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Relatos y Experiencias

El Covid nos cambio la vida (relato contado por El)

Aceleré con mas ímpetu y empecé a castigar la vagina de Natalia con fuerza. Mi verga, dura y erecta, entraba y salía de su ya húmedo sexo, mientras mi pelvis y mi abdomen golpeaban con ímpetu sus redondas nalgas y su cadera.

Ella, hermosa, acomodada en cuatro y yo detrás, también desnudo, al estilo perrito, le machacaba su sexo, mientras mis manos sudorosas la tomaban por la cintura. Natalia gemía parejo al sentir como yo le martillaba su cuquita y yo quejándome de intenso placer.

De pronto, esa sensación deliciosa del orgasmo masculino me atravesó de pies a cabeza. Sentí como un helado corrientazo viajaba por mi cuerpo y toda la energía sexual se concentró en mi pene.

No aguante más y deje que explotara de la forma que más quería.

-“Amooooor.. me vengooooo!”, le alcance a avisar a ella.

Cerré los ojos con angustia y éxtasis y de inmediato sentí como mi verga reventaba allá adentro de ella.

60 segundos de gloria sexual mientras sentía como mi verga vomitaba mi leche espesa sin piedad en lo profundo de la vagina de Natalia.

Una… dos… tres… cuatro, empecé a contar las veces que mis guevas bombeaban a pleno su carga de semen caliente, hasta que le descargué la última gota de mi esperma. Durante esos 60 segundos toque el cielo.

Mis frenéticos movimientos pélvicos cesaron y le hundí mas la verga hasta el fondo. Me quede estático ahí encima de ella, mientras Natalia, con su respiración entrecortaba sentía como yo le llenaba su sexo de mi lava caliente.

Estábamos los dos en nuestra cama, terminando de celebrar mi cumpleaños número 48. En la alcoba del apartamento, tirados en el piso estaban el delicado y sexy vestido azul que ella lucio esa noche, así como su tanga y su brassier blanco y sus zapatos azules de tacón alto.

Hacia escasos 30 minutos habíamos entrado a la alcoba, yo la había desnudado y le chupe esa cuquita tan rica y ahora me le reventaba por segunda vez en lo profundo de su sexo.

Abrí los ojos de nuevo y bajé mi cabeza para ver como mi obesa cadera se unia a las hermosas nalgas de mi esposa, mientras mi verga sin condón permanecía enterrada allá en su vagina.

-“Sabes quién me envidia en este momento?”, le pregunte.

Natalia no me respondió, mientras mi pelvis se movía lenta moviendo mi verga adentro de ella.

-“Mauro y Carlos no hicieron sino mirarte el vestido toda la noche… tienes a ese par de manes calientes… y si vieras como me excita ver al Doctor Jimenez como te mira las nalgas.. pobre hombre, pasando saliva mirándote el culo y tu toda amable con el… ese man hace lo que sea por tenerte una hora en la cama”, agregue.

-“si, amor… me di cuenta”, me respondió ella.

Baje de nuevo mi cabeza y le empuje la cadera a ella para ver como mi verga erecta salía lentamente de su sexo, mientras yo le abría las nalgas con mis manos.

Me senté detrás de ella y sin dudarlo me agaché para colocar mi cara en sus nalgas y lamerle su vulva y su gigante clítoris colgante, salpicados de mi espesa leche.

Me enloquecía ese olor a sexo. Me enloquecía pensar que había más de uno de mis amigos deseando estar ahí, haciendo lo mismo con su gruesa vulva. Me enloquecía pensar en la deliciosa idea de ver como un hombre se culeaba a Natalia en frente mío.

A Natalia la conocí en una fiesta por allá por el 2010. Yo estaba divorciado, tenía 38 años y sin hijos. Ella de tiernos 28 años, lucia bella y rozagante. Santandereana, de cabello rubio, ojos color miel, 1.72 de estatura, cuerpo atlético, de contextura más bien delgada, su rostro me impacto. Ella tenía poco busto, pero las tetas que no le dio mi Dios, se lo premio al darle un bello rostro y una cola hermosa, no muy grande, pero con unas nalgas divinas, redondas y bien plantadas.

Salimos por casi 3 meses, nada serio, pero yo enceguecido por su belleza y su carisma de mujer bumanguesa. Finalmente, ella me acepto una salida a rumbear en minifalda y esa noche por primera vez nuestros labios se entrelazaron en un apasionado beso de nuevos novios en un bar del centro de Cali. Esa noche finalmente puse mis manos entre sus piernas en la obscuridad del complaciente bar. Siempre me acordare de esa primera invitación a motel con Natalia. Dos horas en el cielo mientras mi verga cubierta con un condón martillaba esa estrecha cuquita y yo vivía el éxtasis al ella abrirme las bondades de su cuerpo a mi lengua, mis manos y mi firme miembro. Me parecía increíble que tan solo un año después de mi terrible divorcio, ahora, luego de doce meses de insatisfacciones emocionales, me involucraba sentimentalmente con esta bella mujer bumanguesa al mismo tiempo que mi verga finalmente explotaba en lo profundo de sus femeninas entrañas.

Luego, ese fin de semana cuando yo llegaba a mi cumpleaños número 39 y ella me entrego su desprotegido sexo en mi finca de Jamundi. Su desnudo cuerpo y mi verga llenando a pleno sus tesoros. Toda la tarde culeando en la piscina y luego en la noche más sexo sin protección en mi alcoba. 3 meses más tarde su barriguita hinchada reflejaba esos dos salvajes días de pasión.

Nos casamos en el 2011 justo antes del nacimiento de Angelica, nuestra bebe, pero después de ser un hombre celoso por su belleza y atractivo físico en esos 3 o 4 primeros años de matrimonio, los 10 años de diferencia en nuestras edades empezaron a hacer diferencia entre nosotros. Especialmente en la parte sexual.

Por allá a finales del 2018, empecé a notar con mucha complacencia y satisfacción personal como mis amigos miraban a Natalia. Ella tenía 36 años y yo 46 Abriles. Esos celos estúpidos y engañosos ya habían desaparecido por completo. Mis amigos, casi todos de la misma edad mía, miraban a Natalia de arriba abajo en las reuniones o fiestas a las que asistíamos. Claro, ella era una de las esposas más jóvenes y su atractivo cuerpo atraía las miradas de ellos. Me excitaba verla irse vestida de falda corta o pantalón ajustadito. Recuerdo un evento familiar Sabatino en la empresa de transportes para la cual yo trabajaba acá en Cali y ella se puso su pantalón deportivo de lycra negro ajustado. Esas hermosas y suculentas nalguitas en pleno furor. Y mis compañeros de trabajo y el Doctor Jimenez, mi jefe y dueño de la empresa, sin disimulo mirándole el culo a ella toda la tarde. Claro, esa noche ella y yo nos entregamos a pleno en la cama del apartamento saciando a pleno esos candentes deseos sexuales. Me excitaba saber que por ahí había más de un conocido deseando estar en mi lugar.

Desde ese momento empecé a fantasear con la idea de verla desnuda en una cama o en el borde de una piscina con otro hombre encima comiéndosela y clavándole sus tesoros. Y yo ahí mirando cómo se la culeaban. Era mi sueño sexual no realizado. Pero nunca le dije nada de mis deseos insatisfechos.

Finalmente, en Abril del 2019, fuimos invitados a un asado con los compañeros de la oficina del conocido banco donde ella trabaja. Ella, preciosa, bien maquillada, destacando sus ojos miel y su cabello rubio, blusa blanca abiertica mostrando lo poco de sus delicados pechos, y sobre sus largas piernas una delicada y sexy minifalda azul. Para mostrar y provocar con su bellas nalgas y atractivas piernas. Y ella sabía cómo lucirlas.

La ‘mona’ se veía riquísima. Así llaman a Natalia sus compañeros en el banco. Ella y ellos, como amigos y confidentes, se trenzaban en el baile al sonido de la música y el refresco del trago. Me dieron de nuevo celos estúpidos verla así de alegre, pero a la vez me excitaba mucho ver como esos hombres con sus miradas inquisidoras la detallaban de arriba abajo.

-“Y cuanto llevan de casados?”, me pregunto el Doctor Acosta, jefe de Natalia, esa noche mientras la veíamos a lo lejos azotando baldosa al ritmo de la música con uno de sus compañeros.

-“Ocho años.. nos casamos en el 2011”, le respondí dándome otro sorbo de aguardiente.

El Doctor Acosta guardo silencio mirándola a ella a lo lejos.

-“Lo felicito Javier… con todo respeto por ella, pero la mona es una hembra muy completa, hermosa, simpática, excelente amiga y excelente trabajadora… y esos ojos y esas faldas que enloquecen”, dijo el sonriente chocando su copa contra la mía.

Un frio circulo por mi cuerpo. Por primera vez, alguien tan cercano a Natalia, se atrevía a hablar de ella en frente mío. Claro, la forma amigable de decirme, en pocas palabras que Natalia estaba buena y que sus piernas y sus nalgas daban envidia. Claro, sin escrupulos, me hablada de frente acerca de su atractivo cuerpo y su apariencia sexy y atrevida a los ojos de un hombre maduro.

Me encanto su comentario machista y altamente sexual. En cambio de molestarme, por el contrario, lo disfrute. Y claro, me excito.

-“Y muy buenas las fotos del paseo de ustedes a Cancún que la mona coloco en Instagram hace un mes”, agrego él.

Sonreí con pausa. Natalia compartía en Instagram nuestros paseos familiares y en esas fotos ella revelaba a sus anchas porque su vanidad femenina luciendo su bikini, sus piernas y su pompis de mujer bumanguesa. Señal clara de que ella tenía muchos silenciosos admiradores. Y su jefe era uno de ellos.

-“si claro, llevo ocho años a su lado disfrutando de su compañía, de esos ojos miel y de paso de esa cola que me complace al máximo”, le respondí de forma atrevida riéndome.

El Doctor Acosta, también riendo, me volteo a mirar sorprendido por mi inesperada respuesta y guardo silencio. Nunca se esperó mi comentario ni mucho menos que yo halagara el cuerpo de Natalia en frente suyo.

Me sentía en el cielo. Llevaba 8 años sin tener la confianza de expresarle a otro hombre como el sexy cuerpo de mi esposa me complacia. Llevaba 8 años sin tener la oportunidad de escuchar como un amigo de ella, tan cercano, me expresaba de frente su interés sexual por mi esposa.

Esa noche tome la decisión. No aguante más y el hecho de escuchar al jefe de Natalia hablar de ella me motivo a abrir mis pensamientos con ella.

Esa noche, después de regresar de la fiesta, en nuestra cama, acabábamos de hacer el amor y aun desnudos, yo encima de ella en posición misionero, con mi verga sin condón enterrada en su sexo nos besábamos deliciosamente.

En lo profundo de su vagina, tres poderosas cargas de mi leche reposaban y rebozaban su estrecho sexo.

Era el momento.

-“Me excita mucho ver como tus amigos y compañeros te miran… que rico ver cómo te echan el ojo parejo de arriba abajo… hoy te miraron esa minifalda con unas ganas…”, le dije a ella.

Natalia se rio.

-“Y el doctor Acosta… lo tienes en ascuas al pobre… se nota las ganitas que él te tiene”, agregue

Natalia me miro con ojos de duda e incomodidad.

-“si lo se… espero no te incomode amor… ellos me caen muy bien y son amigos muy maduros y serios con la relación de amistad”, dijo ella.

-“ahhhhh.. el Doctor Acosta…”, suspiro ella mirándome a los ojos nuevamente con duda.

-“Él te lo ha pedido?... te ha hecho invitación a motel?”, pregunte.

Natalia me miro fijo y luego bajo su mirada

-“Si, varias veces… me dice que yo lo atraigo demasiado… que le gusto mucho y que se muere por una horita de motel... pero no, sería una locura y una estupidez jugar con fuego y mucho menos con el respeto que te tengo amor”, me dijo Natalia dándome un beso en la boca.

Era el momento para mí.

-“Y si yo te dejo?... serias capaz de salir con él a motelear a cuestas que yo te doy el permiso?… “, pregunte

-“No amor, eso nunca, no quiero acabar con nuestro matrimonio.. me complaces mucho y yo a ti… eso me llena a pleno”, respondió Natalia.

Guarde silencio pero de nuevo le insisti.

-“te imaginas la culeada tan brava que él te daría?... llevas casi 4 años con él en el banco y viéndote a diario esa cola y esos ojos miel que lo enloquecen…”, le respondí dándole un beso

Natalia guardo silencio.

-“Y te gustaría encamarte con alguien mas del banco?.. o alguien que te atraiga sexualmente?.. o alguien más joven que te consienta en una cama?”, le dije a ella.

-“No”, fue su respuesta tajante

-“Y no quiero que me insinúes más esa repugnante idea de que me quieres ver con alguien más en la cama, soy tu esposa, tu amante y tu amiga… y no quiero que sigas pensando que voy a dejar que alguien más se complazca sexualmente con mi cuerpo”, agrego ella.

Y ahí murió mi idea de ver a Natalia con otro hombre, a pesar de que seguía disfrutando a pleno mi vida sexual con ella, así los 10 años de diferencia entre nuestras edades empezaban ya a pasar factura.

Claro me torturaba la flagrante idea de que ella aceptara una hora de motel al lado de su jefe o de poder presenciar como un hombre se la montaba y la complacía sexualmente a pleno.

Pero en Marzo del 2020 llego ese hijuemadre COVID a cambiarnos la vida por completo. A muchos, trayéndonos males y angustias económicas. Y a muy pocos, beneficiándolos de las necesidades de otros.

Después del encierro forzado de la cuarentena, en Junio, recibí con dolor la carta de la empresa de transporte donde prescindían de mis servicios profesionales como contador en la empresa de Cali a la cual le dediqué con esfuerzo los 15 últimos años. El doctor Jimenez me llamo y me expreso su dolor por la decisión tomada en la cual 25 familias caleñas nos quedábamos ya sin su ingreso. Con un nudo en la garganta, se le notaba la angustia y la pena de darme la mala noticia, y de paso, me pedía perdón por la decisión a la que se veía obligado. Y con una dolorosa despedida telefónica, el Doctor Jimenez me recordaba que haría todo lo posible por ayudarnos a Natalia y a mí, a salir adelante.

Me dio duro y claro afecto nuestras finanzas. Dependíamos ya solamente del salario de Natalia, mientras ella seguía laborando en el banco.

Fueron 4 meses muy bravos llenos de contingencias económicas y salvando necesidades. El 5 de Octubre del 2020 empecé a trabajar medio tiempo con una contabilidad para una empresa de lácteos de un amigo del Doctor Acosta, jefe de Natalia. Ayudo mucho su apoyo y no lo niego, ese man se comportó como un verdadero amigo y caballero al referenciarme con su amigo el gerente, y de paso ayudarme a pasar con éxito la entrevista de rigor. Era solo medio tiempo, pero en medio de la crisis, Natalia y yo teníamos esa entrada económica que nos apaciguaba un poco la angustia de los demandantes gastos del hogar.

Ese Viernes 23 de Octubre del 2020 llegue al apartamento a las 8:30 pm. Fue una tarde larga llena de trabajo en la nueva empresa de lácteos y el auditor me pidió ayuda con unos reportes, así que llame a Natalia y le dije que llegaría tarde al apartamento. Esa noche, ya de vuelta a casa, abrí la puerta, entre, y ahí estaba el Doctor Acosta sentado en la sala.

-“Doctor Acosta, que pena la demora en llegar y que bueno verlo de nuevo y gracias por aceptarnos la invitación a comer”, le dije acercándome a él y dándole un abrazo extraño por aquello del Covid.

-“Javier, no hermano.. no era necesario.. usted sabe para eso están los amigos”, respondió el poniéndose de pie y saludándome.

Habíamos invitado esa noche al Doctor Acosta para agradecerle su ayuda en ubicarme en la empresa de lácteos de su cercano amigo. Era lo menos que podíamos hacer para agradecer su noble gesto de ayuda.

Y de repente Natalia salió de la cocina sonriente y dándome esa grata sorpresa que espero por tanto tiempo.

Su cabello rubio lacio y coqueto, sus ojos miel más encantadores que nunca, su rostro exquisitamente maquillado, su delicada blusa azul ligeramente abierta mostrando algo de sus pequeños pechos y abajo, sobre su cadera, escasamente cubriendo sus bellas nalgas, la sexy y atrevida minifalda negra, vaporosa y semitransparente. Sus largas piernas lucían majestuosas y la displicente y corta falda dejaba al descubierto esas piernas de lujuria y marcaba con orgullo esa esbelta y tonificada cola bumanguesa. Y en sus pies esos zapatos negros de tacon alto dándole ese porte exuberante de reina.

Un frio helado circulo de pies a cabeza. Ella llevaba 6 meses sin lucir esa atrevida y corta falda. Y solo lo hacía en ocasiones especiales en los pasados 2 años.

Natalia, la mona, mi esposa, mi amiga y mi amante, se ponía esa atrevida prenda solo para provocarme y complacerme sexualmente. La compro sin contarme en una tienda exclusiva lencería de acá de Cali en el 2018 y se la estreno esa inolvidable noche de Abril del 2018 cuando celebrábamos 7 años de aniversario. Esa noche, después de 7 años finalmente mi paciente espera tuvo premio y por primera vez le hize el sexo anal a Natalia y le enterré mi madura verga entre su hermoso culo para vivir una noche sexual de ensueño. Desde que nos casamos en el 2011, siempre le insinué que me premiara con un rato de sexo anal y Natalia siempre se negó a ello. La cola de Natalia me encantaba y desde que tuvimos sexo esa primera vez en el motel de Yumbo, siempre le pedí a ella que me dejara darle por el culo. Y claro ella siempre me lo negó. Pero esa noche de Abril del 2018 ella tomo la decisión de dar por terminada mi larga espera. Y ella, sin falta, la lucia solo para mí como una señal clara de que sus hermosas nalgas tenían dueño esa noche. Ahora, esta noche de Octubre del 2020, por primera vez Natalia lucia la atrevida y sexy prenda en frente de alguien más. Parecía una exclusiva hembra prepago mostrando su mercancía. Parecía una mujer fatal estrato 6 lista a compartir sus atributos físicos con un potencial cliente.

-“Hola amor”, se acercó a mí y coqueta me plasmo un beso en la boca lento y pausado, mientras yo sorprendido no salía de la sorpresa inicial de verla así atrevidamente vestida.

-“El doctor Acosta llego temprano así que aquí estábamos echando carreta de los enredos del banco”, dijo ella pellizcándome la barriga y volteándose y caminando hacia la sala donde el Doctor Acosta en complaciente y descarado silencio le miraba la minifalda a ella.

Baje mis ojos a la cadera de ella y allí traslucida, una fina tanga negra era ligeramente visible. El culazo de Natalia lucia majestuoso. La sexy y delicada minifalda transparente dejaba ligeramente al descubierto sus dos bellas y paradas nalgas, y esos glúteos de Natalia eran parcialmente visibles. Y ahí, en medio de la rayita de su culo hermoso se notaba perfecto como una fina tanga cubría su sexo.

Las pulsaciones de mi corazón se dispararon a doscientos por minuto.

Me di cuenta de inmediato que ella, esa noche, sin yo esperármelo ni mucho menos decírmelo, se mostraba y se ofrecía sexualmente ante su jefe, como agradecimiento inequívoco a su maravillosa ayuda.

Fue una noche extraña para los tres. Mientras compartíamos la lasagna preparada por Natalia, me dieron tontos celos de observar como ella mostraba sus femeninas piernas y sin pena ni gloria exponía su cuerpo ante él. Y a la vez, esa intensa excitación mía por ver a Natalia tan expuesta, coqueta, sexual e irreverente ante su jefe. Y el doctor Acosta, nervioso y con dudas no perdía ocasión de mirarle las piernas y la visible tanga cubriendo sus paraditas nalgas bajo la transparente minifalda. Jamás, creo yo, en los casi 4 años de amistad profesional, yo la había visto así de directa, atrevida, lanzada y sexy ante su mirada atónita. Esa noche la lasagna fue exquisitamente adobada y decorada con un tácito ambiente sexual, entre dos afortunados hombres, y Natalia, sin dudas exponiendo a pleno sus atributos físicos. Esa noche, Natalia, segura de sí misma, transmitiendo ese mensaje tácito de agradecimiento ante el hombre que nos extendió su mano cuando más lo necesitábamos. En silencio, ella le mostraba al Doctor Acosta el premio que el siempre espero recibir y solo el COVID lo permitió.

Esa noche, siendo casi la medianoche, escuche esas palabras que esperaron una eternidad.

Acostado boca arriba sobre la cama, ambos desnudos, y después de haber hecho el amor frenéticamente después de que el Doctor Acosta salió del apartamento al finalizar la comida, Natalia me hacia el sexo oral y mientras me masajeaba la verga, ya medio erecta y se llevaba mi pene a su boca, colocando su cabeza sobre mi pelvis, chupándomela deliciosamente.

En su vagina yacían dos bombazos de mi leche.

Tres centímetros más arriba, el hoyo de su ano, dilatado y rojizo, mostraba las consecuencias de 20 min de sexo anal al lado de su esposo. Esa noche toque el cielo machacándole mi verga enterrada en medio de esas hermosas nalgas bumanguesas.

Y en su mente, las dudas y los temores por lo que se la pasaba por su cabeza mientras ella me complacía sexualmente mamándome la verga.

De repente esa sensación del orgasmo masculino me lleno a pleno y de mi verga broto perezosamente la espesa leche, mientras ella se sacaba de su boca mi verga para ver como yo eyaculaba de nuevo.

Gemí largo y tendido de placer, mientras que Natalia seguía masajeándome la verga al mismo tiempo que mi semen caía sobre mi abdomen y cubría su mano derecha brotando perezosamente de mi pene.

Mientras yo lo disfrutaba con mis ojos cerrados, ella se acercó a mi cara y me plasmo un inesperado beso para luego susurrarme esas palabras:

-“Antes de que llegaras el doctor Acosta me dijo que me veía espectacular… que tenía una minifalda de infarto, piernas de reina y unas nalgas de diosa … que te envidaba hoy en la noche porque sabía que yo te iba a complacer… y me lo volvió a pedir… él se muere por una hora en la cama conmigo”.

-“Te quieres acostar con él?”, le pregunte con seguridad.

Sus ojos se quedaron firmes mirándome con duda.

-“Sabes que por nada del mundo eso va cambiar nuestro solido matrimonio, aunque si me va a dar envidia ver como él te va a machacar parejo ese par de tesoros escondidos en medio de tus hermosas piernas”, agregue.

Natalia se acercó y me dio un apasionado beso, mientras que su lengua rabiosa se entrelazaba con la mía. Un beso especial que espero largo tiempo por consumarse.

Las mujeres son raras cuando tienen el poder en sus manos. Y también lo son cuando tienen el poder entre sus piernas. Especialmente cuando nosotros los hombres pensamos con la verga en cambio de usar la cabeza.

Yo no tuve el coraje de decirle al doctor Acosta, ni mucho menos ofrecerle a el a Natalia, para una noche de sexo en la cama como gesto noble de ayudarnos a sobrellevar las dificultades económicas. Que ironías, era algo que deseaba desde hace 4 años, pero en ese momento no tenía las fuerzas ni la valentía para preguntarle al Doctor Acosta si le gustaría culearse a Natalia. Y ni que decir de ella cuando se me negaba a algo así desde el 2016, cuando empezó a trabajar con él en el banco.

Y fue llevar el COVID para cambiarnos la vida.

Un mes después, en una apacible noche de Noviembre del 2020, sentado en la alcoba de invitados de la lujosa finca del Doctor Acosta, jefe de Natalia, sudo copiosamente mientras mi corazón late a mil por hora. Estoy solo allí, rodeado de la lujosa decoración de la habitación y escucho los lejanos ruidos de los truenos de una tormenta que se acerca en la vereda La Jauca, de Pradera, Valle. De pronto escucho de lejos los gemidos de ella. Son los primeros.

Pienso que era el momento de estar ahí, al lado de Natalia. Y claro, era lo que yo quería ver.

Salí nervioso de la alcoba de huéspedes caminando hacia la alcoba principal. En la sala, unas botellas de ron y guaro, comida, papas fritas y unas salchichitas tiradas en el piso eran mudos testigos de lo que acababa de pasar en esos 15 minutos. También, la tanga negra de Natalia y sus zapatos de tacón alto estaban allí. Imagino yo, donde el Doctor Acosta le abrió las piernas a ella y descubrió el dulce sabor de su vagina. Claro, no fui capaz de ver esa escena, porque me encerré en la alcoba de huéspedes mientras Natalia ese noche Sabatina le ofrecía a su jefe sus dulces tesoros escondidos en su cuerpo.

Y tan pronto llegue a la puerta de la alcoba principal enfrente mi realidad.

Se veía hermosa, pero aun insegura de lo que hacía.

Su cuerpo desnudo brillaba más radiante sobre esa amplia cama. Sus amplias piernas abiertas de par en par y allí en medio de ellas, la cabeza del Doctor Acosta se devoraba entera la vulva de Natalia. Parecía que la lengua del Doctor se enfrascaba en una desigual batalla con los labios vaginales de ella, y el, lamiéndosela y chupándosela, parecía querer arrancársela de su bondadoso cuerpo.

El, seguro y sin duda alguna, se coronaba dueño del cuerpo de mi esposa esa noche, después de que hacia escasos 20 minutos ella la abría sus piernas a su lengua allá en la sala de su finca. Ahora, los dos ya desnudos por completo empezaban esa lujuriosa noche de sexo.

Que escena.

Su cuerpo desnudo, dejando al descubierto esos pequeños y coquetos pechos talla 32, mientras ella con sus ojos cerrados gimiendo y disfrutando como su jefe le chupaba su vulva, mientras Natalia colocaba sus manos sobre la cabeza del Doctor Acosta, al mismo tiempo que el permanencia frenético chupándole su sexo y tratando de arrancarle el clítoris por completo.

Saciado por los abundantes flujos vaginales que brotaban generosos de la vulva de Natalia, él se detuvo, se levantó y sin darse cuenta de mi silenciosa presencia en la puerta de su alcoba, pronuncio esas sabias palabras:

-“Que cuquita tan sabrosa tienes mi Nati… llevaba 4 años soñando este momento”

El rápido acomodo su cuerpo desnudo en medio de las piernas abiertas de ella. La vagina de Natalia lucia hermosa, y sus gruesos labios vaginales rojizos e hinchados. La gruesa y erecta verga del Doctor Acosta se ubicó en la entrada de la vagina y lentamente el dejo caer su vientre sobre el de ella. Lenta y perezosa, esa inflada verga se empezó a esconder allá en lo profundo de su sexo hasta que se perdió de mi vista y se la hundió toda hasta el fondo.

Claro, el no tenia condon. Y Natalia la sintió a pleno.

Ella dejo salir un largo gemido de placer al sentir toda la verga flamante de su jefe como se enterraba en lo profundo de su sexo. Sus brazos se abrieron por completo y golpeando las sabanas con rabia le expreso a él lo que sentía.

El, sin esperar un segundo, empezó a sacudir su abdomen contra el de ella y esa vergota gruesa empezó a entrar y salir parcialmente de su sexo, dando inicio a ese erótico movimiento de sus dos cuerpos entregados a la pasión.

Al principio se le notaba a ella la incomodidad de tener, después de 10 años de matrimonio, una verga diferente machacándole su cuquita. Sus brazos abiertos y aferrados a la sabanas. Pero dos minutos después, la vergota de el empezó a darle a Natalia el placer que ella quería. Mientras que los dos cuerpos se sacudían sobre esa cama, el rostro de ella no ocultaba para nada la intensidad del momento y en su expresión facial me di cuenta lo arrecha que ella estaba.

De pronto, Natalia soltó las sabanas y abrazo el cuerpo de su jefe con fuerza por la espalda, abriendo mucho más sus piernas y permitiéndole a él una penetración más profunda.

En ese momento, me bajé la pantaloneta y empecé a masturbarme. Verle el rostro a ella de intenso placer me obligaba a ello. Natalia gemia fuerte y sin tapujos, y su boca pemanecia entreabierta dejando salir esos sonidos de intenso placer. Los ojos cerrados de ella me daban a entender que en ese momento, su corazón y su mente se concentraban en lo profundo de su vagina mientras la verga del doctor Acosta se movia deliciosa e intensamente. Y ver como esa vergota del Doctor martillaba su cuquita entrando y saliendo cadenciosa de esa gruesa vulva era lo máximo.

Para mi fueron 10 minutos ahí, en silencio, desde la puerta viendo como el jefe de Natalia se la culeaba y le entregaba a gritos ese primer bombazo de su leche caliente. Y yo con mi verga erecta, masturbándome lentamente.

Fue un momento sublime para todos nosotros.

El Doctor Acosta lo grito con todas sus fuerzas. Y Natalia lo sintió cuando ella llego a su orgasmo. Y yo sentí ese corrientazo frio que paso de pies a cabeza. De mi verga vi como empezaron a brotar con fuerza, uno, dos, tres, cuatro chorros de generoso esperma que empezaron a caer con vigor sobre el piso, mientras yo seguía ahí de pie al lado de la puerta de la alcoba.

El cuerpo del Doctor se empezó a sacudir más lento y Natalia con sus ojos cerrados lo abrazo más fuerte. Baje mi mirada hacia el sexo de Natalia y fue una delicia ver como la verga del Doctor Acosta permanecía inerme, toda hundida en lo profundo de su vagina, mientras que las guevas y las nalgas de él se sacudían con los espasmos orgásmicos. Se contraían lentamente, dándome a entender que justo en ese instante su verga dejaba brotar generosa sus primeros chorros calientes de esperma allá enterrada en la vagina de mi esposa.

Que puteria.

La verga del Doctor estaba reventando en lo profundo de la vagina de Natalia vomitando esa primera carga de leche que el espero durante 4 largos años. Y yo ahí mirando como testigo de lujo ese ansiado momento.

Durante esos 2 minutos, los dos cuerpos permanecieron inermes y estáticos mutuamente entrelazados, con la verga del toda hundida en el sexo de ella para darse ese beso erótico que tanto espero, sabiendo Natalia que el semen caliente y espeso de su jefe en el banco llenaba a sus anchas su estrecho sexo, y el, sabiendo que su verga había vomitado a pleno ese primer bombazo bien adentro de la vagina de la ‘mona’, su sexy y atractiva secretaria.

Sin esperar un segundo mas, él se levantó lentamentey vi como su hinchada verga salió erecta del sexo de ella, y claro, de inmediato, un pequeño hilo blancuzco de semen broto de la parte baja de su vulva.

Que delicia. Señal inequívoca que su cuquita estaba llena de la leche de su jefe.

Sin mediar palabra, y leyendo la mente del Doctor, ella se volteo y se puso en cuatro, al estilo perrito.

La hinchada vulva se vería divina. Rojiza y brillante, cubierta de sus fluidos, los labios vaginales se mostraban apetitosos, y en su parte baja, como si un tarrito de kumis Alpina hubiese explotado, el semen de su jefe brotaba radiante.

-“ 4 años mi Nati hermosa… llevo 4 años soñando con este instante mujer divina… desde que te conocí el día de la entrevista en el banco y te vi ese pantalón azul apretadito luciendo esa hermosura de nalgas, siempre me imagine que este día llegaría….”, Dijo el tomando la cadera de Natalia con sus manos y empujando su obeso abdomen contra las hermosas y atractivas nalgas de mi esposa.

La erecta verga del Doctor se hundió por entre la vulva de ella por completo y Natalia gimió al sentir de nuevo esa cosota hundirse en su sexo.

Durante esos 15 minutos me masturbe a pleno. Ahí en silencio, viendo esa escena de ensueño como el Doctor Acosta se culeaba a mi esposa en la posición perrito, como el siempre quiso y ella siempre se le negó desde el 2016 cuando Natalia ingreso como su secretaria al Banco.

Ella se via hermosa, desnuda, ahí en cuatro, su cuerpo se sacudía a pleno, su cabello lacio se movía de un lado para otro, mientras el obeso abdomen de su jefe golpeaba cadencioso sus paradas nalgas y la verga de el machacaba su estrecho sexo.

Que delicia ver como él se culeaba a Natalia en esa posición. Por la forma como se le movía, se le notaban las ganas que el tenia represadas por montarse ahí encima de Natalia. Y ella encantada disfrutándolo a pleno. Y yo, saciándome a mis anchas.

10 minutos mas tarde, el Doctor Acosta levanta su mirada encendida al techo de su alcoba y grita desmedido su estruendoso orgasmo masculino mientras su sexy y coqueta secretaria, 4 años después de una solida relación profesional y de cercana amistad, recibe desnuda, y en posición perrito, ese segundo bombazo de esperma caliente en lo profundo de su estrecha vagina, mientras la verga de su jefe, atrapada en lo profundo de su sexo vomita sin perdón ni penas ajenas, el espeso semen de un hombre maduro que llena a pleno al sexo de mi esposa.

12 horas después, me levanto ese Domingo agotado, exhausto y completamente satisfecho. La cama vacía me acompaña y veo los radiantes rayos del sol golpeando mi cara. Anoche deje que Natalia y su jefe pasaran la noche juntos. No quería arruinar sus planes ni mucho menos terminar esa lujuriosa noche de pasión. Eso sí, le di un especial beso a Natalia de buenas noches, cuando ya tres bombazos del semen de su jefe reposaban hirvientes en lo profundo de su vagina.

Ahora, veo mi celular y leo las 11:03 am. Y una llamada perdida de mi suegra, muy seguramente, nuestra hija, Angelica preguntando por sus padres.

Salgo de la alcoba y camino por la sala y allá a lo lejos los veo a Natalia y el Doctor Acosta en el borde la amplia piscina. Camino y me acerco a ellos en silencio, pero no los interrumpo y me detengo. Sería injusto darles un freno.

Increíble que el COVID vino y nos cambió la vida a todos por completo.

El cuerpo desnudo, humedo y sudoroso de Natalia brilla más hermoso que nunca. Las gotas de sudor y del agua de la piscina recorren su cuerpo. El radiante sol de la mañana vallecaucana golpea toda su desnuda piel sin restricciones. Ella, acomodada en cuatro, al estilo perrito y encima de su cadera, el Doctor Acosta se mece muy lentamente. El esta también desnudo y su obeso cuerpo es mas visible que nunca.

El bikini azul de mi esposa yace tirado a un lado, así como una pantaloneta de baño de él. Imagino que en el mismo sitio donde la desnudo en esta sonriente mañana Dominguera, mientras yo aun dormía.

Ella gime sin pudor, diferente, con dolor y con placer. El, montado encima de ella, en una posición un poco incomoda golpea las nalgas de Natalia con su obesa cadera. Se mueve lento, pausado, con delicadeza, con maestría, con mucha pasion.

Un frio helado recorre mi cuerpo de pies a cabeza y mi verga se pone erecta y dura con dolor.

Un pequeño frasco color verde permanece caído al lado de los pies de ella. Lo reconozco. Es el frasco de gel lubricante que usamos para el sexo anal.

Me volteo y camino en silencio hacia atrás de ellos con mi corazón a doscientas pulsaciones por minuto y al agacharme detrás del desnudo cuerpo del Doctor Acosta veo radiante la enrojecida e hinchada vulva de Natalia completamente libre de toda culpa.

Y allí, 3 centímetros más arriba, la verga del Doctor Acosta, cubierta con un condón azul, se mece libre y soberana entrando y saliendo del ano de mi esposa. La verga se mece deliciosamente atrapada en medio de las hermosas nalgas de ella.

Paso saliva con dificultad y me atraganto. Qué momento para mí. Siento mi corazón a mil por hora a punto de explotar de éxtasis sexual.

A Natalia le están dando por el culo. Así, como siempre la quise ver.

El Doctor Acosta, jefe de una conocida sucursal bancaria en Cali, a sus 52 años vivía un sueño realidad. La esbelta cola de su sexy secretaria de gerencia, esa mujer bumanguesa de 38 años que lucía a plenos sus atributos físicos, era solo para su verga. Y yo allí de nuevo como mudo testigo de cómo su jefe, 4 años después de conocerla, finalmente le daba por el culo a mi esposa.

Natalia gemía sin temor a que la escucharan a lo lejos, mientras que el martillaba su firme miembro atrapado en medio de las nalgas que el siempre quiso disfrutar.

Durante esos 15 minutos toque el cielo del extasis sexual siendo mudo testigo de lujo como un hombre de 52 años, 14 años mayor que ella, taladraba el hermoso y atractivo culo de mi esposa, dando rienda suelta a sus deseos masculinos que contuvo a lo largo de esos 4 largos años, siendo el jefe de Natalia.

Me dolió mucho sentir mi verga dura, pero lo disfrute a pleno poner mis manos sobre ella para ver como de mi firme miembro salían esporádicas gotas de semen, al mismo tiempo que el Doctor Acosta levantaba su cabeza al cielo como dándole gracias al Todopoderoso mientras su verga reventaba allá enterrada en medio de las nalgas de su sexy, generosa y atractiva secretaria.

Hoy, un mes después de presenciar de primera mano cómo la verga del Doctor Acosta se saciaba a pleno con el cuerpo desnudo de Natalia, y de esa forma ella le entregaba a su jefe, sus preciados tesoros como señal de agradecimiento a su incondicional ayuda en medio de esta horrible crisis del COVID, mi esposa y yo nos damos cuenta que hemos cambiado.

Ya no éramos la misma pareja del 2019.

Hoy, Viernes 4 de Diciembre del 2020, siendo las 11 pm, acostados, desnudos y entregados el uno al otro, celebramos con jolgorio un paso solido en nuestra relación de pareja.

Ella, hermosa, desnuda, acostada sobre la amplia cama con sus piernas abiertas de par en par, y yo encima de Natalia, en posición misionero, con mi cuerpo obeso encima de ella aplastandola, mientras mis manos sudorosas la tomaban por la cintura y la totalidad de mi firme verga permanecia enterrada en el fondo de su vagina.

En su húmedo y estrecho sexo reposaba hirviente esa primera derramada de semen de la noche.

Lentamente nos besábamos como si fuera la primera vez. Me recordaba esa primera eyaculación la noche que ella me acepto la invitación a motel por alla en el 2010.

Estábamos los dos en una cama ajena, terminando de celebrar el cumpleaños 30 de Gabriel, el amigo de Natalia en el gimnasio. En la alcoba del apartamento, tirados en el piso estaban el delicado y sexy vestido verde que ella lucio esa noche, así como su tanga y su brassier blanco y sus zapatos negros de tacón alto.

Hacia escasos 10 minutos habíamos entrado a la alcoba, yo la había desnudado y le chupe esa cuquita tan rica y ahora me le reventaba por primera vez en lo profundo de su sexo.

Abrí los ojos de nuevo y allí, el rostro de Natalia me miraba sonriente.

-“Sabes que te amo”, me dijo ella rompiendo ese beso.

-“Si, lo se mi vida”, le respondí, mientras mi cuerpo se levantaba lento y mi verga salía perezosa de su vagina.

Que delicia ver como un hilo de semen brotaba fresco de sus hinchados labios vaginales. Su vulva, brillante y gigante lucia más hermosa que nunca.

-“Gracias Javier… le prometo que se la voy a cuidar esta noche”, comento Gabriel, de pie, a un lado de la cama.

Me retire hacia el costado de la cama, mientras que el cuerpo desnudo de Gabriel, amigo de Natalia mostraba a la perfección la dedicación al gimnasio. Firme, musculoso y tonificado. Y allí, esa flamante, inmensa y gruesa verga costeña, que ponía en ridículo mi pene. La larga, formidable y erecta verga de Gabriel, amigo de Natalia, esperaba su turno mientras yo primero me culeaba a mi esposa.

Natalia volvió a mirar la verga de su amigo y ahora, nuevo amante:

-“uuyy… Gabi… que cosota tan divina tienes”, dijo ella levantándose un poco y tomando con su mano derecha la gigante y suculenta verga de su amigo barranquillero.

Gabriel dejo que ella lo tocara y Natalia, sin mediar palabra, acerco su cabeza hacia la pelvis de su amigo, quien permanecía de pie al borde de la cama, y con seguridad se llevó a su boca esa cosota de verga, atragantándose con ese formidable miembro masculino.

Sin importarle que su esposo se acababa de reventar en sus entrañas, la cabeza de Natalia empezó a moverse cadenciosamente contra la pelvis de Gabriel, al mismo tiempo de ella se chupaba y se atragantaba con la vergota de su amigo del gimnasio.

Gabriel dejo que ella se lo empezara a mamar y coloco sus manos sobre la cabeza de mi esposa, tomándola delicadamente del cabello, al mismo tiempo que ella, con dificultad, le chupaba la verga. Durante esos 30 segundos, Natalia entendió que esa vergota que ella tenía atorada en su boca, estaba a punto de darle el placer sexual que ni su esposo ni su jefe le habían dado después de 10 años de matrimonio.

Sin él ni yo esperarlo, Natalia se sacó la vergota de Gabriel de su boca y de inmediato se recostó sobre la cama, justo en frente de él, sonriendo y abriendo sus piernas de par en par, pronunciando esas palabras que ella esperaba darle a su amigo del gimnasio:

-“ven Gabi…. Regálame esa cosota tan divina”

Respondiendo a su mandato, con fuerza y un poco de brusquedad, tomo las piernas de mi esposa y las abrió con fuerza posando su pelvis en medio de ellas, al lado del sexo.

Los 85 kilos del musculoso cuerpo de Gabriel, 8 años más joven que Natalia, cayeron encima de ella lentamente, al mismo tiempo que su inmensa verga costeña se hundía despacito en lo profundo de la vagina chorreando aun con mi semen.

El cuerpo de Natalia se sacudió, sus ojos se desbordaron de placer y sorpresa, al sentir como ese vergononon se enterraba en lo profundo de su sexo.

-“ayyyy Dioossssssssss…Gabiiiii… que ricoooooo”, gimió a pleno ella abrazando a su amigo por la musculosa espalda.

Sin perder un segundo, la pelvis y el cuerpo de Gabriel, ese amigable instructor de Zumba del gimnasio al que asistía Natalia, se empezó a sacudir encima de ella y de nuevo, esa sensación de éxtasis pleno me lleno al ver como otro hombre, por segunda vez en dos meses, se culeaba a mi esposa.

Ver el rostro de Natalia, desfigurado por el intenso placer de tener la verga de su cercano amigo, machacándole su sexo, era muy reconfortante. Y mucho más cuando ella fue la que tomo la iniciativa y me pidió permiso para comerse la verga de su amigo.

Que me iba a imaginar que hacia tan solo un año, yo soñaba con ver a uno de mis amigos cercanos comiéndose a mi esposa, y que Natalia siempre se negó a eso.

Que me iba a imaginar que ahora, un año después, Natalia y Gabriel, amigos compinches, cercanos y comunes, desnudos y abrazados en una cama, se besaban lenta y apasionadamente, mientras yo veía como las pesadas y afeitadas guevas, y las tonificadas nalgas de Gabriel, ese amigable barranquillero, entrenador acreditado del gimnasio al que ella atendía, se retorcían cadensiosamente, al mismo tiempo que su flamante vergononon permanecía enterrado en la vagina de mi esposa eyaculando y vomitando esa primera y rebosante carga de fresco semen costeño.

Que se iba a imaginar Natalia que 4 años después, su jefe, el Doctor Acosta, ese bonachon y rumbero hombre Valluno, finalmente tendría el placer de disfrutar de sus hinchados y tersos labios vaginales, dejándole su estrecho sexo lleno de su leche madura, después de pasar toda una noche culeandosela en su propia cama.

Que se iba a imaginar el Doctor Acosta, que después de 4 años de larga y tortuosa espera, esas bellas, esbeltas y moldeadas nalgas de su sexy secretaria se abrirían coquetamente para dejar que su madura verga se enterrara en medio de ellas y, finalmente, pudo machacarse a pleno el hermoso culazo de Natalia.

Increíble que el COVID llego para cambiarnos la vida por completo.


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