Eso de que uno se queda pegado un viernes santo es mentira. Este año lo volvimos a comprobar, ¡y de qué manera!.
Viajamos a Santander el miércoles por la mañana. Hicimos varias paradas para desayunar y para ir al baño. Llegamos al destino tipo 4 de la tarde. Sara iba hermosa con un vestido pegado color crema; largo, hasta casi la rodilla. Se veía preciosa y se le marcaba su trabajado cuerpo (especialmente las nalgas).
El hotel tiene 4 cuartos y es solo para parejas. Es pequeño con tres cuartos alrededor de la piscina y el jacuzzi y el último en un segundo piso un poco más alejado. También hay una cocina al aire libre y una pequeña salita con un televisor gigante y un parlante bluetooth. En las habitaciones no hay TV.
Al llegar, en la piscina había una pareja (que se iría esa misma noche) y un señor algo mayor viendo TV (no lo volvimos a ver). El hombre de los que estaban en la piscina clavó su vista en el cuerpo de Sara, creo que intentando ver más allá de su vestido. Ella no usaba brasier y tenía una tanga que hacía que pareciera que tampoco llevaba calzones. Nosotros saludamos a los que estaban presentes, hicimos check-in y nos dirigimos a la habitación.
En la habitación aprovechamos para tomar un baño rápido (con la manoseada que no podía faltar). El baño era gigante y no tenía separación entre el lavamanos y la ducha; algo que nos jugaría a favor más adelante (cuarta parte del relato). Después salimos a almorzar/comer y regresamos en la noche, tarde.
En la mañana al salir de la habitación estaban preparando el desayuno, nosotros no lo teníamos incluido y ya habíamos buscado un restaurante que queríamos probar. No había nadie aparte de la niña que estaba haciendo el desayuno.
- Buenos días, dijimos, y nos preguntó si íbamos a desayunar.
- ¡Gracias! Pero no tenemos el desayuno incluido y ya vimos un sitio muy chévere. Le dije mientras cerraba la habitación con el pasador (no tenían seguro ni candado). El sábado sí seguro desayunamos, ¿cuánto vale?.
- Son 15 mil por persona. Respondió Natalia.
- Listo.
- Sara preguntó: vi que hacen masajes, quiero hacerme uno completo ¿cómo hacemos la reserva?
- Me dicen el día y la hora y yo contacto a la persona que los hace y listo.
- Perfecto, yo te escribo por Whatsapp y te confirmo.
- ¡De una!
Salimos abrazados sin saber la aventura que nos encontraríamos al volver esa tarde. Salimos a desayunar, caminamos por el pueblo, fuimos a un mirador, almorzamos y fuimos a un bioparque, tomamos café donde una pareja súper amable y al final volvimos tipo 5 a la casa/hotel.
Al entrar vimos que había una pareja nueva en la piscina, estaban bien pegaditos y se manoseaban y besaban. Esto ya me empezó a generar ideas en la cabeza. Los saludamos y nos saludaron muy cortésmente. Eran jóvenes, no se alcanzaba a ver mucho más porque estaban en el lado profundo de la piscina. Nosotros entramos a nuestro cuarto y nos bañamos para quitarnos el sudor. Desde antes habíamos hablado de ir a la piscina para quitarnos el calor del día y al ver a la parejita nos animamos aún más. Sara se puso un vestido que le tapaba solo los pezones y la vagina y no dejaba nada a la imaginación; yo tenía mi pantaloneta de baño sin boxers debajo.
Al salir del cuarto que dejamos abierto para poder entrar si necesitábamos algo, vi como la parejita miraba a Sara de arriba a abajo, sin disimular siquiera. Pintaba bien.
- ¿Está muy fría el agua? Pregunté a la pareja.
- En la parte honda está un poco más fría porque no le da el sol. Respondió el joven.
- Por eso me moví de allá, me estaba congelando y acá aún queda un poquito de sol. Nos dijo la joven sin quitar la vista de Sara (igual que su pareja).
Ya pude ver mejor a la mujer, era un poco gruesita y tenía un buen par de senos. Tapados con un vestido de baño de dos piezas color café, cuya parte de abajo aún no alcanzaba a ver. Por el frío se le marcaban unos pezones pequeños pero bien parados. La pareja aún estaba en la parte honda por lo que todavía no podíamos verlo claramente.
Entramos a la piscina (que efectivamente estaba fría) y comenzamos a charlar con la pareja. El hombre se acercó para poder hablar mejor y vimos que era delgado y un poco acuerpado. Los dos eran muy amables y habladores.
- Ahora si los saludo bien. Mi nombre es María y él es mi novio José.
- Nosotros somos Sara y Javier. ¡Mucho gusto!. ¿Llegaron hoy?
- No, anoche, pero muy tarde. Casi que no podemos hacer el check-in por la hora…pero lo logramos. Hoy fuimos a caminar hasta el pueblo cercano.
- Se los recomendamos, la interrumpió José.
- Sí, ya tenemos ese plan de la caminata para mañana en la mañana.
- María continuó. Después de tremenda caminada quedamos súper cansados y quisimos venir a darnos un baño.
- Sí, estaba haciendo mucho calor. Nosotros también quisimos refrescarnos. Dijo Sara, mientras flotaba para que le vieran los senos y la pancita perfecta. Obviamente José no perdía detalle.
- ¿Quieren vino?
- No, gracias. Nosotros no tomamos.
- ¡Uy! Que raro. Pero bueno no hay problema. Nosotros tomamos por los 4. Nos reímos y esto ayudó a romper el hielo.
Seguimos hablando por bastante tiempo y cada vez se notaba más la tensión sexual. María se había salido de la piscina en varias ocasiones para ir al baño y se le veía una cola muy bonita. No tan parada como la de Sara pero sí muy apetecible. Por su parte Sara seguía flotando unas veces boca arriba y otras boca abajo para que María y José vieran su cuerpazo y se antojaran. Los pezones de las 2 damas estaban a punto de estallar porque estaba haciendo bastante frío.
Decidimos preguntar si nos podían prender el jacuzzi para estar más calientes; el jacuzzi era más pequeño y podíamos estar más juntos. Cuando lo encendieron Sara salió de la piscina y tenía toda la tanga metida en la cola y José no pudo evitar mirarla con deseo (hasta pasó saliva) y le hizo una mirada como pidiendo permiso a su novia (o por lo menos eso me pareció).
Nos acomodamos en el jacuzzi y José no le quitaba la mirada de encima a Sara y yo estaba en lo mismo con María. La conversación ya estaba llena de frases con doble sentido y nos estábamos contando cómo nos habíamos conocido.
- Con José éramos amigos de la universidad, pero nunca pasó nada (yo lo dejé en la friendzone), decía mientras soltaba una carcajada.
- ¿Y entonces cuándo se volvieron a ver?
- Luego nos encontramos por un amigo en común, siguió José, y yo le dije que siempre me había gustado.
- Y yo le pelé mis tetas… Otra carcajada de todos. Pero en serio así fue como lo conquisté. Más risas.
- Yo dije: ¡uy! pero con ese par quién no caería.
- Sara asintiendo, ¡uy sí!, Javier también hubiera caído redondito.
- María sin contenerse dijo: ¡a ver! Y se fue quitando la parte de arriba del vestido de baño.
Sara y yo quedamos asombrados, por lo directa de María y porque efectivamente eran unas tetas muy bonitas.
- ¡WOW!, definitivamente yo también hubiera caído redondito al verlas.
- Si las quieren tocar, háganle, así es ella. Está medio loca.
- Sara me dijo, te cedo el honor.
Yo ni corto ni perezoso comencé a tocarle ese enorme para de senos. Los comencé a acariciar suavemente desde afuera hasta tocar sus areolas, no pensé que sus pezones se podían poner más duros, pero así fué. No me pude contener y comencé a lamerle esos oscuros y parados pezones, mientras María comenzaba a gemir suavemente. Turnaba lamidas y manoseadas en cada uno de los pezones de la mujer que acabábamos de conocer.
- Qué rico que se ven, dijo Sara mirando a José con deseo.
- ¡Sí!, respondió José. ¡Me encanta!
- Separando mis labios del pezón derecho de María dije: amor y ¿tu qué?. Te vas a quedar solo mirando.
- No, como crees. Ya te ayudo. Sara se lanzó a lamer el pezón izquierdo de María. Yo no podía creer lo que estaba pasando.
José seguía como paralizado viendo lo que estaba pasando. Sara estaba en cuatro mostrándole toda la cola mientras lamía con ganas el pezón de María. Los dos pasábamos de pezón a beso con María, a beso entre nosotros, a beso de los tres y de vuelta a los pezones. José no aguantó más y comenzó a sobarle las nalgas a Sara, esto hizo que ella se excitara aún más, comenzando también a gemir suavemente.
María estaba concentrada disfrutando del placer que le estábamos dando y José agregó la lengua y los labios a las caricias en las nalgas de Sara.
Sara me dió un beso y se volteó para darle un beso a José, él aprovechó para quitarle el brasier y también empezó a lamerle los pezones y acariciarle las tetas. La recostó suavemente sobre el murito del Jacuzzi y le quitó la tanga. Comenzó a bajar mientras Sara veía como yo hacía lo mismo con María y sin dejar de tocar con su lengua cada parte de su cuerpo llegó a su vagina. Yo también llegué al punto de placer de María y comencé a lamerle los labios haciendo círculos mientras con mis dedos comenzaba a tocar dentro de ella. José hacía círculos sobre el clítoris de Sara, haciéndola gemir fuertemente.
Continuamos así por un largo tiempo hasta que las 2, casi al mismo tiempo, comenzaron a gemir.
- ¡AAAAHHHHHH! Gritaba Sara.
- ¡SSSSSIIIIIIIII! Respondía María.
Los cuerpos de nuestras amadas se retorcían de placer, mientras nosotros disfrutamos viendo cómo temblaban y gemían por el gran orgasmo que habían conseguido.
- Sara fue la primera en hablar: ¡Ufffff! Delicioso. Eres un experto. Amor alguien llegó a tu nivel. ¿No es así María?
- Ella aún agitada: ¡SSSSIIIIII! Que rico como lo hace tu esposo. Ahora quiero que me lo metas todo.
María se levantó, me besó, besó a su novio con complicidad y me jaló para que me sentara en el borde del jacuzzi y sin preguntar me bajó la pantaloneta de baño, lamió mi pene un par de veces y luego se sentó encima.
- José, sin dejar de ver a su novia, le pŕeguntó a Sara: Te puedo dar en cuatro. Quiero ver esa cola otra vez.
- Uy claro, me encanta así.
Sin pensarlo giró a Sara, se quitó el traje de baño y empujó de una sola vez. Sara se quejó tímidamente porque no esperaba que fuera tan grande. Pero solo fueron unos segundos mientras se ajustaba al tamaño. Después comenzó a gemir nuevamente. Yo me excitaba cada vez más al ver como sus tetas rebotaban enfrente mío, mientras gemía de placer y mi pene entraba y salía de la vagina de María. Era un espectáculo digno de película porno.
Los cuatro jadeábamos al unísono y sudábamos sin parar. José acariciaba las nalgas de Sara sin dejar de penetrarla fuertemente, en algunos momentos metía la punta de algún dedo en su ano y esto hacía que ella gimiera mucho más. Yo besaba y acariciaba las tetas de María y lo intercalaba con su cuello y boca. El primero en avisar que se venía fue José, después Sara (se excitó aún más cuando se vino su compañero), yo no aguanté más el voltaje y también me vine y por último oímos el grito de María.
- ¡Ufffff! Qué rico, decía María mientras se secaba el sudor de la frente.
- ¡Quedé mamada! Gritó Sara mientras le daba un beso de agradecimiento a José.
- ¿Será que hay alguien más en los otros cuartos? Pregunté solo por armar conversación
- Me imagino que sí, pero de todos modos nos habrán escuchado en todo el barrio. Respondió Sara.
- En todo el pueblo, dijeron al tiempo nuestra nueva pareja de amigos.
Todos soltamos una carcajada. Lo que no esperábamos era que en el cuarto de al lado del nuestro teníamos un espectador de incógnito que no conoceríamos hasta el otro día y había visto y escuchado toda la faena.
Los cuatro seguimos hablando un rato (con las parejas cambiadas) y no perdíamos la oportunidad de manosearnos y besarnos como si llevaramos mucho tiempo juntos. Después de un rato de bajarle la temperatura al encuentro y tener una charla muy amena, Sara lanzó una pregunta que nos ayudó a alargar la experiencia:
- Bueno, ¿ya nos vamos a dormir?. Yo quedé con ganas de más. ¿María me prestas a José un rato?. ¿Amor? Tú ya sabes que quiero.
- Yo ya sabía de qué me hablaba mi hermosa esposa. Quería comerse a José varias veces más. Claro amor lo que quieras, solo si María te deja. Si ella quiere a mi también me gustaría jugar un rato más.
María, ni siquiera dijo una palabra. Besó a su novio, luego a Sara y me tomó del brazo y me llevó (sin ninguna resistencia) al cuarto de ellos y Sara hizo lo mismo con José pero a nuestro cuarto.
Lo que pasó en los cuartos y el viernes lo contaré en los siguientes relatos.








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