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Las fantasías viven en la mente y por mas que soñemos con ellas carecen de ese sabor que da el recuerdo de lo vivido: las fantasías no tienen olor, no tienen sensaciones, no tienen adrenalina, no tienen alma... en cambio los recuerdos, buenos o malos, tienen la ventaja de dejar huella: sitios que recuerdan encuentros, olores que recuerdan pasiones, fechas que levantan suspiros de nostalgia. Hasta el momento, solo tengo fantasías en este mundo de la homosexualidad. Quiero sentir y dejar de preguntarme cómo se siente; quiero hacer y dejar de preguntar como se hace, quiero alguien que me guíe en este mundo, quiero masturbarme en una videollamada viendo otra verga también venirse. Quiero hacer una paja y que me la hagan, quiero cuadrar un encuentro y que se cumpla, quiero alquilar un escort y estar con él... y si después de todo eso no me gusta, recordaré todo lo que hice y sabré que no me gustó






