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Era tarde en la noche, una de esas noches en las que me gusta tocarme por horas, alargar el placer y disfrutar con lo que encuentro en internet. Fue entonces cuando decidí escribirle a un chico con el que había interactuado algunas veces, subía vídeos dónde se masturbaba, siempre gemía muy fuerte y la imagen de su verga húmeda y dura siempre me hacía mojar de inmediato.
Por suerte estaba en línea, comenzamos a charlar, una conversación trivial pero yo ya estaba desesperada, quería que se masturbara para mí, quería que gimiera para mí y yo mostrarle lo caliente que me ponía. Para ese momento yo llevaba al menos dos horas tocandome, estaba tan mojada, tan sensible que el solo esperar a que enviara una foto me estaba mandando al límite.
Sus vídeos comenzaron a llegar, él a oscuras en su habitación jalándose la verga, gimiendo tan fuerte, desperado y hasta agudo. Yo trataba de ahogar mis gemidos mientras veía el vídeo y me frotaba contra la almohada que tenía entre las piernas, que estaba ya tan húmeda de mis jugos.
Luego de enviarle algunas fotos y vídeos de cómo estaba yo, desnuda, agitada y algo sudorosa en mi cama, él mandó algunos audios, al escucharlos me corrí la primera vez, me llamaba "Mami", me rogaba que lo dejara correrse y desesperado me pedía más fotos de mis tetas y mi vulva. Jamás pensé que me excitaria tanto ser llamada así, nunca antes había sido yo quién estuviera en el papel de dominante.
Pero se sintió tan delicioso. Él era tan sumiso, hacía todo lo que le pedía, desde como tomarse los vídeos, como tocarse y se portó tan bien cuando le pedí que no se corriera, no aún, solo hasta que mami le diera permiso. Yo estaba tan pero tan caliente que en los vídeos que le enviaba ya no podía ahogar mis gemidos, se me escapaban, temblaba y mi cuerpo pedía liberación.
Fue en ese momento que le di permiso a mi sumiso de correrse, no sin grabarlo y enviármelo, quería ver cómo sus manos y abdomen se llenaban de su semen caliente, quería escuchar sus gemidos y como le agradecía a su mami por dejarlo correrse. Entonces lo hizo y mientras veía ese vídeo de al menos un minuto me corrí, desesperada mi cuerpo temblaba y se retorcía de placer con la mirada fija en la pantalla. Mi almohada y sábanas quedaron empapadas, tardé un poco en recuperarme, la imágen de él masturbándose tan rápido hasta liberarse quedó grabada en mi mente.
No era, ni soy la más experta en dominar, pero lo que sentí esa noche es algo que sin duda espero repetir, el poder de ser yo quién decida sobre mi pareja, llevarle al límite del desespero, que tenga que rogar pero más importante, que tenga que obedecer.
Él agradeció por la conversación y el momento tan caliente, yo le agradecí por haber sido tan sumiso, receptivo y tan caliente como pocos hombres se permiten serlo por chat.
Coincidimos un par de veces después, sin la misma intensidad pero si muy disfrutables.






