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Me fui sola a la playa y pasé casi todo el día allí tomando sol y pensando en lo que había sucedido. Sabía que algo andaba mal, pero había disfrutado tanto que no me arrepentía. En la primera oportunidad que tuviera, hablaría con mi hija.
Llegó la noche y los tres nos reunimos en el departamento. Todo estaba como si nada hubiera pasado. Mientras preparaba la cena intenté dialogar con Mariela pero ella le restó importancia al asunto.
-… "No pasa nada mamá, ¿para qué vas a preocuparte? Está todo bien, todo está muy bien", me dijo.
Matías, por su parte, me miraba de manera muy sugerente.
Terminó la cena. Mi hija me pidió permiso para usar mi dormitorio porque allí está la televisión. Me quedé sola en el comedor ordenando algunas cosas, tomé un café y luego sentí deseos de irme a la cama.
El dormitorio estaba a oscuras, sólo iluminado por la pantalla de TV. Cuando entré me esperaba otra sorpresa: mi hija se la estaba mamando a su novio en mi propia cama. El miembro estaba en plena erección, Mariela trataba de metérselo todo en la boca pero no le cabía, la hacía ahogar. Lo sacaba, le pasaba la lengua y volvía a intentarlo. Se escuchaban sus gemidos y sonidos de succión.
Mis ojos presenciaban aquel mástil completamente erecto y en toda su longitud, era magnifico como ella lo tomaba con ambas manos y yo impresionada que aún se veía el grande relucir que no era capaz de agarrarlo entre sus manos, Mariela le propicionaba una mamada de escándalo. Su lengua lo recorría de la base a la punta y al llegar ahí lo tragaba a lo más que pudiera, sin poder engullirlo por completo, luego lo ensalivaba y volvía al rito, entrando y saliendo de su boca. Algo que repitió varias veces.
Matías me hizo un gesto con la mirada. Yo estaba dispuesta a todo, de modo que me quité el vestido que llevaba y me acomodé en la cama a la altura del pene de Matías.
Lo miré bien de cerca, la cabeza hinchada, las venas marcadas, los vellos. Vacilé un poco, como pidiendo permiso, pero al final abrí la boca y mi hija lo empujó hacia dentro.
Tenía sabor exquisito. Me gustó chuparlo, sentirlo duro llenándome la boca, pasarle la lengua. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que le hice una mamada a un hombre.
Mariela y yo lo estuvimos mamando por turnos mientras Matías acariciaba nuestras cabezas y gemía. Quise masajearle los huevos y mi mano se encontró con la de mi hija, que ya estaba en esa tarea. Iba a retirarla pero la dejé. Si madre e hija compartíamos esa verga, también podíamos compartir una caricia a los huevos de ese chico formidable.
En determinado momento quise sacar el pene de mi boca para pasárselo a mi hija pero Matías me lo impidió haciendo presión sobre mi nuca, así mi boca albergó su miembro. Lo lamí todo, me parecía gigante. mi lengua recorría todo el tallo de arriba abajo, me detenía en sus huevos introduciéndolos en la boca, primero uno, después el otro. Mientras mi hija se encargaba de lamer el falo, intercambiando las lamidas. Mi cabeza subía y engullía aquel voluminoso miembro proporcionándole una mamada que al parecer, estaba siendo satisfactoria, me la fui metiendo de a poco en mi boca, con destreza podía llegar a la mitad del tronco, así que sacaba mi lengua y lo recorría desde la base del tronco subiendo a la cima, Mariela con sus manos iba subiendo y bajando la piel, comencé a sentir sus convulsiones y me lo volví a meter a lo que más pude a la boca, así fue dándome su fluido pre eyaculatorio que trate de no perder ni una gota. Mientras se la mamaba, Instantes después sentí chorros de leche tibia sobre mi lengua: se había venido gracias a la mamada y había elegido mi boca para depositar su leche. Mantuve la verga prisionera entre mis labios mientras sentía el líquido espeso bajar por mi garganta.
Nos quedamos los tres muy relajados, Matías en el medio de nosotras dos. Una de sus manos acariciaba suavemente mi trasero. El sabor de su semen estaba aún sobre mi lengua. Después de un rato él se deslizó hacia abajo en la cama, abrió delicadamente mis piernas y mamó de mi vagina. Su lengua exquisita jugó con mis labios, los separó y se entretuvo en mi clítoris arrancándome suspiros de placer. Su lengua se introdujo en mi sexo proporcionándome un placer sublime que me arrancaron gemidos de puro goce. Comenzó a sentir mi húmeda conchita, la punta de su lengua frotando mi clítoris, había aumentado mi adrenalina, me deje llevar, cuando su dedo palpaba el borde de mi ano, sin introducirlo sentía la emanación de mi flujo vaginal comenzó a brotar, lo estimulaba aún más, acelerando su labor, él volvió a la carga en mis labios vaginales, que los abrió, y la entrada de mi vagina que estaba protegida por mis labios menores, comenzaron a latir, que los sentía hasta en mis mejillas, después de pasar los dedos por la abertura, comenzó a penetrar su lengua en mi conchita, su boca tocaba mis entrada abriéndolos para llegar a mi clítoris, ahí se quedó succionando levemente y pasando si lengua en círculos, De reojo vi a Mariela que nuevamente se dedicaba a mamar el pene de mi yerno que ya parecía tomar la erección anterior. Yo puse mi mano izquierda en los pliegues del clítoris, para abrirlo más y dejarlo expuesto a su lengua que posteriormente se dirigió a mi ano, sentir la lengua caliente y húmeda refregar esa entrada me volvía loca, hasta lograr producirme una serie de gritos y gemidos, que finalizaron en mi primer orgasmo que no tardó en llegar.
Unas convulsiones acompañaron al orgasmo haciendo que me retorciera. Mi espalda comenzó a arquearse y mis gemidos ya eran gritos…
-…”ooohh aahhh, ahh ahhh ohhhm”. Yo gemía y decía “yaa yaa, no aguanto… no puedo no puedo, no aguanto, ohhh ahhh, … voy a acabar voyyyy a aacabar”… y de pronto mis fluidos salían disparados,
-… “ohhh ohhh ahhh uumm ahhh”, gritaba de gozo,
Venia el segundo chorro más fuerte que el primero, mojando la cara de Matía, veía su felicidad, y yo en tanto con la respiración entrecortada y jadeando de gozo…
Luego se retiró e hizo lo mismo con mi hija. Mariela gimió fuertemente, tomó una de mis manos y la apretó con fuerza. Con la mano que nos quedaba libre nos acariciábamos nuestros propios pezones. Me encanta disfrutar así: los hago rodar entre mis dedos, los estiro, los pellizco. Mi hija me imitaba tocándose sus tetas.
Matias tomó mano comenzó a frotar con mis dedos el clítoris de mi hija… era exquisito sentir la humedad, ver aquellos labios vaginales más pequeños que los míos ya que asomaban más en su vulva completamente depilada. Al penetrar mis dedos en su cavidad vaginal, pensaba que solo hacía unos minutos atrás era la lengua de él que lamia esa zona, la que se encontraba completamente dilatada ya que pude meter mis 3 dedos, mientras la cara de mi hija se desfiguraba de gozo, con mi dedo índice y medio comencé a frotar la parte superior de la cavidad, y esos estímulos dieron fruto puesto que comenzó a producir un canal de fluidos que salían desde el interior… pruébalos dijo Matias, y tomándome del cuello me llevo hasta el nacimiento del elixir al que comencé a pasar la lengua, era acido el sabor pero no me desencantaba, así que continúe hasta meterme su clítoris en mi boca, lo lamí y succiones aquel botón mientras ella apretaba mi cara contra sus muslos. Los espasmo musculares hacían proveer que ya acabaría en un delicioso y fuerte orgasmo… que en un instante le llegó… nuevamente gritando y jadeando…
-…”ohhh ahhh siii lo haces bien mamá.. lo haces rico, oohh ahhh mmmmm”…
Despues de un momento de relajo fue Matías que volvió a ubicarse entre mis piernas y siguió chupándome la concha. Pero ahora tomó una mano de Mariela y la apoyó sobre mi clítoris; ella me acarició suavemente arrancándome suspiros de placer. Ahora era la devolución de ese exquisito placer del orgasmo.
Luego, Matías me hizo girar en la cama hasta que quedé boca abajo y sin darme tiempo a nada me abrió las nalgas y hundió su lengua en el agujerito de mi culo. Sentí que me corría electricidad por todo el cuerpo y gemí con fuerza, la chupada fue bestial y y esta vez quedé al borde de un orgasmo. Matías tenía la lengua dura y muy hábil, me ensalivó como un experto, me dilató y jugó en el interior de mi hoyito.
Ya sabía lo que vendría luego, y me dio temor: Matías me puso en cuatro y se arrodilló detrás de mí. En efecto, tenía planeado dármela por el culo. Yo era casi virgen de allí atrás, mi ex marido me lo había hecho apenas un par de veces y eso fue hace mucho tiempo.
El chico apoyó su formidable verga en mi culito y empezó a empujar. El dolor era insoportable y grité, pero él sabía cómo hacerlo. Entraba y salía de a poco, Mariela tomaba la verga y fue guiándola con su mano, hasta que mi ano se acostumbró al tamaño de su cabeza y entró toda. Me tomó entonces por la cintura y me atrajo hacia él, de modo que era yo misma movia mis caderas adelante y atrás y me lo iba ensartando.
Sentí un ardor tremendo, la verga era demasiado gruesa y estaba durísima. Podía notar cómo avanzaba hacia mi interior, apartando los pliegues de mi esfínter.
-…”Me matas”-imploré- …“sácala un poco por favor”.
-…”Aguante Sofía, es sólo un momento y ya vendrá el placer”. Disfrute, -…“estoy seguro de que nunca se sintió así antes”.
Clavé las uñas en las sábanas de la cama dispuesta a resistir, aunque el dolor era muy grande. Entonces Mariela abriéndome las nalgas con sus manos me dijo:
-…”Aguanta mamá, falta muy poco para que te entre toda”.
Una de las manos de mi hija estaba tocando el trozo de verga que quedaba afuera, y la otra acariciaba mi vagina, llevando sus dedos a mi clítoris expuesto erguido por la extrema excitación. El placer empezaba a llenarme.
-…”Así... así”....-gemí.
Entonces Matías dio el último empujón y me la enterró hasta los huevos. Me cortó la respiración. Tenía toda su verga plantada en mi culo.
El chico empezó a moverse lentamente, atrás y adelante.
-…”Es maravilloso Adriana, me encanta romperle el culo así “- me susurró al oído- “…¿Ha visto que le ha entrado toda?. Tome señora, tome mi verga por el culo que yo sé que le gusta”.
El dolor iba cediendo paso al placer y yo también empecé a disfrutarlo. Mariela, tendida boca arriba a mi lado, se masturbaba viendo la escena. Por la posición en la que estábamos, mis tetas quedaron contra las de mi hija y el movimiento de vaivén a que me obligaban los empujones de Matías hacía que nuestros pezones se rozaran.
-…”Cómete los pezones de tu mamá” - le ordenó Matías a su novia,
Y ella no tardó nada en obedecerle. Se los metió en la boca como cuando era mi bebé, y chupó con fuerza.
-…”Así Adriana, así, dele la teta a su hija, aliméntela” -nos alentó Matías, bombeando más fuerte su pene en mi culo.
Desbordada por la excitación, Mariela se puso en cuatro a mi lado y le ofreció el culo en pompa a su novio. Matías se retiró de mi agujero y se apoyó en el de mi hija. Empujó un poco y ella lanzó un alarido de dolor.
-…”Ayúdeme Adriana, no quiero lastimarla” -me pidió Matías retirándose. Tenía la cabeza de la verga hinchada.
-…”¿Qué quieres que haga?” -pregunté sorprendida.
-….”Póngale un poco de saliva”.
Me aproximé al culo blanco de Mariela y dejé caer un poco de saliva. Luego la distribuí con la lengua. Entonces Matías me empujó suavemente la cabeza hacia el trasero de ella y terminé metiendo la lengua en el culo de mi hija. Me gustó hacerlo, chupé largo rato y me llené la boca de ese sabor semi amargo.
Luego mamé la enorme cabeza que se hundiría en el agujerito de mi hija y me dediqué a observar cómo Matías poseía a mi hija por atrás. Era excitante ver cómo el fabuloso tronco de carne desaparecía entre los globos del trasero.
Gracias a la lubricación la penetración fue menos dolorosa. Matías bombeó largo rato y luego se retiró, dejando el culo de mi hija abierto como para que entrara allí una pelota de golf. Volvió a ensartarme a mí (supongo que mi hoyo quedó con el mismo aspecto) y luego otra vez a Mariela.
Entre tanto mi hija me acarició los pezones y yo los de ella. También se los chupé, y fue una sensación extraña tener sus tetas en la boca. Son más pequeñas que las mías pero muy duras.
Las dos estábamos terriblemente excitadas. Nos miramos a los ojos, nuestros labios se fueron acercando y nos dimos un largo beso en la boca.
Matías estuvo montando a una y a otra hasta que con un alarido lanzó un chorro de semen sobre nuestras espaldas.
El resto de nuestras vacaciones fue una orgía continuada. Volvimos a la ciudad, dejamos de vernos por un tiempo y ahora sólo lo hacemos de a tres en ocasiones. Y cada vez lo disfrutamos más.