Guía Cereza
Publicado hace 5 días Categoría: Sexo con maduras 553 Vistas
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Esa noche tenía nervios, había llegado 30 minutos antes al lugar donde quedamos de encontrarnos, el silencioso testigo de lo que iba a pasar, en cualquier momento habría sido problemático o prohibido, pero en ese momento solo era nervios y pasión acumulándose.

Nos conocimos en una sala de chat, yo un joven de 20 años, ella una dama entrando en sus 40, empezamos con una amistad, donde hablabamos de nuestras rutinas, las cosas que nos gustaban y las que nos molestaban, en ese momento estaba casada, y teniendo en mente eso, no tocaba ningún tema que hiciera deteriorar esa relación. Con el paso del tiempo, compartimos algunas redes sociales para hablar más cómodamente y quitando ese anonimato que daban esas salas, paulatinamente nos volvimos más cercanos hasta que en su vida se dieron muchas turbulencias, una relación pesada con la familia y un divorcio recién acontecido era la mezcla perfecta para el caos.

Decidí dar un tiempo, pero me preocupo su bienestar, así que la busqué por todos los medios, y cuando al fin coincidimos, intenté ser su soporte emocional en esa etapa, en ese instante la intimidad emocional que empezamos a tener traspaso la barrera de la amistad y empezó a ser pasional.

Después de varios meses, decidimos vernos, quedamos en un lugar, conversar y darle rienda suelta a lo que estábamos viviendo. Llegué con anticipación al lugar, fui a un supermercado cercano, compré preservativos, una caja de licor, chocolate para untar y quipitos.

Cuando ella llegó, tenía una cadena dorada, una blusa vinotinto, pantalón jean y una chaqueta o buzo negro. Se veía nerviosa y ansiosa, lo primero que hice fue abrazarla para tranquilizarnos, ella se veía espectacular, un rostro impecable, senos grandes, tez blanca y cabello negro, un poco más baja que yo, pero no mucho. Yo, por otro lado, un joven de tez blanca, algo velludo, cabello negro y alborotado, me había vestido con gabán negro y pantalón de dril.

Entramos al lugar y vi que en ella afloró la duda y el miedo, a lo cual respondí con un beso, sentí que tenía inseguridad al ser un evento que no es común, pero, en sus ojos y en los míos la pasión estaba más latente que nunca, entramos a la habitación, a lo cual empezamos a besarnos.

La ayude a recostarse en la cama, y empecé a besar su cuello y el nacimiento de sus senos, sin desvestirnos, su cadena era hipnotizante y hacia que me quedará embelesado en sus senos, después me levanté y abrí el trago

A lo cual ella se desvistió y decidí hacer lo mismo, aunque estaba nervioso me puse el preservativo, y viéndola a los ojos la empecé a besar, mientras con desesperación buscaba entrar suavemente, poco a poco fui penetrándola, pero el condón se sentía muy incómodo, así que al poco tiempo de empezar, le pregunté si estaba bien que no lo usará y ella me dio una respuesta afirmativa. La sensación de estar dentro de ella sin protección fue húmeda, apretada y muy ardiente, empecé a moverme con más fuerza por si era un sueño del que no quería despertar, sus gemidos solo fueron incentivos para mis caderas y cuando estuve a punto de llegar, le pregunté dónde deseaba que lo hiciera y a lo que me dijo "Yo me hice ligadura de trompas", respuesta que me excito más e hizo que la inundara con mi semen en su útero.

Tomamos algo de licor, y me recosté a su lado, empezamos a conversar sobre todo, incluyendo las ganas que nos teníamos. Decidí en términos de la picardía tomar el chocolate y untarlo en mi miembro, a lo cuál ella bajo y empezó a saborearlo, me comentó que la guiará ya que eso no lo había hecho antes, a lo cual yo solo dije que siguiera, que mis gemidos la harían ver que tan bien lo estaba haciendo (Y para ser verdad, aún recuerdo ese oral, fue dulce, desesperado, con ganas, memorable) aún me enciende recordarlo.

Después de ese memorable oral, y venirme en su boca, estaba listo para el segundo round, ella al notarlo empezó a cabalgarme, mientras yo, consentía sus nalgas y admiraba sus grandes senos, así fue la tercera corrida, nuevamente dentro de ella, ya sudados y algo cansados decidimos ir al jacuzzi y bañarnos mientras hablábamos un rato sobre nuestras vidas, el resto de la noche tuvimos una o dos rondas más y así, durmiendo juntos y abrazados, termino nuestra noche mágica. Al día siguiente, nos despedimos en la estación de buses con un beso y nos fuimos cada uno a seguir con nuestras vidas, pero con las ganas de repetir la experiencia.

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🍒 Pregunta Cereza

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