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“Hola, somos sus vecinos del 337. Queríamos agradecerles el espectáculo de hace unos días. Nos excitó muchísimo. Esperamos que a ustedes también les haya gustado. Queremos conocerlos. ¿Les parece si nos vemos este viernes en la noche?. Nuestro whatsapp es …”
- Sara: ¿No será demasiado cursi? ¿una nota?
- Yo: Puede que sí, pero si llegamos de sorpresa al apartamento puede que sea muy invasivo.
- Sara: ¿Más invasivo que oír los orgasmos de cada pareja y excitarnos con ellos?
- Yo: jajajaja. Tienes razón, pero así también dejamos algo al azar y nos deja a la expectativa hasta que nos contesten (o no).
- Sara: Bueno, OK. Espero que nos contesten y que acepten la invitación. Tengo muchas ganas de hacerlo.
Me besó mientras yo comprobaba con mi mano lo mojada que estaba su entrepierna. Nos vestimos y fuimos a dejar la nota en la portería.
- Yo: Bueno ahora a esperar.
- Sara: Sí, toca estar pendientes del celular. Yo creo que nos van a aceptar, esa noche fue MUY excitante como para que no nos sigan el juego. ¿Qué tienen que perder? Solo es para conocernos.
Sara me guiñó el ojo, en su mente ya tenía todo el plan para que intercambiáramos parejas, pero que cada uno estuviera en su apartamento y nos escucháramos a través de la pared.
No tuvimos que esperar mucho.
El martes por la mañana mientras estaba teletrabajando me llegó un mensaje de alguien desconocido por whatsapp: -Hola vecis, ¿Cómo están?. Claro que nos gustó (demasiado). Aceptamos gustosos la invitación. ¿Su apto o el nuestro?.-
Mi corazón comenzó a palpitar rápidamente, terminé lo que estaba haciendo y le escribí a Sara que estaba en el gimnasio: -Amor, nos respondieron los vecis. Que quieren conocernos. Nos preguntan qué en cuál apartamento- Pocos minutos después: -¡WOW!. Diles que en el de ellos a las 9. Ya después vemos como se dan las cosas y una pareja se va para el nuestro- Con mis dedos temblorosos por la excitación les respondí a los vecinos y piropeé a Sara: -Listo, sigue juiciosa con tu rutina para que te pongas más mamacita de lo que eres. Un besote en esa cuca y que te morboseen mucho-.
El resto de la semana fue muy normal, cuando teníamos sexo con Sara estábamos muy atentos al apartamento de al lado pero nada. Seguro estaban esperando hasta el viernes.
El día esperado llegó. Sara se puso un vestido negro ceñido al cuerpo, sin brasier y con una tanguita de encaje súper sexy. No llevaba medias porque dijo que para qué (quería calentar a los vecinos desde que entrara a su apartamento). Yo me puse un jean que me queda bien apretado en la entrepierna para que se me marcara y se notara cuando estuviera “firme” y una camisa oscura. Salimos hacia el apartamento de al lado no sin antes comprobar que se le viera la tanga a Sara solo con un pequeño movimiento de sus piernas.
- Yo: ¡Uf! Te ves muy rica en esa pinta. Se te alcanzan a ver las nalgas. Me dan ganas de comerte ya mismo.
- Sara: ¡QUIETO TORO! Nos toca aguantarnos y botar toda esta adrenalina con ellos.
- Yo: ¡Nunca me arrepiento de haberte conocido! ¡Eres lo mejor que ha pasado en mi vida! ¡Te amo!.
Sara no respondió, solo pasó su mano por mi miembro y él respondió al instante. Ahora sí estábamos listos.
Apartamento 336
Timbramos en el 336, después de una breve espera (que con los nervios pasó MUY lenta) nos abrieron la puerta: Él, de unos 45 años, grande, alto, medio fornido y con un poquito de panza, pelo y barba corta muy bien definida; con canas (como le encanta a Sara). Ella, un poquito rellenita, pelo largo negro, con unos senos grandes, bajita (casi la misma estatura de Sara).
- Vecina: ¡Bienvenidos!. Mi nombre es Carolina. Él es mi esposo Lucas. ¡Mucho gusto!
- Sara: Mucho gusto. Mi nombre es Sara y él es mi esposo Javier.
Nos dimos la mano y el correspondiente beso en la mejilla (Sara lo andeneó lo que más pudo cuando besó a Lucas). Carolina estaba vestida con un vestido rojo intenso, cortito, escotado y sin tirantes. Saltaban a la vista un bonito par de senos que no parecían estar restringidos por brasier alguno. Tampoco llevaba medias. Lucas tenía una pinta parecida a la mía, pero en vez de jean tenía un pantalón de material bastante suelto.
- Lucas: ¡Pasen, pasen!. Que bueno al fin ponerle cara a las voces que escuchamos en el apartamento de al lado.
- Yo: ¿Cómo así? ¿Ustedes nos escuchan?
Todos soltamos una carcajada y nos ubicamos en la sala. Era un poco más pequeña que la nuestra pero tenía 2 sillones para 2 personas cada uno (perfecto para cada pareja) uno enfrente del otro. Sara y yo nos sentamos en uno y Carolina y Lucas en el otro. Comenzamos a hablar para conocernos un poco más. Lucas nos brindó algo de tomar y para picar. Mientras hablábamos Sara cruzaba las piernas con la intención de que los vecinos vieran su ropa interior y era efectivo porque varias veces se distraían de la conversación o nosotros veíamos como Carolina codeaba sutilmente a Lucas para que viera a Sara.
La conversación iba subiendo de tono y cada pareja comenzó a acariciarse sutilmente mientras la otra los veía. En un momento comencé a besar a Sara en el cuello y al ver cómo los vecinos nos miraban con deseo, aproveché para ir un paso más allá y le bajé el vestido a Sara para dejar al aire sus hermosos senos y los lamí asegurándome que los vecis los vieran. Esto fue lo que detonó el plan de Sara. Sara estaba con la cabeza recostada en el espaldar del sillón y con sus senos al aire, mientras los vecinos la miraban. Pregunté:
- Yo: ¿quieren probar?
Carolina miró a su marido y sin decir nada le hizo entender que lo dejaba ir a acariciarle los pezones a Sara. El, ni corto ni perezoso se levantó y me pidió permiso, se sentó al lado de Sara y comenzó a acariciarle el pezoncito derecho que ya estaba duro y listo. Yo me senté en el puesto en el que estaba Lucas y Carolina se me pegó y tomó del brazo, como diciendo “WOW ¿si ves lo que está pasando?”. Lucas estaba ensimismado lamiendo los pezones de Sara, ella se retorcía de placer en el sillón hasta que lo tomó de la cabeza y dijo:
- Sara: Carolina, ¿me prestas a tu esposo por esta noche? Quiero que me coma y me haga lo que te hizo la noche que los escuchamos, mientras mi esposo te hace lo mismo a tí. La única condición es que yo lleve a Lucas a nuestro apartamento y ustedes se queden acá.
- Carolina: Hmmmm….claro ¿Qué te parece amor?
- Lucas: ¡¡¡UFFF!!! De una. Desde que nos trasteamos acá y los comenzamos a escuchar soñamos en conocerlos y fantaseamos en comerme a esa mujer que tenía esos orgasmos tan espectaculares.
Durante nuestra charla (unos momentos antes) los vecinos nos habían contado que ya llevaban tiempo escuchándonos y que habían pensado cómo contactarse con nosotros, pero no se habían atrevido. Siempre se excitaban cuando nos escuchaban pero ellos, como Carolina era tan ruidosa, preferían tener sexo en las madrugadas; cuando todos los demás dormían.
Sara se acomodó el vestido, tomó de la mano a Lucas y, no sin antes besarme apasionadamente, salió hacia nuestro apartamento. Desde la puerta dijo: -¡Ahí nos escuchamos!-. Cerró la puerta a sus espaldas y me quedé con Carolina en el sillón esperando lo que se venía.
- Yo: ¿Qué opinas?.
- Carolina: No lo puedo creer, hace mucho habíamos hablado de hacer un intercambio pero esto se dió tan natural que no me lo creo aún.
- Yo: ¡Toca aprovechar! Estos momentos no se repiten.
La tomé de la mano y la besé. Ella me devolvió el beso y comenzamos a jugar con nuestras lenguas. Carolina se levantó y me dijo:
- Carolina: vamos al cuarto. No quiero que nos ganen. Estoy súper arrecha.
Salió hacía al cuarto y yo la seguí, mirando como movía su cola para tentarme. Llegamos al cuarto y aún no se oía nada desde el otro lado. Aún de pie, Carolina me volvió a besar y ahora sí aproveché para manosearle la cola. Le levanté la parte de abajo del vestido y ¡oh sorpresa! No tenía ropa interior. Le cogí las nalgas con fuerza mientras seguía besándola intensamente. Ella también bajó sus manos y me acarició las nalgas.
- Carolina: ¡Qué ricas nalgas!.
- Yo: ¡Gracias! A Sara le encantan. Las tuyas también están deliciosas.
Mientras decía esto último le di la vuelta y comencé a besar sus nalgas. Lentamente fuí abriéndolas y comencé a juguetear con mi lengua en su ano. Ella lanzó un pequeño gemido.
- Carolina: ¡Mmmm! ¡Me encanta que me hagan eso!
Seguí mi tarea y cada vez introducía más la punta de mi lengua en su ano.
- Carolina: ¡Sí! ¡Así!
Dejé por un momento de acariciar su ano y dándole la vuelta nuevamente le quité el vestido totalmente. Sus pezones eran más grandes que los de mi Sara, pero eran mucho más claros. Me lancé a lamerlos y se pararon al instante. Mientras los mordía y lamía lentamente mis manos seguían acariciando sus nalgas.
- Carolina: ¡Vamos a la cama!
- Yo: ¡MmmmVammmmosMmmm!!!
Sin soltar los senos ni las nalgas, como pudimos, nos sentamos en la cama. Ya comenzamos a oír gemidos bajitos al otro lado de la pared.
- Yo: ¡Uy! Ya comenzaron la acción.
- Carolina: ¡Sí! Esto me moja mucho más. ¡Siente!
Tomó mi mano y la llevó a su entrepierna, estaba húmeda y caliente. Se notaba que estaba a mil. Aproveché para comenzar a jugar con mis dedos en su vagina. Le pasaba las yemas por sus labios y luego por su clítoris, que era mucho más grande que el de Sara. Ya estaba bien expuesto y con solo rozarlo Carolina saltaba por los corrientazos que le producía. La acosté en la cama.
- Yo: te voy a hacer gritar como a Sara. Con mi lengua y mis manos.
- Carolina: ¡WOW! ¡Sí quiero! ¡Hazme gritar! ¡Que mi esposo nos oiga!
Bajé mi boca a su vulva e intercalando mis dedos y mi lengua comencé a hacerle sexo oral. Con mi lengua hacía círculos sobre su clítoris; los dedos de una mano pasaban por sus labios hasta el interior de su vagina, entraba y salía llegando hasta su punto g. Mientras un dedo de la otra mano jugaba en la entrada de su ano. Lentamente comencé a aumentar el ritmo y a su vez Carolina comenzaba a gemir más rápido y fuerte. Mi dedo en su ano entraba de a poco y esto la enloquecía aún más.
- Carolina: ¡AHHHHH! ¡AHHHHHH! ¡Qué rico! ¡AHHHHHH!
- Sara: ¡¡¡¡SSSSIIIIII!!!! ¡AAAASSSSSIIIIIIIIÍ! ¡¡¡¡AAAAAAHHHHHHHHHH!!!!
Del otro lado se escuchaban los gemidos de Sara. ¿Le estarían haciendo sexo oral? (parecía que sí).
- Carolina: ¡ME VENGO! ¡NO PARES! ¡AHHHHH! ¡AHHHHHH!
- Sara: ¡AHHHHH! ¡AHHHHHH!
Carolina comenzó a retorcerse en la cama, yo no me detuve y seguía jugando con su clítoris, labios y ano. Cuando sentí que sus palpitaciones y contorsiones pararon, me detuve y limpié sus líquidos con mi lengua.
- Carolina: ¡UFFF! Tal cuál me lo imaginaba. Con razón esos gemidos de Sara.
- Yo: Tu esposo no estuvo mal. ¿Oíste cómo gritó?.
- Carolina: ¡Sí y quiero más! Dame en cuatro.
Esto último lo dijo para los dos cuartos.
Me levanté y Carolina me detuvo, se levantó y sacó de su mesa de noche un consolodar bastante grande y una bolsita de lubricante.
- Carolina: quiero que me penetres con tu pene por la vagina y con esto en el ano.
- Yo: ¿¡De verdad!? ¡WOW!
- Carolina: Si, así me encanta. Y dame bien duro.
Acá entendí porque la cama sonaba tan duro contra la pared cuando los vecinos tenían sexo. Carolina se agarró del cabecero de la cama y se ubicó para que la pudiera penetrar con mi pene y su juguete. Empecé con el juguete, le unté lubricante y lo introduje lentamente. Carolina efectivamente estaba acostumbrada al tamaño del juguete. Una vez lo tenía todo adentro, metí mi pene de un solo empujón. No sé cómo, pero comencé a mover mi cadera y con las manos metía y sacaba el juguete. Carolina comenzó a gemir (más bien a gritar). Yo estaba a mil.
- Carolina: ¡AGGGHHHHHHH! ¡¡¡UHMMMMMMMMM!!! ¡QUÉ DELICIA! ¡DURO! ¡DURO!
Como si fuera una competencia del otro lado de la pared comenzaron los gritos de Sara. Se combinaban con los de Carolina haciendo MUY difícil aguantar. Era una delicia de concierto el que estábamos presenciando.
- Carolina: ¡No pares! ¡Sigue! ¡Duro!
- Sara: ¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!
- Carolina: ¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!
- Lucas: ¡AHHHHHHHHH!
Yo aceleraba cada vez más mis embestidas y trataba de llegar a lo más profundo dentro de Carolina. El cabezal de la cama golpeaba contra la pared. Carolina gritaba a todo pulmón. Su vagina estaba tan húmeda que el sonido de mi penetración seguro se escuchaba en la habitación de al lado. Las tetas de Carolina se movían de lado a lado sin control.
- Carolina: ¡ME VENGO DE NUEVO!
- Sara: ¡ME VENGO! ¡ME VENGO!
- Carolina: ¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII!
- Yo: ¡NO AGUANTO MÁS!.
Fue impresionante: parecía que los 4 nos vinimos al tiempo. Carolina se tumbó rendida en la cama y yo me tumbé encima de ella. Del otro lado ya no se escuchaba nada más.
Comencé a besar a Carolina en el cuello y le di la vuelta, nuevamente le lamí y mordí los pezones (me encantaron) y luego la besé en la boca. Un beso francés que ella correspondió. Me acosté a su lado y ella me abrazó. Estuvimos así un tiempo, descansando, pensando en lo que acababa de pasar; hasta que el timbre nos sacó de nuestras meditaciones. Nos arreglamos un poco y nos levantamos a abrir. Era Lucas, con la camisa desarreglada y el pantalón mal apuntado. Se acercó, me dió un abrazo y me dijo:
- Lucas: ¡Gracias Javier! ¡Qué mujer la que tienes!
- Yo: Igualmente. Toca repetir. Estuvo delicioso. Espero que a Carolina le haya gustado y te cuente todo lo que hicimos. Ella es súper ardiente.
Besé a Carolina sellando esa noche maravillosa y me dirigí con una sonrisa en el rostro, de felicidad, alegría, ¡éxtasis!; Sara me estaba esperando desnuda en la cama, oliendo a sexo, sudada y con ganas de contarme todo lo que había hecho y, como no, repetir.







