Visita de retribución
Relato de comunidad Tríosschedule 34 min de lectura calendar_today Septiembre de 2026

Visita de retribución

Soy Laura. En mi anterior relato les describo todo lo acontecido en mi primer trío con mi amiga Valeria y su esposo Mario. El compromiso fue que Valeria tendría que retribuir la visita, yendo a casa para complacer a mi esposo...

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Luego de decirle a mi marido, a boca de jarro: ¡Te he sido infiel! Hubo un breve silencio, como aquilatando su respuesta. Esta se manifiesta en su actitud, terriblemente protectora, que en realidad me desarmó. Tenía decenas de respuestas para cada una de sus preguntas, pero no fue así. Me tomo de mis hombros, me abrazó con mucha ternura y cariño; luego me besó, con suavidad. Esos besos continuaron y se fueron intensificando y en mi empezó a circular esa tibieza que tantas veces compartimos. No hubo preguntas, no hubo reproches, solo esa manifestación de algo que se llama amor incondicional.

Sus besos fueron cada vez mas posesivos, sus manos recorrieron mi espalda desnuda y luego bajaron hasta mis nalgas, las que apretó contra su parte baja y ahí comprobé su dureza.

En mi renació el deseo, cansada como estaba, de todas maneras, el estímulo de mi marido fue un incentivo prioritario en mi calentura. Subimos lento y sin premura hasta nuestro dormitorio, me desnuda por completo y me contempla, con esa mirada sostenida que muchas veces me hacía sonrojar. Se desnuda, me besa con mas pasión, bajando desde mi boca, pasando por mis tetas, luego mi estómago y me separa las piernas, mete su lengua en mi vagina, dos dedos en mi culo y me masturba como aquella primera incursión anal que me hiciera en el segundo día de nuestra luna de miel. Luego sube, me ofrece su pico que chupo con deleite. Versión extra, ya había aprendido la modalidad “garganta profunda”, así que ese glande se puso mas duro todavía. Me invita a ponerme de espaldas, cosa que no hacemos con frecuencia, pone mis tobillos en sus hombros y me penetra, así, de una, sin miramientos, sin mas preámbulos. Mi vagina estaba preparada, pero esa acometida la sentí diferente; un mensaje de dominio y posesión. No me estaba haciendo el amor, no, me estaba culeando.

El sentirlo dentro mío, con esa invasión tierna y agresiva, con ese glande dándole duro a mis ovarios, con mi pelvis levantada y con un orgasmo en la puerta del placer, me entregué plena a sus impulsos y mientras preguntaba: ¿De quién eres? Y yo entre murmullos y respiración entrecortada respondía: Tuya, a lo que él sigue: ¡Quién te desvirgó?... ¡Tu!... ¿Quién te hizo mujer?.... ¡Tu! y así, sucesivamente otras preguntas como: ¿qué me vas a dar después? Respuesta: chupar tu pico y tragarme tu semen… ¿Qué otra cosa me vas a dar? Digo entre los espasmos de un nuevo orgasmo: ¡Mi culo! Este diálogo incitador ya lo habíamos tenido en otros momentos de intensidad, pero así, como ahora, en que me culeaba con mete-saca, yo diría, muy posesivo, que me hicieron sentir sumisa, entregada y gozadora. Perdí la cuenta en el octavo orgasmo, hasta que Felipe da muestras que eyaculará y saca su miembro de mi vagina y va a mi boca. La abro y recibo su semen caliente, sabroso, delicioso, mientras con mis dedos me sigo estimulando mi vagina y termino por tragarlo todo y así lo mantengo en mi boca hasta que ya no gotea, y termino por limpiarlo por completo lamiendo su entorno.

Nos tendemos uno al lado del otro. Me abraza y con mi cabeza en su torso, me dice: Ahora cuéntame que pasó. Con esa sensación de complicidad, que nace de una relación basada en el profundo respeto a las decisiones de cada cual, sin premuras ni interrupciones, escucha con atención cada uno de los pasos que di, mis razones y resultados.

Cuando termino, hay preguntas. ¿Lo disfrutaste?... Si, mucho. ¿Diste tu culo?... Si, Ella, tu amiga, ¿estuvo bien en todo, fue respetuosa y considerada y valoró que su marido fuera tu segundo hombre?... Si, mucho, me sentí cómoda y respetada.

¿Y mañana, crees que vendrá y cumplirá con el trato que hiciste?.... Si. Entonces la disfrutaremos, ya que es tu primera conquista femenina que haces para mí, y agrega en tono de broma. Me estás preparando un harem…. Risas de ambos y nuevas bromas.

Bajamos a comer algo y luego nos duchamos y nos fuimos a dormir. No hubo sexo de nuevo, Felipe me dice a manera de broma: tengo que estar muy bien para mañana, para que tu amiga se vaya por completamente satisfecha y feliz del su trato que hizo contigo.

Sábado, nos levantamos temprano y preparamos un buen desayuno, adelanté nuestro almuerzo y nos vestimos adecuadamente para nuestra visitante. Felipe estaba bastante excitado, no recordaba con precisión a Valeria, pese a que en el intertanto le mostré fotos de nuestro matrimonio. En todo caso, al mirarlas, solo atinó a decirme: en sus tiempos, nada mal, así como un simple comentario al pasar, pero yo lo conozco y me acerco a él y le toco su miembro: estaba en estado semi duro, lo que significaba que si estaba algo ansioso de reconocerla y luego disfrutarla.

Cinco minutos antes de las 11 nos llaman de portería de la entrada controlada que teníamos en común con los demás parceleros. Atiendo y el portero me dice: señora Laura, acá solicita el ingreso una señora Valeria y agrega su apellido: me dice que va a su parcela. La cámara de control de acceso muestra el rostro de ella y respondo: si, por favor dele la pasada y las indicaciones para llegar acá. Gracias.

Once tres minutos cruza el portón de nuestra parcela que ya había abierto. Un vehículo negro grande Jeep. No tenía idea de cuál era el nivel de vida que tenía Valeria, pero ahora ya empecé a conocerlo. Estaciona en el frontis y yo bajo los escalones de la terraza de acceso de mi casa y le ayudo a descender. Al contrario de mi, ella viene vestida regia: Falda corta, blusa abotonada y chaqueta corta liviana que hacía conjunto con su falda. Zapatos con tacones, piernas desnudas, peinada, maquillaje suave. Realmente impactante, me sentí hasta cohibida pensando en mi presentación de ayer y como ella vestía hoy.

Siendo casi fines de marzo, todavía hacía calor, pero eso no le impedía vestirse de una manera conforme a su estilo. La recordé en su juventud, adoraba verse bien y en esta ocasión, no había sido diferente.

Entramos a casa y Felipe baja desde el segundo piso en forma lenta y pausada. Ambos se contemplan con detalle, posiblemente aquilatándose y asumiendo lo que venía. Ya en el primer piso, se acerca a Valeria y le dice: bienvenida a casa y acto seguido la abraza con suavidad, le besa la mejilla y le dice: ahora si te recuerdo perfectamente, esa forma de pararte y tu figura de nuevo se me hace familiar. Han pasado años, y mantienes ese encanto y atractivo de mujer.

Ella dice. ¿Tú crees? Respuesta: Si, de todas maneras. Luego se dirige a mi y me dice en tono de pregunta: ¿Por qué no le llevas en un recorrido por nuestra casa? Yo prepararé mientras un pisco sour.

La tomo de la mano y la guío por el primer piso, en las habitaciones principales. Nuestra casa, la ex de mi suegro quien la habíamos heredado, se configuraba en un estilo clásico y moderno con toques de casa patronal del antiguo fundo que fuera sub dividido en parcelas. Comedor grande, sala de estar, solón principal, terraza, la piscina y sus contornos. Teníamos un lindo jardín, que yo me preocupaba de mantenerlo lo mejor posible. Omití el resto del primer piso porque apareció Felipe con sus copas preparadas, una tabla de quesos y entremeses.

Nos sentamos a la sombra del toldo de la terraza. La mañana llena de sol inundaba el valle. El aroma mezclado de campo y ciudad impregnaba el ambiente. Nos sentamos, dejando a Valeria en medio y conversamos de cosas variadas hasta tocar el tema que nos atraía hasta ese momento. Valeria relata que su experiencia de sexualidad compartida se había iniciado en un viaje que hicieron a Europa hace 5 años y que en Polonia conocieron a una pareja de edad similar a la de ellos en esos años. Que compartieron como amigos y compañeros de ruta y que deciden ir a las costas del Báltico para disfrutar de mar, arena y sol. Que en ese lugar, la costumbre es que las mujeres luzcan su torno desnudo, al igual que los hombres y que el varón polaco reparó en sus tetas y las clasifico como “hermosas”, que Mario a su vez califico las de la mujer como “deliciosas”. Y como dato, agrega que en inglés el término delicioso se asocia como a algo sabroso, algo que se toca y saborea y que a contar de esa simple expresión, se desarrolla toda una temática de lo que es compartir placeres hasta acordar hacer un intercambio completo.

El trago, el calor y la conversación fue algo complementario a la temperatura ambiente. Primero Valeria se quitó su chaqueta, yo estaba con una solera con mangas y sencilla, así que el calor reinante no me afectaba tanto. La noto incómoda y le propongo: ¿te gustaría entrar a la piscina? Me mira fijo y ahora con voz un poco mas perentoria digo: ¡ven, vamos!

Se levanta y me sigue. Adyacente a la terraza tenemos una pieza destinada a los artículos de la piscina, un parte es vestidor, ya que hubo ocasiones, en el pasado que mi suegro recibía visitas grupales, por lo tanto, el lugar fue habilitado con todo lo necesario. Busco entre los estantes un bañador o un dos piezas apropiado para Valeria, pero no hay partes de arriba de los dos piezas y los bañadores eran pequeños. La miro y propongo: vamos así, sin nada. Responde: Claro… por qué no?

Nos desvestimos y ambas salimos a la terraza desnudas completas. Por supuesto, nuestra salida fue muy atractiva para Felipe, que no dejó de observar a Valeria ni un solo instante. Ingresamos al agua, previa ducha y estuvimos en ella por largo tiempo. Se sentía bien, Valeria se me acerca y me dice. Es delicioso estar acá desnuda. Creo que a Felipe le he gustado, así que lo pasaremos bien. Agrega… sin celos? La miro muy fijamente y le respondo: absolutamente, sin celos ni censuras, lo que quieras hacer, lo haces, lo que te quieran hacer lo haces y lo que quieras compartir conmigo, lo mismo. No por nada nos conocemos hace mas de 30 años y no será este el momento de iniciar un alejamiento, cuando recién nos estamos acercando. Tú, ayer, me diste una clara señal de respeto en el sexo compartido, me estimulaste y me diste todas las oportunidades para disfrutar un buen sexo con tu marido y así será de hoy en adelante, entre los cuatro.

Pasamos unos 30 minutos en el agua y luego nos sentamos en su orilla. Felipe se había retirado al interior con lo que habíamos ocupado en el aperitivo. Ahí, yo en el agua y Valeria sentada con sus pies en ella, ambas desnudas, nos contemplamos y de repente ambas reímos en forma simultánea y sin ponernos de acuerdo, decimos: ¡Estás rica!

Nos dio casi ataque de risa, luego, en la medida que nos fuimos calmando, nos miramos en serio. Yo tengo mi pensamiento y Valeria el suyo. Ella separa ligeramente las piernas y deja ver su vagina. La tiene húmeda, su entrada es plana, con labios vaginales delgados, depilada con esmero. Al separar sus piernas, se entreabre esa vagina y muestra sus labios vaginales internos, de color rosado y una diminuta entrada, ahora entreabierta, deliciosamente mojada. Voy hacia ella, le separo mas sus piernas y meto mi cabeza entre ellas, mi lengua lame con suavidad sus labios vaginales y poco a poco me va facilitando mi tarea y se deja llevar por el placer de recibir sexo oral. Acaricia mi cabeza y poco a poco va entrando en la zona de éxtasis. Sus pies empiezan a agitarse ligeramente en el agua y el orgasmo fluye con placidez y persistencia. Cuando hay signos de relajo, me aparto y mis ojos se posan en Felipe que silencioso, estuvo observando todo el momento de nuestro sexo lésbico. Ambas salimos del agua, tomadas de la mano, tranquilas y relajadas. Felipe nos mira y nos dice. ¡Buen comienzo! Y las dos nos reímos en forma simultánea.

Vamos al vestidor y Valeria asume que vestirse de nuevo con esas prendas que trajo, no venían mucho al caso, yo, por mi parte, así también lo consideré. Tomo su canasto en que estaba su ropa y le paso mi solera. ¡Pruébatela! Le digo en tono algo perentorio. Ella se la pone y si, le queda, un poquito apretada, pero ese detalle no hace otra cosa que mejorar su apariencia sensual. Sus tetas se delinean por completo y resaltan sus pezones. Su cintura plana y sus caderas quedan perfectamente en el talle y ni decir de su culo, perfecto, redondo, paradito, como ella lo tenía. La solera es de por si corta, pero esta vez, por lo ajustado, dejó apenas espacio para las piernas, tal entonces que ambas salían justo de debajo de sus nalgas y le daban una presentación muy insinuante y atrevida. La miro y le digo: Ni que lo hubiésemos planeado.

Subimos al segundo piso, en mi dormitorio elijo a mi vez un vestido corto que hacía ya unos 4 años que no lo usaba, ahí noté la diferencia de mi cuerpo, pues al ponérmelo, quedó tan justo que mi cuerpo también quedó por completo dibujado a través de la tela. Valeria me dice: mis calzones, la miro y me río. Creo que tendremos que ir así no mas, no creo que nos quepan. Ahora la risa es de ambas y así salimos del dormitorio, bajamos al primer piso y entramos al comedor de diario en donde Felipe terminaba de presentar la mesa y servía una sopa de espárragos naturales que habíamos preparado. Nos mira a ambas, nos re mira y nos dice: ustedes están provocando, no vaya a resultar que nos quedemos todos sin almorzar, haciendo alusión que la provocación podría derivar en que los tres nos fuéramos a disfrutar del sexo.

Prima la razón, con la sopa, luego una carne fría con ensaladas, vino, risas, comentarios, anécdotas y buenas vibras de amistad y comprensión. Entre el aperitivo previo, el vino del almuerzo, creo que ambas nos empezamos a sentir “chisponas”, es decir, nos distendimos en cuanto a integrar nuestra conversación, ademanes y frases ardientes en pos de una excitación que cada vez nos hacía mas íntimas.

Terminado el almuerzo, levantamos la vajilla y cubiertos, los ubicamos en la lavadora. Valeria, no sé si con intención, se inclina para colocar las copas utilizadas en la base del artefacto y así deja expuesto su culo y se le ve claramente su vagina. Felipe está justo detrás y casi en forma instintiva desliza la mano por sus nalgas desnudas y Valeria reacciona de una manera inusual, suave, con ternura. Se da vuelta, se acerca a él y le toma su mano y se la lleva a su vagina, luego se pega a él y le da “un beso”, pero qué beso.

Yo los contemplo, apresuro el proceso y doy el vamos a la lavadora, al mismo tiempo que tomo a ambos de la mano y los llevo hasta nuestro dormitorio. Así como yo fui la sumisa el día anterior, Valeria hace lo mismo en esta ocasión. Ella, como siempre, dama y ubicada. Y así, con tono de mucho cariño se lo digo y ella, sonriendo me responde: Si, ambas damas muy ubicadas, pero calientes, cacheras y bi.

Felipe se sienta en el borde de la cama. Yo me ubico detrás, de manera que mis tetas se hunden en su espalda y el siente mis pezones duros, lo acaricio mientras él a su vez acaricia a Valeria, aún sentada en sus rodillas. Observo sus besos y sus manos explorando su cuerpo. Lo está disfrutando. Mi amiga está totalmente entregada al placer de mi hombre y yo siento un cosquilleo de satisfacción de ser parte de esta conquista. Mi mirada no pierde detalle de como ella reacciona, de cómo devuelve los besos y de cómo lentamente se va deslizando hasta el piso, luego se arrodilla delante de Felipe, le toma su miembro y lo acaricia con ambas manos. Lentamente empieza por lamerle el glande y de a poco, metiéndolo en su boca, hasta tragarlo entero. Mi hombre echa la cabeza hacia atrás y me mira, yo me acerco a su oído en forma queda y le susurro: es tuya, hazla gozar y gózala mucho, quiero ver como te la culeas, poséela, hazla tuya, no pienses en mi, solo dame el placer de observarla acabar, porque la he conquistado para ti.

De ahí para adelante. Para ambos dejo de existir, y yo asumo un plano cercano pero sin interferir, excepto que cuando Valeria por fin se tiende en la cama, yo la pongo algo de lado y con mucha suavidad le meto el consolador de culo, del cual yo tengo el control remoto. Ella se deja penetrar, sabiendo que ese es el complemento de lo que viene

Ambos siguen besándose, ahora ya abiertamente Valeria ha abierto sus piernas para que Felipe le dé sexo oral. No miro su boca ni vagina, mi mirada se centra en las reacciones de Valeria, su rostro, su boca y su expresión corporal. Los indicios que recibo me indican varias cosas importantes. Lo está gozando mucho, segundo, por muy cachera que ella sea, mi hombre si la está haciendo sentir mujer plena. Sus tetas, por ejemplo, cuando Felipe mete su lengua profundo, ella en forma instintiva se las aprieta a sí misma y en especial sus pezones, lo que hace que estos estén bastante hinchados. Le sigue que, poco antes de tener su orgasmo, ella levanta la pelvis para facilitar aún mas que esa lengua se introduzca en su vagina. Hay otras manifestaciones de su placer y entrega: como le acaricia su cabeza en los orgasmos, esos así, así que exclama mientras acaba, añade rico, rico, no pares, en fin, varias palabras que creo harían este relato ya largo, en algo repetitivo.

Ella lo toma por sus costados y le invita a subir con su cuerpo dando una clara señal de estar lista para ser penetrada. Observo con detención, como el pico, de mi hombre, comienza si ingreso en esa vagina y llega al fondo. Valeria cierra los ojos, posiblemente en esa vagina han entrado varios picos, pero tengo la impresión de que este si le ha significado algo que lo hace diferente. Yo me ubico a espaldas de Felipe, tomo las piernas de mi amiga y se las levanto hasta casi la vertical. Me mira y hay una silenciosa respuesta de agradecimiento. En esa postura, finalmente el pico de Felipe se aloja en sus ovarios y empieza el suave bombeo que a él le gusta hacer y así dominarme. Esta vez mi amiga recibe ese beneficio y voy contando sus orgasmos. La siento cansada, ha superado los ocho y vuelvo sus piernas a dejarlas descansar en sus pies. Ahora voy a su costado y en su oído empiezo a hacerle preguntas que tiene por objeto ejercer mi dominio y la inciten como mujer. Estas preguntas y orientaciones que les doy, ya las había practicado con Gabriela y resultaron altamente excitantes y proporcionaban una calentura adicional a la mujer que las expresaba: ¿te gusta culear? (respuesta: siii, mucho), ¿te gusta el pico de Felipe? (Siiiii, muy rico), entonces díselo y ella entre el placer de su orgasmo exclama como un signo de liberación: Felipe, me gusta que me culees, me gusta tu pico ahí, bien dentro mío.

Yo sigo, ahora dile que ahora eres su hembra Y ella repite: soy tuya, soy tu hembra.

Qué mas quieres de él, ahora lo digo ya en voz alta y Valeria responde. Que me vuelvas a culear… qué mas? Repregunto…. Seré tuya cuando tu quieras. Le pregunto con voz seria: ¿Cuándo él quiera?. Respuesta: noooo, cuando ambos quieran.

Finalizo preguntándole a ella: y qué otra cosa quieres después? Respuesta: que me encule.

Ella está exhausta, Felipe hace sus últimos mete y saca y se sale de su vagina y con prontitud va con su miembro a la cara de Valeria. Yo le digo: abre tu boca y chúpaselo. La eyaculación de mi hombre es invasiva y pese a que Valeria tiene su boca completamente abierta, el semen la desborda y voy en su auxilio, tal que ambas compartimos el maná varonil, nos lo tragamos y culminamos su coito con un beso apasionado que sella un tácito acuerdo de complacencia y mutua aceptación.

Luego, ambas con nuestras lenguas limpiamos el pene de Felipe con mucho esmero. Seguidamente, cada una de nosotras se tiende a su lado y lo rodeamos con nuestros brazos, así, denudas, entre caricias de los tres. Sin darnos cuenta, el silencio, la tranquilidad, el cansancio y la relajación nos lleva a un reparador sueño, del que despertamos cerca de las 5 de la tarde. Me preocupa el regreso de Valeria y se lo pregunto. Ella me dice: no tengo horario, si quieren, me quedo hasta mañana.

Eso me impacta, un cambio significativo, un aviso de independencia sin cortar el vínculo y sin dejar de lado la relación que ella tiene. Me muestra su libertad de decidir, pero al mismo tiempo su entereza de mujer en cuanto a que esa independencia no significa libertinaje.

Miro a Felipe y el asiente. Le digo a Valeria: nos encantaría. Ella me dice, le avisaré a Mario que me quedaré con uds esta noche. Yo, de pura casualidad le repregunto: él sabe, o asume que estás acá compartiendo sexo. Respuesta: lo sabe, entre nosotros no hay secretos, esa es la clave para actuar con confianza y respeto.

El calor ha cedido algo, Valeria se cubre con mi solera y yo con mi vestidito corto. Me mira y me dice: te ves muy sexy y deseable así, a lo que le respondo: y tu con la que llevas, puedes derretir un témpano. Nos reímos, nos divertimos, un ambiente extremadamente relajado, de confianza, de compartir amistad, libres de secretos, con deseo manifiesto de mujer, de sabernos ”cacheras”, en fin, de esas decenas de cosas que no se dicen, pero las miradas, los gestos y las actitudes las ponen en evidencia. Ahora éramos como dos hermanas en el sexo, compartiendo todo, sin reservas y asumiendo que desde hoy, cada cual tendría para si dos hombres complacientes y cada cual un marido amoroso.

Vimos el atardecer en la terraza, con esa sensación de calma en nuestros cuerpos, semi desnudas, con la vagina bien aireada, porque ambas llevábamos solo el vestido. Observar a Valeria con mi solera era realmente muy excitante, porque ya di detalles de como su figura quedaba muy en evidencia. Por mi parte, ella no dejaba de mirarme, porque mi vestido era de bastante delgada. Me dice: sigues siendo una mujer hermosa, muy atractiva y deseable. No sabes lo que valoro el que hayamos cruzado la línea de la intimidad. Desde aquel beso, que tenía en mi esa sensación de que algo en mi vida no estaba cerrado. Ahora lo está, pero con la dicha de que esa puerta que ahora se ha cerrada me muestra la que sigue. Ahora la hemos abierto y está llena de fantasías y deseos que en estos dos días han surgido.

Yo tampoco me quedo corta en halagos, en el sentido de observar como ella se conservaba con todos sus atributos juveniles y esa madurez de mujer que siempre fue como una guía para mi.

La tarde empezó a hacerse noche y los primeros aires nocturnos enfriaron el entorno y entramos. Nos arrellenamos en la sala, escuchamos música, acompañada de un delicioso trago, al mismo tiempo que el ambiente se fue haciendo mas íntimo. Valeria se para y me saca a bailar, acompasadamente. Ni que decir, que el estrecharnos hizo en cada cual sentir nuestros pezones, de ahí a apretarnos mas, pasar a los besos, bajar nuestras manos a las nalgas y empezar a jadear suavemente. Se nos une Felipe y el trío recomenzó, con nuestras manos acariciando su pico hasta que este dio una clara muestra de estar listo para culearnos. Repetimos ese recorrido rumbo al dormitorio, entre bromas y dichos muy serios.

Entrando al dormitorio, me despojo de mi vestido y ayuda a Valeria quitarse la solera, así como apuradas, sintiendo que nuestra calentura seguía aumentando. Felipe no lo hizo tan mal, y en segundos estuvo ahí, de pie, inhiesto para darnos placer. Valeria inicia sus caricias abrazándolo, yo, mas sumisa, me arrodillo para disfrutar de su pico en mi boca. Me fascinaba eso de metérmelo completo y retirarme con mis labios apretados y luego nuevamente adentro. La primera vez que practiqué esta modalidad de sexo oral, me atraganté y también en mis sucesivos intentos, hasta que Gabriela me enseñó de cómo se ubicaba mi boca en relación a su pico para que este llegara sin inconveniente hasta mi garganta. También me encanta el sabor del líquido pre coital que mi marido secreta, soy golosa y ahora mas, porque durísimo, como estaba, empezó lentamente a salir y yo lo disfruté sola.

Felipe recibía besos intensos de Valeria, no pongo en duda su cualidad en este aspecto. Sus besos son maravillosos, de una sensualidad que a mi me provoca e imagino que mas está disfrutando Felipe, considerando que tenía apretado contra su torso esos pezones duros y sus manos se desvivían entre el culo y la vagina de ella.

Yo empiezo a sentir cansancio de estar arrodillada y sin dar señal me empiezo a levantar. Valeria, con su neta intuición, empieza el proceso inverso y es ahora ella la que termina arrodillada y yo besando a mi marido. Su mano derecha va directo a mi vagina, muy mojada; me la penetra con dos dedos. Me aprieta a su pecho, mis tetas están a reventar y ahí, sin preámbulo, entregada a su arbitrio, tengo el primer orgasmo de esa serie de la tarde.

Seguir describiendo las caricias, el orgasmo de Valeria que junto con estar chupando pico se empezó a masturbar, porque mi orgasmo la provocó, en medio de esas pequeñas exclamaciones de placer de los tres, de pronto Felipe se mueve y dice: un momento chicas, vamos a continuar mas cómodos. Yo pensé iremos a la cama, pero no. Lleva a Valeria hacia el burrito y la acomoda. Ella entiende de inmediato que la van a encular y que será con penetración en serio. Yo la miro y le digo: Vas a ser retribuida en lo que yo tuve. Me mira socarrona, me desafía con la mirada , echa su cabeza atrás y su cabello cuelga hacia su espalda. Está magnífica, sus tetas hinchadas, sus pezones duros, su figura resalta y sin darme cuenta la deseé, en ese momento me la habría culeado, pero ya tenía internalizado que todos mis impulsos estarían canalizados por medio de Felipe.

La ayudo a acomodarse, rodillas y tobillos afirmados en el costado del burrito, inclinada hacia adelante. En esa postura, su culo queda totalmente expuesto, no hay necesidad de separar nalgas para tener a la vista el ano y por supuesto la vagina. Su torso está descubierto y sin apoyo, de tal manera que el varón tenga todo a su mano para complacerla; es decir, fácil de penetrar, tanto analmente como vaginalmente, tomarla de sus tetas, besar su espalda. La altura del burrito se adapta de manera que el pico del varón quede a la altura de las entradas, así, él no tiene que agacharse en forma incómoda y tampoco doblar rodillas o empinarse sobre sus puntillas. Una postura muy cómoda que le facilita el coito a “piacere”. Ella, a su vez, además de apoyarse en sus extremidades inferiores no puede recular, como ocurre en la penetración en postura de perrito, ni moverse cuando la están penetrando. Acá es el hombre quien lleva el ritmo y la fuerza de la penetración. Con el culo muy mojado, el pene, por lo general se desliza sin dificultades, si está muy seco, hay que lubricarlo. Bueno, en fin, doy esta explicación, porque fue en realidad Gabriela quien me dio las primeras instrucciones para usarlo y fue ella la que tuvo el placer de ser enculada, en la primera experiencia así de Felipe.

Luego, yo voy al sillín delantero, separo y apoyo mis piernas abiertas a la altura de su boca, porque la idea central es que una mujer complazca a una pareja. En otras palabras, mientras se la culean en esa postura, ella da sexo oral a quien se le ponga por delante, sea hombre o mujer. En esta ocasión, seré yo la beneficiada, es decir, cuando recibí el sexo anal de Mario en su famosa silla del placer, también fui beneficiada.

No acabo de instalarme y ya Valeria da claras muestras de estar siendo penetrada. Me toma de mis caderas y mete su lengua en mi vagina, algo muy delicioso, porque la postura separa también mis labios vaginales y la lengua puede penetrar mas profundo sin el problema de faltar el aire para respirar por la nariz. Percibo el ritmo que le está dando Felipe solo por sus reacciones de sus manos y su lengua. Veo sus ojos enviarme mensaje de que estaba gozando de una manera increíble. Yo lo sé, lo experimenté, ese coito anal es totalmente diferente a cualquier anterior y así se lo hago ver a Valeria. Le pregunto: estás bien? Su respuesta sale entrecortada: siiii, nunca me habían penetrado tan profundo, es algo nuevo, un placer diferente que no te puedo describir.

Me salgo de esa posición, tengo que ver a Felipe en su coito. Valeria está totalmente enculada, sé que Felipe tiene el pico mas largo que Mario y ha llegado a esa zona en donde nunca antes hubo exploración de un glande. Ella trata de moverse, pero no puede, solo exhala gemidos y esos oooohhh aaahhh, tan típicos previos a un gran orgasmo. Sé que el glande de Felipe está tocando la membrana interior del abdomen de la mujer que separa y protege nuestro aparato reproductivo. Es la parte trasera de los ovarios, en donde también hay muchos terminales nerviosos que transmiten la sensación de placer, pero acentuado, porque es ahí en donde están muy sensibles. Pocas mujeres han logrado esto, es decir, tener orgasmo de ovarios por detrás de su pared protectora. Entonces sucede lo increíble, vienen el orgasmo intenso, observo como sale el líquido vaginal de Valeria, este se desliza por sus piernas, al mismo tiempo que también secreta abundante mucosidad anal, que también cubre sus nalgas. El aroma a coito es intenso, no desagradable, porque ya antes habíamos efectuado la limpieza y lubricación del recto, tal que no hay trazas de fecas, algo muy importante en estos casos en que se culea sin preservativos.

El segundo y tercer orgasmo ya son rayanos en lo increíble, Valeria exclama cosas como: soy tu esclava sexual, dime que soy tu hembra rica, dame fuerte por el culo, tuya, tuya y nuevo orgasmo, casi llorados, casi al borde del desmayo. Finalmente, Felipe la inunda de semen, sigue con metidas fuertes y siguen los orgasmos. Finalmente, lo saca, ya algo flácido y el semen empieza a fluir desde el culo de mi amiga. Le taponeo su ano con una toalla y le ayudo a pararse. Sus piernas tiritan y apenas puede sostenerse. Sus pezones muy doloridos de tanto auto apretárselos. Me mira y me dice: increíble, nunca tuve una experiencia así. Y en forma tierna agrega, mirándonos a ambos: ahora les pertenezco, soy de uds. En realidad, soy su nueva esclava sexual.

Vamos al baño, permanecemos largo rato en la tina con agua caliente. Felipe se ducha rápido y baja, nosotras seguimos retozando y disfrutando de esa tibieza e intimidad. Cuando salimos del agua, la tomo contra mi cuerpo y le doy un beso largo y sensual y le digo: te deseo, mucho, nunca pensé que te llegaría a desear, culearte hacerte sentir mi dominio. Ella me responde: tuya, cuando quieras.

Asumo que ya era tarde, y le vuelvo a pregunto: ¿Tienes que regresar? Responde: No tengo horario. Te dije que me quedaré hasta mañana. Eso me dio la señal de que ella también quería alargar el tiempo de disfrutar, compartir y tener mas sexo. Se ha hecho de noche, el tiempo ha transcurrido con tranquilidad y sin tensiones. Hemos tenido una grata velada de amistad y afecto compartida, los tres, con Felipe. Me sentí cómoda, integrada, atraída por esta intimidad de amigos en todas… Felipe fue un buen compañero de grupo. Cenamos y después nos fuimos a la sala, opinamos por ver una película, pero lo descartamos. Finalmente, un buen trago de bajativo, música adecuada a nuestros gustos de época, bailar, en pareja, de a tres, sentir la tibieza, sea de un hombre y su cuerpo varonil, como abrazar un cuerpo suave, con aroma diferente, sentir como rozaban, a través de nuestras soleras, nuestros pezones y así, pasó el tiempo y ambas habíamos entrado en “erupción sexual”, nos miramos, sonreímos en complicidad y así, sin palabras establecemos el acuerdo de reiniciar la actividad sexual. Felipe nos miraba con cara divertida, notó como ambas nos calentamos y asumió que tendría tarea, para lo cual, al pararse del sofá en que estaba, ya mostró que su “herramienta” había reaccionado.

Nos dice: ustedes no saben lo sensual que fue verlas, ambas son tan parecidas en su temperamento, ambas son deliciosas de cuerpo, de miradas y de aroma, son un dúo perfecto de complemento para cualquier hombre que sepa apreciar lo que es la verdadera naturaleza femenina.

Llegamos a nuestro dormitorio, todavía desordenado, con la cama desparramada, pero no íbamos a ordenarla ahora. Felipe, primero le hace el honor a nuestra invitada, le saca su solera, la acaricia, le toca sus tetas y aprieta sus pezones, luego la abraza, la besa y empieza a deslizar sus manos por su cuerpo. Yo los contemplo extasiada, siento en mi sus manos, los mismos besos, la forma como llega a su sexo, y yo, instintivamente me auto acaricio y toco siguiendo sus mismos movimientos. La masturba, veo como se recoge en sí misma y luego, suavemente la recuesta sobre la cama. Luego se acerca a mi, yo empiezo por quietarle su ropa, tal entonces de marcar la diferencia, de que acá, en cuanto a caricias habría reciprocidad. Valeria se acomoda de manera de observarnos. Felipe hace lo mismo con mis tetas, ya duras y pezones muy erectos, luego sus caricias bajando por mi espalda, costados hasta llegar a mi vagina, en la cual introduce dos dedos y me da los primeros impulsos de palpitación. También me lleva a la cama, él se pone al medio de espaldas y nosotras entendemos que hay que darle ahora a él esas caricias correspondidas. Ambas, como que nos dividimos su cuerpo, cada una por su costado. Besos en boca y con lengua profunda alternados, besos en su pecho, en su costado hasta llegar a su pico, siendo Veleria la primera en chuparlo en forma golosa, un par de minutos y me cede el privilegio. Mientras se lo chupo, ella acaricia mis tetas y mis nalgas, las separa y mete un dedo. Nos habíamos aseado prolijamente nuestros anos, esta vez sabiendo que lo compartiríamos. Así, entre chupar pico, masturbarnos mutuamente, besarnos, nos vino el primer orgasmo casi simultáneo. Luego Felipe no hace ponernos en cuatro y nos empieza a culear en forma alternativa. Dos o tres arremetidas a una y luego a otra. Ambas, quietitas mirándonos para observar nuestros rostros. El primer orgasmo fue mío, claro, yo siempre mas entregada, un minuto después observo a Valeria tener el suyo. ¡Qué delicia y complacencia de dominio sexual fue el verla acabar, así, en postura de perrito, se veía magnífica, con sus tetas balanceándose, con sus pezones grandes y el compás de su culo para aprovechar mejor las entradas profundas! Luego, el pico de Felipe vuelve a mi, esta vez mi culo. Valeria me contempla, veo en ella la misma mirada lasciva, clavadas en mi cuerpo mientras Felipe acometía, mis tetas también balanceándose al ritmo de las acometidas y posiblemente mi rostro con esa expresión de placer que en ella se reflejaba; la misma que yo debo vi cuando ella acababa. Mi orgasmo anal y vaginal fueron simultáneos, los fluidos corrían por mis muslos y el pico de Felipe, entra y sale. Mi culo dilatado, mi vagina recibía ahora los dedos expertos de Valeria. Otro orgasmo, esta vez con exclamaciones. Mi placer estaba superando lo que habitualmente conocía, luego otro y un cuarto. Empiezo a dar muestras de extenuación sexual, baja la intensidad de mi respuesta porque mi reserva hormonal se ha agotado.

Felipe va sobre Valeria, ella sabe bien que irá sobre su culo, se tiende con el pecho apoyada en la superficie de la cama y con sus dos manos separa sus nalgas para así facilitar la entrada. Está dilatada y observo el pico de mi marido entrar sin reparos en esa cavidad tan deliciosa que ella tiene. Tres, cuatro, cinco mete saca y viene un orgasmo violento. Ella se masturba su vagina con dureza, luego otro ya con exclamaciones. Sus tetas toman un balance muy rápido, ella acompaña el movimiento del mete saca de forma que la frecuencia alternada posiblemente le hace llegar el glande hasta esa zona erógena de la que ya hablamos. Otros dos y ella se tiende boca abajo en la cama. Felipe me hace una seña que comprendo al instante. Le separo las nalgas y así, el pico vuelve a entrar en toda su profundidad, ahora el la toma por sus hombros y se la culea en forma tal que a ella le transmite la sensación del macho en su completo dominio. De esa posición no se puede salir, solo relajarse y sentir las embestidas de un pico que finalmente suelta todo su semen en el interior, entre los gritos de Valeria, los míos incitándola a culear a decirme que está rico, en fin, todas esas frases que nosotras decimos cuando estamos siendo culeadas o enculadas.

Viene el relajo, toallita al culo, baño y la rutina de aseo. Volvemos a la cama, esta vez aseamos con toallitas húmedas a Felipe, Una cosa es chupar pico pos coito o coitos vaginales y otra muy distinta sería el chupar pico después de un coito anal. Eso lo teníamos muy claro.

Nos cubrimos y con luz tenue, nos dormimos, rendidos todos de tanto experimentar placer. No sé cuanto tiempo, solo que desperté de madrugada para ir al baño, casi simultáneamente lo hace Valeria, nos dimos miradas cómplices, hermanas de sexo, volvemos a la cama y yo me duermo, para despertar con movimientos a mi lado. Valeria arriba de mi esposo, con el pico metido hasta el fonde de su vagina, culeando con entrega y confianza. Los dejo en su momento, los veo acariciarse, besarse y sin querer me voy calentando, pero no interrumpo, disfruto el momento, la entrega y el darle a Felipe el placer de hacer suya, sin reparos a una bella mujer. No dura mucho, Veleria es experta en hacer acabar a los hombres, vi como lo hizo con su marido, así que obtiene de Felipe su semen. Ella se sale, se cubre su vagina con una toallita y empieza a chupar y lamer todo el semen que recubre el pene de mi marido, hasta dejarlo casi reluciente. Luego al baño, se siente correr el agua del bidet y vuelve a la cama, como quien vuelve de compras.

Ya de mañana, después de desayunar, Felipe me dice que tiene que ir al predio a verificar la recepción del nuevo invernadero que hemos adquirido. Se despide de nosotras con cariño y se va. Terminamos de asear y ordenar la cocina y le digo a Valeria: ahora tenemos tiempo para nosotras. Su mirada toma signo de interrogación, y yo la invito a que subamos al dormitorio, aun sin arreglar, pero así se mostraba mas atractivo para lo que venía.

Saco un paquete recibido en la semana; es una caja, la abro. Dentro, cuidadosamente envuelto, un consolador doble con una modalidad que me llamó la atención. No muy grande, separado en dos partes que se unían mediante una copla rápida. Con vibrador, de una silicona suave y sin ningún tipo de olor. Cada pieza de 17 cms, según el catálogo y acoplados, el total de 35 cms. 3 cms de diámetro, con punta imitando la forma de un glande masculino, control remoto separado. Lo miramos con curiosidad. Le propongo a Valeria probarlo y ella responde que no tiene inconveniente. Entendemos que cada cual se debe excitar con su parte y luego acoplarlos para tener sexo único. Vamos experimentando.

De partida, no entraba mucho, así que decidimos, para no emplear lubricante, iniciar con un 69 entre ambas. Delicioso, Valeria abajo con almohadones en su cabeza, tenía mi vagina a su placer, lo mismo yo, arriba, con la de ella de fácil acceso a mi lengua. En pocos minutos, ambas ya estábamos por tener orgasmos y optamos por detenernos. Invito a Valeria a ponerse de espaldas, abrir sus piernas y le empiezo a introducir el consolador. Lubricada, como estaba, se lo introduzco lento, pero eficazmente hasta que solo la parte del acople y mecanismo quedó a la vista. ¿Cómo lo sientes? Me dice: es delicioso. Tomo el control remoto y lo activo. Un zumbido muy bajito y Valeria siente la vibración en su vagina. Me dice, mas que delicioso. Ella, ahora hace lo mismo conmigo, la diferencia fue que ella me lo metía, me lo sacaba y lo lubricaba con su saliva. Fueron un par de minutos muy deliciosos, muy eróticos y muy íntimos, hasta que el consolador se posó en mis ovarios. Prueba del vibrador y si, claro que era muy delicioso. Acto seguido, acercamos nuestros pubis y logramos que ambas partes se engancharan. No fue fácil, pero tampoco complicado. Nosotras en un comienzo tratábamos de orientar el acople mirando los mecanismos, al final, comprendimos que la táctica era bastante mas sencilla, juntando nuestras entrepiernas y, por supuesto juntando nuestras vaginas, el acople fue perfecto. Sentir la vagina de mi amiga pegada a la mía y la respuesta de ella a mi estímulo de moverme, ya sea apretando como rozando, nos fue brindando una sensación desconocida en nosotras.

La sensación fue simple. Con nuestros movimientos, sin necesidad de vibrador, cuando una empujaba, la otra recibía el impulso hacia adentro y el glande del consolador estaba en los ovarios y vici versa, al mismo tiempo que si nos movíamos lateralmente, nuestros labios vaginales se rozaban y transmitían a la otra el placer erótico de ellos, que fue simplemente algo imposible de describir con palabras. Lo otro, que ambas pudimos comprobar, fue el mensaje mental de estar culeando con una mujer con pene. Ambas sentimos lo mismo, eso de recibir placer de un pene y al mismo tiempo la sensación de tenerle a la otra un pene metido en su vagina fue no solo una nueva experiencia, sino una forma de placer desconocida, muy fuerte y dominante.  No duramos mucho en los preliminares, los orgasmos empezaron casi en forma simultánea para ambas. En un comienzo, risitas nerviosas por lo novedoso, luego con risitas entrecortadas y después del quinto o sexo orgasmos, ininterrumpido, porque ninguna de las dos dejaba de moverse, fueron exclamaciones que por ahora no voy repetir, pero que hacían referencia a nuestras habilidades sexuales, a nuestras sensaciones y el transmitirle a la otra lo rica, sensual, caliente, cachera… en fin, mirarnos en esos momentos, con nuestras tetas a reventar, nuestro líquido vaginal saliendo en abundancia, un aroma a sexo inconfundible, algo que rara vez puede darse entre dos mujeres hetero.

Esto un duró no mas de 20 minutos, pero quedamos agotadas, Nos desconectamos de nuestros consoladores, el medio de desacople fue muy simple y nos lo sacamos. Nos miramos con curiosidad, cada cual a la otra con esos ojos escrutadores que querían averiguar mas de esas sensaciones. Los gestos y actitudes posteriores dijeron mas que mil palabras, el beso que nos dimos fue de total entrega y complicidad.

Culminamos con un baño largo y tibio, agradable y sensual. Luego, Valeria se viste con la ropa que llegó; yo ahora con mi solera que cada vez me sentaba mas cómoda. Bajamos al primer piso y nos dirigimos a la puerta. Casi las 11 AM. Sin darnos cuenta, fueron 24 horas de compartir algo muy especial. Vamos saliendo y llega Gabriela.nos mira y junto con saludarnos nos dice: Parece que todo fue muy intenso, o me equivoco. Nos reímos, nunca imaginamos lo evidente que mostrábamos. Besos y un: nos vemos pronto. Entramos con Gabriela a la casa y ella me dice: te envidio, tu amiga es bastante atractiva. La miro y le respondo: muy pronto la podrás disfrutar a ella y su marido. Observo su expresión de complicidad en su rostro...

— Juanpablocq1

6 de septiembre de 2026

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Juanpablocq1

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Soy hombre heterosexual

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