Compartir en:
Me llama y me suelta de una: “Estoy solo, hoy mi marido no cae a la casa.”
De una me subo a la moto y me voy pa’ la finca. No hubo ni saludo ni nada: apenas me quito el casco y ya me tiene pegado a la jeta, besándome como con rabia, metiéndome mano sin pena.
¿Entrar a la casa? Ni por el putas.
Se sentó en una silla ahí mismo, bajo un palo, se bajó el cierre, me peló la verga y me puso a chupar como si se fuera a acabar el mundo. Se la chupe un buen rato, hasta que ya no daba más y me montó encima pa’ cabalgarlo sabroso.
Después de un rato de tas tas tas, bien arrechos, me monta sobre una mesa. Se quita el condón, primero revisa que el culo esté limpio, y me da a pelo, sin mente. Qué chimba tan hijueputa se sentía eso.
Me llevó al cielo, yo gemía como una loca, culiando al aire libre, con el corazón a mil.
A los diez minutos suena mi celular. Tocaba abrirse de ahí ya mismo.
Me fui con una sonrisa de oreja a oreja… y el culo bien abierto.






