Yo le había dicho a mi padrino desde antes:
—Hermano, esta noche se la va a coger usted. Yo quiero verla llena de verga ajena el mismo día que se casó conmigo.
Ella escuchó y solo se rio, toda putita.
—Hágale pues… yo también quiero que me la meta ese man.
El padrino no se hizo el difícil. La empujó contra la cama, le abrió las piernas de un jalón y se le tiró encima. Ella ya estaba empapada, el coño peludo y rosado brillando de tanto jugo. Él se bajó el pantalón, sacó esa verga gruesa y se la embrocó de un solo empujón hasta el fondo.
Ella soltó un grito cochino:
—¡Hijueputa… qué rico! ¡Métamela toda, papá!
Yo me senté frente a ellos, me saqué la polla y me empecé a pajeár viendo cómo mi esposa recién casada se dejaba reventar el coño. Cada embestida le hacía temblar esas tetas enormes, los pezones duros y rosados, y ella con la boca abierta, la lengua afuera, exactamente como en esa foto.
—Más duro… ¡cógesela como puta! —le gritaba yo al padrino.
Y él le daba más duro. El sonido de la verga entrando y saliendo era un chap-chap sucio, mojado, de coño bien follado. Ella se agarraba las tetas, se las apretaba y le decía al oído:
—Lléname… córrete adentro… quiero sentirla caliente.
Cuando el padrino se vino, se la clavó hasta el fondo y le descargó todo el semen adentro. Ella se corrió también, temblando, con los ojos en blanco y la lengua afuera, gemiendo como una perra en celo. El semen le empezó a salir del coño, espeso y blanco, resbalando por el culo mientras ella seguía con las piernas abiertas.
Después el padrino se retiró sin decir mucho y nos dejó solos. Apenas se cerró la puerta, mi esposa se me tiró encima, se arrodilló entre mis piernas y me metió la verga en la boca como una loca. Me la chupaba con ansias, babosa, profunda, mirándome a los ojos mientras me la tragaba casi entera. Yo le agarré el pelo y le di en la garganta hasta que se me salió todo el semen. Ella se lo tragó completo, sin dejar caer ni una gota, y después se lamió los labios con esa misma cara de puta satisfecha, todavía con la corona torcida y las tetas afuera.
Esa noche hubo más que eso. Y esa imagen se me quedó grabada para siempre.








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