Las luces de la discoteca impulsaban mi viaje nocturno, el humo que se inhalaba aceleraba mi adrenalina y las mujeres con las que allí bailé estimulaban sexualmente mi cuerpo.
Ella me coqueteaba seguidamente, nuestras miradas se habían cruzado toda la noche y nuestros labios habían pedido saliva ajena desde hace tiempo.
Me levanté y me le acerqué, le hablé y ella me hablo, nuestras voces coqueteaban sin querer y nuestra manos se tocaban sin pedirlo.
Le pregunté cómo se llamaba y con una voz un poco recatada me dijo; Julieta.
La besé, ella me correspondió, se levantó acariciando pierna y con su mirada me dijo vamos a bailar...
Caminamos al otro lado de la discoteca y empezamos a tocarnos, mis manos siguieron su silueta acariciando su espalda baja hasta llegar y apretar su firme trasero...
Bailamos una, dos, tres canciones y mas excitados nos sentíamos, ella con sus manos me apretaba y jalaba el cabello, otras veces me rasguñaba mi espalda.
A la cuarta canción me besó, unos besos muy fuertes y excitantes... ella me mordía y lastimaba mis labios... ¡pero qué rico!
Ella me hablaba al oído diciéndome que estaba muy excitada que le tocara los senos, yo sin pensarlo se los toqué y se los saqué. Ella me decía que se los besara y se los besé, ella me decía que se los mordiera y se los mordí, ella me decía que se los chupara y se los chupé, me dijo que parara que la daba miedo pero no paré.
Mi mano izquierda bajó por su abdomen, desabotonándole un poco la falda mi mano llegó hasta su clítoris, mis dedos se movían como un pulpo en su habitad pues ella se mojaba como el mar.
Sus manos bajaron, abrieron mi pantalón y agarró mi pene, lo saco con mucha rapidez y sin preguntarme lo metió debajo de su falda, hasta introducirlo en su vagina.
Gemíamos con la canción y nos movíamos al ritmo de la melodía, nuestras manos buscaban el lugar perfecto dentro de nuestros cuerpos para agarrarse, ella tomó mi pelo y yo su cintura.
Nos dábamos duro. El sexo puro que brotaba por nuestros poros exigía la irracionalidad y alrededor impulsaba y estimulaba la excitación.
Me pedía que me viniera rápido, que quería sentirme dentro de ella... que la besara y la tocara, que la apretara y la rasguñara, ella no pensaba ni razonaba...
Ella bajó las manos y agarro mi trasero, me hundía en su piel fuertemente estimulando nuestros orgasmos, me mordió el labio salvajemente y mis ojos se voltearon... llegamos a donde queríamos.
Un suspiro se escuchó de nuestras bocas y la tranquilidad ya se apoderaba del momento, las manos subían y caían acariciando sutilmente nuestros cuerpos, nuestros sentidos volvían dejándonos ver a las gentes que nos rodeaban, nuestras bocas aun se besaban de manera lenta y sensual, se terminó.
El resto de la noche se nos hizo inevitable mirarnos y deseábamos solo un beso mas, nunca en esa discoteca se pudo.
Aquella noche de discoteca donde apasionadamente nos conocimos, es aun una de las noches más excitante de mi vida.








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