Fue pasando el tiempo, el aire frio y el viento cortaban en la ciudad de la niebla y las mil iglesias. La dama parió una niña y apareció el papá, dizque para reconocerla y darle el apellido. Antes de llevarla al bautizo, discutieron el nombre, ella decía María Bethsabé y él decía Sandra Patricia. Para ponerse de acuerdo decidieron llamarla Luz Bella y se la endosaron a las tías gozonas, que en los cuartos copulaban con sus maridos en las tardes y en las noches y en las mañanas retozaban en la cocina, en la sala y en cualquier parte con sus amantes. La santa seguía sus rituales todas las noches, oración, azotes, parafina caliente, cirio. En una de esas le salió la vena artística y talló un cirio nuevo, con un cuchillo, le dio forma de falo doble, en cada punta del cirio un falo. Para saborearlo le ponía arequipe en una de sus puntas y se masturbaba intensamente, y para tapar sus gritos se metía una media en la boca y se amordazaba con un pañuelo. Eran tan mojados sus múltiples orgasmos que compró un protector de colchón, de esos de caucho que utilizan en las camas de los hospitales. Como iba con frecuencia a la iglesia, se dio cuenta del cambio del cura viejo, llegó un cura nuevo y poco a poco se hicieron amigos. Rezo va, rezo viene, en la semioscuridad del confesionario, ella le dijo al cura que se sentía una pecadora, pero que quería confesarse de sus pecados en su alcoba, en donde tenía el altar y en el momento que él pudiera recibir su confesión. Fue un domingo por la tarde, después de la misa mayor. Ella le ofreció vino del mejor y empezó a confesarse, empezó a desvestirse y el curita extrañado pero mansito se dejaba hacer lo que ella le iba contando. Ella hizo el ritual de las velas y la parafina, comenzó a jugar con el cirio, empezó a metérselo por detrás y le dijo al curita que le metiera primero su lengua en la cuca y luego su pene, que quería un hombre. El padre lloró de la emoción de verla, le dijo que a él no le daban ganas de eso, que era pecado, que le gustaban los hombres y que el padrecito anterior era quien le había quitado la virginidad anal cuando estaba estudiando, que el entrenador de fútbol y el profesor de música lo habían pasado por las armas. Entonces ella encontró la solución. Como había tallado el falo con dos cabezas, puso en cuatro al curita y le enterró ese enorme cirio y como ella ya tenía experiencia se empaló con la otra punta del doble falo y se empujó hacia atrás enterrándoselo hasta el fondo. El curita empezó a ayudar y lograron acompasar el movimiento, ella se daba dedo y él se acariciaba su pequeño, cuando ella llegó gritó soy una pecadora padre y él le dijo tus pecados ya están perdonados.

Relato de comunidad Sexo con madurasschedule 3 min de lectura calendar_today Junio de 2022
La Santa continúa...
Ella le ofreció vino del mejor y empezó a confesarse, empezó a desvestirse y el curita extrañado pero mansito se dejaba hacer lo que ella le iba contando. Ella hizo el ritual de las velas y la parafina, comenzó a jugar con el cirio, empezó a....
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