Guía Cereza
Publicado hace 5 horas Categoría: Lésbicos 9 Vistas
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Nos conocimos esa misma noche en la disco, después de una noche llena de pasión, nos quedamos a dormir juntas en su casa. Bien entrada la mañana, cuando levanté la cabeza de la almohada, sólo pude ver su cabello negro deslizándose sobre mi muslo derecho, y el inicio de su rostro inclinado sobre mi coño, moviéndose rítmicamente. Cuando me sintió incorporarme, levantó la cabeza y me sonrió. "Vaya... pensé que jamás te despertarías, eso me confirmaría como la peor amante del mundo... jeje", dijo, haciendo un puchero con su boca. Acto seguido volvió a mi entrepierna, pero se detuvo a medio camino a contemplar mi coño, "Wow, es precioso y delicioso". "¿Hace cuánto rato estás haciendo eso?, porque me siento que estoy muy húmeda, ¿que hora es?", le dije. Se incorporó sobre sus brazos y comenzó lentamente a acercarse a mi, manteniendo la distancia justa que le permitiera rozar sus pezones contra mí cuerpo. Sinceramente estaba abrumada, me estaba volviendo loca y no tenía idea de cómo reaccionar. Una de las cosas que más disfrutaba de ella en la cama eran aquellos ademanes lentos y cadenciosos, que lejos de despertar impaciencia provocaban el deseo de detener el tiempo y congelar cada nuevo movimiento como una escultura distinta. Culminó su trayectoria seria y felina poniendo su cara sobre la mía sonrojada y cubierta de leves gotas de sudor. "Primero déjame terminar de desayunar, y luego respondo a tu interrogatorio, ¿vale guapa?, y si, estás muy húmeda". Luego se dejó caer sobre mi y comenzó a besarme toda. Lejos de molestarme, su peso encima de mi era reconfortante, sentir la presión de sus pechos y su cara tan próxima a la mía. Partió besando mis clavículas, de forma suave y delicada. Luego se detuvo en el cuello e inspiró profundamente. "Amo tu olor cariño", Eso bastó para hacerla aumentar la intensidad de sus besos, la profundidad de ellos, la presión de sus labios y la insistencia de su lengua. Todo aquello culminó en mi boca, pero ella me llevó su festín de sensaciones por todo mi torso. Comenzó en mis clavículas, siguió a mis hombros, mi cuello, bajó a mis pezones, en los que se entretuvo y se concentró durante varios minutos, siempre breves lamentablemente. Y llegó a mi boca de nuevo. La miraba atentamente para luego continuar besándola, entregada, a ojos cerrados. Introducía su lengua con propiedad, con pertenencia y con anhelo. Cuando tuve la suficiente iniciativa para morderle el labio decidió que era momento de volver a bajar. Separándose de mi, poniendo su mano en mi torso y mirándome fijamente me dijo, "Oye guapa... es mi juego, no el tuyo", y con un guiño lleno de picardía y autoridad volvió a bajar a mi coño. Desde que me habían despertado sus juegos no había sentido ni una sola vez estimulación en el clítoris, cuando desperté me besaba los labios mayores e introducía la lengua en mi vagina, por turnos. La idea, claramente, era torturarme. Me dedicó una mirada cargada de deseo y magnetismo y comenzó a lamer dolorosamente lento mi clítoris. Entreabría mi boca y eché mi cabeza hacia atrás entregada completamente a ella. Esa mujer me conoce, y solo hacia unas horas que nos conocíamos, no puedo estar en mejores manos, o bien, lengua. No seguí su juego y no mostré desesperación, la que si sentía, entonces dejó de lamer. "Mírame", me ordenó. Al hacerlo la vi acercando y alejando su lengua y labios a mi, haciendo que la sangre hirviese en aquellos puntos donde me negaba su tacto. Apostó, igualé y dobló la apuesta, yo no podía ganar. Levanté la cadera en un intento en vano de forzar el encuentro de su lengua y mi coño. "Vale... eso es un avance, pero hoy tienes que pedírmelo", me dijo, aún inclinada sobre mi, profundamente divertida y sonriendo. "Por favor... cómeme el coño, ahora". "Bien... tus deseos son órdenes amor mío", dijo con una risa burlona por el cliché y se abocó de lleno a la tarea de satisfacerme. Se sentía tan bien que comencé a resoplar rápido y entrecortado. A ratos succionaba, lo que retrasaba el orgasmo pero me daba la sensación deliciosa de estar dentro de ella. A ratos lamía desde el inicio inferior de mi vagina hasta el capuchón del clítoris. Y la mayoría del tiempo se concentraba en el clítoris. Me moría por seguir eternamente, pero estaba a punto de correrme. "Amor te necesito dentro". "Si amor", introdujo dos dedos y comenzó a mover muy lentamente uno. Mientras seguía comiéndome. "Ahh, no puedo más amor", dije agarrando su cabeza con mis manos, obedeciendo el impulso de tenerla cada vez más cerca, pegada a mi vagina, de tenerla dentro, de no soltarla, de mancharla entera, inundarla de mi. Y comencé a sentir el líquido entre mis piernas al acabar, seguramente la estaba mojando toda y la idea me hizo correrme aún más fuerte. Siguió lamiendo hasta que no moví más las caderas, hasta que mi cuerpo dejó de arquearse hacia ella. Luego, nuevamente de forma felina, subió hasta mi clítoris, lo besó y luego me susurró, "Lo único que no podré ofrecerte son los arrumacos post-sexo, el café debe estar filtrado y casi frío, pero bueno te gusta así, ¿te parece si te respondo el interrogatorio en la cocina?". Y de un salto, se levantó de la cama, y comenzó andar desnuda hacia la allí, dejándome abandonada con mi sorpresa, mi turbación y mi deseo. Resoplé y comencé a buscar fuerzas para ir a desayunar yo ahora. Tarde un poco en levantarme de la cama, no conocía mucha aquella casa, ya que cuando llegué aquella noche, ella fue la que me condujo a su habitación a oscuras antes de pasar una noche de sexo. Conseguí llegar a la cocina, y allí estaba ella, de espaldas, completamente desnuda. "Que estas preparando", le dije con voz sensual. Giró su cabeza y mirándome, "estoy untado una tostada con mantequilla, ¿quieres?". Volvió la cara de nuevo, y yo me coloqué justo tras de ella. Le aparte con mi mano derecha el pelo del cuello y empecé a besarla, besos lentos, abriendo mucho la boca y dejándole un reguero de saliva por aquella zona, me encantaba oírla suspirar, y ver como le costaba trabajo untar la mantequilla en el pan. Y vi que ese era el momento... empecé a besarla por la espalda, besos intensos pero cortos, bajaba lentamente, pero dejando siempre mi lengua fuera haciéndole un caminito de saliva. Me puse de rodillas atrás suya, ella soltó la tostada y el cuchillo y apoyo sus dos manos sobre la encimera. Con mis manos, le abrí las cachas del culo, lo primero que vi, fue como esos labios estaban mojados, y se dejaba ver una gotita de flujo. Saque mi lengua y le di una pasada, "Uff... joder", sabia que ya era mía. Mi lengua en esa postura abarcaba todo, desde sus labios hasta su ano, y con mis manos, apretaba su culo. Fueron unos minutos muy intensos. Hasta que de la pasión, me aparté, le di la vuelta a ella, le cogí la pierna derecha y la puse sobre mi hombro, y enterré mi boca en su vagina, clave mi mirada sobre la suya, ella me agarro con sus dos manos la cabeza y empezó a mover las caderas, "follame con tu lengua cariño". No se quien estaba mas excitada de las dos, pero en aquel momento, verla fuera de si, fue como tener un orgasmo. Tras varios minutos, me pego aun mas la boca a su vagina, "cariño me corro... tiaaa... me vengooo", la cocina se inundó de sus gemidos, lo mas bonito que me dijo fue que puta eres, y eso me hacia comérselo aun con mas ganas. Una bocanada de fluidos empezó a correrme por la boca, "joodeerrrr", empezó a temblarle las piernas y me aparto la cabeza de su coño, nos quedamos mirándonos y sonriéndonos, y tras varios segundos en el que ella cogía aire, me dijo, "oye, ¿porque no te conocí antes?", esa frase me decía dos cosas, una, que había echo bien mi "trabajo" y la segunda, que no me arrepentía de haberla conocido. Tras esa frase, me levante del suelo, me puse frente a ella, cogí la tostada que había untado, le di un bocado, le di a ella un beso en la boca y le dije, "gracias por el desayuno mi amor", me di la vuelta, y salí de aquella cocina rumbo a la habitación para vestirme. 

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