Compartir en:
Hola a todos, hoy vengo a compartirles el relato de algo que sucedió el día de ayer sábado en la madrugada.
Soy Leo y tengo 30 años, mido 1.82mts y peso 85kgs, de cuerpo blanco, algo atlético, barbado, de rol pasivo, pervertido, cerdo, gusto por las prácticas fetichistas y uso de jaula de castidad en mi pene para ser un mejor sumiso.
Todo empezó el viernes en la noche, como de costumbre, estaba caliente, pero por desgracia ninguno de mis conocidos con los que tengo sexo ocasional estaba disponible, así que tuve que dedicar algo de tiempo para mi auto-placer mientras veía porno. Estuve montando un dildo por casi una hora pero no lograba llegar al clímax, hasta que después de un rato lo dejé. Seguía muy caliente, pero en las aplicaciones que manejo no había nadie que me llamara la atención y estuviera disponible, así que frustrado no tuve más opción que quedarme dormido. Ese fin de semana estaba solo en el departamento porque mi padre estaba fuera de la ciudad. Me desperté a la madrugada a orinar. Revisé el teléfono y vi que eran las 2.15 de la madrugada. Tenía varios mensajes de Grindr y otras aplicaciones, la mayoría eran foto-vergas que me habían enviado, pero a esa hora ya estaban todos durmiendo, sin embargo esas fotos me subieron la temperatura y el lívido me dominó. Pero sabía que no era hora para sacar los juguetes y ponerme a jugar conmigo mismo, así que hice algo que nunca había hecho, decidí salir un rato para tomar aire fresco y bajar la calentura. Estaba en pantaloneta, camiseta, y me puse unos tenis. Por obvias razones no llevé el celular ni la cartera.
A una cuadra del edificio donde vivo hay un pequeño parque. Normalmente suele haber un celador que hace la ruta y pasa de vez en cuando con un silbato, pero cuando llegué no estaba. La noche era fría y el viento me ayudaba a aclarar los pensamientos. Unos diez minutos después vi a unas calles a alguien acercándose. Era un chico a quien ya había visto con anterioridad. Iba caminando de esquina en esquina buscando cosas en el suelo, tal vez comida o algo de valor para poder vender. Se veía algo sucio pero no mugroso y a pesar de todo su ropa estaba en buen estado. Nunca he sido alguien que suele tener miedo a los viciosos, vagabundos o ñeritos, así que actué como si nada. Poco a poco se fue acercando. Cuando llegó a la banca donde estaba sentado me miró y me dijo "buenas noches", le respondí el saludo con cortesía. Luego me preguntó si le podía regalar una moneda para un tinto. Me disculpé y le enseñé mis bolsillos para que entendiera que no llevaba nada encima. Sin embargo, al verlo frente a frente, mi lívido volvió a activarse y una idea sucia se plasmó en mi mente.
Empecé a sacarle conversación al chico, le pregunté qué hacía por ahí, qué estaba buscando y ese tipo de cosas, a medida que me fue respondiendo le fui preguntando más cosas. Me comentó que no era vagabundo aunque se viera como uno, dijo que vivía con su madre en una pensión no muy lejos de ahí y que eran muy pobres. Que le gustaba fumar marihuana y hacía trabajitos para la gente como recoger basura, podar jardines, cuidar carros en parqueaderos, entre otras cosas. Me comentó que no le gusta que lo vean y se asusten, que a pesar de su apariencia no le quiere hacer daño a nadie y que ni siquiera lleva armas, que nunca ha robado ni nada. La verdad me pareció bastante noble y casi sentí pena por lo que estaba pensando hacerle. Ya con un poco más de confianza me lancé a hacerle una propuesta. Primero le comenté que no podía dormir porque andaba muy caliente y había salido para refrescarme un poco, pero que no fue suficiente para quitarme las ganas. De ahí fui directo, le dije que si le interesaba ayudarme con eso y a cambio le regalaba algo de comer, una bebida caliente y hasta algo de dinero para el vicio. Me preguntó qué tenía qué hacer y le respondí que sería algo rico, y que no lo obligaría a hacer nada que no quisiera, y que no se preocupara, que le iba a dar lo que le prometí aunque no quisiera hacer nada.
El chico lo pensó un momento y aceptó. Le dije que me siguiera y caminamos hasta el edificio. El departamento estaba en un edificio antiguo de esos que no tiene portería, sino que directamente entras por una puerta al parqueadero. De ahí subimos las escaleras hasta el quinto y último piso donde vivo. Lo hice pasar y encendí la luz de la sala. Ahí pude apreciarlo mejor. Era un chico delgado, de unos 1.70 metros, y unos 50 kilos. Su piel era trigueña. Vestía una camiseta desgastada y una pantaloneta con algunos agujeros pequeños, y unos crocs de calzado. Olía a sudor pero no era desagradable, aún así le pedí que fuera al baño y tomara una ducha mientras le preparaba algo de comer y beber. Estuvo en el baño unos quince minutos y cuando salió lo hizo en calzoncillos. Llevaba un boxer negro y se le notaba un bulto apetecible. Lo invité a sentarse en el comedor y le ofrecí la cena. Preparé algo rápido, unos sánduches fríos con pan tajado, tomate, cebolla, queso, jamón y pollo desmechado, y de beber le ofrecí un café con leche caliente. Me dijo que no probaba bocado desde el medio día. Mientras comía fui a la habitación y me desnudé. Luego me puse un jockstrap y salí a la sala. Él me miró pero no dijo nada. Me senté a su lado y mientras comía empecé a acariciarle la pierna. Su cara era atractiva pero se veía demacrada. Su pecho era plano y con los abdominales marcados.
Mis caricias empezaron a hacerle efecto y con mi pie empecé a acariciar su bulto y empecé a sentir lo duro que se ponía. Cuando terminó de comer me dio las gracias y lo invité a sentarse en el sofá. Obviamente caminó estando parolo hasta sentarse. Le pregunté hace cuánto no tenía sexo y dijo que hace años con una amiga que tenía. Luego seguí haciéndole preguntas sobre si se masturbaba seguido o si había estado con un hombre antes. Me dijo que no le molestaba probar con un hombre siempre que no le dieran por el culo, que eso sí no lo quería probar, y que se hacía la paja de vez en cuando. Me acerqué y empecé a acariciarle el pecho y mi boca lamió sus pezones, con cada caricia le preguntaba si le gustaba y su respuesta fue positiva. Sentí sus brazos, su pecho, lamí sus axilas. Le pregunté si me dejaba besarlo y aceptó. Lo besé con ganas y le metí la lengua. Era inexperto pero lo fui guiando. Me senté sobre él para seguirlo besando mientras sentía el bulto dentro de su boxer palpitando contra mis nalgas. Un minuto después empecé a bajar para liberar a la bestia. Con cuidado retiré el boxer y una hermosa verga de unos 17 centímetros rebotó. Era algo delgada pero se veía muy bien. Sus testículos no eran muy grandes y estaban algo peludos. Su vello púbico sí estaba recortado y lo acaricié con gusto. Sentí su olor y poco a poco su sabor. Y así empecé con mi mamada. De las bolas pasando al tronco hasta llegar a la cabeza. Él ya había empezado a lubricar como una fuente. Cuando probé cada centímetro fue momento de meterlo todo y usar la lengua.
El empezó a gemir con la mamada. Chupé y chupé, mi lengua no paraba mientras le daba la mejor mamada de su vida. Mientras chupaba iba masajeando sus testículos y estuve así varios minutos, hasta que sentí que su respiración se empezaba a agitar. En ese momento me detuve en seco. No quería que se corriera aún. Él intentó masturbarse pero le agarré las manos y le dije que no. Lo hice levantarse y fui por unas cosas. Cuando volví tomé su lugar en el sillón pero esta vez le di la espalda. Me puse en posición para que mi culo quedara a su vista. Como llevaba el jockstrap, deja el culo al aire y tapa adelante donde tenía puesta la jaula de castidad. Empecé a mover el culo y lo invité a acariciarlo. Le señalé el lubricante y le dije que se aplicara un poco para que me metiera los dedos. Lo hizo y derramó un poco en el suelo por accidente. Aplicó el lubricante en sus dedos y mi culo y comenzó a meterlos suavemente. Fue algo tosco pero ya estaba acostumbrado así que entraron fácilmente. Cuando sentí que ya me entraban varios dedos le pedí que abriera la caja que había dejado previamente junto al lubricante. Era un consolador pequeño de 15 cm. Le pedí que me lo metiera para prepararme. Él obedeció y me lo fue metiendo poco a poco hasta que estuvo todo dentro. Lo sacó y metió varias veces hasta que le ordené que me penetrara.
Él estaba tan duro que no replicó. Sacó el consolador y lo reemplazó por su verga. Se sintió delicioso cuando entró y se abrió paso por mis entrañas. Gemí de gozo y lujuria. Me empezó a penetrar suavemente hasta que fue aumentando el ritmo. Mientras me embestía me fue acariciando las nalgas. Unos minutos después me cansé de esa posición y lo frené. Hice que se sentara nuevamente en el sofá y me senté sobre él para cabalgarlo. Al principio lo besé mientras empecé a montarlo suavemente. Aumenté la velocidad y mis nalgas sonaban cuando chocaban contra su pelvis. Después me di la vuelta sin sacarme su verga para darle la espalda y cuando me cansé él controló el ritmo de la embestida. Me dio duro, su verga tenía el grosor y tamaño adecuados para frotarme la próstata. La parte delantera del jockstrap estaba empapada en precum. Empecé a disfrutarlo como nunca. Cuando él bajó el ritmo por el cansancio me corrí hacia adelante para quedar sobre el tapete y lo atraje hacia mí. En esa posición él me tenía en cuatro y sabía que él no iba a aguantar mucho más. Me embistió un minuto y cambiamos de posición, esta vez a pollo asado. Me tiré al suelo y abrí las piernas hacia arriba para que él entrara. Mis pies quedaron sobre sus hombros y el sudor le bajaba por el cuerpo hasta caer sobre el mío. Me siguió clavando pero ya estaba por llegar al límite.
Agarré el consolador que se había caído al suelo y lo lamí mientras él me penetraba. Luego se lo ofrecí y le pedí que me lo metiera junto su verga. Dolió un poco al principio mientras entraba pero luego me acostumbré. Sentir esas dos vergas literalmente me hizo correr. Tuve un orgasmo y el jockstrap de manchó. El semen comenzó a fluir a través de la tela y me lo pasé por la boca. Empecé a rogarle que me preñara el culo, que me dejara sus hijos dentro y eso lo hizo correrse mientras soltaba un gemido gutural. Al mismo tiempo tuve un orgasmo anal, sentí que me quemaba las entrañas y mis piernas comenzaron a temblar. El cayó al suelo a mi lado mientras jadeaba por aire. Me saqué el consolador y estaba cubierto de su semen. Lo lamí todo mientras él observaba y ahí terminamos, ambos en el suelo y jadeando de placer.
Cuando recuperamos el aliento, nos pusimos de pie, lo invité a la ducha y lo besé nuevamente. Lo enjaboné, y le apliqué un óleo para dejarle la piel oliendo rico. Al salir nos vestimos, y le entregué una bolsa con dos sánduches extra que había preparado envueltos en servilletas. Fui a la habitación por dinero y le di $30.000 pesos en sencillo. Lo besé por última vez y lo acompañé hasta la entrada del edificio. Nos despedimos de saludo en mano y se fue. Me quedé un rato ahí hasta que desapareció de la vista. Volví al apartamento a dormir. Estaba exhausto y al mirar la hora eran casi las 4 am. Respondí algunos mensajes y me dormí totalmente feliz.






