Guía Cereza
Publicado hace 7 horas Categoría: Sexo oral 61 Vistas
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La puerta se cerró tras de mí con un chasquido seco que resonó en el silencio de la casa. Allí estaba él, sentado en el sillón del salón, como un rey esperando a su súbdita. No me dijo nada, solo me señaló el suelo a sus pies con un gesto lento y deliberado. Mi corazón latió con fuerza, una mezcla de nervios y una anticipación húmeda que ya me empapaba mi panty de flores. Caminé hacia él, cada paso un acto de sumisión, y me arrodillé sobre el frío suelo de madera.

"Paola", dijo su voz, baja y dominante. El sonido de mi nombre en sus labios fue una orden y una caricia al mismo tiempo. Su mano se alzó, y por un instante, temblé. La cachetada me golpeó con la fuerza de una revelación. El dolor fue agudo, un ardor que se extendió por mi mejilla izquierda, pero fue seguido inmediatamente por una ola de calor que me recorrió de la cabeza a los pies. Una lágrima de pura excitación rodó por mi cara. Él la secó con el pulgar, suavemente, un contraste brutal con la violencia del momento.

"Ya sé lo que quieres", susurró, y su mano se enredó en mi cabello, jalándome hacia su entrepierna. Desabrochó su pantalón y sacó su verga, ya erecta y poderosa. La vi y mi boca se hizo agua. Él la guio hacia mis labios. "Ábrela, Paola".

La obedecí. La sentí entrar en mi boca, llena y caliente. Pero él no quería suavidad. Con un tirón firme de mi pelo, me impulsó hacia adelante, hundirse hasta el fondo de mi garganta. Me ahogué. Los ojos se me llenaron de lágrimas mientras mi cuerpo se revolcaba, luchando entre el pánico y el éxtasis. Él empezó a moverse, usándome, follándome la boca con un ritmo implacable.

"Ya lo sabía, Paola", gruñó desde arriba, mientras yo luchaba por respirar. "Sabía que eras mi puta. Sabía que te encanta mi verga". Cada palabra era un clavo más en mi sumisión, una verdad que me hacía temblar de placer. Él tenía razón. Adoraba su verga, adoraba sentirme así de usada, de completamente suya. En ese momento, arrodillada en el suelo, con lágrimas y saliva corriendo por mi cara, no había nada más que desear.

Era exactamente donde necesitaba estar.

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