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El día que lo vi fue en el trabajo, cruzamos miradas, y de inmediato sentimos eso que sólo sucede cuando alguien te gusta demasiado, esa sensación de cosquilleo por todo mi cuerpo, ese día no pasó nada más que un intercambio de números, de miradas y de sonrisas.
Días después tuve que llamarlo por cuestiones laborales, nos encontramos por que me tenía que entregar unos documentos, y desde ahí todo fue diferente a una relación laboral, desde el primer instante fue algo candente, fue muy rico sentir cómo su mirada recorría todo mi cuerpo, conversamos de muchas cosas y al terminar de conversar lo que teníamos pendiente del trabajo fuimos a un lugar cerca, a unas cuantas cuadras, allí subimos al segundo piso, cervezas algo para tomar y el coqueteo se agudizó, lo primero que hizo Juan fue lanzarse para darme un beso, sus labios estaban deliciosos, sus manos se posaron en mis piernas, yo no pude evitar dejarme llevar y le correspondí sus caricias puse una de mis manos en su espalda, y la otra en su pierna, ambos nos apretábamos, nos recorríamos cada cm del cuerpo, nos encendimos tanto que decidimos salir del lugar para ir a un motel, en la habitación todo fue juego, picardía, y seducción.
Al llegar me acostó en la cama, yo con mi piernas abiertas podía sentir su pene muy duro, no dejábamos de besarnos, y la respiración cada vez era más intensa, él comenzó a presionarme la vagina con su pene, y mis pezones se pusieron muy duros y se pararon.
Llegamos a un momento donde ya tanta ropa nos estorbaba, el se paró le baje su jean, su bóxer, me arrodillé y procedí a besarlo, su pene era delicioso, estaba muy muy duro.
Lo humedecí desde sus bolas hasta la punta de su glande y traté de meterlo todo en mi boca sin éxito ya que su rico tamaño no entraba completo.
Luego él se separó de mí para acostarme en la cama,inicio a besarme las piernas mientras con su mano estirada me acariciaba suavemente los pesones, mi abdomen hasta llegar a mi vaginita y posarse en ella con dos deditos dentro, evidenciando la piscina en la que me había convertido de lo excitada que estaba.
Su boca comenzó a llenar toda mi vagina y explote de placer, llegó mi primer orgasmo en el momento que sentí su lengua acariciar mis labios menores y mayores, mi clitoris y luego explorar mi cavidad vaginal.
Mientras todo eso, veía como se masturbaba y se ponía más duro y grande ese pene que deseaba tener lo más profundo de mí en ese mismo instante.
No aguante y tome las riendas del asunto, lo acosté le embarré de saliva su pene, me subí sobre él dejando que llegara a lo más profundo de mi. Comencé a moverme como loca, era demasiado deseo que me producía ese hombre… y él me correspondía con ese duro miembro que me llenaba y a la vez me agarraba las nalgas, me besaba los senos y me decía que era su perrita en celo. Eso más me calentaba.
Continuando con la faena pidió ponerme en cuatro para así admirar mi nalga y mi rosada vagina, eso le encantó y lo motivó a darme delicioso.
Cerrando este momento tan caliente y erótico me acomodó y lo hicimos de misionero, ahí me propuse darle mis encantos aparentándolo con mi vagina. No lo resistió y me dijo que pronto se vendría. Lo rodeé con mis piernas en su cintura y no lo deje salir, quería su leche dentro de mi. Llegó al clímax y sentirlo tibio y escurriendo por los bordes de mi vagina hizo que explotara en placer y gemidos.
El salió de mi, procedió a vestirse, a darme un beso profundo con sabor a nosotros y me dijo: que rico la pasamos trabajando juntos.






