Fantasía 22: El Desconocido
Relato de comunidad Fantasíasschedule 9 min de lectura calendar_today Octubre de 2026

Fantasía 22: El Desconocido

Una fantasía, un desconocido y ganas acumuladas por horas en el digital. Empezó con una voz y terminó con una puerta cerrándose detrás de él. Queríamos ver hasta donde éramos capaces de llegar…

LilithenLlamas

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Fantasía 22: El Desconocido

Todo empezó como el juego de ver hasta dónde podríamos llegar en este vaivén de antojos: y empezó con su voz, o a lo mejor con la mía; luego vinieron las palabras, puestas en un orden tan atractivo que empezó a calentarme la mente (los mejores orgasmos vienen de ahí). Después aparecieron las imágenes: perturbadoras, lujuriosas, explícitas, pero con esa composición pensada que te hace sentir aquello que ves, tan cerca que te obliga a salivar y morderte los labios en sincronía.

Cada vez se sentía más fuerte, más electricidad y, a pesar de jugar este juego con otros participantes desprolijos, nadie había causado la humedad momentánea como este personaje, casi misterioso, casi perceptible. Así que, sin demasiada espera, y con más ansiedad y ganas, le propuse que cumpliéramos una fantasía que venía dándome vueltas hace un tiempo, solo que un poco peligrosa de cumplir.

—Quisiera que llegaras a mi casa, entraras a mi cuarto y hicieras conmigo lo que quisieras. Yo te esperaré como una sumisa obediente, sobre mi cama, con los ojos vendados, con la correa puesta y ofrecida para mi amo. Encontrarás una mesa con todos los artilugios que podrás usar conmigo. ¿Te gustaría cumplir mi fantasía?

Sin pensarlo demasiado, dijo que sí, y coincidimos en aquello que abría la puerta a la mezcla de emociones más intensa: el peligro y las ganas, la ansiedad y los nervios, la lujuria y el deseo más intensos.

La cita era a las 4 p. m. y, durante el día, no hice otra cosa más que sentir mi humedad, que no paraba; el corazón quería salirse de tanto acelerarse y la piel de mis nalgas se tensionaba de imaginar sus manos dando vueltas por mi cuerpo.

Llegó el momento. Está subiendo por las escaleras y yo me pongo en posición. Lo espero sobre la cama, de espaldas, con una lencería que mezcla el cuero, las transparencias y las mallas. Mis tetas están al descubierto para que pueda jugar con ellas y las mallas podrá romperlas a su antojo. Un collar de sumisa rodea mi cuello y está enlazado a una correa de perrita que le permitirá direccionarme y posicionarme de la forma en la que se le dé la gana.

Su presencia se hizo palpable con su voz:

—Estás una delicia, no tienes idea de lo perra que te ves.

Su voz profunda fue lo primero que penetró en mí, dándose paso por mi mente y logrando esa electricidad que se abrió paso por mi espalda. Luego lanzó sus manos y empezó a tocarme, sin afán, pero con la respiración agitada. No tardó demasiado en verificar mi vagina; todo el día le había dicho que estaba empapada y necesitaba comprobarlo. Así que se abrió paso con sus manos y fue corriendo las bragas de malla, que ya estaban empapadas, y así sentí sus dedos: grandes, gruesos, suaves. Empezó a resbalarse y a moverse. No podía dejar de jadear, de moverme. En dos segundos había encontrado el punto donde enloquezco. Mi cabeza daba vueltas, mientras en mis oídos susurraba:

—Eres una puta delicia, me empapas los dedos como una buena perrita que hará todo lo que yo le ordene.

Mierda, empieza a acercarse, me toca, me huele, roza sus labios con los míos y yo aprovecho cada oportunidad en la que estamos a milímetros de distancia. Huele delicioso, su piel es tan suave y tan caliente que quiero lamerlo completamente. Sus labios se acercan y me torturan, quiero besarlo, pero esta tensión me prende, me acelera. Todos mis sentidos se agudizan y me elevan por toda la habitación.

De repente, toma la correa y me pone en cuatro. Escucho de pronto el sonido del látex y cómo empieza a ponerse unos guantes. Mi corazón se acelera. No tengo idea de qué va a hacer, pero eso me calienta mucho más. Esa mezcla de miedo a lo desconocido se va transformando en un: hazlo ya.

Y así, siento cómo va poniendo aceite en mis nalgas y, con sus manos, lo empieza a resbalar. Esa sensación de estar resbalosa y la tensión de sus manos y esa textura extraña me llevan a otro lugar: castígame, dame con toda, ¿hasta donde quieres llegar?.

Suena un golpe contundente y un gemido estruendoso sale de mí. Jadeo, me muevo, quiero más. Otro. Mi clítoris palpita, mis nalgas se calientan, más jadeos y otro grito contenido sale de mi boca.

No pares, sigue subiendo.

Otro. Esta vez me deja sin aliento. Levanto mi mano y hago la señal. Se detiene, me acaricia, me besa. Ese aftercare me eleva y hace que el dolor se transforme en la excitación que me invade en todo el cuerpo. Y así seguimos por un rato.

Golpe, gemido, caricia, beso.

De pronto, siento cómo su verga empieza a rozarse con mi culo. La siento. Desde ese momento sentí que sería una verga a la que me volvería adicta. Empezó a jugar con ella, me abría las nalgas y la rozaba con mi vagina, la resbalaba hasta mi culo y volvía a empezar. Yo sacaba el culo cada vez más, quería que me la metiera hasta el fondo, que se abriera paso, que me embistiera. Pero al amo debo respetarlo, así que solo podía gemir y jadear, y empujar en cada acercamiento.

Hasta que se apiadó de mí y me la clavó.

Hpta, sentí cómo entró dentro de mí, gruesa, fuerte y absolutamente dura. Una verga perfecta que me hizo gritar. Al principio me sentía completamente llena, me costaba respirar, la sentía muy adentro. Mi cuerpo se fue adaptando y ahí empecé a moverme. Quería más: clávame, clávame. Me cogía de las caderas y me movía con fuerza. Hpta, cómo me gusta eso.

De pronto, la sacó y me agarró de la correa y me giró. Moría por chupársela, la quería tener en mi boca y entre mis manos. Me la acerco, pero no me dejaba tocarla. Se acercó a mí y, por primera vez, me besó.

Sus labios eran suaves e intensos. Me besaba con ganas, con lujuria. Sus manos se abrían paso por mi espalda y mis tetas se pegaban a su pecho caliente y suave. Mis manos agarraban su cuello y mis dedos se entrelazaban con su cabello. Ese beso me electrificó. Quiero más. Soy una adicta descubriendo la heroína.

Al instante agarró de nuevo la correa y, al fin, me dejó probar su verga. La tomé suavemente con mis manos y empecé a lamerla desde abajo. Es mi postre favorito, así que me tomaré el tiempo de disfrutarla. La lamía toda y así empecé a mojarla. La cogí con mis dos manos, porque es una verga que se tiene que coger así, y empecé a escupirla, a llenarla por todos lados de mi saliva, de mis ganas.

Y empecé a metérmela. Sabe delicioso. Le chupo la cabeza y, cuando está adentro, le rozo los pliegues de su glande con mi lengua, despacio, aunque con ritmo. De vez en vez busco metérmela toda. Me ahogo.

Y, en un movimiento rápido, agarra de nuevo la cuerda, me levanta y me quita la venda. Por primera vez veo su cara, sus ojos intensos y esa expresión de lujuria que espero no olvidar.

Sonreímos, con esa complicidad que solo los que estamos locos y arrechos podremos entender.

Me besa y, mientras tanto, me empuja sobre la cama. Después me jala, me abre las piernas y, sin pronunciar más, me clava profundo.

Hpta, cómo me gustan las vergas grandes, esas que al primer empujón me dejan sin aire, esas que cuestan al principio porque te hacen sentir completa, sin espacios.

Y empieza a mover las caderas con ritmo y es impresionante lo resbalosa que estoy. Me embiste sin afán, pero con una fuerza impresionante, una y otra vez. Cambia de ritmo, a veces acelera y me hace gritar. Los gemidos son incontrolables.

Sus brazos son fuertes y me aferro de ellos como si lograran evitar ahogarme.

Y el sonido, el sonido del chapuseo que hay en mi vagina cuando su verga entra y sale es alucinante.

Y una fuerza imparable dentro de mí me pide cambiar. La domina quiere salir a devorar. Y, en un momento en el que se detiene para terminar de quitarse toda la ropa que, por la calentura, llevaba puesta, aprovecho para levantarme y arrodillarme sobre la cama.

—Ahora ha llegado mi turno de dominarte.

Se sonríe y, con curiosidad, me deja seguir adelante.

—¿Y qué quieres hacerme?

—Tú solo déjate llevar.

Empiezo a besarlo por el cuello y a llevarlo a dejarlo acostado sobre la cama. Le abro las piernas con mis rodillas y dejo expuesta esa verga deliciosa que me voy a comer con total atención.

Empiezo lamiéndole las webas, despacio. Quiero saber hasta dónde me va a permitir llegar con mi lengua. Todo se siente tan duro, tan intenso. Lo quiero empapar con mi saliva. Lo escucho y juego con mi lengua y con su glande.

Me doy cuenta de que está grabando, así que saco mi postura más perra. Esos ojos penetrantes que te doblegan se hacen presentes.

Y lo escupo, y lo lamo, y lo succiono, y me atraganto.

No aguanto más. Necesito sentarme en esta verga y clavarme profundo.

Así que me levanto. Él me jala para que me hunda profundo y así siento cómo esa verga me llega hasta el final de todos mis sentidos. No puedo dejar de gemir. Empiezo a moverme hacia arriba y hacia abajo. Hacia adelante y hacia atrás.

Sus manos me cogen fuerte las caderas y empieza a moverme también. Esa intensidad me encanta, me corta la respiración.

No puedo parar. Empiezo a sentir que estamos empapados. No sé cómo putas ha logrado que me empiece a venirme así. Me ahogo y no puedo parar. Tengo que seguir. Hay más, hay más, hay más.

De vez en cuando abro los ojos y lo veo extasiado, jadeando, gimiendo, retorciéndose. No quiero parar hasta llegar al grito ensordecedor.

Ya perdí la cuenta de cuántos orgasmos se han hecho presentes. Yo solo soy agua, calor, intensidad.

Siento cómo saca todo, y yo sigo. Su verga sigue tan dura que sigo hasta perder el aliento. Me voy desvaneciendo y me tiro sobre la cama.

Mientras estoy en ese nirvana en el que todo tu cuerpo flota, aún con los ojos cerrados, siento cómo se acerca y me abre las piernas.

Diosss, estoy tan sensible que el palpitar de mi vagina no se detiene.

Y siento cómo esos labios y esa lengua se abren paso y, sin mucho esfuerzo, me vuelven a conectar con el todo, con la energía intensa que emana de mí y pareciera no terminar.

Y otra vez, y otra vez, y otra vez.

Mis piernas tiemblan, mis caderas no se detienen y una fuerza imparable se apodera de mí. Con mis manos empiezo a apretar su cabeza en mi vagina, fuerte. No sé cuánto más pueda estar aquí, flotando y temblando.

De pronto, sin fuerzas, me dejo ir, empapada, temblando y con todos los sentidos a tope.

Él besa mis piernas, levanta su cara y me dice, sonriendo:

—Hola, un gusto conocerte.

— LilithenLlamas

2 de octubre de 2026

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LilithenLlamas

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69 seguidores ·Soy mujer bisexual

Comentarios

1 comentario

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  • bogotano-35-
    bogotano-35- · 2 de oct de 2026

    Me encargo tu relato .... definitivamente el sexo debe ser asi, con Lujuria y sin tabú 🤤

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