El viaje había sido una rutina más de mi trabajo, una asignación para el nuevo contrato del centro de datos que la empresa había adquirido. Aterrice el martes, hacía como ocho meses, y tome un taxi hacia su hotel favorito en esa ciudad. No es un hotel de lujo, pero tenía un atractivo particular: es el lugar de estadía para militares y policías que van a realizar cursos de capacitación. Al llegar, alrededor de las diez de la mañana, el sol bañaba el área de la piscina. El ambiente vibraba con el chapoteo del agua y las risas. La piscina estaba llena, repleta de hombres que por su corte de cabello y actitud eran uniformados entre maduros y jóvenes, acompañados de puticos y puticas muy jóvenes, de los que llevan para pasar el rato. Desde el corredor observo; esos gremios solían preferir la carne fresca, pero sabía por experiencia que, en ocasiones, la mirada se desviaba hacia la madurez, desde hace mucho años lo he sabido porque alguna vez de joven fui de esas miradas y ahora maduro pues hay hombres que gustan de lo que uno es.
No me detuve mucho tiempo a socializar. Aunque el ambiente se veía propicio, el trabajo llamaba. Deje mis cosas y tome un taxi hacia la empresa donde se realizaría la instalación. Sin embargo, al llegar, la realidad lo golpeó. Las obras estaban lejos de terminar. Los ajustes eléctricos y de aguas seguían en proceso, y los constantes cortes de luz paralizaban cualquier avance técnico. El retraso era innegable; se perderían al menos 5 días. Saque mi teléfono y llamó al jefe, explicando la situación. La respuesta fue seca y pragmática: que esperara allá. El cliente ya había agendado y pagado el servicio completo, que iba a hablar con él y hablar de los costos, Pasaron unos minutos y me llamo el jefe, que se les habia olvidado comunicar el atrazo y que era responsables de los cambios por lo que cualquier sobrecosto por retrasos logísticos iba a ser asumido por el cliente. Tenía tiempo libre.
Regrese al hotel alrededor del mediodía. El clima era agradable, una calidez húmeda que invitaba a refrescarse. Subi a mi habitación desde la cual en el corredor se veia la piscina, deshize la maleta y comence mi ritual personal, sacar la ropa dejarla en la cama, tangas suspensorios, hilos, lanceria masculina unos dos juguetes. Me desnudó frente al espejo, observando mi cuerpo de cincuenta y cinco años, aún musculoso y duro, sin tatuajes, solo piel y disciplina. Pruebo varias pintas mirando a la piscina, unas tangas diminutas, unas mas tela de repente veo una tanga cachetera naranja, diseñada para realzar lo que tenía. Me la puso, ajustando la tela sobre mis nalgas firmes, miro a la piscina y veo a los putitos y putitas ellas desnudas y ellos con tangitas tipo hilo, asi que veo que no me veo tan perra pero si me veo comestible, una puta elegante pense. Luego, tomó el tubo de lubricante y aplicó una cantidad generosa sobre mi ano, metiendola con los dedos, el gel en mis dedos para lubricar y ablandar la entrada. Por último, tomó un plug anal de tamaño medio y, con una presión constante y respiración profunda, lo introdujo hasta que el músculo se cerró alrededor de la base, manteniéndolo en su lugar y dilatado, voya a salir y me pongo a pensar, cierro la puerta saco el plug y tomo el más grande lo presiono nuevamente contra mi culo y siento como se me abre y luego se cierra, me lo miro al espejo y pienso listo para lo que pudiera ocurrir, me pongo una pantaloneta ajustada, si el ambiente no se da me quedo con la pantaloneta.
Bajo a la piscina. En el momento en que mis pies tocaron los azulejos húmedos del borde de la piscina, me sente en una de las sillas para tomar el sol y sentí el cambio en el ambiente. Las miradas se desviaron hacia mi. En general fue una acción de la gran mayoría. Me aplique crema de broncear y tome un poco de sol con las gafas oscuras mirando el ambiente sin ser indiscreto o notorio. Pasaron unos minutos no se cuantos, me pongo de pie y decido quitarme la pantaloneta, mostrando mi chatetero naranja, camino con paso seguro, la tanga marcando mi anatomía que se dejaba adivinar bajo el bañador ajustado que llevaba puesto. Ya dentro de la piscina me hice a un rincon en lo profundo al borde de la misma, sintiendo el frescor en mi piel caliente, ese choque frio del agua cuando haz tomado unos minutos de sol antes. Desde el agua, note que las miradas se intensificaban. En especial, tres oficiales que estaban en la esquina no quitaban los ojos de encima. Eran ya hombres no se veian jovencitos de unos 35 uno de ellos, uno de ellos el mayor de los tres, un hombre con canas en las sienes y una presencia que gritaba autoridad, decidió actuar. Dejó al lado al joven putito con el que estaba, lo tenia en las piernas conversando y nadó hacia mi desde la escalera de la piscina. El oficial se me acercó en el agua, con una sonrisa educada pero con un brillo de interés en los ojos.
—El agua está perfecta hoy —dijo el oficial, buscando entablar conversación.
—Sí, justo lo que necesitaba después del trabajo —respondí, devolviendo la sonrisa.
La charla fluyó con naturalidad. El oficial me invitó una cerveza, y luego otra. Mientras bebían, el hombre comenzó a hacer preguntas, una táctica de sondeo. Le preguntó sobre mi rutina, cómo mantenía la barriga y la cintura y los brazos tan grandes a mi edad, -pues si tengo panza pero es marcados los abdominales que si todo era natural o si usaba suplementos. Confesó que él quería llegar a ser tan grande como Yo, admirando mi musculatura que se adivinaba bajo el agua.
Miró hacia donde estaba el putito que el oficial había dejado solo.
—Lo dejaste solo —comente, señalando con la cabeza—. Espero que no se enoje.
El oficial miró hacia atrás y vio que el joven ya estaba entretenido con otra persona.
—Bah, ya lo perdí —dijo el oficial con desinterés, volviendo a mirarme con más intensidad—. No importa.
—Veo que te gustan los jovencitos — le dije, tomando un trago de su cerveza.
El oficial se rió, un sonido seco y sincero.
—Realmente no. Pero es lo que hay. En cuestión de mujeres, sí, me gustan las jovencitas —admitió, y luego bajó la voz, acercándose un poco más en el agua—. Pero en cuestión de hombres... me gustan más grandes. Maduros, fuertes, con buen culo. El problema es que casi siempre estos son activos, y yo estoy loco por un culo así.
Senti un vuelco, pero mantuve la calma.
—¿Un culo como este? —pregunte, girándome un poco en el agua para mostrarle y empujar su nalga hacia adelante.
El oficial no dudó.
—Sí, precisamente —susurró el hombre, clavándome la mirada en los glúteos—. Por eso tomé la decisión de hablarle. Y a usted, ¿qué le gusta? ¿Dar verga o dar culo? me pregunto
Me acerque al oído del oficial.
—La verdad, me gusta más dar culo —respondí.
Fue todo el incentivo que el oficial necesitó. Metió la mano bajo el agua y acarició mis nalgas, palpando la firmeza del músculo.
—Uff... son redondas pero duras —murmuró el hombre, apretando la carne—. Parecen balones.
La mano del oficial se deslizó por debajo del borde de mi bañador, buscando el calor directo. Sus dedos acecharon el centro, pero al intentar tocar mi ano, tropezaron con algo duro y extraño. El oficial se detuvo, confundido.
—¿Qué tiene ahí? —preguntó, curioso.
Sonrei, perverso y complacido.
—Un plug anal. Para tenerlo dilatado —explique sin rodeos.
El oficial tragó saliva.
—Quiero verlo —exigió, con un tono que mezclaba la autoridad militar con el deseo sexual.
Sin vergüenza, bajo el agua y con cierta discreción para los demás, baje un poco el bañador, extraje el tapón y se lo mostre. La base brillaba en mi mano.
—O sea que está abierto —dijo el oficial, observando el juguete con lujuria. y bastante adiciono
—Sí, bastante dilatado —confirmé, volviendo a colocárlo lentamente—. Uno nunca sabe le dije.
Vi hacia hacia abajo, en su bañador. La tela se tensaba, abultada por una erección inconfundible.
—Mira cómo me tienes —dijo el hombre, y meti la mano bajo el agua y comprobarlo.
Era grande. No era un lápiz fino, sino más bien un crayón grueso, pesado y caliente. Lo palpo, sintiendo la sangre latiendo en la carne. El oficial se puso detrás de mi en el agua, protegidos por la esquina de la piscina. Con un movimiento rápido, el oficial le bajó un poco la tanga, liberando mis nalgas, mete sus dedos y saca nuevamente mi plug y me lo da en la mano. El hombre comenzó a sobar el espacio entre sus nalgas, y sinti la dureza del miembro del oficial golpeando mi ano, pidiendo permiso para entrar.
Después de unos intentos furtivos bajo el agua, la cabeza del miembro logró desplazar la carne alrededor de mi ano lo suficiente para abrir paso. El oficial entró dentro de mi, y yo contuvo la respiración, sintiéndo lleno mi agujero por ese grosor tan deseado. El oficial comenzó a darme verga rico, movimientos cortos y profundos bajo la superficie del agua. Duraron unos minutos así, frotándose mutuamente, el riesgo de ser descubiertos aumentando el placer.
—Salgamos de la piscina —sugirió él, sintiendo que el agua ya no era suficiente para contener la intensidad—. Vamos a mi habitación le sugeri.
Así lo hicimos. Salimos del agua, el envolviéndose en toallas que apenas ocultaban sus intenciones, y caminaron hacia el corredor que nos llevaba al 2 piso yo estaba en el segundo y el en el tercero. Al entrar en la habitación, el oficial vio la cama, donde yo había dejado esparcidas varias tangas y suspensorios de colores vivos.
—Usted es bien perra, ¿verdad? —dijo el oficial, cerrando la puerta y echando el cerrojo.
No respondi con palabras, se lo queria demostrar con hechos. Simplemente me arrodille frente al hombre, bajó el bañador del oficial y libero esa verga gruesa y erecta. Me la llevó a la boca y comenzó a chuparla con ganas. Era tan grande que le tocaba abrir bastante la boca para acomodar su grosor, usando mi lengua para lubricar cada centímetro de esa carne espectacular. El oficial puso una mano en mi cabeza, guiándome, mientras gemía.
Después de unos minutos de un oral profundo y húmedo, el oficial me tiró suavemente hacia la cama. me puso en cuatro, apoyando las rodillas en el colchón, exponiendo mi culo. El oficial se puso el condón con rapidez y se posicionó detrás de mi. Sin previo aviso, comenzó a meter la verga deliciosamente. El embiste fue fuerte, y mi grito de placer, sintiendo cómo ese trozo de carne abría bastante mi culo de una forma impresionante.
El oficial no tuvo piedad. Me daba placer cada vez más rápido y mejor, con golpes de cadera que retumbaban en la habitación. Cada embestida lo sentía más profundo, más intenso, rozando mis puntos sensibles y dejándome jadeante. El oficial me tomaba de la cintura, dominando, usándome como el objeto de placer, lo mismo que yo deseaba ser.
El ritmo se volvió frenético. El oficial bufaba como un toro, con fuerza bruta, hasta que, con un gemido gutural, se vino completamente dentro del condón. Sintí las contracciones del hombre, el calor de la leche disparándose, y me deje llevar del momento senti como mi prostata me dominaba y empece a botar semen que salia en formas de gotas blñancas por elñ frende de mi bañador, quede exhausto y satisfecho. Qué hombre tan rico.
Nos quedamos así un momento, recuperando el aliento en el silencio de la habitación con aire acondicionado. Finalmente, el oficial se retiró, deshaciéndose del preservativo. Nos vistimos en silencio, una tensión cómplice flotando entre ambos.
—No va a ser la única vez —dijo el oficial en la puerta, mirándome a los ojos—. Solo la primera.
Le dije listo, sabiendo que tenía razón. El oficial salió no sin antes decirme que queria verma en un rato en suspensorios o tangas tipo hilo en la piscina le dije que daba pena, me dijo quiero lucir la perra que me levante, Yo quede tumbado en la cama, oliendo el sexo del ambiente sexo anal en el aire y sonriendo ante la perspectiva de su estadía extendida en la ciudad.
LA historia sigue








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