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Hoy les vengo a contar algo que me pasó hace poco. Todo empezó porque estaba en la app amarilla, mirando qué salía. Yo disfruto mucho de ver y chupar vergas. La cosa es que estaba por Unilago trabajando y viendo qué salía. Al salir, me dirigí al CC Atlanta a ver qué encontraba. Fui a los baños y nada, no encontré nada, entonces me fui para El Retiro.
Subí a los baños y entré; no vi a nadie en los orinales. Me lavé las manos y me estaba alistando cuando salió un man que me escribió preguntando qué hacíamos. Le dije dónde estaba y me dijo que estaba en ese mismo baño, en un cubículo. Salió y nos ubicamos en los orinales. Era un man no tan alto, por ahí 1.60, blanco, rubio, gordito pero acuerpado. Nos estábamos pajeando cuando escuchamos llegar al celador, entonces me fui. Así pasó: me fui al Andino, di una vuelta y volví.
Cuando regresé, el man ya no estaba, pero había otro. Me miró el paquete y yo el de él, y empezamos a morbosear frente al espejo para alcanzar a ver si alguien venía o no. Era muy similar al anterior, pero más flaco. Ese man estaba a mil. Empezamos a pajearnos y a tocarnos; él me empezó a tocar el culo y le dije que no podía porque no estaba preparado. El man me dijo que no había problema. Me hizo arrodillar para chuparle la verga, que estaba deliciosa: larga, un poco curva, olía y sabía deliciosoooo.
Yo subí, nos dimos un beso y continuamos. Él se puso atrás mío y empezó a puntearme mientras me pajeaba. Parce, qué morbo, qué adrenalina: escuchar pasos y subirnos los pantalones rápido. Hasta que el man me dijo: “Entonces solo déjeme puntearlo”. Le dije: “Hágale, solo eso, porque me queda cosa”. Él me dijo que no me preocupara, que se ponía condón adicional, que no tenía lío con eso, que se limpiaba y listo.
Empezamos a rozarnos, a besarnos el cuello. Empezó a puntearme; parce, yo sentía que la verga me iba a explotar con cada roce de presión queriendo entrar. La cosa es que me metió la cabeza; sentí un dolor porque llevaba rato sin penetración, pero el man sabía hacer lo suyo. Seguimos poco a poco, roce y roce, hasta que sentimos unos pasos. Yo traté de salirme, pero el man ya conocía muy bien la zona: me abrazó para no dejarme ir, me pegó bien a él diciéndome que me relajara, que no era nadie, y al mismo tiempo, sin intención, se deslizó la verga toda en mi culo.
Parce, yo quedé frío, con el gemido en la boca, porque el man se dio cuenta. Me tapó la boca rápido y me dijo: “Disculpe, parce, ¿lo lastimé?”. Yo estaba privado entre placer y dolor. El man lo dejó un poco y empezó a moverse suave. Parce, qué delicia; se sentía más la adrenalina. Empezó más fuerte; parce, no sé cómo no nos escucharon. Nos mirábamos al espejo; el man me besaba el cuello, me pajeaba; yo lo cogía de las nalgas y las empujaba. Parce, qué delicia ese entra y saca. Yo súper nervioso y el man súper relajado, hasta que no pudo más y empezó a venirse. Qué delicia; aun con el condón sentía las corridas llenándolo.
El man se despegó y, para mi sorpresa, todo estaba limpio. Nos vestimos y salimos. Espero que les haya gustado mucho este relato.








