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Relatos y Experiencias

Una tarde estaba en el Centro de la ciudad, aún no podía ir a casa así que decidí visitar unas famosas cabinas que todo el mundo conoce; al entrar era un sitio muy normal, computadores en el centro de la habitación con separadores y cortinas, había varios manes, hombres mayores que miraban a los demás como si fueran presas, uno que otro de mi edad mirando a su computador con cara de apatía, nada interesante para ser francos, pero había un man con cara de malo, alto, camiseta roja, moreno, con gorra, grandes brazos que se marcaban en su camiseta, un estómago medio grande, pero era de esos estómagos de manes de gimnasio cuando están en etapa de volumen, así parecía él, no hablaba, solo deambulaba, no le prestaba atención a nadie, me senté frente al computador que me tocaba y creí que había ido a nada, la verdad no me interesaba nadie en el sitio, el man con cara de malo entró varias veces a fisgonear que estaba haciendo, pero se iba, así se la pasó él mientras el tiempo corría sin prisa, luego de un rato este personaje se entró del todo a mi cubículo y comenzó a manosearme el pecho, no le presté atención, la verdad le corrí la mano varias veces, no porque no quisiera, si no porque había un número considerable de gente en el lugar y era incómodo, a él no le importó pues seguía allí intentando convencerme solo con el juego de sus manos sobre mí.

Al final me levanté, éramos de la misma estatura, él me sobaba el pene sobre el jean mientras que se sacaba el suyo, era grueso, no muy largo, pero sí grueso, me agaché para chupársela, estaba muy limpia y olía como si se hubiera bañado hace poco, timidamente besaba y lamía su glande, era rojo, caliente y se sentía palpitar, tomé confianza y lo engullí, le hice garganta profunda y se lo chupaba mientras él me cogía de la cabeza y me apromía hacia su pelvis, no me dejaba apartar y me obligaba a estar allí atragantado con su verga, tuve que forcejear un poco para poder respirar y nos la pasamos así un rato, a veces me apretaba con ganas, a veces era yo quien decidía metérselo hasta el fondo de la garganta, cuando hacía esto segundo sus manos me apretaban los pectorales con mucha fuerza, sentía que me dolía pero a la vez me daba placer, le acariciaba el estómago con mis manos y sentía sus pectorales duros como roca, en definitiva hacía mucho ejercicio, sus manos eran gruesas y musculosas, podía sentir sus venas brotadas y la fuerza con la cual me apretaba los pectorales y me ahorcaba, cuando me ahorcaba me cortaba la respiración, lagrimeaba mucho y sentía que me mareaba, pero no importaba, disfrutaba de él y de su mirada de arrogancia y placer, al final me sacó su pene de la boca, se masturbó y se fue, no sin antes apretarme más fuerte el pecho y darme una nalgada.

Pasaron varios días en los cuales tuve morados por el pecho, hombros y hasta en el cuello de la presión que hizo al apretarme, sentir que en cualquier momento me iba a asfixiar y que él tenía el control fue muy placentero.


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