DEL APRENDIZAJE QUE SE HACE ÉXTASIS
Relato de comunidad Sexo con madurosschedule 5 min de lectura calendar_today Octubre de 2012

DEL APRENDIZAJE QUE SE HACE ÉXTASIS

Su mano se paseaba acariciando fuertemente mi paquete que sobresalía de la bermuda que llevaba puesta. Me miraba fijo a los ojos con las pupilas muy dilatadas. Una mirada de deseo mezclada con curiosidad, como si estudiara cuidadosamente las expresiones de mi rostro. Tenía 15 años y era la....

camilo

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Su mano se paseaba acariciando fuertemente mi paquete que sobresalía de la bermuda que llevaba puesta. Me miraba fijo a los ojos con las pupilas muy dilatadas. Una mirada de deseo mezclada con curiosidad, como si estudiara cuidadosamente las expresiones de mi rostro. Tenía 15 años y era la primera vez que un hombre adulto me tocaba. Ya había tenido uno que otro roce con un amigo compañero del colegio. Lo de siempre, caricias y masturbación mutua. Pero con este tipo yo buscaba algo más… experimental. Siempre he sido así, me encanta la adrenalina que se desata cuando hago algo prohibido. En este caso provocar y seducir a un tipo de 35 años era como una explosión de lujuria y lascivia para mí. Todo tan calculado, tan medido, tan preciso. Ya había escuchado rumores de parte de otros pelaos del barrio. “El tipo de la tienda de zapatos es cacorro” decían “le gusta los pelaos”. Un hombre casado, con una hija, con buen cuerpo y pinta: “nada mal, nada mal” me repetí una y otra vez.

Un día pasé por el local para mirar zapatos, le puse conversa y el susodicho se comportó como un bacán, sin embargo no percibí ningún tipo de tensión sexual de él hacia mí: “¿Será puro cuento?” me pregunté.

Uno de muchacho con las hormonas alborotadas, se crea unas películas muy raras, y cuando se comienza a experimentar con el sexo, en mi caso, las peladas del colegio, mojigatas algunas, no fueron suficientes para mi creciente adicción a la adrenalina.

La tercera vez que fui eran las diez de la mañana y llevé entre una carpeta con papeles una pequeña revista Sueca, de esas que nos acercó por primera vez al porno heterosexual y que traficábamos entre compañeros de colegio.

Entre risa y conversa pendeja dejé caer intencionalmente todo el contenido de la carpeta y por supuesto sobresalió la pequeña revista. El tipo se echó a reír y la recogió del suelo mientras me miraba como si supiera que lo hice apropósito. Me sentí ridículo. La comenzó a ojear e hizo comentarios lascivos como: “Ufff” “Que tetas” “Que culos”. Me hice al lado para mirar con él y con descaro rematé con un: “Y que vergas”. Me miró inquisitivo pero sonriente con un dejo de ladeo en su cabeza, y le devolví una mirada confirmadora seguida de otra imprudente a su entrepierna buscando un asomo de erección. La conversación se tornó interesantísima y luego de muchas preguntas de parte de él, terminé por darle una respuesta que en sí, era la razón por la que yo, un pelao de 15 años, había determinado seducir a un tipo de 35: “Quiero aprender de todo y que mejor que con alguien que sepa enseñarme”.

Ahora estamos tal y cual empezó este relato. La persiana del local completamente cerrada nos encubre y dado que su esposa y su hija no están en casa, dejo que él se encargue de ser un buen profesor.

Mi corazón late muy rápido, tengo susto. Pienso, en el peor de los casos, en una penetración muy dolorosa. Me pide que me desnude mientras él hace lo propio. Se queda en ropa interior y sus calzoncillos humedecidos de excitación parecen reventar con esa enorme polla apretada. “Así como yo te haga, me haces a mí ¿Está bien?” me dice. Luego me da sexo oral como mi amigo del colegio no lo había hecho ni en un millón de años. Aprendo entonces que una boca bien húmeda, y una garganta profunda hacen maravillas. Maravillas le hago después a él con la mía. Sería la primera verga realmente grande y venosa que me gozaría. Me gustó el sabor del líquido pre-seminal, me gustó cómo lo sentí en mi boca: carnoso, duro, venoso, palpitante. Me gustaron sus gemidos y sus manos en mis cabellos que apretaba de vez en vez cuando el ardor y el entusiasmo lo dominaban. Eso fue todo por ese día. Mamada y corrida mutua.

En la cita siguiente, unos días después, su lengua se paseaba golosa por mi orto inexplorado nunca jamás. Fue extraño pero delirante. Nunca había experimentado con mi ano, no sabía lo bien que se sentía. Sus dedos jugaron suavemente con mi esfínter virgen. Dedos gruesos pero con movimientos delicados circulares, muy suave por el bordo pero consistente. La piel de mi cuerpo se puso chinita y dejé salir tenues gemidos de deleite. Me miraba. Esos ojos negros, esas cejas, tan masculino, tan pervertido. Pasaba por intervalos su lengua a reemplazar su dedo. Con una mano me abría las cachas y con el dedo humedecido bien lubricado se abría paso muy despacio hasta donde yo pudiera aguantar, compensando la molestia inicial con una mamada profunda a mi verga siempre dura sentía como mi ojete se contraía y distendía repetidamente. “Eso es” me decía mirándome el ano. Comprendí que un ano estimulado se presta para ser penetrado más fácil.

Una vez, tomó mi verga con su boca y no la soltó hasta que me hizo venir en su boca. Casi me desmayo erizado, extasiado y tembloroso. Una de las mejores que me han dado. Jugar con los fluidos se volvió para mí una experiencia por demás deliciosa. Ya había probado antes por curiosidad mi propio semen cuando me pajeaba en solitario, pero probarlo tibio de aquél cuyo éxtasis te llena los sentidos del oído, tacto, vista, olfato y gusto es diferente.

En cada cita, mi deseo era ir más profundo.

Lo recuerdo bien. A la sexta cita, estaba lo suficientemente preparado para recibirlo adentro. Lujurioso, ganoso, dilatado… igual la primera vez es doloroso, todos lo saben, pero por momentos fue placentero, muy placentero. Para las siguientes citas era menos punzante y más satisfactorio. Igual él también hizo lo propio, y aprendí lo bueno que es ser versátil.

Jefferson, mi compañero de colegio también gozó mi experiencia adquirida y le enseñé a pasar bueno conmigo.

Un día se fue del barrio, después de eso nos vimos un par de veces pero todo quedó ahí. Fue bueno contar con alguien que realmente se tomó el trabajo de enseñar y no solo gozar egoístamente.

— camilo

20 de octubre de 2012

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camilo

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Soy hombre heterosexual

Comentarios

1 comentario

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  • serpa-t
    serpa-t · 21 de oct de 2012

    quee rico que alguin me enseñara asi...

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