Padre e hijo para una caleña arrecha
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Don Jorge o Jorge es amigo de mi padre, compañero de trabajo y socio en empresas, lo conocí cuando tenía 16 años; casado, con un hijo (Jorge Alfredo) cuatro años menor que yo. No se los motivos pero se separo y su crio se fue a vivir con su mamá a los Estados Unidos, deje de verlo durante muchos años.
Jorge siempre me pareció un hombre guapo: alto de 1,85, velludo, acuerpado, musculoso, de buenos modales, encantador con la palabra. Desde que lo vi me enamora platónicamente de él, me masturbe muchas veces pensando en su cuerpo, y más de una vez tuve fantasías, pensaba que el hombre que me cogía era él, nunca pensé que un día a los 19 años esas fantasías se hicieran realidad.
Todo empezó cuando cursaba mis cursos de fotografía en la universidad, Jorge se interesó por mi conocimiento y empecé a tomar fotos de sus empresas y de ciertos eventos familiares. Su trato era deferente, no se cansaba de alabar mi belleza, inteligencia, capacidad laboral. Su actitud me gustaba, me sentía importante y aumentaba mi interés, quería que todo saliera superbién y anhelaba que se fijara en mí.
En un estupendo negocio compró una finca por el kilómetro 18 de la vía al mar, me pidió unas fotos para el día sábado después del medio día, quería mostrárselas a su arquitecto para reformar la casa, acepte. Mi padres lo tomaron como un trabajo más, a esa edad poco podían controlar mis salidas y mis decisiones laborales.
Me recogió en casa, iba en bermudas, sandalias, un polo o camiseta deportiva. Desde que subí al auto sentí una actitud diferente, estaba seductor ( me gusto), pero sentí temor, mi corazón se agitó y las piernas me empezaron a temblar, estaba en una posición vulnerable. Jorge me preguntó por mi novio o amigos, insinuó cosas sexuales con ellos. Todo con respeto, acompañado de palabras sobre mi belleza, mi cuerpo, cara, labios, cola, etc. Respondía con monosílabos y con risitas nerviosas, no sabía cómo enfrentar la situación, él insistía; su mano se poso en mi rodilla, quede estupefacta, no la retire, miraba la carretera, el costado de la vía; él conversaba, insistía en su preguntas. Después la subió un poco no mucho….. Llegamos a la finca… Respiré profundo.
No quería portarme como una boba, pero tampoco como loba. Comenzamos el trabajo y Jorge me llevaba por la cintura, se acercaba a mí, sentía su cuerpo cerca su respiración. Me erizaba, las pulsaciones arriba, las piernas temblando y sentí el primer brote de húmeda en mi vagina.
Jorge quería una fotos de plano cerrado de algunas partes de la casa, eso lo aproximo más, sus manos en la cintura sosteniéndome, o detrás de mi dando indicaciones; en ocasiones sentí que me rozaba con su pene, lo sentía duro. Las pulsaciones se incrementaban, temblaba más y la humedad crecía.
En una de eso momentos me ayudo a ponerme de pie, me abrazo por la espalda, sentí su pene duro en mi cola, su cara se hundió en mi cuello, lo beso, su lengua llego a mis orejitas. Mi cuerpo estaba arrozudo y el calor se incrementaba, sentía deseos de ese hombre.
Levanto mi blusa, me tapo la cara y bajo por la espalda besándome, lamiendo cada poro del cuerpo. Me transportó a un mueble… me sentí sostenida en el aire por ese hombre que deseaba, bajo mi pantalón de sudadera y con el se fue mi cachetero. Intente quitar mi polo, no me dejo.. Seguía semi vendada, ohhhhhh, ese quejido salió de mi boca cuando chupo mi sexo, no lo beso, lo chupo…. Me dio vuelta, de nuevo de espaldas y chupo mi culo. El ohhh se incremento. Jorge siguió chupándome el coño y el culo, nada de besos, chupetones, devoraba mis labios y mis jugos, también mi ano. Mis quejidos de placer aumentaban, no me importaba estaba en una casa vacía con un hombre mayor que pronto me iba a penetrar.
Quería ver y mamar su polla, pero no me dejaba quitarme el polo de la cabeza, de espalda recostada al mueble no podía hacer nada, solo disfrutar de cada chupetazo en mi sexo y en mi ano. No se cómo bajo se ropa deportiva pero de pronto su verga estaba rosando mis labios vaginales, no podía imaginarme como era, cuando empezó a metérmela sentí que me estaban clavando con una verga grande y gruesa.
“Estrecha como me gusta”, “Te voy abrir todita muñeca linda, me vas a demostrar que eres toda una perrita”. Me la saco con suavidad y me volvió a clavar con suavidad. Siguió así por un tiempito…. Estábamos en semi silencio, solo su respiración agitada de macho en celo y mis quejido de hembra poseída que gozaba con el pollón que le metían.
Me cambio de posición, me puso en cuatro en un sillón, escupió mi sexo, y me la clavo con más fuerza, su mano me tomo del pelo , halo con fuerza, y me zampo otro vergaso, ahhhhh, rico, y otro pollazo con el tirón del pelo y otro y otro… y yo con el ahhhh, si… ahhh si….. “a esta perra le gusta que le den duro con la verga, toma perra, goza con mi polla”. Sentí que era la voz de mi papa, pero la nalgada que siguió rompió el encanto.
Sentí que su saliva caía sobre mi ano, después la yema de su anular presionaba mi botón y se deslizaba adentro, acompasó el ritmo de su polla con el del dedo, cuando su verga me taladraba el dedo salía, cuando su tranca salía el dedo entraba. Mi orgasmo llegó con una serie de gritos profundos.
Quede extenuada, débil, sin energía, todavía estaba en los estertores de la corrida cuando su glande presionó mi ano, el corazón se aceleró, intenté quitarme pero me halo del pelo, “quieta perra”; sus mano me tomaron de la cadera, su verga erecta presiono, de nuevo la saliva, sus dedos en mi chocho, mi jugos usados como lubricante, más saliva, “relájate perrita, respira profundo pausado”, el dolor fue intenso, la cabeza de la verga había traspasado el primer umbral, el del dolor. Estaba paralizado por el quemonazo, pero anhelaba que me la empujara. Me hablo en el oído, “relaja el cuerpo, relaja tu culo, disfruta de mi verga, así como la gozaste en tu chocho”, me beso el cuello, me masturbo, sentí placer ante el estímulo de mi clítoris, de mi gallo inflamado de placer, me relaje y percibí con mucho placer como ese vergón se deslizaba culo arriba, abriéndome y llenándome de placer…..
Jorge fue muy pero muy precavido en las primeras lanceada a mi culo, lo hizo con cuidado, una vez su verga me abrió y se deslizo con soltura por mi ano, me tomo de la cintura e intensifico el ritmo, “que culito estrechito me como, tus amiguitos no te rompen el culo, y esta perrita con ganar de ser abierta, de recibir polla por este culo”; sus frases fuertes, me calentaban, sentía mis jugos fluir de mi vagina, sus dedos en el chocho y su polla taladrándome con cada embate….
Fui amante del amigo de mi padre durante varios meses, casi medio año. Un comentario de su esposa me hizo alejar de Jorge, pocos meses después se separo, cambio de ciudad, su hijo se fue con su madre a los Estados Unidos, después regresaron y u n día cualquiera él y su padre visitaron mi casa, los dos habían regresado a Cali y visitaban viejas amistades. Jorge Alfredo tenía 20 años, era muy parecido a su padre, me saludo con amabilidad, entusiasmo, pronto quedamos de ir al cine, a conocer la ciudad. Don Jorge, estuvo hecho un caballero, pero apenas pudo y quedamos solos me mimo como un macho, “no te he olvidado, eras la mejor”, no sabía si sus frases eran un halago o simplemente una disculpa para acostarse conmigo.
Con Jorge Alfredo empezamos a salir: cine, comidas, rumbas, etc. A pesar de la diferencia de edad establecimos vínculos de hermandad, que rápidamente fueron llevados por él hacia una seducción disfrazada, tanteaba el terreno para avanzar, quería comerme, pero no encontraba como lograrlo, tenía miedo de dar el paso definitivo, de lo que rechazara y mi decisión llegara a oídos de nuestros padres, actuaba como un adolecente inexperto. Decidí dar el paso, pero esa ese es otro relato que pronto les contare.








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