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Me los encontré casi por casualidad. Venía en el MÍO desde el centro iba hacía donde vive mi mamá en la buitrera luego los planes cambiaron ya que ella se sentó justo frente a mí: con un vestidito de flores, sandalias bajas y un libro de Cien años de soledad que apenas hojeaba. A su lado, un muchacho delgado, con lentes de pasta y camiseta de la Selección, no dejaba de mirarme. Se notaba que algo tramaban.
En la estación de Unidad Deportiva, él me tocó el hombro. "Disculpá, ¿vos sos el de los relatos?". Así fue. Juan Pablo y Valentina. Ella acababa de cumplir veinte años y él le había prometido "un regalo diferente". Querían que fuera yo.
Bajamos los tres en la misma parada, caminamos hasta un motel discreto de la Calle Quinta. Valentina no soltaba el libro, pero sus dedos temblaban. Ya en la habitación, con el ventilador girando lento y las cortinas color vino, la senté al borde de la cama.
¿Es tu primera vez con dos? le pregunté mientras Juan Pablo nos miraba desde una esquina.
Con un desconocido y con él mirando, sí confesó, y su voz fue un hilito quebrado.
La besé sin prisa, le quité el vestido con cuidado, descubrí una piel suave de crema y unos pechos pequeños que cabían justo en mi boca. Juan Pablo se quitó los lentes para limpiarlos, nervioso, casi como si no quisiera perderse ni un detalle. Valentina se entregó con una mezcla de inocencia y deseo, gimiendo bajito al principio, luego más fuerte cuando la puse encima de mí.
Juan Pablo se acercó sin que se lo pidiéramos y le tomó la mano a ella mientras yo la llenaba por completo. Ese gesto, tan tierno y tan morboso a la vez, fue lo que la hizo estallar en un orgasmo que le arrancó lágrimas.
Antes de irme, Juan Pablo me pidió que firmara el libro de García Márquez. Lo hice, dedicándoselo "a la más valiente". Valentina sonrió, aún desnuda, aún temblando.
Si andan en Cali y quieren un viaje en MÍO con parada inolvidable, hablemos.






