Mi primera infidelidad.
Creo que todos los que ya han leído mis anteriores relatos me conocen. Los que no, soy Laura y acá trato de dar a conocer todo mi proceso que he vivido y estoy viviendo en mi etapa de crecimiento sexual.
Pasada esa primera experiencia de lo que fue mi primer trío; con Gabriela establecemos una relación de amistad y cooperación. Ella no volvió a mencionar el irse a su casa, acá está muy cómoda, acompañada, con un hombre que la complace y con una mujer caliente, en etapa de maduración y cambios que ella entiende y aprecio me apoye y comparta. No daré mas detalles, pero si hacerles saber que el sexo compartido así tiene mucho que ver con la madurez y el respeto. Ella siempre lo tuvo en cuanto a nuestra relación de matrimonio con Felipe, una tercera integrada en derechos sexuales, pero no sentimentales.
El lugar en donde vivo, con mayor precisión, se le conoce como Limachito, distante al poblado principal que es San Francisco de Limache y esta ciudad, a su vez, es el punto base de conexión con Valparaíso y Viña del Mar mediante autopista y también ferrocarril metropolitano. Lo menciono, porque con frecuencia debemos ir hasta ese lugar por trámites y por ser la zona en que se concentra la actividad comercial.
Desde mi primer relato, acontecido en los primeros días de febrero de 2025, a lo que ahora paso a contarles, han transcurrido un par de meses y, aunque repetitivo, el sexo entre tres ha funcionado muy bien.
Había sentido ligeras molestias en una de mis piezas dentales y opto por hacer una cita. Gabriela averigua entre conocidos y me recomienda un odontólogo competente que tiene su consulta en San Francisco de Limache. Tal entonces que reservo una hora para un martes de la primera quincena de marzo y acudo a ella puntualmente. Me recibe una gentil chica muy atractiva y profesional. Espero unos 5 minutos y soy atendido por un varón enmascarado que realiza su atención con esmero y profesionalismo. En esa cita, yo noté en él una cierta familiaridad, pero no pude identificarla. Cuando salgo de su box, en la recepción había otra mujer, a la que, si reconozco como una amiga de juventud, con la que perdimos contacto hace ya unos 15 años.
Nos reconocemos al instante y para no extender este relato en consideraciones que a muchos no les interesarán, con ella, mi amiga de niñez y juventud, de mí misma edad, crecimos y nos formamos juntas en el mismo colegio, pero que luego mi temprano matrimonio nos alejó de esa etapa universitaria y de vida disipada. Ella se llama Valeria. En sus tiempos muy solicitada por lo varones que eran de nuestro círculo social. Muy correcta, no le conocí etapas obscuras en ese período. Ambas, conceptuales en el comportamiento social de la época, nos mantuvimos lejos de aventuras y sexo. Conversábamos bastante al respecto, ambas no sabíamos mucho y tampoco preguntábamos detalles. Intimas en todo, en los estudios, en salidas y en pequeños “pololeos”, con esos “atraques” que nunca pasaban a caricias íntimas, besos “cartuchones” y el disimulo de nuestras calenturas y vaginas mojadas.
Un día, conversando en una tarde en que ya habíamos dejado de preparar nuestra tarea escolar, Valeria me pregunta si alguna vez había besado al estilo de las películas, es decir boca a boca y lengua dentro. Le dije que así tan íntimo, no, porque la vez que había sentido la lengua de mi pololo en la mía, sentí una oleada de calor interno, mojarse mi vagina y de ahí, a parar fue una sola acción. Ella entonces me dice: que tal si nos damos ese beso nosotras y vemos que pasa. Yo dudo, pero la curiosidad y el morbo priman. Total, sin conocerme todavía, presentía que mi vida tendría en el sexo un factor de mucha importancia. Ambas sabíamos sobre la otra lo suficiente como el que nos masturbábamos casi virginalmente, aprendimos juntas la importancia de un buen culo y el privilegio de unas piernas atractivas, como las que nosotras teníamos. Ya con 13 o 14 años, en esos veranos calurosos de la zona central, ir a la piscina o los veraneos en Reñaca, notamos desde esa edad como nos miraban. Valeria es unos dos centímetros mas baja que yo, delgada en su juventud, ahora estaba un poco mas rellenita y me aventajaba en sus tetas, pues mi busto es 36 B y ella 36 C, lo que, por supuesto era mucho mas atractivo para los valores y así, comparadas, mis tetas parecían apenas dos naranjitas medianas, en cambio ella ya contaba con esos dos meloncitos, muy deseables. De culo, ambas estábamos bastante bien y ahora, sin poder observarla con detenimiento, detrás de ese pequeño mostrador, viendo lo ocupada que estaba como recepcionista, abrevié y acepté su invitación a almorzar el jueves, mismo día que agendé mi segunda cita con el odontólogo.
Pasaron esos dos días sin otro contra tiempo. Felipe seguía ausente todas las semanas por un trabajo temporal muy importante que había surgido en Valdivia y que a él lo obligaba a hacer esos viajes a casi 900 kms de distancia. Los fines de semana los compartíamos amorosos y dulces entre ambos.
El jueves, me vestí con ropa no tan informal como la vez primera. Cuando llegué a la consulta, estaba la misma chica del martes. Cuando me hace pasar, el odontólogo me espera sin mascarilla y de inmediato nos reconocemos. Claro, es Mario, ese joven estudioso y dedicado que cortejaba a Valeria de una manera diferente, diríamos a la antigua, con flores, poemas y tantas pequeñeces que hoy han desaparecido, pero que para nosotras ese romanticismo nos mataba. Así como Valeria asistió a mi matrimonio, esa vez sin compañía, yo estuve, 3 años después en el de ella, con Felipe a mi lado y con un bebé nacido y otro en camino. Ahí me reencontré con su amado Mario y que ahora lo tenía enfrente.
Cuando salgo de la consulta, en la salita de espera está Valeria. Coincidentemente vestida con mayor formalidad. Sigue siendo bastante atractiva, tal como lo dije, un poco mas rellenita, pero en todo el esplendor de una mujer de 45 años. Se le veía plena, alegre. Distendida y así me lleva hasta la puerta siguiente a la consulta y ahí me entero que toda esa mansión era de ellos, herencia de Mario y que habían transformado en su hogar y su lugar de trabajo.
Conversamos mil cosas, nos reímos de viejas andanzas y rememoramos esas tardes dulces y otras no tanto. Ya a la hora del café, en una salita encantadora que ella dijo ser su lugar de intimidad y refugio, entramos casi de lleno en contarnos intimidades de nuestra vida sexual, ambas, curiosas de saber de la otra cuan feliz había sido su matrimonio. Me dice que su relación es sin celos, su vida de mujer la maneja ella y cuenta con total independencia, dentro de los límites de conducta social que no afecte la imagen necesaria en una ciudad chica, como ésta. Yo le replico casi lo mismo, le relato, así como superficialmente que compartía vida con la mujer que fuera pareja de mi fallecido suegro. No me hizo comentario alguno de cuál era el tipo de relación. Luego, entre risas y otros, llegamos al punto de esa propuesta de besos entre nosotras, coincidiendo que el hecho quedó a medio camino y ahora nos enfrentamos a los porqués de esa separación aparente.
El día del desafío del beso con lengua entre nosotras para experimentar, ambas lo recordamos con detalle.
“Luego de la propuesta, ambas juntamos nuestros cuerpos, Valeria toma mi cabeza con suavidad y empieza a besar mis mejillas, tomadas de ambas manos, hasta llegar con su boca hasta mi boca. Yo recuerdo haberla abierto casi por instinto y ahí sucedió el cambio absoluto: la sensación de lo que suponíamos era un beso. Su legua entra en mi boca y yo a su vez intento lo mismo. Ambas lenguas casi se entrelazan y yo siento una oleada de placer totalmente nuevo. Con 16 años, ese primer beso lésbico fue el que me marcó e hizo madurar en cuanto a deseo y como mirar a una mujer. Siento la mano de Valeria apretar la mía, su respiración, sus pezones a través de su blusa y corpiño de colegio, siento como se le endurecen sus tetas (ella ahora me explica que sintió exactamente lo mismo). Luego nos vamos a un pequeño sillón, nos sentamos y seguimos con los besos y ella comienza a acariciarme los brazos, por mis costados hasta que llegó abiertamente a mi teta, apretando mi pezón y en mi hizo estallar el deseo. Mi mano, a su vez, tomó la misma alternativa y cubro por completo ese meloncito maduro con un pezón durísimos. Ella empezaba a desbotonarme la blusa de colegio, cuando sentimos abrir la puerta y la voz de su madre diciendo: Chicas, ¿en donde están?
Sorprendidas, asorochadas, confundidas, abrocho el único botón suelto, nos acomodamos el cabello y salimos al pasillo. Valeria dice: acá mamá, ya terminamos de estudiar.”
Y ahí quedó todo. No es que no hubo otras oportunidades, pero yo pensé que no era buen camino para ambas y así se lo conversé una vez. Valeria, sin comentarios me dijo: está bien, nuestra amistad está mas allá que jugueteos que no sabemos cómo explicar. Y ahí quedó todo.
Este fue nuestro tema, elucubrar de que habría pasado de no llegar su madre, de como ahora ambas conocíamos la sexualidad bi. Ambas habíamos disfrutado de una u otra manera a otra mujer, ambas compartíamos a nuestro hombre, con la diferencia que ella estaba varias etapas delante de mí. La conversación se hizo mas íntima, con mas detalles sobre las experiencias de matrimonio, de cómo entregamos nuestros culos, chupar pico, comer semen, en fin, coincidíamos mucho en el aprendizaje con el hombre adecuado. Ella me contó de cómo se iniciaron en esto, su primer swinger casual con una pareja mexicana en Mamiña, de comprender la sexualidad de Mario y de ahí, evolucionar a lo actual. Yo estuve muy interesada en sus datos, en especial haciéndole saber que el único pico que había tenido era el de Felipe. Me dice: y no te atreves a experimentar.
Le respondo que tengo dificultades para asumir un intercambio abierto. Quiero explicarle que para mí fue una experiencia positiva mi sexo lésbico con Gabriela y luego ser parte de un coito con ella. Decirle que me sentí mujer plena el contemplar culear a mi marido con Gabriela, que esa sensación que el disfrutaba, yo, de una forma u otra, la compartía y la sentía como mía, en concepto virtual, el que ambos nos la habíamos culeado y que seguía sintiendo lo mismo en todas las ocasiones siguientes. Porque, absolutamente claro, que tener ese sexo diferente y muy motivante generó en los tres la premura de repetirlo en forma reiterada, incluyendo ese primer fin de semana, en que Gabriela y Felipe culearon al menos 8 veces y yo participé activamente calentándola y disfrutando de su sexo.
¿Y si yo te invitara a que tuviéramos una cita de sexo con Mario y conmigo, vendrías?
Pasan mil cosas por mi mente en forma simultánea. Una, mi reparo de hacerlo sin Felipe; dos, sin preguntarle y tres, cómo después explicárselo.
Pero Valeria es convincente: Inténtalo, no estás obligada a nada, pero si no lo intentas, seguirás siempre en esa duda de si puedo o no. Lejos de Felipe no sentirás la presión de su mirada en ti cuando estés siendo penetrada. Mi primera experiencia, esa en Mamiña, fue en dormitorios separados, tu al menos, tu experiencia fue mucho mas integral que la mía.
Lo vuelvo a pensar. Hago varias elucubraciones. La primera, mi curiosidad por tener la oportunidad de culear con un hombre diferente, la segunda, tener sexo con Valeria y así cerrar ese ciclo juvenil, y la tercera y la que mas me impulsó, fue el plantearle a Valeria la reciprocidad y así tener la oportunidad de llevar a mi hombre una mujer para que él la disfrutara.
Ella propone que la cita sea mañana viernes a las 11 acá en mi casa y me impulsa resolver mis dudas de inmediato.
Asentí y le di mis condiciones: mi derecho a parar en cualquier momento, segundo, la confidencialidad de esto y tercero qué, si finalmente Mario me culeaba, ella tendría que retribuirme el sábado con Felipe, en los mismos términos y con las mismas variables y actos sexuales que yo entregara. Ella me dice: perfecto, es un trato.
Se ha hecho tarde, nos despedimos con un beso bastante insinuante. Antes de sacar mi auto, ella me dice. Lo vamos a pasar muy bien.
Llego a casa plagada de dudas, primero pienso participarle a Gabriela y pedir su opinión, luego lo desecho, mil vueltas en mi cabeza, tanto que he olvidado que Gabriela no está en casa porque viajó a acompañar a su hija y ayudarla al cuidado de su bebé recién nacido. Así que paso la noche casi en vela, aconsejándome a mí misma. Finalmente se impone el deseo y la curiosidad y algo así como una llamita de independencia en el sentido de sentirme con el derecho a decidir. Sabía que ambos, con Felipe, no nos habíamos jurado fidelidad, solo no ignorar al otro y mantenernos unidos.
Amanece, aguardo en cama con mi cuerpo tenso. Sigo dubitativa, sin embargo ahora prima en mi la amistad y la confianza y recuerdo aquello, poder parar cuando yo lo diga, pero también en mis pensamientos rondaban la imagen supuesta de Valeria penetrada por Felipe.
Me baño y estimulo mi cuerpo con crema muy liviana, me miro desnuda al espejo…. Nada mal, aunque algo ojerosa. Ya se me pasará. Desde el desayuno hasta las 11 am, mi nerviosismo y deseo se combinan. Imagino mil cosas y cada vez mas excitada. Me visto en forma sencilla, asumiendo que prima la facilidad de ponerme como quitarme prendas. Esta vez, un conjunto interior de encaje y seda, falda adecuada, zapatos sin tacones, sin medias, Un polerón holgado, pero fácil de quitar y a la vez que dejaba apreciar mis tetas. Repaso la depilación de mi vagina, y no sabiendo cuanto de mi entregaría, me aplico la pipeta desorodizadora y lubricante de culo por si, en una de esas, tengo sexo anal y salgo rumbo a mi nueva aventura.
Valeria me recibe con afecto e intimidad, No hace preguntas ni suposiciones, Actúa con naturalidad y me lleva al interior. Me dice: te parece almorzar en una hora, Mario no llegará antes de las 2 pm y creo que nos acompañará desde las 3 en adelante. Le digo que mi hora límite es las 7 pm. Responde: mas que suficiente.
Conversamos nimiedades en su pequeño saloncito. La mujer que apoya el servicio se asoma y le dice: ¿le dejé todo listo, ahora me puedo retirar? Recibe el si y luego Valeria me dice. Nunca hacemos nada que pueda trascender mas allá de nuestras paredes. La privacidad y el secretismo es fundamental en lugares como estos.
Nuestro almuerzo estuvo plagado de contarnos anécdotas y remembranzas de nuestras vidas. Ambas sentíamos la necesidad de comunicar nuestras experiencias de todo ese tiempo que dejamos de vernos. Ella me va detallando su evolución sexual, iniciada hace ya 5 años, yo, lo poco en tres meses. Bebimos con moderación, y así, el clima de compartir se va distendiendo. Terminado ese sencillo almuerzo, recogemos la vajilla y la ponemos en la lavadora. Valeria me toma de la mano y me dice. Vamos a conocer nuestro rinconcito.
Subimos al segundo piso, la casa tiene como un pasillo en contorno. Entra a una pieza como escritorio y de un cajón hurga algo y saca una caja con clave, la abre y de ahí, una llave con distintivo de llavero. Vuelve a tomar mi mano y me lleva hasta una puerta cerrada, la abre con la llave y entramos.
Mi sorpresa fue inmensa. Un lugar lleno de luz desde arriba, con colores neutros. Una cama tamaño King, impecable, muebles de diferentes tipos, algunos totalmente desconocidos para mí. Tres divanes amplios, adosados a una pared varias colchonetas impecables, almohadas y almohadones distribuidos por doquier. Armarios cerrados. Había un suave olor a lavanda, las alfombras muy mullidas y atractivos diseños. Una enorme pantalla de TV. Dos puertas anexas. Una daba acceso a un baño con dos enormes tinas, lavatorios, bidet, duchas. Armarios de vidrios con toallas blancas impecables. La otra puerta, otro baño, con WC y duchas y toallas distribuidas en diferentes taburetes. Luego, me lleva a la sala nuevamente y abre un estante, en donde colocados en un impecable orden se apreciaban consoladores de diferentes tipos, incluyendo botones de culo, cremas y lubricantes. En una esquina, un pequeño mueble tapado que parecía mas bien como una montura. Ella va a un lugar y acciona un botón y la sala automáticamente empieza a cerrar los tragaluces y da paso a una penumbra que compensa la iluminación artificial que ella regula con un dimer. Me mira y me dice: ¿Qué te parece?
Yo asombrada, apenas puedo gesticular palabras. ¡Increíble, nunca pensé conocer un lugar así! La atmósfera del lugar inclinaba y exhalaba a sexo. Quien sabe cuántos actos colectivos o simples habían acontecido ahí. Valeria me dice. Adquirimos la experiencia en Praga y Varsovia, allá hay lugares maravillosos que te crean un ambiente de sexo al cual tú te entregas sin restricciones.
Luego me mira. Nosotros empezaremos con luz natural, te parece?
No alcanzo a responder y la luz artificial se atenúa y la luz solar nos vuelve a iluminar. Agrega: quiero verte en todo tu esplendor, yo te encuentro preciosa. Medio atragantada, le respondo, yo pienso lo mismo de ti.
Me toma de la mano y junta su cuerpo con el mío, empieza a besar mi cuello, mis mejillas y me acaricia con suavidad. Me dejo llevar, es como el primer intento fallido, mis pensamientos vuelan a esos 16 años y me dejo llevar. Me saca mi polerón y besa mi pecho, mis brazos desnudos, mi cuello. Se enciende en mi la pasión, retribuyo con caricias en su espalda y le dejo la iniciativa. Va a mi falda, que la suelta y deja caer. Siento que estoy siendo suya y esa actitud sumisa me gusta. Luego, mi sostén cae sobre un taburete adosado a la cama. Mis tetas son objeto ahora de toda su atención, me las acaricia, me las aprieta con suavidad, luego lame mis pezones que responden automáticamente poniéndose duros y creciendo en forma impúdica. Mete su mano derecha por detrás y baja hasta mi culo presionando hacia abajo mi calzón. Sus dedos, muy diestros entran en mi vagina, que ya da los primeros signos de humedad intensa. Me sigue acariciando mientras me dice decenas de palabras deliciosas a mis oídos y que me halagan en extremo. Me empuja suavemente hacia atrás y me siento en el borde de la cama, desnuda completa. Ahora tomo la iniciativa y con lentitud la voy despojando a ella de sus prendas. Se deja llevar y asume una actitud sumisa, mientras ahora yo magreo sus tetas que siempre quise tener en mis manos, boca y chupar esos pezones, pequeños, pero duros y de un color rosa que no conocía. Tomo con ambas manos sus nalgas, duras y casi perfectas, pienso en mi Felipe y el placer que tendrá de hacerle lo mismo y luego incursionar su ano. Ya en ese momento decido seguir hasta el final, con tal que Felipe pueda culeársela, porque asumo que la va a disfrutar.
Cuando le sugiero con ademanes de irnos a la cama, ella se levanta, va hacia el armario y saca tres consoladores, uno de silicona mixto, es decir con dos penes y dos vibradores de culo. Me los muestra y asiento. Primero, me lubrica mi ano y empieza a penetrármelo con suavidad. No tiene que hacer mucho esfuerzo, finalmente ya dentro, entiendo que eso es lo normal en estos casos y así voy tomando nota. Ella a su vez, se pone de lado y me ofrece su culo para que se lo introduzca. Le paso el dedo por su ano con gel, contemplo ese ojete fascinante, mi dedo entra en él con facilidad y ella ya me responde con un: ¡qué rico! Luego, sin mayor demora, empiezo a metérselo, lo que hago de una vez, porque su esfínter cede fácilmente.
Valeria me pregunta: ¿Disfrutas que te lo metan por el culo? Le respondo. Si, totalmente. Felipe me sodomizó el segundo día de mi luna de miel. Ella me dice, a su vez: ya tenemos una coincidencia, Mario también me desvirgó el mío al segundo día.
Entonces, cada cual incorporó a su memoria el placer de darnos sexo anal y con el remoto en mis manos, lo hago vibrar y simultáneamente, ella lo hace con el mío. De ahí, los besos, caricias y chupadas de tetas, masturbarnos con los dedos, sin llegar todavía al sexo oral, nos llevó al primer orgasmo anal casi simultaneo, con la diferencia que Valeria toma la iniciativa, mientras tenía el suyo, de ir a mi vagina y lamerla, introducir su lengua, abrazarme y acariciar mis tetas, que me tuvo acabando por casi 5 minutos continuos hasta que le digo, con la voz casi trémula del placer: por favor para.
Me siento agotada. Nunca antes había tenido un orgasmo ininterrumpido tan largo, mi corazón latía acelerado, me faltaba hasta la respiración y de mi vagina seguían saliendo fluidos. Estaba agotada, relajada y a la vez terriblemente excitada por el exceso de liberación de hormonas femeninas. La habitación se impregna de nuestro aroma, a ese peculiar olor a coito que producen, en especial las mujeres en sus orgasmos. Nos abrazamos, ella también ha tenido orgasmos, pero no como los míos. Siento que me estoy regularizando y llega mi momento de corresponderle, pero Valeria es mas avezada y me lleva a un 69 invertido, en el que coloco todo mi empeño en hacerle sentir también mi poder de masturbarla como ella se lo merece.
En conjunto con nuestras lenguas complaciendo a nuestras vaginas, yo acaricio su cuerpo con mis manos. Recorro su espalda suave como un terciopelo, llego a su culo, con esas nalgas duras y redondas, llego con mis dedos hasta su ano, en que sigue incrustado el consolador. Sus tetas, casi enterradas en las mías tenían esa contextura de hembra, una dureza que las mías no habían logrado. Su lengua en mi vagina era perfecta, lamía mis labios, alternaba con metidas a fondo y luego nuevamente repetir la acción.
Mis pensamientos vuelan a Felipe y lo veo culeando a mi amiga, lo observo como disfruta de su cuerpo, de ese sentido de hembra que sugiere: domíname. Y creo que en ese momento decido ir con todo, pues Felipe se merece culear a una mujer tan deliciosa como mi amiga Valeria.
Yo también hago lo mío, Ella también me acaricia, pero yo aprecio mi logro. Ella empieza a tener orgasmos antes de yo repetir los míos. Mi cara se llena de sus fluidos. Cada orgasmo es muy intenso, ella se estremece, el vibrador en su culo le hace mover sus piernas con mucho ímpetu. La estoy llevando al climax y hasta que exhala, fuerte, intenso, sale mucho fluido y me dice, por favor detente. La dejo, nos separamos, nos tendemos rendidas. Se vuelve hacia mi, me mira y dice: Laura, no solo has sido mi mejor amiga, sino creo que el destino no permitió en esa oportunidad que llegáramos a concretar lo que ahora tuvimos. No solo eres fantástica, sino muy atractiva, tienes esa fuerza y naturaleza de hembra que te hace maravillosa, has sido algo increíblemente placentero para mi tener este sexo contigo, apreciarte como mujer, disfrutar tu cuerpo exquisito y llevarme a unos orgasmos que no conocía de una mujer.
Recibir ese alago de una mujer con mucha experiencia, que ha conocido sexualmente a muchas mujeres, hacerme saber que soy deliciosa sexualmente, que la complací, que tengo atractivo creó en mi esa confianza que hasta el momento tenía en duda. Nos tendimos a descansar y yo me quedé dormida.
No sé, con certeza cuanto rato dormí, pero voy despertando con el roce de unas manos suaves que me acarician mis tetas, mi estómago y luego mis nalgas. Así, como en la lejanía escucho voz de mujer que dice: ¿sigue hermosa, no es cierto? Y ya despierto y observo a Mario, tendido a mi lado, desnudo que me acaricia, junto con Valeria. Yo estiro mi mano izquierda y sin intención toco un pico duro apoyado sobre mi muslo. Empieza por un beso de esos que a una le llevan el alma, luego va bajando lentamente lamiéndome cuello, mis tetas, vientre y yo en forma instintiva separo mis piernas y le ofrezco mis labios vaginales, húmedos y deseosos. Se acomoda y me da un sexo oral tan intenso de lengua, alternando con dedos expertos que en cosa de tres a cuatro minutos de disfrutar de esas caricias, me llevan a un nuevo orgasmo. Aprecio que estoy extraordinariamente sensible en cuanto a mi libido, no sé de dónde me salen palabras y le digo: ¡Penétrame!
Me ofrezco, levanto cadera en el momento que siento su glande en la entrada de mi vagina. Su glande se abre paso con facilidad y en ese momento mi mente se ilumina y razono: tu segundo pico. Y claro, noto la diferencia, el mismo pico por 25 años, la casi misma rutina, todo eso comparado ahora. Un miembro mas grueso, un glande mas grande, un ritmo diferente, un hombre culeándome distinto. Me viene ese morbo sexual. Valeria me pregunta: Está rico? No le respondo, pero ya sabe la respuesta, está en mi respiración y en como asumo postura para disfrutarlo mejor. Me sigue preguntando: Te gusta culear? Respuesta: Siiiii, te gusta el pico de Mario? Siiii, qué mas quieres? Respuesta: por el culo? Ella continúa: Entrega total? Siiii, y ella asume entonces una actitud mas activa, me chupa mis pezones, me da besos con lengua, mientras Mario hace de mi su sumisa sexual, con suaves y profundas arremetidas. Los orgasmos son sucesivos, no queda tiempo para recuperarse, ya no los cuento. La pareja actúa tan coordinadamente que una pierde noción de sus sentidos y lo único que está presente es ese placer corporal que solo lo pueden comprender las mujeres que han podido llegar a este mismo estado de calentura sexual. En realidad, no hay forma de describirlo, es tal el cúmulo de sensaciones y acciones físicas, que esta forma de culear podría decirse es perfecta.
Empiezo a sentir cansancio y mi relajo ya es generalizado, me llega el último orgasmo cuando Mario me pregunta: Semen, dentro o fuera? Respondo dentro. Y siento esa lechosidad caliente que me inunda, que me llena y entre un orgasmo intenso y casi agónico, los espasmos, la visión de Mario encima de mí y de Valeria contemplándome con una mirada casi desconocida, me siento pletórica y hembra entregada.
Se sale de mi, Valeria pone una toalla en mi vagina y observo el pico ya algo lacio de Mario. Mas grueso que el de mi Felipe, pero un poco mas corto, en todo caso, llegó a mis ovarios exactamente igual. Me lo ofrece para que lo chupe, es decir, acompañar a Valeria a dejárselo reluciente. Chuparlo y tragar sus últimos fluidos fue para mi un momento de mucha reflexión, ahí supe que desde ese momento, tendría dos hombres, al menos en mi vida.
Nos tendemos y relajamos, pero Valeria está muy caliente y sin darle mayor tiempo, empieza a chupar el pico de su marido. Yo también me sumo a su tarea, creo que es lo que corresponde. Total, vine a eso, a culear, a aprender y a disfrutar. Mario se recupera y penetra a Valeria. Verlos culear ha sido uno de los actos mas provocativos que he visto. Valeria se pone en posición mirando a los pies de Mario y se penetra, alternando culo y vagina hasta que ella acaba en forma copiosa y con muchas exclamaciones de placer. Verla, todo un espectáculo de como se debe hacer para disfrutarlo sin reparos. Ella se sale, Mario sigue con su miembro muy duro, pero toma su descanso junto a nosotras.
El tiempo pasa, lentamente la luz se va yendo y le digo a Valeria. Te recuerdo mi hora límite. No quiero llegar a casa tarde.
Me dice: no te preocupes, tenemos tiempo mas que suficiente y me coge con sus manos y así, reanuda nuestro accionar en detalles como besos, caricias tetas, culo y nuevas caricias. Me mojo con bastante facilidad, no obstante que hace una hora me encontraba totalmente laxa y carente de impulsos, los besos de ambos, su sexo oral, un pico nuevamente duro, encendió en mi la pasión y nuevamente sentí esa sensación intensa de sexo integral del que ahora disfrutaba. Estoy muy mojada, mi culo late por los reiterados impulsos vibratorios que emitían el vibrador inserto en él. Valeria me hace tenderme de lado y me lo saca lentamente. Mi ano lo siento dilatado e intuyo que Mario me va a penetrar.
Pero no, se levanta y mueve ese sitial que ya antes había observado y lo empieza a desplegar. Es un sitial adecuado para algo mas que sentarse, porque tiene reposeras para pies en los costados, unos buenos brazos laterales que se pueden ajustar en altura y también una especie de base tipo reclinatorio. Valeria mi invita a levantarme, Mario se sienta y ahí comprendo la finalidad del artefacto. Me lleva a su lado, me hace dar vuelta y que mis manos se apoyaran en los brazos laterales. Me señala donde apoyar mis pies. Estoy curiosa, desnuda y desvalida, así que sigo todas sus instrucciones. Una vez en la postura inicial, entiendo lo que sigue. Mi postura corporal es de espaldas a Mario, mi culo apunta directamente a su pico, que estaba inhiesto y duro. Al ir sentándome, me doy cuenta que mis nalgas se separan solas, no hay necesidad de ayuda para descubrir la entrada de mi ano, que, lubricado como estaba, se desliza y siento como esa masa de carne dura y deliciosa se abre paso con mucha facilidad. Quedo igual que si me hubiesen condenado a morir en la picota, con la diferencia que esta picota estaba dándome un placer desconocido y que había entrado hasta donde nunca antes un glande había incursionado.
Hay pocas posibilidades de hacer un mete saca, me siento deliciosamente empalada y asumo que así vendrán mis orgasmos; pero no, faltaba el complemento. Valeria se ubica delante mío, se arrodilla en el borde de ese reclinatorio y ahora se me aclara lo que viene, porque su cabeza está justo frente a mi vagina, que en la postura que me encontraba, penetrada analmente y con mi vagina expuesta, no solo imagino, sino que en cosa de segundos observo su cara hundirse en mi entre piernas. Empieza por besar y lamer mis muslos por el interior. En conjunto Mario me besa cuello, orejas y aprieta en forma simultánea mis tetas, juega con mis pezones y yo, no se cómo, logro dar vueltas mi cabeza para sentir su lengua en mi boca.
La lengua de Valeria se introduce en mi vagina, eso me hace estremecer, luego con un vibrador de clítoris, me lo aplica y sin darme cuenta, entrego mi primer orgasmo, largo, con quejidos, pero solo es el comienzo, luego repite la operación, esta vez combina sus dedos y lengua en mi vagina y aplica el vibrador un poco mas adentro, nuevo orgasmo , esta vez mas largo.
No hay ningún movimiento pelviano, ni de Mario ni mío. Si, se hacen presente mis contracciones de útero y anales como respuesta al placer que siento, son contracciones fuertes productos de sentirme empalada, con un glande cada vez mas hinchado y el sexo oral combinado de Valeria. Dos orgasmos casi consecutivos, creo que estoy bañando la cara de Valeria con mis jugos vaginales, mi culo trata de acomodarse mejor, pero, no, son contracciones anales como réplica de las mías vaginales y así, consecutivamente, dos nuevos orgasmos y acabo en la boca de Valeria, que ávida, me lame mis jugos, ahora muy copiosos, hasta su pelo se impregna con ellos. Ya mis tetas no las siento, el glande de Mario explota y siento ese semen caliente fluir y fluir en mis entrañas. Así supe, por primera vez, el ser enculada…. No un simple coito anal, no; lo que se llama realmente enculada, profanada, poseída como los romanos poseían a sus esclavas.
Valeria me ayuda a levantarme, Mario también lo hace. Nos abrazamos los tres. De mi culo fluye semen que Valeria contiene con una toalla. Nos besamos con ternura y ambas nos vamos al baño. Ducha larga, relajante. Nos damos un tiempo en nuestro aseo, secarnos el pelo y arreglar nuestra apariencia exterior. Estoy extenuada, Valeria y Mario se ofrecen acompañarme en el trayecto a casa, estimo que no. Nos despedimos con afecto y respeto, ellos con la satisfacción de haberme culeado como ellos mejor lo disfrutan y yo, con un culo aun dilatado y una sensación de mujer nueva y diferente.
Cuando llego a casa, Felipe ya ha llegado. Dejo el auto en el cobertizo y él sale a recibirme. Me tenías preocupado, tu teléfono no contestaba. Me abraza y besa. Siento esa sensación de haber llegado al refugio perfecto, me dejo llevar casi en sus brazos, me vuelve a besar, entramos y lo miro. Sin preámbulos, sin explicaciones previas, le tomo ambas manos y le digo: ¡te he sido infiel!








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