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Hola a todos. Hace tiempo que no compartía mis experiencias, pero hoy he destinado algo de tiempo para registrar algo que pasó hace dos semanas cuando me encontraba de viaje por Medellín.
Me describo nuevamente, tengo 30 años, 85kg, 1.82 metros, algo atlético, barbado, piel blanca, atractivo, de rol pasivo y con gusto por toda clase de práctica fetichista como la lluvia dorada, castidad forzada, azotes, etc.
Hace un par de semanas un amigo y yo quedamos de viajar a Medellín para que él visitara a su familia, a la cual no veía hace varios años. Planificamos las cosas con un día de antelación. El plan era que él se reencontrara con su familia y aprovechar para conocer un poco la ciudad. El viaje era solo de cuatro días, así que nos fuimos un viernes madrugados en mi camioneta. El viaje hasta allí fue bastante tranquilo, solo hablamos, escuchamos música, y paramos a desayunar durante el camino. Y si se lo preguntan, mi amigo es heterosexual, es atractivo, y aunque le he tirado la onda para hacer algo juntos, siempre me ha rechazado amablemente. No le gustan los hombres y ya, no es problema, es un gran amigo.
Cuando llegamos a la ciudad, la casa de su familia se encontraba en un sector tranquilo. Era una casa promedio pero estaba llena de vida. Habían personas de un lado para el otro, algunos llevaban platos de comida, otros llevaban artículos de limpieza o sillas para el jardín. Nos recibieron con una cálida bienvenida. Después de un rato nos guiaron al segundo piso, y nos enseñaron nuestra habitación. La casa estaba llena así que debíamos compartir habitación con otro primo suyo, sin embargo, ya le había comentado a mi amigo que prefería hospedarme en un hotel para no incomodar y tener mi espacio. Conociéndome, ya sabía lo que pretendía, jeje. Es imposible pensar que vaya a otra ciudad y no pruebe la gastronomía local, si me entienden.
A unas diez calles de ahí había un buen hotel que me recomendaron, me registré y dejé mis cosas allí, luego regresé a la casa de la familia de mi amigo donde compartimos comida y bebida hasta la medianoche cuando uno por uno comenzaron a desaparecer. Me despedí de mi amigo y conduje hasta el hotel. Llevaba toda la noche mirando el Grindr para ver si aparecía alguien interesante, pero no había tenido suerte. Al llegar subí hasta el 5to piso donde estaba mi habitación, me desnudé y estaba listo para tomar una ducha antes de acostarme, pero antes de eso respondí a varios mensajes. Estaba a punto de rendirme cuando recordé abrir otra aplicación y allí estaba él. Tenía un perfil premium, en su descripción decía que era un scort mexicano de paso, de 35 años, 22 cm, de rol versátil activo, dominante y fetichista. Sus fotografías eran espectaculares. Era muy atractivo, no tenía barba, ojos negros, cabello corto, un cuerpo esbelto con abdominales marcados, axilas peludas, la viva imagen de un deportista. En varias de sus fotos estaba en calzoncillos y se veía tener un buen paquete. Rara vez un perfil me logra llamar tanto la atención. Además de eso, salía a 9km de distancia. Le escribí un "hola", y a los pocos minutos respondió. Fue bastante amable en sus respuestas, y tras ver algunas de mis fotos privadas me ofreció sus servicios, incluso desbloqueó varias de sus fotos íntimas y pude comprobar su verga, la cual se veía bastante grande y cabezona, tanto que se me hizo agua la boca. Le pregunté si ofrecía sus servicios esa noche, o bueno, esa madrugada y me dijo que sí, que le pagara el taxi y vendría. Acordamos el precio y todos los detalles. No fue barato, pero esperaba que valiera la pena. Spoiler: valió cada peso.
Sabiendo que ese hermoso semental venía en camino, me fui a bañar y el sueño que tenía desapareció por completo. En mi maleta siempre llevo algunas cosas para estar siempre listo, así que saqué mi enema portátil y me hice lavado para estar limpio. Al terminar, no me molesté en vestirme, solo me puse un jockstrap. Llevaba puesta mi jaula de castidad, y tomé un sobre de lubricante y me introduje un pequeño vibrador rosado de esos de omnibod para irme preparando. Llamé al lobby del hotel para pedirles pagar la cuenta del taxi y cargarla a mi nombre. Me puse a ver porno para calentarme un poco y a eso de media hora me avisaron por el citófono que alguien me buscaba, les pedí que lo dejaran entrar y esperé con el corazón a mil.
Dejé la puerta entreabierta y me recosté en la cama. Dos minutos después escuché un ruido y lo vi entrar. Se veía incluso mejor que en las fotos, lo cual ya era difícil de superar. El mexicano medía 1.85 metros, traía una camiseta color gris y pantaloneta corta dejando apreciar esos gruesos muslos. Tenía medias blancas largas y unos tenis. Me saludó amablemente y amé su acento. No era el primer mexicano con quien había tenido sexo, pero me encantaba todo de ese hombre. Puso un bolso de gimnasio sobre la mesita y me extendió la mano. Su toque era firme. No dijo nada al verme desnudo, aunque pude apreciar que por un momento se quedó observando mi jaula. Me levanté y apreté su mano. Me comentó sobre el dinero y me dio un número para hacer la transferencia.
Tras eso hablamos unos minutos sobre lo que quería hacer y lo que él estaba dispuesto. Para mi suerte, era un hombre bastante abierto de mente y estaba más que listo para satisfacer cualquier deseo. Tras quedar todo claro, me besó en la boca con pasión, introdujo la lengua y me sentí violado del gusto. Me empujó con fuerza hacia la cama para tirarme, mientras él saltó y empezó a dar un bailecito mientras se iba quitando cada una de sus prendas. Sus zapatos salieron volando, sus medias, su camiseta, su pantaloneta hasta quedar en unos boxers negros de calvin klein muy similares a los que tenía en su perfil. Mientras bailaba pude acariciar suavemente sus piernas. Eran un poco peludas, pero debido a su tono de piel trigueña no se apreciaba. Me pidió ayuda para quitarle el boxer y lo hice lentamente sintiendo su olor a macho. Al bajarlos, su enorme verga rebotó frente a mi cara. Se veía exquisita. Mis instintos me guiaron a abrir la boca para introducírmela, pero él me detuvo diciendo que ya habría tiempo para eso.
Guió mi cuerpo hasta quedar boca arriba sobre la cama, fue hasta su maleta y sacó unos frascos. Me quería dar un masaje relajante. Se untó sus manos con los aceites y los pasó por mi cuerpo. Con sus fuertes manos empezó a masajear de arriba a abajo, pasando por mi pecho, mis muslos, mis pies, e incluso apretó mis testículos exhibiendo la jaula. Me dijo que no era el primero con jaula con quien había estado, dijo que eso le producía mucho morbo. Luego me dio la vuelta y continuó masajeando mi cuerpo. Se postró sobre mí y sentí todo el peso de su cuerpo, era excitante. Masajeó mis hombros como nadie lo había hecho, mordió el lóbulo de mis orejas mientras me susurraba obscenidades al oído. Sentía su pene erecto contra la espalda, y no estaba seguro de si era el aceite o su propia lubricación porque se sentía pegajoso y resbaloso cuando se frotaba contra la parte baja de la espalda y las nalgas. Con sus manos separó mis nalgas, sacó el pequeño vibrador y hundió su lengua en mi agujero, me chupó el culo como todo un profesional haciéndome gemir de placer. Solo podía estirar mi mano y sentir su cabello. Ese hombre me volvía loco.
Después de un rato chupando era mi turno. Lo tumbé sobre la cama y me tiré encima suyo. Lo besé con pasión, mi lengua recorrió cada centímetro de su cuerpo. Me detuve en sus pezones y los chupé como un niño hambriento esperando sacarles leche, luego bajé por sus abdominales hasta su estómago y más abajo. No fui directo a la verga, ese sería mi objetivo final. Subí de nuevo hasta sus axilas peludas e inhalé su olor a macho, las lamí con ganas. Bajé por sus brazos hasta sus dedos y chupé cada uno. Retomé su cuerpo hasta llegar a sus muslos, los acaricié, lamí sus piernas, hasta llegar a sus bellos pies. Lamí y chupé cada dedo perfecto, sentí su aroma, luego subí lentamente hasta el premio mayor. Primero olí, y sentí el peso de esos gordos testículos sobre mi cara, poco a poco entraron en mi boca y al final fue su miembro. La cabeza era innegablemente grande, solo pude pensar en lo que me iba a doler para meterme eso. Chupé con ganas desde el tronco hasta el glande mientras mis manos acariciaban sus nalgas y trataban de llegar a su agujero. Le chupé la verga varios minutos y en diferentes posiciones, en algunas de ellas me agarraba la cabeza con fuerza hasta ahogarme. Mis ojos se pusieron rojos y espesa baba salió de mi boca, en un momento me recostó al borde de la cama mientras empezó a embestirme con su verga. Mi garganta fue violada de gusto.
Al recuperar el aliento lo puse a cuatro patas sobre la cama. Empecé a acariciar sus nalgas hasta que mi lengua no pudo más y tuvo que entrar en su agujero. Él gemía suavemente. Mis dedos lograron entrar allí y se sentía cálido. Luego le ordené sentarse sobre mi cara y su enorme culo me ahogó. Siempre he pensado que morir ahogado por una verga o un culo debe ser el mejor tipo de muerte que hay. Pero esa noche no iba a morir, necesitaba vivir para seguir disfrutando de ese macho. Sus expresiones mexicanas, su acento y sus gemidos eran la gloria misma. Incluso desinfecté el vibrador y se lo metí. Su verga estaba tan feliz que no paraba de gotear con lo dura que estaba.
Era el momento. Volví a chuparle la verga mientras el vibrador hacía su trabajo. Él volvió a tomar el control y untó lo que quedaba del sobre de lubricante en mi agujero. Me puso a cuatro patas y empezó a empujar la verga. Dolió un poco porque era bien cabezona, pero cuando entró, el tronco lo siguió con facilidad hasta tenerla toda dentro. Se sintió increíble. Unos segundos después empezó a moverse y empezar con el mete y saca. Dios, se sentía tan rico. Un minuto después ya me estaba bombeando el culo con ganas. Me daba palmadas y me trataba de zorra, cosa que me encantaba. Intercambiamos posiciones varias veces durante la faena. Me monte sobre él para sentir su verga mientras nos besábamos, lo cabalgué de espalda con deseo, me levantó las piernas y me lo metió suave de cucharita mientras me decía al oído que me iba a preñar y así estuvimos hasta que lo cumplió. Me llenó el culo de leche, pero él aún no estaba satisfecho, ni yo. Siguió penetrando, bombeando y batiendo su propia leche. Mi propia verga enjaulada no paraba de gotear de lo rico que se sentía. Tras un rato sacó la verga y estaba blanca por la espuma. Dijo que quería mear y le dije que me meara todo, hasta dentro del culo y lo hizo. Un chorro me golpeó la cara pasando por el pecho, el estómago, mi jaula y mientras meaba me dio la vuelta hasta metérmela de golpe y terminar lo que le quedaba dentro de mi culo. Me corrí sobre la jaula sin haberme tocado. Él tomó el semen con sus dedos y lo untó en su verga para lubricarse. Después de eso siguió embistiendo y el único sonido que se escuchaba era el choque de su pelvis contra mis nalgas y el sonido de los meados salpicando las sábanas. Duró varios minutos embistiéndome con todas sus fuerzas, pero no se logró correr.
Cuando mi culo no podía más, lo retiré y tumbé sobre la cama. Se recostó contra una almohada. Su verga seguía dura y ahora sabía a semen, meados y jugos de culo. Me puse a chupársela mientras mis dedos acariciaban su agujero donde aún tenía el pequeño vibrador dentro. Chupé y chupé, me ahogué con ese monstruo de 22 centímetros, metí hasta el fondo mis dedos hasta acariciar su próstata llevándolo al límite. Cuando ya no pudo más soltó un fuerte gemido, su ano se contrajo y su estómago se puso duro. En ese instante un chorro de leche saltó hasta impactar contra mi cara. Sin perder tiempo abrí la boca y apunté. Otro chorro entró y me lo tragué sin saborear, y lo que quedó de semen, lo mantuve en mi boca. Seguí lamiendo y chupando hasta que esa bestia se redujo hasta volver a su tamaño normal. El semental estaba bañado en sudor, su pecho jadeaba por la falta de aire. Yo estaba igual. Mi culo escocía, saqué el vibrador del suyo y terminé lamiendo todo el sudor de su culo. Al terminar me recosté a su lado y me envolvió con uno de sus brazos. Su axila peluda quedó contra mi cara y pude inhalar su delicioso aroma.
Hablamos un rato estando en esa posición. Me contó algunas de sus experiencias y cosas que sus clientes le han pedido hacer. Es una locura lo que hombres con mucho dinero y necesidades afectivas le solicitan. Estaba en Colombia de vacaciones y había terminado haciendo un par de servicios. Es mexicano pero vive en Estados Unidos. Allí lo solicitan mucho. Le pregunté si quería bañarse conmigo y respondió que sí. Me levanté y fui a preparar la tina de la habitación. Cuando se llenó lo llamé y me abrazó. Caminamos abrazados hasta el baño. El se sentó primero y yo sobre él. Con sus manos me pasó el jabón por la espalda y me enjabonó el pecho. Luego me di la vuelta y lo enjaboné a él. Tras un rato dejamos ir toda el agua hasta que la tina quedó vacía. Me senté en el lado opuesto y con mis pies acaricié su verga dormida. Debía medir unos 16 cm. Mientras el agua volvía a llenar la tina su erección fue creciendo. Él tomó uno de mis pies y lo chupó con ganas. Mientras con su otra mano agarró mi otro pie contra su verga y empezó a masturbarse. Tras un momento me soltó los pies y me haló de las manos hasta sentarme sobre su verga. Esta vez entró fácil y empecé a cabalgarlo mientras me besaba el pecho y la boca. Su lengua invadía mi boca y se entrelazaba con la mía. Incluso tuvo la fuerza para levantarme mientras seguía ensartado en su verga. Fue caminando lentamente en dirección a la habitación. Sobre la mesa me recostó y siguió bombeándome el culo. Mis gemidos eran fuertes e intensos. Ni siquiera pensé en que nos fueran a reportar por el ruido.
Unos minutos después me tenía empalado contra la ventana. A lo lejos solo se veían los carros pasar y algunas ventanas con luz en los edificios cercanos. Me daba igual si alguien nos veía. No quería que ese momento terminara. Pero todo lo bueno siempre tiene su fin. Al terminar, me llevó de nuevo hasta la cama. Levantó mis piernas y me penetró en pollo asado. Estuvo así durante unos minutos hasta que no aguantó más. Su respiración se agitó y exclamó con su bello acento que me iba a dejar todos sus chamacos dentro. Estaba en éxtasis y le rogué por ello. Y así fue, a pesar de ser su tercera corrida, tuvo leche suficiente para llenarme con sus hijos y se desplomó sobre mí. Su verga se redujo hasta salirse de mi culo. Sentí que su semen me escurría por la pierna. Solo pude abrazarlo y acariciar su cabello. Amé tenerlo sobre mí y sentir todo su peso. Cuando recobró el sentido se levantó y me ayudó a parar. Fue muy amable y respetuoso.
Al mirar el reloj eran casi las 5 am. Era su hora de irse. Le pregunté si estaba bien si le daba una propina por el maravilloso trabajo que hice, pero insistió en que lo que ya le había dado era más que suficiente. Que a pesar de haber sido un encuentro pago, realmente llegó a disfrutarlo, algo que no siempre le pasa. Solo pude imaginarme todas esas situaciones que me comentó antes. Cuando se vistió, me dio un fuerte apretón de manos, me abrazó y me besó. Me deseó las buenas noches a pesar de que ya estaba amaneciendo y se fue. Me tiré exhausto sobre la cama meada y sudada, no tenía fuerzas ni ánimos para cambiar la sábana. Revisé mi teléfono y contesté algunos mensajes. Luego caí dormido por el cansancio.
A las 7 am mi amigo me despertó para ir de paseo con su familia. Le conté que estuve con alguien pero no que fue con un scort. Ese no fue el único hombre con el que estuve ese fin de semana, pero eso ya es otra historia.
Espero les haya gustado el relato. Fue una experiencia increíble y quería plasmarla aquí mientras aún la recuerdo.






