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La primera vez que noté algo diferente fue con las fotos. Subía una, yo reaccionaba, ella lo veía... y yo, cobarde, le quitaba la reacción. Un juego estúpido. Pero luego empezó a pasar algo extraño, cada vez que yo estaba en la sala, ella aparecía. Antes se escondía, le daba pena, se hacía la invisible. Ahora salía a "hacer cosas", acomodar algo que no necesitaba acomodar, revisar el celular parada justo donde yo podía verla.
Hoy fue diferente.
Estaba en el sillón, el único lugar cómodo de la sala, cuando escuché sus pasos. Debía dejar plata en la mesa. Eso era todo: entrar, dejarla, irse. Pero se quedó parada ahí. En pijama. Sin nada debajo, o eso parecía, porque la tela se movía de cierta manera y la forma de sus hombros... lo sabía. Conozco esa postura de mujer que sabe que está siendo mirada y decide no cubrirse.
No dijo nada. Yo tampoco. Solo el sonido de la plata sobre la madera. Un segundo. Dos. Su respiración, o la mía, no sé quién estaba más tenso. Luego se fue, sin prisa, como quien deja una puerta abierta a propósito.
Ahora estoy aquí, escribiendo esto, preguntándome: ¿fue invitación o paranoia? ¿Por qué antes huía y ahora se queda? ¿Por qué las fotos, los encuentros calculados, esa forma de moverse justo cuando sabe que estoy?
Y lo peor no sé si atreverme a hablarle. Un comentario casual, un "te ves bien" que suene inocente, una pregunta sobre cualquier cosa para ver si sus ojos me delatan. Pero somos familia, ella es prima de mi novia, esto es territorio prohibido donde un paso en falso explota todo.
Así que sigo aquí, en el limbo. Mirando. Esperando a que ella vuelva a "hacer algo" cerca de mí. A ver si esta vez deja caer algo más que una mirada.






