La Santa
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La Santa

Ella era una santa

candido-bueno-rico

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La Santa

Hija de un trabajador ferroviario y de una tendera, cuando pasó de la niñez a la pubertad, ella pasaba largas horas con sus tías y su abuelo, rezando, orando, iban regularmente a misa y vivían en un recato casi monacal. Todas vestían de oscuro, eran comunes los grises, los negros, los morados, los terracotas. El abuelo a veces la sentaba en las piernas mientras le acariciaba lentamente las nalgas, con mucho disimulo. En su adolescencia fisgaba a sus tías con los novios, en los pasillos de la casa, la gran casa del abuelo, con muchos cuartos y recovecos, en donde se dedicaban al amor, parados, tirados en el piso, encima de los costales en la bodega, en todas partes fornicaban las damas. Llegada la adolescencia, la mamá consiguió un novio para ella y la casaron. La noche de bodas ella esperaba a su hombre en el cuarto que le habían asignado, su cuarto de soltera. Tenía una larga bata de tela blanca, gruesa, que le cubría desde el cuello hasta los pies. Se la puso antes que llegara su esposo, apagó la luz y se metió entre las cobijas. El hombre llegó y se metió en la camay sin desnudarla, copuló con ella introduciendo su miembro a través de la abertura de la bata, hecha por debajo de la cintura. Después se levantaron, rezaron una y otra vez hasta la madrugada, cuando cayeron rendidos por el sueño.

Esa misma noche quedó preñada. El marido se fue a conseguir trabajo en la petrolera y nunca volvió. Ella en su cuarto tenía su pequeño altar. Mientras rezaba se iba quitando la ropa oscura, debajo brasier señorero, que cubría bien arriba y abajo, casi siempre blanco y calzones blancos grande que le cubrían todo el contorno de las nalgas. Quitadas esas prendas aparecía el pequeño brasier rojo, chiquitico, que medio le cubría las tetas y el hilo rojo metido entre sus labios. Prendía las velitas en el altar y cuando empezaba a escurrir la parafina, la dejaba escurrir caliente sobre las tetas, dando pequeños aullidos de placer. Con una correa que le dejó su marido de una noche, se azotaba, clamando al cielo perdón. Luego pasaba a su cirio favorito y repetía la dosis de perafina caliente sobre sus pezones, su ombligo y su vulva, gritaba, gemía invocando santos.

Si alguien está intersado en la continuación, con mucho gusto.

— candido-bueno-rico

31 de mayo de 2022

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candido-bueno-rico

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12 seguidores ·Soy hombre heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • xavierhollander
    xavierhollander · 1 de jun de 2022

    Claro... Continúa. Estamos ansiosos !!!

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