de sissy y me pidió lo que mejor sabía hacer. Me bajé del escritorio y me hice al lado izquierdo del escritorio, arrodillada, enfrente de ese macho. Se la limpié con mi boca y se la ayudé a guardar.

Claudio se agachó para recoger mi bolso y unas cosas que se habían caído. Mi semen estaba regado justo encima del bolso y me pidió que lo limpiara con mi boca. Le dediqué una sonrisa picara y lo complací. El sabor del cuero combinado con mi semen ya algo frio no me agradó, pero su cara de placer pagó el precio. Se agachó para recoger lo que habíamos botado, entre los cuales, también estaba el plug. Me lo dio mientras sonreía y en un gesto de jugueteo, me incliné de nuevo sobre el escritorio, me levanté la falda y le pedí que me lo metiera. Entro fácil y rápido a causa de su pene y su esperma que me tenían dilatada y mojada. Me pasó mi cachetero que estaba completamente mojado por mi saliva y la verdad no me animaba mucho ponérmelo, pero mi hombre me ordenó hacerlo. La tela fría y mojada subía por mis piernas mientras acomodaba mi clítoris de niño adentro de la tela fría. Me quedé de pie para que mi vestido no se impregnara con mi cachetero lleno de saliva. Saqué de mi bolso un espejo para aplicarme un poco de base para ocultar el labial corrido y también me apliqué más labial para quedar como si no hubiera pasado nada. Claudio me comenzó a coquetear en forma de chantaje, diciéndome que el problema con el pequeño se podía solucionar fácil, aceptándole una salida a cenar. Me emocionaba la idea del juego, del coqueteo y de la salida. Le dije que eso era un chantaje que no sabia si aceptar y que le podía llevar duras consecuencias. Se levantó de su silla, quedando en frente mío, mirándome fijamente. Mi mirada lo retaba y se notaba que alguien exigente y mandón como él, no aceptaba ese comportamiento. Me tomó del cuello, cosa que me comenzaba a excitar cada vez más, mientras me decía que, si no aceptaba, las consecuencias iban a ser peores para el niño y sobre todo para mí. Puse cara de miedo, comenzándole a suplicar que lo considerara. Su cara de satisfacción me hacia saber que le gustaba el juego mientras mi mano iba de nuevo a su pene. Lo comencé a estimular mientras sentía como mi clítoris deseoso de más, volvía a pararse. Pasé mi lengua por mis labios en forma de provocación mientras él me guiaba de nuevo que me inclinara a su escritorio.

Una voz sonó detrás de la puerta diciendo las palabras “amor, no fuiste a tu clase de las 11 y te están buscando”, mientras trataba de abrir la puerta. Se escucharon unas llaves mientras sentía como todo se venia al piso. No solo estaba casado, sino que también su esposa trabajaba con él. Me entró el pánico mientras Claudio se dirigía a la puerta para abrir y tratar de controlar la situación, olvidándome completamente que mi clítoris estaba totalmente erecto, formando un bulto sobre mi vestido.

Continuara…


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