“La casa de al lado”
Narrado por ella — 45 años
---
Hay cosas que una mujer no planea sentir…
pero cuando despiertan, no hay vuelta atrás.
Mi esposo viaja seguido por trabajo.
Y cuando la casa se queda en silencio, no me siento sola.
Me siento libre.
Fue en una de esas tardes largas, de sol suave y ropa colgada, cuando lo vi.
Mi nuevo vecino.
Camiseta negra, pantalón deportivo. Auriculares y una botella de agua.
El tipo de hombre que camina sabiendo que lo observan…
y que no tiene prisa en disimularlo.
Nos saludamos por cortesía.
Pero al tercer cruce de palabras, ya no hablábamos como vecinos.
En su mirada había algo más.
Curiosidad.
Juego.
Y un atrevimiento silencioso que me recorría entera.
---
Un día me ofreció ayuda con unas cajas.
Acepté.
Sabía que podía cargarlas yo sola…
pero también sabía que quería sentirlo cerca.
Y cuando sus dedos rozaron los míos al pasarme una de ellas,
mi piel se encendió como si fuera la primera vez que alguien me tocaba.
No dijo nada.
Solo me sostuvo la mirada por un segundo más de lo correcto.
Y en ese segundo, me imaginé cosas que no debería.
O que tal vez, por fin, sí debería.
---
Esa noche, no dormí.
Ni la siguiente.
Hasta que el viernes, toqué a su puerta.
Con una excusa simple.
Un libro que prometió prestarme.
Nada más.
Pero cuando abrió, vi en sus ojos que ambos sabíamos que el libro era lo de menos.
Me hizo pasar.
La música era suave, el ambiente tibio.
Y entre palabra y palabra… los silencios crecían.
Nos sentamos en el sofá.
Él muy cerca.
Yo, muy quieta.
Hasta que su rodilla rozó la mía.
No fue casual.
Y no me aparté.
No hubo besos apresurados.
Ni frases vacías.
Solo respiraciones que se encontraban.
Miradas que se detenían en mi boca, en mi cuello, en mis piernas cruzadas con intención.
Y cuando se acercó…
yo cerré los ojos.
No porque tuviera dudas.
Sino porque quería sentirlo todo.
Su tacto fue una caricia lenta.
Una forma de decirme: “estoy aquí, y sé lo que necesitas”.
---
Esa tarde, fui otra.
Fui la mujer que no espera a que la deseen,
sino que va a buscar el deseo.
Fui su vecina, su obsesión, su fantasía cumplida.
Y él… fue la chispa que me encendió desde adentro.
---
Volví a casa caminando despacio.
Con el pelo revuelto y el alma desordenada.
En la ventana de su sala, su silueta me miraba partir.
Sabía que no sería la última vez.
Y por primera vez en años…
esperaba con ansias el próximo fin de semana a solas.
---








Comentarios
0 comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.
login Entrar