Cañasgordas, una mansión con columnas blancas y un jardín que olía a jazmín. Allí me recibió Ignacio, sesenta años, un empresario retirado de manos temblorosas que me condujo a la sala principal. Sentada en un diván, con un vestido de seda negro que se derramaba sobre sus curvas, estaba Helena. Cincuenta años, pero con un cuerpo que desafiaba el tiempo: senos generosos y naturales, caderas majestuosas, piel canela y un cabello plateado recogido en un moño elegante. Sus ojos color miel me miraron con una mezcla de altivez y deseo.
Ella te ha elegido dijo Ignacio con voz quebrada. Yo solo pido estar presente y servir.
La tomé de la mano y la llevé al centro de la sala, junto a una chimenea apagada. Ignacio se quedó de pie, a distancia, esperando instrucciones. Helena me besó con experiencia, sus labios carnosos sabían a licor de café. Comencé a desnudarla lentamente, dejando caer el vestido sobre la alfombra persa. Su cuerpo maduro era un monumento: estrías finas, lunares dispersos y una humedad evidente entre los muslos.
Ignacio llamé sin dejar de besar a su esposa. Gatea hasta aquí y limpia lo que ensuciemos.
El hombre obedeció. Se arrodilló y gateó hasta nosotros, con un pañuelo blanco en la mano. Yo recosté a Helena sobre la alfombra y la penetré allí mismo, sintiendo cómo sus piernas se enganchaban en mi espalda. Ignacio, a un metro, limpiaba el suelo de un derrame imaginario, pero sus ojos no se apartaban de nosotros.
Dile quién te está haciendo sentir esto le gruñí a Helena.
Tú, maldito... Ignacio, este hombre me hace sentir viva... gimió ella.
Cuando Helena llegó al clímax, un grito ronco que resonó en toda la mansión, yo me retiré y le ordené a Ignacio: "Ahora límpiala. Con la lengua". El cornudo se inclinó sobre su esposa y, ante mi mirada y la de ella, obedeció con devoción. Helena le acariciaba el cabello canoso mientras yo me servía un whisky del bar.
Gracias me dijo Ignacio después, con la boca aún húmeda. Gracias por enseñarme cuál es mi lugar.
Si vives en Cañasgordas Cali y quieres que alguien te enseñe tu lugar, hablemos.







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