esto paso hace diez años, recién separado de mi ex —una mujer con quien había compartido casi once años de vida swinger bisexual de intercambio completo—, decidí bajar a Melgar de Puente. Llegué al mismo centro vacacional de siempre, ese que siempre me gusto - donde pase momentos muy cheveres con mis hijos, frente al batallón X_l_n. Había cabañas disponibles, pero preferi habitación. Registré la entrada, subí las escaleras con la maleta, abrí la puerta y dejé todo sobre la cama. El aire acondicionado lo puse a full, me desnude, se di un baño y me puse una tanga pequeña —no diminuta, pero sí ajustada— que marcara el bulto con claridad y dejara ver mis nalgas, sali hacia la piscina.
El sol de media mañana calentaba el concreto alrededor de la piscina. Había poca gente. me sumerjo en la piscina y nadó un rato, despues de un rato me sente en el borde,y ahi los notó. Dos parejas, de unos treinta a cuarenta años, con sus hijos jugando en la parte poco profunda. La primera pareja: él, un gordito blanco, peludo —muy peludo en pecho, hombros y piernas, como un tapizado denso de vello oscuro—; ella, en traje de dos piezas, con un cuerpo lindo que delataba algo de ayuda médica, pero sin retoques excesivos. La segunda pareja: él, atlético, fornido, de esos que se ve que levantan pesas; ella, de cuerpo cuidado, proporcionada, con la piel bronceada de manera uniforme.
Al principio pensé que era casual. Pero las miradas no cesaban. La primera pareja me observaba y hablaba entre ellos en voz baja. Luego noté que las miradas ya no venían solo de dos, sino de los cuatro. Los del segundo matrimonio también me tenían en el radar. Se cruzaban miradas, cuchicheaban, volvían a mirar. Me recuesto en la silla para tomar el sol, me pongo las gafas de sol y los dejó mirar, pero me doy cuenta que no es casual si me están mirando y si están comentando.
En algún momento de la tarde, la señora de la primera pareja se me acercó. Venía caminando descalza sobre el concreto húmedo, con el traje de dos piezas azul oscuro, el pecho marcando los pezones a través de la tela. Se detuvo a un metro de su silla, sonrió y lo saludó. un —Hola. casual y poco a poco fue abriendo el tema, pasados unos minutos me pregunto
¿Tú eres soltero o casado? —preguntó sin tono intrusivo, casi casual, como quien comenta el clima.
La miré por encima de las gafas.
—Separado pero no divorciado. ¿Por?
—Es que estamos seguros con mi esposo de haberte visto en otra `parte antes pero con una mujer. y me la describió era la descripción de mi ex.
Donde me han visto . ¿en Fontibón?
—No. Dijo ella
-- ¿De dónde me conocen entonces?
La mujer ya sentada en la silla contigua con naturalidad me dice.
—De sitios swinger.
-Ya, dije. Confirme que con mi ex que sí frecuentábamos esos sitios. Me preguntó por qué me había desaparecido cuando me separe. Les dije que porque ella decidía con quién contactar. Dio información de ciertos eventos donde habíamos ido, fiestas de hallowen, paseos, pero la verdad nunca paso nada con ellos y les dije que porque nunca se acercaron,
ella me dijo —No, dijo varias veces lo intentamos pero fue fue ella, tu ex, la que no dejó. Fue ella la que no nos dejaba acercarnos a ti. Le dije pues siempre ella la que atraía a todos, la que con su sensualidad los acercaba y decidía quien si y quien no le respondo frunciendo el ceño.
—Al que queriamos era a ti no a ella, pues ella era la forma de llegar a ti. Me dijo
—¿A mí? Respondi
—Sí. A ti. A ella la vimos bonita, sí, pero nos parecía vulgar. Sin ángel. No se veía sensual. Tú, en cambio... —me miró de arriba abajo sin disimulo—. Nos gustabas a los dos. Por eso te mirábamos tanto.
No voy a negar que eso sube el ego y pregunte
—¿Les gustaba a los dos?
—A los dos —confirmó ella—. Decíamos: "¿Será o no será?" Y resultó que sí eres.
Me dijeron que si participaria como single. Dije que un par de veces había ido, pero que no era lo mismo. Ella se levantó, y dijo:
—Voy a contarle a mi esposo.
Más tarde, cuando el sol ya caía ella se acercó de nuevo.
—¿Quieres que vayamos a la cabaña?
—Listo —dije.
Entramos. Ella cerró la puerta con el pasador y se volvió hacia mi. Nos besamos. Los labios de ella eran gruesos, húmedos, y la lengua entró con decisión. Le quité la parte de arriba del traje de baño con un tirón lateral. Los pezones estaban grandes, parados, oscuros, con la areola abultada. Los chupé con locura, pasando la lengua en círculos, tirando con los labios, mordisqueando suave. Ella echó la cabeza hacia atrás y respiró profundo.
La mano de ella se metió en mi tanga. Agarró mi miembro ya duro, lo apretó, lo masturbó por encima de la tela y luego por debajo, sacándolo. Se inclinó y se metió mi verga en la boca. Mamaba con ritmo, con mano, con saliva que le escurría por la barbilla.
Se puso de pie, se acercó a mi oído y le dijo:
—Una amiga del mundo swinger me contó que haces un oral riquísimo. Quiero probarlo.
Se acostó en la cama boca arriba. Le quité la parte de abajo del traje. El chocho estaba depilado, con los labios gruesos y húmedos. Empezó a lamer desde el clítoris, bajando por la raja hasta el ano, con mi lengua plana y ancha. Ella puso las piernas sobre mis hombros, le daba lengua sin parar, alternando succión con lametones largos. Ella se movía deliciosamente, levantando la cadera, buscando su boca.
Después de un rato estaba muy húmeda, resbalando. Me saque la verga por encima de la tanga, me puse el condón que ella me dio y empece a darle. Entró despacio, luego con más fuerza. Ella gemía con la boca abierta.
De repente, ella metió la mano entre sus piernas y empezó a sacar el condón de a poco.
—¿Te molesta si quiero leche? — dijo.
Me quitó el condón por completo y guió mi verga hacia su chocho. La penetré sin condón. El calor húmedo de su chocho envolvió mi verga.
Entonces sintí una mano acariciándome las nalgas por encima de la tanga. Era el esposo. Ella lo miró y dijo:
—Tranquilo. Por eso te dije que éramos los dos los que queríamos. Sabíamos que ustedes eran bi ambos, y sabemos que das culito. De rato teníamos ganas de tu culito y por eso estamos así de calientes.
El esposo mientras me acariciaba con una mano con la otra apretaba su paquete y se metía la mano dentro de su bañador negro tipo boxer ya metía la mano en mi tanga, separándola de mi piel, pasando los dedos por mi raya mojada de sudor. Me bajó la tanga dejando expuestas mis nalgas. Yo no parabe de dárle a ella, bombeando con la cadera. El esposo se puso detrás, se lubricó y empezó a entrar dentro de mi. La cabeza de su verga, despacio, abriéndome, dilatandome. Luego más adentro. El doble placer me golpeó: adelante, caliente y húmedo el chocho de ella; atrás, lleno y profundopor la verga de él. Ella le preguntaba al esposo si le gustaba mi culo, y él afirmaba con la voz ronca.
—Le entra toda —decía ella.
Pasaron varios minutos de ese vaivén compartido. Hasta que sentí la leche tibia del esposo dentro de mi culo, llenándome muy adentro. No aguanté y me corrí dentro de ella, espasmódico, con un gemido que me salia del pecho. Nos desplomamos ahi mismo, después de tomar el aliento, me dijeron que sabian que a mi me gustaba a pelo y que varios casados ya me habían dado así y que ellos estaban locos por hacerlo asi conmigo, me confesaron quienes les dieron referencias de mi. me dijeron sera un fin de semana muy interesante, nos arrglamos nos vestimos y salimos hacia la piscina. este paseo apenas comenzaba...








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