Compartir en:
He de decir que nunca antes la había visto como aquella noche del 31 de diciembre en qué todo se salió de control y sucedió algo que nunca hubiera esperado. ¿Ella? Mi comadre, la mejor amiga que habría podido desear.
Desde hace 4 años que la conozco, siempre fuimos inseparables desde entonces, íbamos a todo lado todo el tiempo, siempre la vi como mi familia, y ella también a mi, tanto que me hizo padrino de mi adorada ahijada desde antes que le diera a luz.
Melissa, "Meli" la llamaremos en este relato, 1.57 de estatura, cabello castaño, piel blanca y tersa, sonrisa perfecta tras su tratamiento dental que dejó hace poco y una mirada que hipnotiza. ¿Medidas? Nada fuera de lo común 90-73-115 pero que en conjunto hacen un cuerpo que desearías tener. Ahora la veo así, pero hasta entonces solo la veía como una amiga increíble y una hermana.
Hace 6 meses que vivimos juntos, el padre de mi ahijada nunca respondió por la bebé, y se desapareció; y la familia de mi comadre, le ayudaron por unos meses, pero ya no quisieron seguir apoyando a mi comadre por muchas diferencias. Entonces yo le propuse ser roomies, aún sabiendo que la situación económica de mi comadre no es muy buena realmente, pues, yo las amo ambas y no tendría problema en ser quien pusiera la mayoría del dinero por no decir que casi todo.
Nunca le reclamé ni un peso ni le insinué que me debiera pagar algo, siempre hice todo desinteresadamente, pero, al parecer ella iba acumulando un sentido de culpa o responsabilidad por no poder aportar mucho en nuestra casa, sin embargo yo no sabía esto ni era consciente de que se sintiera así. Hasta aquella noche del 31 de diciembre.
Habíamos decidido quedarnos en casa solo los tres, puesto que no había mucho dinero para salir para celebrar el año nuevo. Compramos unas cervezas y unos snacks, pusimos música en la televisión y nos sentamos en la sala del apartamento a hablar y compartir; después de la media noche tras celebrar el año nuevo mi comadre se levantó de la silla en la que estábamos y dijo que iría a dormir a mi ahijada.
Yo por lo pronto me levanté y fui a lavar unos cuantos trastes que habíamos usado esa noche. Luego me senté en el sofá nuevamente y abrí otra cerveza.
Mi comadre no había salido hasta entonces de su habitación, yo estaba allí concentrado en el vídeo musical de la tv y con mi cerveza a la mano. De repente del pasillo que divide las habitaciones de la zona común se asoma un poco apenada mi comadre. (Solo asomó la cabeza).
—¿Estás bien?, -pregunté-.
-No lo sé. -dijo Meli seguido de un leve suspiro-.
—¿Que quieres decir con eso?. -pregunté algo preocupado-.
-Es que... -hizo una pausa mientras bajaba un poco el rostro medio triste y apenada a la vez, mientras salía de su "escondite" con una bata blanca puesta-. No sé que hice para merecer a alguien como tú en mi vida. -prosiguió en voz baja mientras se acercaba-.
—Ser quien siempre has sido conmigo Meli. -tomé su rostro y lo levanté con mi diestra en su mentón mientras la miraba a los ojos-.
-Si, pero, quiero decir, ¿sabes que no tengo como pagar todo lo que haces siempre por nosotras no? -inclinó nuevamente su rostro y me miró de re ojo-
—No necesitas hacerlo mi Meli. -acaricié su mejilla con cariño y ternura-. Soy feliz pudiendo estar presente siempre para ti y mi ahijada.
En ese momento toma mi mano con su mano y vuelve la mirada hacia mi. En sus ojos se veía un brillo como quien quiere llorar y a la vez un rostro de agradecimiento.
-Eres un ser hermoso, un día te pagaré todo, lo prometo. -Dijo Meli con un poco más de entusiasmo y una sonrisa que empezaba a dibujarse en su rostro-.
—No tienes por qué hacerlo pero si eso hará que te sientas más tranquila hazlo entonces cuando tú quieras. Pero si no puedes o no quieres no te sientas jamás obligada a nada, todo lo que he hecho, lo he hecho por que las amo y no espero nada a cambio. -Dije mirandola fijamente al rostro sin soltarla de la mejilla que palmaba con mi diestra-.
Nos quedamos así como 15 segundos viéndonos fijamente. Cuando de repente acerca su rostro al mío y quedamos frente a frente, boca con boca una frente a otra y podía sentir su aliento y su respiración chocando con la mía, como pidiendo permiso. Fue cuestión de segundos o menos diría yo, cuando al ver qué no retrocedí, sentí sus labios unirse con los míos, dándome el beso más lleno de sentimiento y pasión que había sentido en mi vida.
Lo admito, en ese momento no se me pasó ni por un segundo la idea de detener eso que estaba sucediendo; quiero decir, sería lo más lógico, ¿no?, soy el padrino de su hija, no debería suceder nada entre nosotros y debía detenerla; sin embargo, no sé si por efecto del alcohol o deseos que no sabía que tenía decidí corresponderle el beso sin culpa alguna.
De ese beso siguieron otro, y otro, y otro, la temperatura subía beso tras beso, las caricias pasaron a tornarse más fuertes, más posesivas, se sentó a mi lado, la tomaba con la zurda de la cintura y la diestra la cabeza, ella me tomaba con ambas manos de mi cabeza, sentía como no quería que me separara de ella.
Entre beso y beso ella me quitó la camisa polo que traía puesta, sentía como sus manos me acariciaban toda la espalda seguido de unos leves rasguños con los que sentía un deseo desarraigado proveniente de ella.
Fue entonces cuando decidí quitarle aquella bata blanca que cubría su cuerpo, y vaya sorpresa me llevé cuando al ir cayendo de sus hombros la bata se fue mostrando un bralette rojo de encaje. Estaba claro que ella sí sabía lo que quería y estaba buscando conmigo, mientras esto ocurría seguían los besos, pero al quedar su torso descubierto se separa y con su índice me detiene en medio de la agitación y el deseo, la respiración ya iba acelerada y se notaba, y por su puesto mi erección ya no se disimulaba en mi pantalón.
Bajó su diestra a mi pantalón y desabrochó el cinturón y la cremallera del pantalón, metió la mano dentro de mis boxers para "tantear" el terreno, apretó levemente mi miembro cada vez más endurecido, hizo unos leves movimientos de arriba a abajo en él, y sacó la mano mientras me miraba con una sonrisa pícara.
Se levantó del sofá y dejó caer el resto se su bata, y ahí pude apreciar una mini falda transparente de encaje rojo que cubría una tanga de encaje rojo que se percibía a través de la misma. Se arrodilló y quedó frente a mi, tomó con sus manos mi pantalón y empezó a bajarlo junto con el boxer mientras yo elevaba mi cadera para que fuera más fácil quitarlo.
Quedé totalmente desnudo y con mi miembro a todo su esplendor, mientras su mirada se llenaba de lujuria y deseo al presenciar tal escena, e incándose hacía mi quedó con su rostro frente a mi miembro, acto seguido elevó su mirada por un instante y dijo:
-Quién diría que mi compadre estuviera así de dotado. -pasó su lengua por sus labios terminando con una leve mordida a su labio inferior- Hora de pagar mis deudas. -Dijo Meli mientras se llevaba las manos al cabello y con una manilla que tenía se recogió el cabello-.
Tomó con sus manos mi miembro ya erecto y lo acercó a su boca, le dió un beso, y poco a poco fue abriendo su boca mientras mi miembro se perdía dentro de la misma. Sentía su humedad cubrir todo, y el aliento rebotando en el largo de mi miembro, al llegar a la mitad lo sacó lentamente repitiendo esto una y otra vez llevando a cabo un sube y baja cada vez más rápido, las arcadas empezaban a escucharse, los sonidos de aquel oral me encendían cada vez más, sentía como mi miembro se invadía de placer continúo, su respiración acelerada tras cada arcada y sus miradas cada ciertos intentos dejándome ver cómo disfrutaba ella también me invadieron de lujuria y placer, sin darme cuenta estaba a punto de venirme, entre suspiros salían de mi gemidos silenciosos llenos de placer.
-Meli... Creo que me voy a... Ah ah ah... -intentaba decir mientras Meli aceleraba sus movimientos y se ayuda a de sus manos-
De repente sentí como mi miembro empezó a bombear semen dentro de la boca de Meli, me venía a chorros y ella apretó mi miembro con su boca hasta que salió la última gota, lo chupó cuál si de un caramelo se tratase, y no dejó evidencia alguna en miembro, me miró, y con el semen aún invadiendo su boca a la vista, tomó un poco de este que había quedado en su labio inferior con su dedo y lo chupó, pasando así aquel trago de semen cuál si fuera miel, acompañando este acto de una sonrisa cómplice mutua, volviendo así ella a mi miembro por unos segundos más dando unas últimas lamidas mientras me incorporaba.
Fue cuestión de segundos para que el placer volviera a tomar control de mi, verla así no hizo más que llenarme de deseo, ahora quería ser yo quien probara las mieles del placer, me recompuse como pude, me levanté de la silla mientras ella también se ponía de pie, la tomé de la cintura, la alcé, y girando en mi propio eje la senté en aquél sofá y me arrodillé a la altura de aquella hermosa entre pierna en la que se deslumbraba una hermosa vagina rosa entre esas telas rojas de encaje que le cubrían.
Sin quitarla la corrí a un lado, aquella tanguita roja que al tacto se sentía totalmente húmeda, era claro que no solo yo estaba disfrutando de lo que sucedía, y lo pude corroborar al elevar mi mirada y verla con un rostro de deseo, exitación y como si suplicase que ya hiciera lo que sabíamos que iba a hacer. Y justamente de esto último me iba a aprovechar.
Acerqué mi rostro a su sexo y empecé a jugar con sus deseos y exitación, hice el amague de querer empezar a lamer y vi como su cadera se recogió, estaba claro que su cuerpo lo deseaba, me acerqué y con mi aliento recorría de abajo a arriba su vagina más seguía sin tocarle, notaba como con sus manos se agarraba de los laterales del sofá.
-¡Te lo pido hazlo yaaa! -rogó-
—¿Qué cosa? ¿Esto? -dije mientras daba una leve lamida de abajo hacia arriba entre jugueteos-
-¡SIIIII POR FAVOR! -dijo Meli mientras con sus manos me tomó de la cabeza y me acercó a su sexo como si todo dependiera de ese preciso momento-
Le correspondí aquél deseo y sin mediar más palabras empecé a jugar con mi lengua en su sexo mientras con mis manos le tocaba los alrededores, le daba movimientos circulares y de arriba a abajo en la entrada de su ser con mi lengua. Veía como se retorcía en cada uno de ellos mientras me tomaba del cabello. Daba mordiscos muy suaves entre lamida y lamida en sus labios vaginales, esto la volvía loca y se notaba, empecé a introducir mi lengua en su sexo y ella ya no sabía que más hacer, su cuerpo ya solo reaccionaba por inercia, su sexo se inundaba de fluidos y el calor que emanaba dejaba aún más en evidencia aquella exitación. Fue entonces cuando la vi en el borde del placer que decidí hacer lo que sé que la volvería loca.
Con mis manos empecé a acompañar los juegos de mi boca con un mete y saca de dedos en su ser, era momento de hacerla sentir lo que merecía sentir, con mi lengua fui subiendo hasta tocar su clítoris, y como si nunca antes lo hubieran hecho, su cuerpo reaccionó al instante, dejando salir su primera venida al instante, pero yo sabía que solo eso no bastaba, así que seguí con mis juegos, combinando movimiento de manos y jugueteo en su clítoris dando vueltas en círculos y de un lado al otro en este con mi lengua.
-¡Sigue así, por favor no pares! ¡SIGUE, SIGUE! -temblaba todo su ser mientras lo decia-
Se estremeció por un instante y al siguiente logré mi objetivo, logré que alcanzará un squirt, y para mí grata sorpresa el primero de su vida, o al menos eso me dijo después. ¿Yo? Empapado claramente. Empapado de placer y deseo.
Yo estaba ya nuevamente exitado al ciento porciento, y sin dejar que se recomponga del todo fuí tan pronto como pude a mi habitación por unos condones, volví y al ver esa escena de ella ahí aún temblando de placer me invadió la lujuria. Me puse uno de esos condones que traje, y me acerqué a ella nuevamente, hice que me chupara el miembro un poco para lubricarlo y me incorporé frente a su sexo junto al mío, la miré, sentí su aprobación en su mirada y empecé a introducir mi miembro en su ser.
El calor de sus paredes vaginales y la textura de estas se sentían como nunca antes había sentido, era un placer indescriptible, el roce de mi sexo con el suyo se sentía en cada centímetro, y sin poder ya detenerme empecé a bombear a un ritmo ascendente hasta que se hizo uno con el otro.
El placer de lo prohibido era sin duda alguna algo que sumaba demasiado a esta experiencia, pero aún más sabiendo que ella era quien buscó que todo esto sucediera y yo solo era una víctima de la situación... O bueno, cómplice si somos honestos.
Veía en su rostro como lo estaba disfrutando movimiento tras movimiento, veía como intentaba tomarme de mi cintura para controlar mi bombeo pero no podía, estábamos disfrutando en demasía. Cuando ya llevábamos el ritmo que queríamos juntos ella empezó a ayudarse con sus manos y empezó a masturbar su clítoris mientras yo seguía con lo mío.
El sonido de su sexo chocando con el mío, el sonido de sus gemidos con mis jadeos, el sonido de sus fluidos al ser frotados en el clítoris, todo se escuchaba con especial sensibilidad, lo que hacía que ninguno pudiera parar.
-No te vayas a venir en el condón por favor. -Escuché en medio de mi va y ven- Quiero saborear de nuevo a mi hombre. -Dijo acompañado de sus gemidos.
Escuchar esto me puso a mil y le dije.
—¿Ah sí? ¿Tu hombre? Entonces te haré mía. -dije invadido por la lujuria-
Paré mi va y ven en ese momento, y saqué mi miembro de su ser. La tomé de la cintura nuevamente para levantarla, le di vuelta y la dejé caer sobre su pecho sobre el sofá, quedando elevado su culo con su sexo a portas de mi miembro. Nuevamente se la volví a meter y empecé nuevamente con mi bombeo, pero está vez cada vez aún más rápido y fuerte. Ella empezó a gemir más duro, y yo invadido de placer empecé a darle nalgadas leves pero certeras que iban quedando marcadas en su ser.
Ella intentaba incorporarse pero yo no la dejaba, y cada vez que levantaba su pecho con mis manos la volvía a poner en esa posición, dominando aquella situación, pero en medio del placer decidí que si quería incorporarse yo sería quien lo haría, la tomé del cabello y mientras bombeaba la levanté y ella correspondió con movimientos que acompañaban mi bombeo, sus caderas se unieron con mi ritmo y su placer se volvía uno con el mío. Fue entonces cuando sentí como bañaba mi miembro un chorro cálido de aquella segunda corrida de Meli, y seguí bombeando con toda mi fuerza.
-¡Dios mio que rico! -decia gritando a toda voz- ¡si sí así, sigue por favor!
—¿Te gusta? ¿Esto es lo que querías? -dije entre jadeos.
-¡SII POR FAVOR NO PARES!
Continué bombeando con las fuerzas que me quedaban hasta que sentí como temblaba y se venía una vez más, esto me calentó lo suficiente y no podía aguantar mucho más. Saqué miembro de su ser. Ella se giró y se arrodilló, abrió su boca y me saqué el condón, y bastó solo masturbarme un poco más para venirme mientras veía como los chorros de mi sexo salían inundando su boca y rostro con todo mi semen. Tanto que sentía que no paraba de salir.
Ella terminó el trabajo y con su boca volvió a limpiar mi sexo mientras con sus dedos recogía el semen que se había alcanzado a escapar por su rostro y luego chupando así sus dedos, pasando aquel trago nuevamente y terminado de limpiar hasta la última gota de semen en mi miembro con su lengua.
Nos reímos por un momento y luego se levantó, me abrazó, me besó una vez más y me tomó de la mano, fuimos a su habitación y allí pasamos toda la noche abrazados y durmiendo juntos, empezando aquel 2026 como nunca creí que lo fuera a empezar ni en mis más oscuras y locas fantasías.






