Mayo: Cuando llegamos a La Villa, mi mente comenzó a imaginar distintos escenarios. Mientras esperábamos el ingreso al segundo piso, fantaseaba con que aquel hombre con el que Mi Séptimo había hablado antes —a quien yo no conocía en persona, solo por fotografías donde había visto su cuerpo— fantaseaba con que me sorprendería por la espalda, rodeando mi cintura con sus manos o acercándose para susurrarme algo al oído sobre mi cuerpo, Sin embargo, nuestro encuentro fue muy distinto. Hubo cierta timidez, una distancia sutil entre los dos. Por un instante fugaz pensé que quizá no era como lo había imaginado, que tal vez yo no era igual a la chica de las fotos o los videos. Nos saludamos con rapidez. Intenté acercarme un poco más, como queriendo confirmar aquella impresión, pero él seguía siendo reservado.
Mi Séptimo lo saludó con la calidez y la energía que lo caracterizan, me llamó la atención que ambos compartían el mismo color de ojos. Su espalda se veía amplia bajo aquella camiseta holgada de un tono morado pastel; sus brazos y sus manos eran grandes. Mi mirada se detuvo en ellos durante unos segundos e imaginé cómo sería que me levantara entre sus brazos igual que lo hace Mi Séptimo . Esa imagen hizo que olvidara, aunque fuera por un momento, la extraña sensación que me había dejado nuestro primer saludo.
Entramos al bar para tomar algo, conversar un rato y jugar. Era noche de casino y todos participaríamos. Mi Séptimo hacía todo lo posible por mantener viva la conversación con el chico de los hombros anchos y por lograr que todos nos sintiéramos cómodos. Tanto él como yo éramos bastante tímidos en ese momento.
Con el paso de la noche, la interacción fue creciendo poco a poco. Llegó un momento en que nuestras pieles comenzaron a rozarse de forma casual. La piel de aquel chico de hombros anchos era sorprendentemente suave. Me gustaba deslizar mis brazos sobre los suyos, mientras con mi otra mano seguía buscando el contacto con Mi Séptimo, acariciando la suya o apoyándome sobre sus piernas. Ambos compartían esa misma suavidad que invitaba a seguir tocándolos.
Entonces llegó uno de los retos de la noche: un beso de tres. Podía elegir a cualquier par de personas o hacerlo con los dos hombres que habían llegado conmigo. Creo que era evidente cuál sería mi elección. Sentí una mezcla de nervios y ansiedad; nunca habíamos compartido un beso de tres en el que el tercero fuera otro hombre.
Cuando finalmente ocurrió, un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, de esos que nacen en la piel y te hace mojar. Sentir los labios carnosos de Mi Séptimo junto a los labios suaves y delicados del otro despertó en mí un deseo que iba mucho más allá de un simple beso.
Continuara...








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