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Hola, vengo a compartirles este relato que me pasó hace poco más de un mes, pero no había tenido tiempo para escribirlo.
Para los que no han leído mis anteriores relatos, mi nombre es Leo, tengo 30 años, mido 1.82mts y peso 85kg, de cuerpo blanco, atlético, barbado, de rol pasivo, pervertido, cerdo, gusto por las prácticas fetichistas y uso de jaula de castidad en mi pene para ser un mejor sumiso.
La historia empezó un viernes cuando un viejo amigo de confianza me llamó para suplicarme que le hiciera un enorme favor. El favor consistía en cumplir su turno como celador el día sábado en un viejo jardín infantil donde trabaja, pues él y su esposa tenían a su hija hospitalizada lista para una cirugía y debían estar con ella. Acepté sin pensarlo dos veces y sin ningún tipo de malicia. Él siempre fue un buen amigo y ayudarlo en ese momento difícil era mi responsabilidad como amigo, sin embargo, no fue hasta que estuve allí que pensamientos sucios e impuros comenzaron a rondar por mi mente.
El día en cuestión me encontré con mi amigo temprano en la mañana frente a la entrada del jardín, él acababa de recibir el turno del celador de la noche y me dio un tour rápido por el lugar. Le pregunté si no le habían dado permiso por lo de su hija pero respondió que justo en esa fecha no había nadie disponible para cubrirlo y por eso tuvo que recurrir a pedirme ese favor. El lugar aunque parecía pequeño desde fuera resultó ser grande por dentro, lo suficiente para tener 4 salones, dos oficinas, una cafetería, un cuarto de aseo, una cocina, baños, un jardín y una piscina. Le pregunté si alguna vez alguien había intentado entrar a robar algo y me dijo que nunca. Por eso no fue necesario darme ninguna arma. En la cabina del celador había un televisor grande con la pantalla dividida en cuatro cámaras. Una apuntaba a la calle, otra a la cafetería, la tercera al pasillo hacia los salones y la última a la piscina. Hice varias preguntas curiosas pero lo que quería saber realmente era si ellos estaban pendientes de las cámaras. Me comentó que nadie las mira nunca y que solo se pueden ver desde la cabina ya que son cámaras viejas, y que el contenido se borra automáticamente a los dos días, pero que por costumbre suelen borrarlas al terminar su turno debido a que en ocasiones se aburren y se meten a la piscina a nadar o toman una siesta en la cafetería. Y justo por eso me enseñó a borrar las grabaciones. Me dijo que me podía relajar porque en fin de semana no iba a ir nadie, así que podía tomar un baño o lo que quisiera hacer. Al escucharlo decir eso mi mente comenzó a pensar toda clase de posibilidades.
Tras irse mi amigo, comencé a explorar el lugar, pero esta vez más a detalle. Realmente no había nada interesante, solo juguetes y cosas para niños. La parte más profunda de la piscina medía unos 60 centímetros, pero en su mayoría era baja, lo cual tiene sentido porque era para niños, aún así, en ese día caluroso vendría bien refrescarse más tarde. En mi teléfono abrí todas las aplicaciones de ligue y encuentros esperando encontrar algo decente. Pasé más de una hora entre mensajes pero no hubo suerte. A eso de las 9 am saqué de mi mochila algo que había preparado para desayunar y al terminar vi un par de mensajes interesantes. Uno de ellos era de un hombre maduro bien dotado pero por desgracia dijo que estaba ocupado en ese momento, el otro era un chico de 24 años moreno ganoso por meterla. No era de la zona pero estaba cerca comprando unas cosas. Tras ver varias fotos de su verga decidí que debía conocerla en persona. Le mandé ubicación y le expliqué brevemente la situación, su respuesta fue que le daba morbo y llegó a los cinco minutos. Cuando abrí el portón él venía con casco y le hice señas de entrar. Miré a los alrededores y la calle estaba desierta. Tras entrar se quitó el casco y parqueó la moto. Me saludó con un fuerte apretón de manos y por su acento noté que era costeño. Debo confesar que no soy muy fan de los costeños por su forma de hablar que me cuesta un poco entenderlos, pero debo decir que nunca me han decepcionado en cuanto al sexo, siempre están bien dotados y les gusta coger duro, y este chico claramente no fue la excepción.
Después de hablar un poco se empezó a agarrar el paquete de forma descarada mientras preguntaba cosas subidas de tono. Mis ojos seguían su bulto con la mirada y mi boca comenzaba a salivar en exceso. Sabía que ya había visto ese monstruo en fotos, pero tenerlo en frente me causaba ansiedad. El chico tenía puesta una camiseta sencilla, una pantaloneta corta y tenis. Se levantó del asiento y se quitó la pantaloneta sin sacarse los zapatos. Llevaba puesto un boxer pegado y se apreciaban algunos agujeros. Le pregunté por ello y dijo que la mayoría de calzoncillos que usaba no le solían durar, siempre se rompían fácil. La conversación fue escalando y se quitó la camiseta. Su torso era moreno y aunque era delgado se le notaban un poco los abdominales. Sus axilas eran estaban afeitadas al igual que la zona bajo su estómago. Le pedí que fuéramos a la cafetería y dejó la ropa ahí tirada junto a la cabina. Lo seguí como un perrito tras su hueso. Verlo caminar solo en esos bóxers rotos y en tenis me hizo notar el lindo culito que se le marcaba. Al llegar se sentó sobre la mesa y me arrodillé por instinto. Me quité la camiseta que llevaba mientras él seguía acariciándose el bulto el cuál había crecido notablemente. En esa posición pude apreciar mejor su rostro. Su cabello era corto adelante pero a cada lado sobresalía un mechón trenzado que le llegaba hasta la nuca. Sus ojos eran negro azabache, su nariz larga y sus labios gruesos. Se notaba que le salía barba pero se la afeitaba dejando su cara un poco más oscura. No lo consideraría atractivo, pero tampoco estaba tan mal. Después de todo, mi interés no era su cara o su cuerpo. Poco a poco me fui acercando hasta estar frente a la bestia. Suavemente fui acariciando los pequeños agujeros en su boxer y al acercar mi cara pude inhalar esa deliciosa esencia masculina que emanaba de él. Con las dos manos agarré el boxer y fui bajándolo lentamente. Su erección estaba por terminar de desgarrar la tela, y cuando salió, rebotó frente a mi cara y se quedó erguida apuntando al cielo. La tomé con mi mano y se sentía cálida y dura. Como la mayoría de hombres de este país, él no tenía circuncisión, y cuando halé un poco la piel pude liberar una cabeza de un tono morado que contrastaba graciosamente con el marrón de su tronco. Todo su miembro se encontraba afeitado a la perfección, no había ni un solo pelo a la vista.
Según me había dicho le medía 20cm, pero por mi experiencia estaba casi seguro que medía un poco más. Sus testículos parecían dos ciruelas tanto en tamaño como en color, las acaricié suavemente tanteando su peso. Me dijo que llevaba tres días sin correrse y no aguantaba más. Ni corto ni perezoso me llevé ese monstruo a la boca. Costó, pero logré lamer cada centímetro hasta quedar casi sin respiración. Él me agarró fuerte de la cabeza y empezó a violarme la garganta. Estuvo así un minuto o dos. Cuando salió por completo mi boca estaba llena de baba y seguramente mis ojos estaban rojos. Tras recuperarme unos segundos volví a la mamada, pero esta vez más delicadamente. Lamí desde la base hasta la punta, chupé ambas bolas y lo fui masturbando lentamente mientras aumentaba el ritmo. La mamada fue intensa, mi lengua acariciaba el glande por todas partes, e hice bien mi trabajo porque me la sacó de golpe y me dijo que se iba a correr. El primer chorro me dio directo en el ojo, el segundo en toda la frente y el tercero en parte de la nariz y la boca. Los demás chorros menos potentes fueron directo a mi boca y me fui tragando todo lo que salía. Al terminar apunté su verga por toda mi cara para recoger los restos de semen que quedaban para juntarlos hacia mi boca mientras él continuaba gimiendo y jadeando por el intenso orgasmo que le acababa de dar. Cuando terminé su verga se había reduco en tamaño, pero a pesar de eso seguía siendo bastante grande. Me puse de pie para besarlo con restos de su leche aún en mis labios pero me frenó en seco, me dijo que no le gustaba besar a las perras. Pero al notar un poco mi decepción dijo que ahora quería que le diera culito. Eso me levantó el ánimo.
Le pregunté si me lo iba a chupar y dijo que sí. Por suerte para mí, había venido preparado antes de salir de casa, me había hecho un buen lavado por si acaso y traía en mi mochila un consolador pequeño, lubricante, algunos condones y un par de cositas más. Nunca se sabe cuándo las vayas a necesitar. El chico costeño se puso de pie y me hizo inclinarme sobre la mesa de la cafetería. Me bajó la pantaloneta dejándome sólo en Jockstrap mientras acariciaba mis nalgas con deseo. Sus dedos intentaron entrar en mí pero encontraron resistencia. Entonces se puso de rodillas y hundió su cara en mi culo. Sentí su nariz, su lengua y sus dedos hurgando en mis entrañas. Su baba fue el lubricante perfecto y me sentí en el paraíso. Estuvo así un par de minutos hasta que le rogué que me clavara. Para ese momento ya se había vuelto a poner duro y comenzó a frotar la punta contra mi ano. Intenté apretar lo más que pude para que le costara meterla, pero me había chupado tan bien que mi ano se abrió fácilmente y al entrar se sintió demasiado rico. Cada centímetro se abrió paso por mis entrañas llenándome de placer. Cuando entró toda él soltó frases denigrantes que solo hicieron que me excitara más. Mientras empezó el mete y saca pude escuchar que me llamaba "perra, zorra, una hembra hambrienta de verga negra, verga de macho verdadero y un montón de cosas más", solo pude contestarle con un "sí, papi", "hazme tuya" con la voz entrecortada del placer que estaba recibiendo. Por lo general suelo ser un pasivo masculino durante la penetración, pero cuando una verga me da tan rico me saca la perra que llevo dentro pasando de gemidos suaves a gemidos intensos y guturales. Me tenía a cuatro patas ensartado con su verga. Cuando creía que no me podía embestir más fuerte se superaba.
Después de unos minutos me la sacó y se sentó en el pasillo. No tuvo que decirme nada, sabía que debía ir y sentarme en esa verga que apuntaba al cielo. Me senté suavemente dándole la espalda y comencé a cabalgarlo solito mientras él me agarraba las nalgas y me las cacheteaba. Tras un rato me di la vuelta sin sacarme su verga quedando frente a frente. Pude notar que mi verga enjaulada había comenzado a lubricar como loca y tenía toda la parte delantera del jockstrap mojada de precum. Él se recostó en el suelo y me empezó a embestir con fuerza. Se sentía increíble. Cuando se cansaba yo seguía cabalgándolo y así nos íbamos turnando. El chico tenía bastante aguante, o tal vez solo era porque entre la primera y segunda corrida suele haber un margen mayor para volverse a correr, o bueno, eso he notado en mis experiencias. Cuando ya no podíamos más, nos levantamos y entramos al salón frente a nosotros. Me puso bocarriba sobre una mesita y me pasó la verga por la cara para lubricarla un poco. Después me levantó las piernas y me empezó a clavar suavemente. Con algo de dificultad me quitó los tenis dejándome en medias. Ubicó mis piernas a cada lado de sus hombros y me embistió salvajemente. Sabía que estaba cerca de terminar y me enfoqué en disfrutar de lo que quedaba.
Mientras me embestía comenzó a decirme si quería su leche y que me iba a preñar. Le contesté como pude que era su depósito de leche y que me hiciera todos los hijos que quisiera, eso lo puso más duro y comenzó a gemir fuertemente de forma tosca. Su leche me invadió las entrañas y a pesar de eso siguió embistiendo con su último aliento. Al final terminó batiendo toda la leche hasta dejarme el culo blanco y espumoso. Cuando la sacó me la pasó por la cara y lamí toda la espuma. Me metió los dedos en el culo y sacó toda la espuma que quedó y me la metió a la boca. Cayó al piso a retomar el aliento mientras me hacía cumplidos de ser una buena perra. Nos quedamos ahí unos minutos hasta recuperar el aliento. Yo no logré correrme dentro de la jaula pero todo el precum que había sobre el jockstrap y mi estómago parecía decir lo contrario. Tras levantarnos fuimos directo al baño. Él meó y mientras lo hacía solo podía imaginarme estando ahí tirado en el piso mientras su cálida orina me bañaba el cuerpo entero. Cuando terminó de orinar, me sentí frustrado por no habérselo pedido. Al salir, recogimos nuestra ropa. Él se volvió a poner el boxer que ahora tenía más agujeros. Por un momento sentí el impulso de pedirle que me los regalara, pero al final me quedé callado. Cuando se vistió, me estrechó la mano y agradeció por la culiada. Se puso el casco, encendió la moto y le abrí el portón para que saliera.
Después de todo eso me relajé un poco y por seguridad y paranoia borré el contenido de las cámaras. Por suerte las cámaras eran tan antiguas que todo se veía a blanco y negro y con cierta estática. Tampoco tenían sonido y lo mejor era que no se podía acceder a ellas desde algún teléfono. Gracias a Dios por la tecnología antigua. El siguiente rato lo pasé mirando videos en el teléfono mientras se acercaba el medio día para hacer un domicilio. Al llegar la hora pedí unas costillitas BBQ de un lugar muy bueno que conocía y treinta minutos después llegó un chico bastante guapo para entregarlo. Por un momento quise estar en uno de esos videos porno donde el repartidor se queda para cogerse al cliente, pero en la vida real eso casi nunca pasa. Tras irse, me dispuse a almorzar mientras veía un capítulo de una serie en el portátil que llevaba en la mochila. Al terminar volví y lo guardé y vi el consolador que llevaba. Luego recordé que no me había llegado a correr y pensé que tal vez tendría que hacerlo manualmente, pero en ese momento me sentía lleno y me entró el sueño. Hacía calor pero el lugar contaba con varios árboles grandes que mantenían fresco el lugar. Me recosté en la hierba junto a un árbol y revisé el teléfono. Respondí varios mensajes pero no había nadie interesante por la zona y luego me quedé dormido un rato.
Desperté de golpe cuando el teléfono comenzó a sonar. Era mi amigo llamándome para ver cómo estaba. Contesté disimulando el hecho de que me acaba de despertar y le respondí que todo iba bien, pero que estaba bastante aburrido. Él se rió y me recomendó que fuera a la piscina un rato. Luego hablamos un poco sobre el estado de su hija y terminamos la llamada. Miré el teléfono y eran cerca de las 3 pm. También noté que tenía varios mensajes sin responder y uno de ellos era del hombre maduro que me escribió en la mañana y estaba ocupado. Al parecer ya estaba libre y quería algo de acción. Le respondí de inmediato y le expliqué la situación sobre el lugar pero no hubo respuesta. Me había excitado por nada. Entonces decidí que era el momento de ir a la piscina y jugar un rato con mi consolador para ver si lograba correrme. Fui primero al baño, me preparé y salí. Como no llevaba traje de baño y no quería mojar el jockstrap decidí meterme completamente desnudo, bueno, solo con la jaula puesta. Llevé el consolador, el lubricante y el bote de poppers y comencé la labor. Primero probé el agua y la profundidad de la piscina. Como imaginaba, era poco profunda y había una zona que era solo para estar sentado sintiendo el agua. Aún así en ese día caluroso el agua se sentía de maravilla. Empecé a tocarme el ano y estaba abierto. Mis dedos entraron sin problema sin lubricante, pero apliqué un poco para estar mejor. El dildo era más pequeño que el pene del chico costeño pero a pesar de eso lo lubriqué bien y tras inhalar un poco de poppers me empecé a follar el culo con dedicación mientras admiraba el bello paisaje a mi alrededor, me hizo recordar otros encuentros en la naturaleza que he tenido, aunque bueno, técnicamente no estaba en la naturaleza actualmente. Si no fuera por los altos muros que rodeaban el jardín, estaría viendo los tejados de las casas cercanas de ese barrio.
Estuve metiéndome el dildo y cabalgándolo en diferentes posiciones durante varios minutos, hasta que escuché el sonido de un mensaje. Era el hombre maduro pidiéndome la ubicación para llegar. Lo hice al instante y llegó pasados unos cinco minutos. Venía en un carro antiguo de color verde pero bien conservado. Se bajó y era más atractivo de lo que se veía en la foto. Era un hombre de 45 años, con cabello muy corto, casi calvo en la parte superior, un rostro atractivo, una barba de unos tres días, blanco, alto, robusto, brazos peludos. Llevaba puesta una camisa tipo polo de color blanca y unos pantalones marrones con mocasines. Dejó el carro parqueado en la acera y lo invité a entrar por la puerta. Aproveché nuevamente para mirar a los alrededores y no se veía ni una sola alma. Al entrar me saludó con un fuerte apretón de manos y tenía una voz gruesa que me hizo derretirme al instante. Lo invité a la zona donde me estaba follando el culo con el dildo y me siguió. Mientras caminábamos me dijo que en ese jardín infantil estudiaron sus hijos cuando eran pequeños y vivían por esa zona. Y que nunca pensó que algún día volvería ahí para culiar. Cuando llegamos vio el consolador e hizo un comentario de que parecía que me estaba divirtiendo y que no necesitaba de él, a lo que le respondí que prefiero mil veces a un hombre de real con una verga de verdad que un pedazo de plástico, a lo que sonrió cariñosamente.
Me acercé a él y comencé a besarlo, nos comimos la boca mutuamente no sé por cuántos minutos. Me quitó la camiseta e hizo lo mismo con la suya. Su torso era tan peludo como un oso y mi instinto fue tocarlo y sentirlo. Era robusto con una pancita ligera, empecé a lamer y morder sus pezones cosa que le gustó y luego lo hizo con los míos. Mis pezones están entrenados por lo que son muy sensibles y sus suaves mordidas me produjeron escalofríos por todo el cuerpo y me hicieron soltar gemidos leves. Luego lamí sus axilas e inhalé el delicioso aroma de un hombre maduro y fue embriagante. Me arrodillé para quitarle los zapatos y las medias y subí lentamente sobre su pantalón para notar un bulto considerable. Tomé mi tiempo para liberar su correa y desabrochar el cierre. Al bajar los pantalones vi que usaba esos calzoncillos de tela antiguos que tanto me excitan. Su verga se alcanzaba a asomar por un lateral. Le acaricié el bulto sobre la tela mientras lo besaba. Volví a agacharme para inhalar el almizcle que salía de su entrepierna. El olor de su pene mezclado con sudor y restos de orina eran el perfume que mi cara necesitaba. Delicadamente le quité el calzoncillo y antes de tirarlo al suelo di una inhalada como si fuera una droga (No soy de consumir drogas a demás del popper de vez en cuando), pero ese olor a macho es una droga para mí. Sus huevos eran rosados y gordos, mucho más pesados que los del chico costeño, tenían algunos pelos y su pelvis era peluda pero recortada. Su pene era claramente más pequeño que el del chico de antes, pero casi el doble de grueso. Era blanco como su piel y su cabeza de un rosado pálido. Por el tronco se apreciaban varias venas que se sentían muy bien al tacto. Tras sentir cada centímetro mi lengua lo recorrió. Él se sentó en el borde de la piscina y me quité la pantaloneta dejando ver mi culo y mi verga enjaulada. Eso le excitó. Comentó que una vez estuvo con un chico enjaulado y fue una experiencia que disfrutó mucho.
Me acosté en la parte baja de la piscina con el culo al aire para su vista mientras mi boca se enfocaba en su miembro que ya empezaba a gotear precum. Lamí y usé mi lengua como bien sé hacer y escuché sus dulces jadeos de placer. Tras un momento comenzó a darme suaves golpecitos con su verga tan dura como el acero sobre mi cara. Usé su verga como micrófono para cantar, como labial para mis labios, como bombombum para chupar y me supo a gloria. Luego me hizo darme la vuelta para quedar bocarriba sobre la piscina. Con su pie desnudo empezó a acariciar mi verga enjaulada. Hizo presión sobre mis huevos y me dio golpecitos que me hicieron gemir. El dedo gordo del pie intentó buscar mi agujero y como estaba abierto no le costó trabajo entrar. Se acercó a mí y tomó el consolador metiéndomelo suavemente. Unió mi cara a la suya mientras el consolador me entraba y salía con fuerza. Me dejó sin aliento. Me levantó y me puso contra su pecho. Mi espalda sintió todo su pecho peludo y su erección contra mis nalgas. Estuvimos así un minuto abrazados. Caminamos unos metros hasta llegar a la parte profunda de la piscina y me levantó contra el borde dejando mis nalgas abiertas frente a su cara. Sus dedos hurgaron y luego su lengua. Se sintió genial. Fue alternando un rato entre dedos, lengua y consolador. Me tuvo varios minutos gimiendo hasta que le rogué que me penetrara. Cambiamos de puesto y él se volvió a sentar en el borde. Me bajé al agua y le chupé la verga hasta dejársela bien babosa y lubricada. Cuando estuvo lista se bajó al agua y me empezó a penetrar suavemente contra el muro de la piscina.
Sus embestidas comenzaron suave y aumentaron el ritmo al tiempo que me abrazaba el pecho y me lamía y mordía las orejas haciéndome tener espasmos. En ocasiones aprovechaba para besarme. Tras unos minutos salimos de la piscina y caminamos hasta el kiosko, allí sobre uno de los bordes me empezó a penetrar en pollo asado besándome mientras me empujaba la verga hasta el fondo. Solo podía gemir. Mientras me tenía clavado me agarraba la verga enjaulada y la apretaba para sacarme todo el precum posible, luego lo juntaba en la mano y me lo restregaba por la cara. Después me hizo ponerme a cuatro patas contra uno de los pilares del kiosko y me hizo esperarlo un momento. Fue a traer el consolador, el lubricante y el popper. Lubricó el dildo y lo puso frente a mi agujero. Me hizo inhalar un poco de popper y me lo metió hasta el fondo, luego empezó a empujar su verga hasta que entró toda. Me sentí demasiado lleno con esa doble penetración, pero fue increíble. Él entraba y salía al mismo tiempo que el dildo y me hizo gemir como perra en celo.
Los minutos pasaron y el placer inundó mi cuerpo por completo, me sentí en el completo paraíso. El papi peludo no dejaba de nalguearme mientras embestía sin piedad mi culito. Cuando se cansó, le dije que volviéramos a la piscina y lo tumbé boca abajo para poder cabalgarlo en la zona baja. El sonido del agua chocando contra mis nalgas me motivaba a seguir brincando en esas vergas. El apretaba con fuerza el dildo contra su verga para que no se separaran. Mi ano debía estar muy abierto para que ambas me entrasen como si nada, pero no importaba. Su cara se veía tan hermosa mientras lo montaba. En un momento el dildo se salió y me quedé solo con su verga. Nuestras manos se entrelazaron y me ayudaron a seguir con mi labor. Cuando me cansé me di la vuelta dándole la espalda y tomé un segundo respiro. Cuando se agotó ese respido, me dejé caer sobre su pecho y él me inclinó de lado en posición de cucharita. Levantó una de mis piernas y me penetró dulcemente. Allí, en medio de la parte baja de la piscina me dio verga tan rico que me hizo correr dentro de mi jaula. Vi como varios chorros salieron disparados y flotaron sobre el agua. En ese momento ambos llegamos al orgasmo. Me embistió con todas sus fuerzas hasta depositar la última gota de leche en mi intestino. De haber sido una mujer, no habría ninguna duda de que habría quedado preñada de ese macho.
Nuestros cuerpos se retorcían de placer y cuando los espasmos fueron pasando, sacó su verga y un fino hilo de leche empezó a escurrir por mi nalga. Él puso su mano y recolectó toda la leche que pudo, me la pasó por la cara y me besó hasta que nos tragamos todo. Luego me ayudó a poner en pie para levantarme y le pregunté si tenía ganas de mear. Me dijo que sí y le pedí que se meara sobre mí en la piscina. Su verga ya estaba flácida pero seguía viéndose gruesa. Se bajó el prepucio y apuntó a mi cara. Un débil chorro me golpeó seguido de uno más potente y largo. Me sentí muy bien siendo bañado por ese cálido fluido, incluso abrí la boca y me tragué un poquito. Él se sentó frente a la banca mientras me veía cubierto en orina en medio de la piscina. Salí a los dos minutos y nos quedamos sentados hablando mientras nos secábamos puesto que no teníamos toallas. Al estar secos nos vestimos, nos besamos apasionadamente y nos despedimos con la promesa de volver a culiar en el futuro (Un mes después estoy escribiendo esto y no ha pasado).
Cuando salió, volví a mirar la calle y no había ni un alma. Él se montó a su carro y se fue. Volví al puesto de las cámaras y borré todo lo que grabaron. Ya eran casi las 5pm. El turno terminaba a las 6. Estaba bastante satisfecho y aunque quisiera, no quedaba tiempo para más. Recogí todas mis cosas y dejé todo limpio como estaba. El tiempo pasó rápido y faltando 5 minutos para las 6 llegó un señor para tomar el turno. Nos quedamos hablando un rato. En la conversación hubieron temas de que si lo habían asustado alguna vez en la noche o sobre qué hacía para pasar el tiempo. Me dijo abiertamente que a veces se hacía la paja y se quedaba dormido varias horas. Al escucharlo decir eso le dije inocentemente y entre chiste que se me olvidó hacerme una paja y nos reímos. Luego añadí que cuando mi amigo me vuelva a pedir el favor de cubrirlo tengo que recordar hacérmela, y él respondió que podía venir en las noches que él estuviera y me la hiciera sin problema, que él luego borra las grabaciones de la cámara. Le pregunté si alguna vez había traído a alguien y contestó que a varias mujeres y se las culió por todas partes. Y yo solo podía pensar que a mí también me culiaron por todas partes ese día jaja. Luego de eso lo llamaron y nos despedimos.
Y bueno, luego me fui a casa bastante satisfecho de haber ayudado a un amigo en tiempos de dificultad. Mi amigo me llamó al rato y le dije que todo había salido bien. Insistió en pagarme por cubrirlo pero me negué, ya tuve pago suficiente. Y por suerte para él su hija salió bien de la operación y pudo regresar al trabajo con normalidad. Espero que algún día pueda volver a repetir la experiencia.






