Siete de la noche. El tráfico está complicado y vamos ajustando vía whatsapp el deseado encuentro, en medio de la expectativa, la curiosidad y las ganas mutuas. La cita es apenas para 'conocernos', pues previamente hicimos contacto a través de la página swinger: una charla escrita sobre quiénes somos, cómo somos y qué buscamos. El siguiente paso, será cara a cara.
El sitio, una bonita cafetería en el norte de la ciudad, grande, con varios comensales en el lugar, buen menú y los futuros cómplices en la mesa.
El saludo inicial es bastante formal, afectuoso, pero medido para no despertar sospechas entre los clientes. Como amigos de hace tiempo que se encuentran para tomar onces. La charla empieza con cotidianidades, el tráfico, el clima, a qué nos dedicamos, y va avanzando en la medida en que se genera confianza.
El 'scanner' es disimulado y mutuo. Pienso, 'wow, qué hermosa es ella'. Es igual a las fotos que intercambiamos en el whatsapp: una pareja en edad madura (al igual que yo), muy agradables, sonrientes y sociables. María (nombre swinger), es de estatura media, rostro hermoso, el busto se pronuncia generoso en su buzo, aunque ya lo había apreciado en las fotos, grande, erguido, con pezones paraditos... José (nombre swinger), alto como yo, también con barba entre canosa y oscura, contextura un poco más gruesa que la mía.
Nos caímos bien. Hay risas, la charla alterna entre picante y respetuosa, confesiones, gustos y fantasías. Hay química, confianza, y la 'posible velada para otro día', se adelanta: es hoy.
-Vamos a nuestro apartamento, que queda a una cuadra de aquí. El pulso se acelera. Qué rico.
Un sitio es muy bonito, sobrio, cómodo, acogedor. José y yo nos decidimos por vino tinto, María, vodka. Algo más fuerte, acorde a la ocasión, pues iba a deleitarse con dos hombres, dos machos, dos pieles, dos vergas... la suya y la del un tercero, el cómplice de la ocasión.
Después de un rato y unos tragos, la charla se interrumpe... ya regreso, dice José. Me acerco a María, que está en la silla contigua. Nos miramos a los ojos y un beso apasionado surge espontáneamente... lento, labios abiertos y dispuestos, lenguas que se combinan sin escatimar. El deseo es mutuo. Regresa José y se deleita al apreciar la escena.
Al rato, María se disculpa. -Voy al baño. Al retirarse aprecio ese culazo generoso y ese par de piernas gruesas, que lucen muy bien forradas en sus leggins. Nos miramos con José y sonreímos: 'está buenísima, hermano', le digo a José, quien asiente con la cabeza, complacido por el halago.
Al regreso, la sorpresa de la noche: María fue a cambiarse, a ponerse no solo más cómoda, sino muy, muy sensual y provocativa, lista para ser sometida entre sus dos machos. El buzo ceñido para el frío y los leggins fueron reemplazados por unas cintas negras que entramadas recorren su cuerpo, tapando apenas sus llamativos encantos. Sus senos frondosos ya lucen al aire y las cintas tapan apenas los pezones; descienden sobre su talle y llegan a la entrepierna, cruzándose antes y después de una gruesa vagina, rasurada totalmente, dejándola destapada, como enmarcada y resaltándola, pues sus labios mayores son gruesos, dejando asomar los labios menores, de forma irregular, como arandelas delicadas, como pétalos de flor, que guardan un tesoro por descubrir.
Se sienta a mi lado en el sofá, mientras José observa muy animado. 'Amor, qué rica te pusiste'. Uff, qué riiiicaaa... complemento yo. La recibo con un beso apasionado, con mayor deleite que el anterior... nuestras lenguas se entremezclan con más intensidad, más húmedas... bajo a su cuello, lo beso, lo mordisqueo suavemente... Le digo al oído que se está muy bella, que huele delicioso, que está muy rica... ella agradece, no con palabras, sino con la respiración agitada y profunda.
Mis manos van descendiendo suavemente, explorando, sintiendo su piel tibia. Llegan hasta sus frondosos senos, corro las cintas y saltan sus pezones, como liberando unos presos ansiosos de libertad... el envés de mi mano se desliza sobre ellos como consintiéndolos. Éstos, responden parándose más, como diciendo 'aquí estamos', aprovéchate de nosotros. Eso hago: los lamo, deslizo mi lengua sobre ellos con jugueteos, en círculo, de arriba abajo... escucho unos quejiditos suaves de María... Los mordisqueo. Ella se queja más, pero no de dolor, sino de pasión. -Qué rico. Eso me gusta. Su respuesta positiva me anima a jalárselos más, con pellizcos intensos, pero no agresivos. Lo suficientemente motivadores, exitantes, deliciosamente castigadores. -¿te gusta?, pregunto suave... ¡Sí, dale más! responde María.
Desciendo por su vientre. Su piel canela es muy suave, huele delicioso... se impregnó de aromas sutiles, sin empalagar, se preparó para el goce, para brindarse sin quedarse con nada, para ser recorrida y complacida.
Bajo hasta su entrepierna. Mi ritual: poner mi mano frente a la entrepierna de la mujer cuando está exitada. Ese calor que emana es incomparable e inconfundible: ¡signo de que está arrecha!, de que tiene 'ganas'. De que estoy haciendo bien la tarea. Incluso, eso lo siento con una mujer aún si tiene ropa y he hecho otras cositas para exitarla. En este caso, es más intenso y evidente ese calor. Es mi señal para acometerla, para pasar a deleitarme con un rico manjar. Ella quiere. Más yo.
Mi lengua da una saboreada de arriba a abajo, como perrito marcando terreno, un lengüetazo inicial... Abro sus piernas para que ambos estemos cómodos, pues es un pastel que hay que comerse de principio a fin. Acomodo sus nalgas, las subo para que quede su culito también asomado, pues la intensidad y generosidad de los lengüetazos se detienen en toda su fisionomía, como pintando con mi lengua y mis dedos semejante cuca, semejante chochota tan rica... ella, lanza sus gemiditos y jadeos, alternados con una respiración ahogada. su culito es muy rico. De vez en cuando lo aprieta y vuelve a relajarlo con cada lamida, con cada paso de la punta de mi lengua... estás más húmeda, más mojada... De pronto, un quejido más intenso responde a mis estímulos. Cierra las piernas, las aprieta fuertemente. Subo entonces hasta su boca. La beso, le doy a probar mi barba y mi bigote impregnados por sus jugos, y los alterno con mis dedos muy untados... -saborea a qué sabe tu cuca, le complemento. Nos besamos y bailamos las lenguas, muy impregnados. Eso es complicidad y deleite pleno y mutuo. Un rico anticipo de lo que se viene.
José no ha promovido media palabra. Sentado al frente ha observado el espectáculo.
-Vamos al cuarto. Ella invita a sus dos machos.
Ya en la habitación José y yo nos disponemos mejor: la ropa queda sobre la silla. María nos espera en la cama, con las piernas muy abiertas, acariciándose con los dedos, alistándose...
Nos ubicamos a lado y lado de ella. Cada uno se aferra a un seno, a cada una de sus ricas tetas... Como terneritos amamantando. Ella nos acaricia la cabeza a cada uno, como diciendo: esta noche, esto es mío; es lo que me voy a comer... a dos manos, a dos vergas...
Y sí. Sus manos traviesas se arman a lado y lado, agitando suavemente nuestras vergas, que se ponen cada vez más duras. Y más aún, cuando empieza a deslizar sus labios en la mía... se la come como si fuese un delicioso helado, la recorre con su lengua de la raíz a la punta, mete la punta de la lengua en el huequito de mi cabezona, le esprime el jugo preliminar; luego, la mete hasta el fondo de su garganta y la saca cuando siente que le falta el aire. Respira profundo. repite la acción tres o cuatro veces. no las cuento. Está en la gloria. Yo más.
Después de ello, María se pone en cuatro, con su cara contra la almohada y levantado semejante culazo... La invitación no da espera: clávamela bien rico. Es una orden perentoria a la que gustosísimo hago caso.
Me pongo el preservativo y mi verga, muy dura, se abre paso en su cuquita, entra y sale despacio, se va abriendo paso sin compasión. Mis manos empiezan un ritual de nalgadas, castigando a la deliciosa y atrevida María. Ella responde con griticos a cada manotazo. Mi verga continúa entrando y saliendo. María responde a cada envestida con gemidos, unos más intensos que otros.
-Qué cuca más rica, qué chochota más deliciosa. Le recalco a María, mientras veo la cara de complacencia y satisfacción de José.
Mis dedos empiezan a juguetear despacio con su culito. Lo recorren, lo consienten. Lo escupo y voy metiendo despacito un dedo, la primera falange. Ella levanta su dorso mientras la tengo clavada y empieza a mamarle la verga a José, quien va acariciándole las tetas y viendo cómo la tengo penetrada hasta el fondo. Mis dedos ya están más atrevidos y su culito ha cedido... se está preparando para otra envestida. Ella tiene con qué y con quiénes.
La almohada sale de escena y da paso a José, quien se ubica debajo de María, la besa y le pregunta cómo se siente...
Ella: ¡rico, amor. La tiene rica!
Él: -¿te gusta esa verga?
Ella: -Sí, amor. Está rica.
Él, -¿te sientes puta?
Ella: ¡Mucho!
Y yo: ¿te gusta culearte dos machos, perrita?
Ella: ¡Muchísimo!
José: ¿Quieres comerte las dos vergas?
María: -Siiiiiii
Entonces, saco mi verga de la cuca de maría, para darle paso a la de José.
Llega el momento cumbre de la noche: María se comerá las dos vergas, se deleitará con dos machos...
María me pide que la impregne el culito con una gel dilatadora... Lo hago y mientras hace efecto le pongo mi verga para que la mame, mientras su amor la tiene clavada hasta el fondo.
Paso nuevamente detrás de María. Aprecio ese espectáculo de ver semejante culazo para arriba y para abajo, clavada por la cuquita, y ahora: lo mejor...
Escupo nuevamente el culito de María, se abre y se cierra con cada estímulo... meto un dedo preparándolo... ya se ha dilatado. María se estremece...
Entonces, mi verga se abre paso en ese culito rico, va entrando la cabeza... ella se queja un poco. La saco. Vuelvo a meterla, un poco más... despacito... su culo se va acostumbrando, cediendo más, abriendo más, disfrutando más... La hundo... María jadea, ahoga su respiración... un grito ahogado sale de María:
¡Riiiicaaaa!
Se la tengo adentro. Se las tenemos adentro. Su amado y el cómplice la están clavando. Le doy varias nalgadas y ella cada vez más arrecha grita de pasón.
-¿Te gusta, mi puta?, le pregunta José.
-Síiiii... responde ella.
-¿Te gusta mi verga en tu culo, putica?
-¡Mucho, hijueputa. Uy, qué ricas vergas!
Eso me arrecha más. Estoy que estallo... Saco mi verga, le retiro el condón, la sigo agitando y estalla, impregnando de semen el culazo de María, la parte baja y su culito rico...
Es lo máximo... me agito cual gato erizado, como sintiendo un corrientazo... mi respiración también se ahoga. Esprimo todos los restos de semen sobre ella.
María, penetrada aún por su José, se agita acaballada sobre su amor y de pronto eleva un grito de éxtasis: Síiiiiii... Y aferra las uñas sobre el pecho de él.
José también quiere acompañar el éxtasis a su manera: -¿amor, quieres mi leche?
-Sí, amor. Responde María, ya un poco relajada.
José se incorpora y le pone brinda la verga en la boca de María. Ella, la empieza a agitar intensamente... hasta que el jadeo intenso es el de José... María se traga toda la leche de su amor, hasta la última gota... no desperdicia nada. Ese hombre se estremecía...
Ha sido una noche espectacular. Todos ganamos.
Ella quería ser complacida. No había límite, ni tabú alguno que lo impidiera. Para eso estábamos y todos lo sabíamos. nos deleitamos cada uno a su medida y desfogue: José, vio cómo se comían a su mujer, a su hembra, a su puta; María, quería dos vergas, primero una, luego las dos... Yo, el cómplice. Disfruté viendo, tocando, penetrando... comiéndome una mujer muy arrecha, que sabía lo que quería, sin remilgos, ni contemplaciones. Y qué mejor que con toda la confianza de su macho... Todos ganamos.
Ojalá haya más oportunidades de deleite mutuo. Eso lo dan el tiempo, el deseo y las circunstancias.
Por lo pronto nace una amistad con complicidad. Gracias a los dos.







