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El aire en mi apartamento en chapineo estaba cargado de una tensión eléctrica que no tenía nada que ver con el módem dañado jajaja . Me miré una última vez en el espejo del pasillo, ajustando la mini falda de cuero roja que apenas cubría mis muslos y asegurándome de que mi peluca rubia cayera en ondas perfectas sobre mis hombros. Mi maquillaje era agresivamente femenino: pestañas largas, labios rojos carnosos y un delineado que hacía mis ojos lucir felinos y depredadores. y sin contarte de los tacones negros como los de mis fotos 15 cm , Para el resto del mundo, yo era el hijo perfecto, el hombre discreto; pero detrás de esa puerta cerrada, yo era una mujer pasiva, una travesty de closet que vivía para el placer, hambrienta de ser dominada, poseída y reconocida en su feminidad más profunda me encanta verme mas rica que una mujer de verdad.
Estaba arrechísima y mega caliente . Llevaba días sintiendo un vacío que solo un hombre rudo podría llenar, y el destino me había enviado a Carlos , el técnico de Claro. Ya lo había visto entrar al edificio: un hombre de unos 40 años, piel bronceada por el sol, brazos fuertes y venosos que asomaban bajo las mangas remangadas de su camisa roja de la empresa. media como 1.80 aproximadamente y Tenía esa mirada de quien no pide permiso, una masculinidad tosca y directa que me hacía mojar la ropa interior solo de imaginarlo dentro de mí.







