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Relatos y Experiencias

Apenas pongo un pie en el camino empieza a llover, primero es una ligera llovizna, pienso que podré caminar sin ningún problema, tomo el camino que me habían indicado, no obstante, al dar tres pasos la lluvia se hace más intensa, decido entonces quedarme bajo un árbol que da una buena sombra; parece una selva tropical el paisaje que tengo a mi alrededor, huele a tierra húmeda y a plantas de las que desconozco su nombre. Me quedo ahí un rato, contemplando, disfrutando.

No tengo prisa, es temprano, el viaje fue corto y tengo toda la semana, traje el celular como mero accesorio, pienso dejarlo olvidado en un rincón de mi maleta; llevo un morral con cosas básicas, un libro, no mucha ropa. No tengo problema con la lluvia, sin embargo, me da temor el camino que se me hace como una pista jabonosa de barro, y no se me antoja caerme en ese camino, seria un mal inicio. Tomo el teléfono, busco en llamadas recientes y marco a Sergio. Lo he notado algo ansioso desde temprano, me ha llamado cinco veces, para asegurarse que tomara el bus adecuado, que recomendara al conductor que me avisara dónde bajarme, entre otras cosas. Me contesta al primer timbre.

-¿Estas perdida?- se apresura a decir.

-No, jaja, ya estoy en el camino, iba a aventurarme a caminar, pero empezó a llover y ese camino se ve muy resbaloso, ¿vienes por mi?- 

No tarda en llegar, tiene una camioneta azul, dos puestos, llena de barro. El camino es corto, ni cinco minutos, llegamos a una casa pequeña de ladrillo, una cerca de alambre, y una reja blanca no muy alta, salen dos perros ladrando, uno negro y uno blanco con manchas negras -desconozco las razas-, me da un poco de temor salir, siempre he considerado que el perro de finca gusta de la carne humana. 

-¿No te iras a quedar ahí?- dice Sergio entre preocupado y burlón.

Tomo aire, y salgo haciéndome la valiente, cierro la puerta y trato de no mirar a los perros a los ojos, me asusto al sentir la nariz húmeda de uno en mi mano, luego el otro me lame un dedo, entro lo mas pronto posible a la casa; en la parte de atrás la casa tiene una reja blanca, no tienes puertas, me parece interesantes sentarse y que solo haya una gran ventana que da al exterior, evidentemente esta nublado y no puede apreciarse nada del paisaje, los perros se quedan viendo a través de la reja, yo aun así no me atrevo a verlos a los ojos.

Sergio me muestra mi habitación que esta al fondo, pasando el baño y la cocina, la casa es coherente con lo que vi desde la entrada, dejo mi mochila, guardo mi celular y me olvido del mundo. Escucho pájaros cantar, el sol sale de nuevo. Los perros se han echado en la entrada, se ven tranquilos, espero ya se hayan familiarizado conmigo, abro la reja y salgo, en efecto, apenas si les importa mi presencia, veo los pájaros en un árbol donde Sergio a instalado una pequeña plataforma donde les pone comida, veo un pájaro amarillo comiendo, luego me dirijo a ver el paisaje. Me doy cuenta que por el contrario de la casa el terreno de la finca es bastante amplio, todo se da en una especie de deprimido, como si la casa estuviera en la cima de una colina y todo el terreo baja y vuelve a subir a los lejos en una colina en donde hay una casita más pequeña en medio de la maleza.

-¿podemos ir hasta allá?- pregunto sin mirarlo.

Tomamos un camino de piedra, que va bajando en escalones no tan altos, aun hay niebla, pero cada vez el sol esta más presente; el perro blanco nos acompaña, pasamos al lado de una casa donde veo otro perro más grande y más feroz, este me ladra con ira, ni siquiera lo miro y sigo de largo. Más abajo veo un techo de aluminio grande, me emociono al ver vacas, las observo un tiempo, Sergio me explica que vende la leche y deja algo para la casa, nunca compra leche de la que tomamos en la ciudades. Seguimos bajando, pero ya el camino de piedra ha desaparecido, ahora solo hay un pasto bastante alto, llega a mis rodillas, se alcanza a percibir un sendero que es invisible al ojo distraído. Hay arboles muy grandes en esta parte, seguimos bajando hasta encontrar una cerca de alambre, pienso que hasta ahí va el tour, pero Sergio con una mano la abre y se ve un camino pequeño, con mas maleza, veo hormigas en el camino, imagino que podría haber arañas, serpientes, otros pájaros cantan sobre nuestras cabezas.

Seguimos avanzando, el camino se hace resbaloso y de difícil acceso, él me pregunta varias veces si quiero seguir, y le digo que si; me entusiasma la aventura, es como estar en una historia de Julio Verne, o algo así, la hierba invade el camino, veo que mi jean se va llenando de hojas y de rastros de las plantas, ahora hay que subir de nuevo, hay una parte muy empinada, y llegamos a la casa que se veía a los lejos, esta abandonada, puede ser un poco tétrica en la noche, pero la admiro, y me parece agradable, ahora puede verse el pueblo desde ahí, la niebla ha cedido lo suficiente. Hay mas camino hacia abajo, Sergio me indica hasta donde puedo caminar, pero le digo que lo haré en otra ocasión estando sola.

El regreso se me hace más fácil, el perro blanco se adelanta y pienso que me ha comenzado a agradar, sobre el otro no estoy segura, y sobre el que esta encerrado ni hablar, su nombre debe ser Cujo. Al llegar a la casa siento mi cabello húmedo por el sudor, no ha sido muy larga la caminada, pero ha supuesto un esfuerzo del cual no estoy habituada. 

No les he hablado de Sergio, no sé si sea necesario hablar de él, pero diré un par de cosas: él es un hombre que ha vivido del campo por mas de 30 años, sin embargo, puede pasar fácilmente por hombre de ciudad, tiene poco cabello, mide 1, 80 aproximadamente, su calva y cuello son testimonio de largas jornadas al sol, es amable y con un buen sentido del humor.

Sergio se quita la camisa y entra a su cuarto, me invita a que lo siga.

-Te había prometido consentirte, y ya quiero comenzar esa labor- mientras dice eso me acuesto en su cama, él desabotona mi pantalón y me lo quita, luego hace lo mismo con mi panty, ya me siento mojada, introduce un dedo y al tiempo reposa su lengua en mi clítoris, gimo de placer, cierro los ojos y arqueo mi cuerpo.

-¿qué tal si empezamos suave... no sé, unos 15 minutos de esto?- me dice sin apartado su lengua de mi clítoris pero sin detener su dedo.

-No pares- digo levantando mi cabeza buscando su mirada, y me dejo caer de nuevo.

Tal vez pasaron los 15 minutos o tal vez más, su rostro esta empapado de mis fluidos luego de mis tres orgasmos, apenas si me muevo, él se levanta, agarra su pene en la mano y me penetra. Me emociono por sentir el movimiento de nuestros cuerpos, es como si ya conociera mi cuerpo, sabe donde tocar y sabe la intensidad adecuada. Rasguño su espalda, y él pierde el control. 

Me despierta el canto de uno de aquellos pájaros amarillos, esta todo iluminado, y siento en mi cuerpo la languidez usual después de una noche de sexo, Sergio ya no esta en la cama, me había dicho que estaría todo el fuera, pero que me quedaría en compañía de los perros, que ellos me cuidarían, lo cual no me hizo mucha gracia la verdad. Me tome mi tiempo en la cama.

Me pongo las medias y una botas que Sergio me presto para mis excursiones, eran de su hermana y me calzaron a la perfección; no me moleste en vestirme, decidí ir desnuda, fui a la cocina, me prepare unas tostadas y unos huevos, debía oler muy bien, pues desde las rejas ambos perros estaba salivando. 

Después de desayunar me detengo a ver el paisaje desde el comedor, se ve mucho más vivo hoy, el sol esta en pleno y hace calor, la camioneta no esta, se me hace divertido pensar en recorrer la finca completamente desnuda; abro la reja y salgo lentamente, bajo por el camino de piedra, me detengo un momento cuando escucho a los perros ladrar en la puerta, bueno al menos estarán entretenidos ladrando a cualquier persona que pase por el camino, sigo bajando, miro en la finca vecina que tienen toda una plantación de café, lo reconozco por las pepitas rojas, continuo mi camino. Al terminar el camino de piedra me agrada la sensación del roce del pasto en mis piernas, no tengo prisa, es mas, me olvido de mi desnudez, siento todo muy natural.

Llego a la cerca, la corro, paso y la vuelvo a cerrar pensando en que los perros no me persigan y me den el susto de mi vida, ahora están callados y no sé donde están, seguramente durmiendo; seguí el camino, el mismo de ayer, pero esta vez no subo a la casita, voy por el camino de bajada, escucho algunos pájaros, también el sonido de una sierra a lo lejos y perros a una distancia que no me preocupa. El camino es mucho mas angosto, y lleva a una bajada que decido no hacer, detrás hay tres arboles de troncos secos y gruesos, de pie disfruto el paisaje, tranquila, desconectada o mas bien conectada con el presente.

-Vecina, buenos días tenga- dijo alguien tranquilamente, confieso que me toma por sorpresa, o mas sencillamente digo que me asusto. Es un trabajador de la finca donde plantaron todo ese café, esta sin camisa, sudando y me saluda desde detrás de la cerca.

-Buenos días- contesto tranquilamente.

-¿puedo pasar?- me pregunta cortesmente, y asiento al no encontrar un real motivo para decir que no.

Se agacha y de un paso dado con precaución atraviesa la cerca de alambres, apoya sus manos en el suelo y sube con relativa agilidad, solo al estar a mi lado me hago consciente de mi desnudez, no obstante, me quedo tranquila, nunca he tenido el reflejo de cubrir mi desnudez, y creo que eso le llama la atención.

-¿Qué hace sólita por acá vecina?-

-Estaba explorando, disfrutando del paisaje, es bien bonito por acá, entonces hay que aprovecharlo-

-Si es bien bonito, pero usted mi vecina, es mejor paisaje- mientras dice esto, me doy cuenta que ha empezado a frotarse la entrepierna.  

Solo sonrío, lo miro a los ojos y luego aparto la mirada, es un hombre fuerte, de espalda ancha; centro mi atención en la cerca, en los limites con la otra finca, me doy cuenta que el ruido de la sierra se ha ido, presumo que él era el que estaba trabajando con la sierra, de todos modos no es un misterio que me quite el sueño. Me fijo de nuevo, y se nota como su pene esta muy duro en su pantalón.

-Vecina, aquí tengo lo que necesita- se bajo los pantalones, hasta la rodilla, su pene se me muestra totalmente erecto. Se acerca a mi, me toma del antebrazo, con firmeza, con seguridad, me dejo llevar, apoya mis manos contra un árbol, me hace inclinar levemente, toca con sus dedos mi vagina que ya esta bastante húmeda, él me da una gran lamida desde mi clítoris hasta mi coxis ... aquello casi me hace perder la razón.

Siento la punta del pene en mis labios vaginales, con un ligero movimiento percibo como me entra poco a poco, hasta que entra todo, el hombre pone ambas manos en mis hombros, enseguida comienza con un ritmo constante y rápido. Escucho una voz que llama a alguien.

-Venga marica, entre por la esquina, estoy con la vecina- le dice al que llamaba en tono de cómplice. No aminora su ritmo, mis gemidos inundan ese espacio, escucho pasos en la hierba y luego un silbido.

Cierro los ojos por un momento, me concentro en las sensaciones de mi cuerpo, estoy empapada de sudor, en mi vagina hay una explosión de sensaciones placenteras, en mi hombro me doy cuenta de que cada vez aprieta mas sus manos en mi, signo de que esta a punto de venirse. Me vengo yo primero, se me doblan las piernas pero él no me deja caer y mantiene mi posición, él se viene, se hace a un lado y otra persona toma su lugar, no pierde el tiempo y me penetra con fuerza; escucho más pasos en la hierba, escucho conversaciones, escucho algunas risas, no logro entender con claridad. Termina este segundo, viene un tercero y un cuarto.

Es surrealista, estoy sola de nuevo, como si nada hubiera sucedido, pero mi cuerpo me dice que sí sucedió.

Regreso a la casa, me tardo el doble de tiempo o el doble de esfuerzo, o tal vez sean ambas al tiempo, me quito las botas y las medias, entro a la ducha, me siento sucia, con fluidos y sudor de esos hombres, pero la sensación me excita, aprovecho y me toco. 

Sergio me llama preocupado, temiendo que este aburrida, le digo que no, que esto era lo que quería -claro las sorpresas han sido bienvenidas también- , me dice que dejo algo para comer, preparo mi almuerzo y disfruto una limonada de menta con ingredientes de la huerta, lo cual me genera emoción, me tomo todo con calma, no tengo tiempos que cumplir, es sol ya no esta tan brillante, empieza su camino al ocaso, son aproximadamente las 4PM, y no he dejado de pensar en lo de esta mañana, ha sido algo extraordinario. Miro de nuevo el paisaje, y por impulso quiero volver allá. Escucho de nuevo la sierra, los pájaros y regreso, voy hasta la cerca, me dirijo por el mismo camino, voy al mismo árbol y me apoyo de la misma manera, me quedo quieta esperando que el sonido de la sierra o otro sonido me indique movimiento; la sierra deja de sonar, de nuevo los pasos, no sé cuantos son, no los miro, solo escucho.

Me incorporo, me devuelvo en el camino, escucho que me llaman voces que no me son familiares, voy al camino de subida, a la casita, entro, hay una mesa de madera en medio de la casita, me apoyo igual que lo hice en el árbol.

-Cómo usted quiera vecina- escuche que dijo alguien.

La luz del sol entra directamente por el marco donde debería haber una puerta, cuando miro atrás el solo es cubierto por las siluetas de un grupo de hombres, algunos restregándose la entrepierna con sus manos, otros con su pene ya afuera.

-Qué preciosura de muñequita-

-Bienvenida mamita!!-


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