Compartir en:
Todos los días entre mi esposo y yo, surgía la misma discusión siempre, yo le decía, que, si dame para la compra, o para echarle gasolina al auto, o que si a nuesta niña le hacen cosas y demas
En ocasiones claro que yo insistía, y finalmente el muy tacaño, finalmente me daba algo de dinero, no sin antes exigirme que trajera la factura, y una muy clara explicación en que lo pensaba gastar.
Pero finalmente me cansé de su juego,
La cosa es que yo estaba que ardía con mi esposo, no quise ni tan siquiera hablarle, después de que me enteré de todo. Para colmo de males, al siguiente día yo tenía varios compromisos, y como de costumbre, él me había dejado el auto casi sin gasolina.
Pero como salí de casa tan molesta, después de que dejé a nuestro hija en la escuela, fue que me di cuenta de que el tanque de gasolina estaba casi vacío.
Tragándome mi orgullo lo llamé, pero el resultado fue el siempre, el dinero no crece en los árboles. Por lo que harta de escuchar sus tacañerías, le colgué el teléfono.
Decidí que haría lo que bien pudiera, sin amargarme la vida, pero ya de regreso a casa, el auto comenzó a fallar, y por suerte pude llegar hasta una gasolinera.
El detalle es que no tenía un solo centavo encima. Al principio pensé dejar el auto estacionado, y que él lo fuera a buscar luego, pero luego me acordé que tenía quehacer cosas , así como pasar por mi costurera, a buscar un vestido que ya había dejado pagado.
Fue cuando se me acercó el joven encargado de la gasolinera, lo cierto es que yo no pensaba pedirle que me fiara la gasolina, pero al pararse al lado de la puerta de mi auto, y la manera en que se me quedó viendo las piernas.
Algo dentro de mí me hizo comprender, que quizás si podía llegar a llenar el tanque sin gastar un solo centavo.
Así que haciéndome la que buscaba algo dentro de mi pequeña cartera, lentamente fui subiendo poco a poco, más mi falda, hasta que gran parte de mi vagina , cubierto por mis transparentes tanga se me pudo ver.
Yo estaba tan, y tan molesta con mi esposo, que poco me importó lo que pudiera pasar, por lo que al ver el rostro del joven, me di cuenta de que él estaba sumamente interesado en mi
Tanto que cuando le dije que necesitaba llenar el tanque, pero que no tenía ni un solo centavo para pagarle, él ni se inmutó, estaba con su boca bien abierta, y sus ojos clavados sobre mi .
Hasta que le no sé cómo me atreví a preguntarle, si se le ocurría alguna forma de que yo le pagase, para que yo pudiera llenar el tanque de mi auto.
Realmente no hizo falta de que se lo volviera a repetir, el joven vio en todas direcciones, y luego me dijo. “Hay una manera de que yo le pueda llenar su tanque, siempre y cuando antes me deje…” y no dijo más nada. La manera en que me dijo esas palabras de llenar su tanque, sin tan siquiera pestañar mirando fijamente mi vagina , me dejó bien claro a se refería.
Yo haciéndome la pendeja, le pregunté de la manera más puta y seductora que pude. “¿Dónde y cómo haríamos eso?”
Él abriendo la puerta de mi auto, de manera muy caballerosa, me dijo. “Sígame hasta las oficinas, y en el depósito le mostraré donde y como lo haremos.” Realmente yo era la que iba al frente, y él caminando tras de mi observando mis nalgas. Hasta que llegamos a la oficina, a la cual ambos entramos
Inmediatamente de la pequeña oficina pasamos al depósito, que se encontraba lleno de gomas nuevas, y usadas. El joven cerró la puerta, y me dijo. “Ya sabe a su auto le están llenando el tanque, así que puede hacer usted por mí, aquí y ahora.” Muy consciente de lo que estaba haciendo, sin detenerme a pensarlo mucho, dejé mi pequeña cartera sobre una caja, y de inmediato me quité el vestidito
Quedando en tanga y sostén frente al joven, que ya había comenzado a sacar su manguera del pantalón. Fue cuando se me ocurrió decirle. “Sabes una de las cosas que más disfruto de un hombre, es ver su cuerpo completamente desnudo.” Y mientras yo me quitaba mi sostén y mi tanga , el no dudó ni por un instante en también desnudarse completamente.
Realmente él no era un adonis, pero tenía un buen cuerpo, que de inmediato comparé con el de mi marido, saliendo perdiendo en la comparación mi esposo.
Sus grandes y sucias manos se iban a posar sobre mis hombros, fue cuando le pedí que se las lavase, y al mismo tiempo con gran confianza, mientras él se lavaba sus manos, yo agarré su mustio miembro, y se lo lavé con agua y jabón.
No bien él terminó de lavarse, colocó sus manos sobre mis hombros, obligándome a que me arrodillase, hasta que mi rostro quedó a la altura de su verga.
La que sin detenerme a pensar mucho lo que debía hacer, la tomé entre mis dedos, y lentamente mientras la dirigía a mi boca, la fui masturbando.
Por un buen rato estuve mama, que mama, sintiendo su inflamado, y colorado glande y sentí como el resto de su verga se fue tonificando, poniendo dura, y gruesa dentro de mi boca.
Hasta que llegó un momento en que sacándome su verga de entre mis labios, le pregunté, de la manera más seductora que pude. “No te agradaría antes de que te vengas, metérmelo.”
Su respuesta fue inmediata, agarrándome por debajo de mis brazos, me levantó del piso, y con la misma me sentó sobre una gran goma de camión que había a mis espaldas, yo de inmediato abrí mis piernas.
En cosa de segundos comencé a sentir como aquella gruesa, y larga vara que él cargaba entre sus piernas, comenzó a penetrarme divinamente. Y a medida que sin detenerse él continuaba enterrándome toda su verga, sus manos acariciaban como loco mis tetas, y su boca besaba la mía introduciéndome su lengua.
Así estuvimos ambos moviéndonos por un largo y buen rato, yo disfrutaba de todo lo que él me estaba haciendo. Hasta que, sin vergüenza alguna, me dijo. “Quiero darte por el culito.”
A lo que yo sin esperar a que dijera más, tras extraer su verga de mi mojado coño, me bajé de la goma en la que estaba sentada y recostándome sobre la misma goma, dándole la espalda le ofrecí mis sudadas nalgas.
El sentir una verga abriéndose paso dentro de mi culo,
Por lo que a medida que el joven de la gasolinera me fue empujando su gruesa verga dentro de mi culo, yo agarré una de sus manos y la coloqué sobre mi concha
, por puro gusto y placer, tras volver a lavar su verga, se la volví a mamar, hasta hacerlo venirse. Tras lo cual aproveché el pequeño baño para asearme, y desechar lo que él había dejado dentro de mi culo, de inmediato comencé a ponerme mi sostén, cuando él entregándome mi vestido me dijo, cuando quieras volver a que te llene el tanque, sabes que estoy a la orden.
Yo de inmediato me puse mi vestido, y tras un beso salí del depósito, y me dirigí a mi auto, que me esperaba con el tanque lleno. Fue cuando al verlo a él para despedirme, me di cuenta de que en su mano derecha sostenía mi tanga
pase a buscar el vestido por la costurera
La que al ver cuando me quité el vestido para medirme el que ella me había cocido, se dio cuenta de que yo andaba sin pantis, y con una risita de complicidad
Desde luego que mi marido ni cuenta se dio que mi auto tuvo el tanque lleno, ya que mientras que pensó que no tenía gasolina no lo usaba.






