Hola amigos, a partir del día de hoy compartiré con ustedes algunas experiencias que he vivido a lo largo de mi vida y que creo que servirán para enriquecer esta página, espero sean estos relatos de su agrado y agradezco los comentarios que hagan. Esa será mi motivación para continuar.
Me encontraba trabajando en un sitio a orillas de la carretera entre Medellín y Manizales, tuve oportunidad de conocer a una hermosa muchacha que vivía cerca a donde me encontraba yo con mis compañeros. Se trataba de una mujer de unos 25 años, de 160 de estatura, de ojos verdes, hermoso cuerpo, de caderas deliciosamente amplias y de senos más bien pequeños; había tenido oportunidad de compartir en varias oportunidades con ella unos exquisitos episodios sexuales que hacían que cada vez deseara más tener sexo con ella, era como dicen alguien fácil de amar. Pues bien, habiamos acordado encontrarnos esa noche para ir a disfrutar de nuestros deseos y de nuestros cuerpos, que dicho sea de paso, el de ella, estaba forrado con una piel de una suavidad que ni la seda podría alcanzar.
Habiendo dejado los trabajos para esa noche listos, me dirigí solo hacia la cita con mi amante, la dulce Ángela, quien no tardó en aparecer, dejando el ambiente embriagado de su perfume y de su sexo relleno del semen espeso que durante los últimos días había venido depositando en ella en nuestros encuentros sexuales.
La tomé de la mano y la besé suavemente en los labios regordetes que tenía, a la vez que dejaba volar mis manos para acariciar sus nalgas redondas y firmes y que ya había tenido la oportunidad de perforar por su parte central, y que había disfrutado como pocas veces, y que supe ella también había disfrutado. Halándola de la mano, lentamente nos alejamos de la carretera y nos dirigimos a un potrero cerca, donde durante el día había visto unas vacas, por lo que sabía que en caso de algo extraño, me servirían como fieles centinelas, avisándome de cualquier peligro que se acercara. Nos alejamos unos cincuenta metros, donde había un saladero para alimentar el ganado, a poca distancia de allí nos empezamos a acariciar, sus manos volaban sobre mi pantalón acariciando el bulto de mi pene que luchaba por salirse en busca de su deliciosa chimbita, me estrujaba el pene de arriba abajo, hacia los lados y la verdad me ponía a volar y desear ya ponerlo dentro de su boca, muy adentro, como le estaba enseñando a mamármela. La verdad es que ella lo cogía de lado y así se lo metía en la boca, y yo le expliqué que se sentía mejor si lo dejaba entrar hacia su garganta, y que entre más adenro lo metiera, mejor se sentía.
Ella adivinó mis deseos y empezó a desabrochar los botones del pantalóny de manera diestra sacó mi encabritado animal bajo la luz de las estrellas y en medio del aroma de las vacas que nos rodeaban y que aprovechaban el fresco de la noche para pastar y engordar. Cuando lo tuvo en su mano tan suave, empezó a masturbarlo lentamente, como sabe que tan me gusta, y fue bajando lentamente hasta que lo alcanzó con sus labios carnosos. Depositó un tierno beso en la cabeza del capullo, que anhelaba introducirse en su boca húmeda y tan sabiamente mamadora. La verdad es que Ángela lo mamaba con la maestría que sólo las muy putas poseen y cada vez lo introducía más adentro de su boca, llegando a su garganta y luchando por contener los deseos de expulsarlo. Con su mano libre bajó los boxer para liberar los testículos que se encontraban a más no poderse llenos de semen que pronto depositaría dentro de su cuerpo, y empezó a acariciarlos suavemente, masajeándolos y elevando mi nivel de excitación, a la vez que con la otra mano dejaba entrar un par de sus dedos dentro de su vagina anhelante y nuevamente los sacaba, en un frenesí que lograba que ella alistara su cuerpo para soportar las arremetidas que pronto recibiría de parte del macho que le correspondía para esa noche.
Mientras Ángela mamaba, aproveché para quitarme el armamente, tiré el chaleco con los proveedores y demás armamento a un lado, y agachándome un poco, dejé el fusil encima, para tenerlo listo en caso de necesitarlo. Ya libre de ese peso, me solté la correa y acabé de desapuntar el botón que había quedado pendiente y bajé mis pantalones hasta las rodillas, la guerrera del uniforme no tardó en caer a un lado encima del pasto. Ya en condiciones de iniciar el feroz combate que se aproximaba, la tomé del pelo suavemente y tiré de el hacia arriba para hacerla poner de pie y de manera cercana al canibalismo, empecé a besar y morder sus labios, hasta casi hacerlos sangrar, como tanto me gusta hacer y que sé que a ella excita tanto. La camisita que cubría su torso fue arrancada de un zarpazo y fue a acompañar mi guerrera, intercambiando perfumes, como pronto nuestros cuerpos intercambiarían fluidos.
Mi boca voló enseguida de sus labios sus senos, cuyos pezones apuntaban al cielo, al ritmo acelerado de su respiración - que se confundía con la de las vacas que nos rodeaban y que hacían de aquella, una experiencia que seguramente sería inolvidable para los dos -, su respiración aumentaba y caldeaba el ambiente, y hacía que mi deseo aumentara hasta ya más no poder. Agachándome, mandé mis brazos entre sus piernas y las rodeé, para alzarla y poseerla como estaba deseando hacía rato hacer. Ella adivinando mi intención se agarró de mi cuello y de un momento a otro se encontraba volando, agarrada con mis brazos poderosos y sujetada de mi cuello. De esta manera la alcé y la pegué contra mi cuerpo, mi pene apuntaba cual mortero hacia el cielo, esperando la vagina donde se incrustaría dentro de poco. Cuando sentí que la cabezota de mi verga enhiesta rozaba las paredes de su vulva bañada en los jugos de su cuerpo, la dejé caer sobre él, sintiendo cómo entraba en su chimba anhelante de ser penetrada y llegando hasta el fondo de su geminidad, acto que fue recibido con un profundo gemido de placer: "Ahhhh, papi, qué ricoooo...!!!!!" fué su agradecimiento a la clavada que le estaba propinando, además del calor y humedad deliciosa de su hendidura deliciosa.
En esta pose retozamos un rato, sintiendo como las vacas se iban aproximando a nosotros, olvidándose que éramos extraños y creyéndonos parte del paisaje. Ella tenía un portentoso ritmo de cadera, con lo que lograba que mi verga entrara en su cuerpo a un velocidad de vértigo y que debido a la tensión que me producía sostener su peso sobre mis piernas, me estaba llevando al borde del delirio mucho más rápido de lo acostumbrado, por lo que me fui agachando lentamente y la acosté boca arriba encima del pasto para continuar la faena con mayor tranquilidad. Mis brazos se encontraban por debajo de sus piernas, por lo que levantarlas hasta mis hombros fue tarea fácil, quedando su vagina expuesta de manera perfecta para ser clavada profundamente, y a esto fue que me dediqué durante un buen rato, sintiendo cómo la rendía con cada una de mis embestidas, cada vez que enterraba mi verga gruesa y dura dentro de su cuerpo la sentía gemir de placer más y más fuerte, parecía que se quejara de dolor, pero en verdad lo que percibía era un placer, que junto con el mío iba en aumento más y más a cada segundo que pasaba.
Ella aprovechaba para acariciar mi pecho con sus manos, entreteniéndose en mis tetillas, girando en círculos y excitándome cada vez más. Adelanté una de mis piernas para liberar uno de mis brazos y acariciarle las tetas mientras le daba verga como deseaba. Al rato sentí que se estaba cansando por la posición tan forzada y le pregunté si quería hacerse encima, a lo que ella me respondió que sí. Me acosté boca arriba y sentí cuando saltó como una tigresa sobre mí y con sabia maestría con un solo movimiento introdujo mi verga dentro de su vagina tan duramente castigada. En esta posición compartimos un rato, aprovechando la libertad para acariciar sus tetas, chupándole los pezones y haciendo crecer dentro de ella el deseo.
Al rato le pedí que se pusiera en cuatro patas, y la penetré tantas veces que perdí la cuenta, y cuando ya sentía que me era imposible controlarlo más, le dije "Mami, abre la boca que te la quiero llenar de semen...!", a lo que ella me respondió con un gustoso: "sí, papi...!". El mete y saca era impresionante, el olor salobre de su vagina taladrada por mi verga poderosa se confundía con el de las vacas que pastaban a menos de tres metros de nosotros, el olor era el de una vagina rellena de semen acumulado de varios días, como a pescado...
Fueron quiza un centenar de penetradas más y cuando ya me venía le dije que ya, y ella con la velocidad del rayo dio la vuelta y abrió su boca mamadora alistándola para recibir el caudal que salía de dentro de mí. A la vez que salía mi semen y entraba en su boca, estrellándose contra sus dientes blancos, dejé salir de muy adentro de mi pecho un grito: "Qué chimba de polvo, Dios míooooo....!", fue un verdadero grito de guerra, luego me relajé dejando escapar unas carcajadas de felicidad.
Fue tal la excitación que sentí en este momento sublime que sentí que el mundo me daba vueltas, a lo lejos veía las luces de los carros que pasaban por la carretera y que se confundían con las luciérnagas que junto con las vacas nos rodeaban y nos fundían de manera perfecta con la naturaleza que nos rodeaba. Las vacas pastaban y se sentía bajar por sus gargantas los montones de pasto que devoraban, a la vez que se escuchaba a Ángela devorar el semen con que le había llenado su boca.
Este fue uno de los episodios sexuales que más recuerdo con esa hermosa mujer. Después de ello, nos vestimos y nos salimos a la carretera, ella se fue a su casa y yo a "cambuchar" con mis Soldados. Jajajaja, ser Soldado es muy sufrido, los héroes en Colombia sí existen...
Prometo escribirles un mejor relato, donde les contaré cómo le partí el culito a Ángela por vez primera, y de la manera menos pensada, pero que me gustó y le gustó un resto...!!!!!
Oe!!!
Suerte y Dios l@s bendiga!








Comentarios
0 comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
login Entrar