Compartir en:
Bogotá tuvo que ser, con su lunita plateada, testigo de nuestro amor, bajo la noche callada.
Y nos comimos los dos, con un amor (con pecado) , temblaste cuando timbro y le mentiste, Yo callado.
Hay, barrio de La merced, estremeciste conmigo, con su torso, y su ombligo junto al mío.
No dejabas respirar, por tu lengua…. Malparido, pero esa misma lleno otro hueco. Ay…Dios mío.
Mi Adonis, mi amor, mi amigo.
Hoy te vuelvo a recordar, y me parece mentira. Ya todo aquello acabo, todo quedo en el olvido, Nuestras promesas de amores, en el aire se han perdido. No debiste estar conmigo siendo ajeno.
Cuando quieras vuelve. Yo te espero aquí.






