Definitivamente, tendremos que estar de acuerdo en que el porno es un elemento de de diversión bastante consumido, si, pero casi nadie repara en los porqué.
Los hombres llegamos al porno, al principio por curiosidad pero nos quedamos por la diversión. Eso, cuando somos adolescentes; pero al llegar a la vida adulta y cada vez ahogarnos mas en sus trampas, recordamos que esa diversión que solo proporciona el porno, es un excelente escape a la mierda que nos toca vivir. porque sí, las feminazis y algunas mujeres dan por garantizado que la tenemos fácil, pero nosotros ni vendiendo el cuerpo logramos lo que ellas cuando una u otra lo hacen, que gran diferencia.
Casados, con novia o solteros, es lo mismo. Nos toca soportar demasiado pero nos obligan a llevar nuestras cargas en silencio, esas penas salen diaparadas igual que nuestra leche cuando vemos porno. la oxitocina y la dopamina que liberamos al ver porno nos hace olvidar las dificultades del pecado de haber nacido hombres.
Si se cometió la estupidez de casarse, el porno ofrece una ventaja grandísima sobre la esposa: cuando ya aburre, apagamos el dispositivo, eso le genera un plus que dificilmente se pueda superar.
A las actrices porno no hay que memorizarles fechas especiales, mucho menos a las modelos webcam o a las pretenciosas del azul. Después de que uno eyacula, puedes poner la vista en otro lado y ella no se va a ofender; no es necesario llamarla luego, decirle mil cursilerías o aguntarse a sus sobrinitos.
Lo mejor del porno es que hoy en día es gratis, de fácil acceso sin importar la geografía y que no es necesario ritualizar su consumo.
Las nuevas tecnologías han diversificado las formas de generar contenido y de su acceso, sin embargo, algunos nostálgicos extrañamos el formato revista, era mas personal y ofrecía el encanto de ver como le llegaban unas gotitas de juguito de rey a la foto, si no es que todo el contenido, era como follarsela en la vida real, algo que los millenials y centennials jamás gozarán.
deudas, problemas, preocupaciones varias, duelos, despechos y otras dolencias tienen en el porno una cura milagrosa, por eso hay que defenderlo.








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