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A mediados de los inolvidables años ochenta, cultivando la afición de la lectura, heredada de mi madre, compraba a diario el periódico en el expendio más cercano a mi casa.
Dicho lugar era atendido por una amable señora a quien generalmente acompañaba su hija, graciosa chiquilla de unos once años, muy acometida y diligente, llamada Olga Lucia,siempre dispuesta a ayudar a su madre.
Cierto día, la señora me propuso enviar con el diario a Olguita para evitar mi salida hasta allí todos los días y en atención a que Olguita llevaba los diarios de otros clientes.
Así comenzó ésta aventura en la que me dedique a conquistar el corazón de mi dulce tormento, ya que forjamos una muy buena relación de amistad y permaneciamos hasta una hora hablando de todo un poco sin perder oportunidad de tratar temas sexuales, que la ruborizaban y hacían reír de forma nerviosa, desahogandose ella pellizcando mis brazos.
Fruto de la confianza adquirida, la invité a entrar a la casa, le ofrecí una bebida, la senté en el sofá se la sala y le propuse que fuésemos amantes, petición que di por aceptada por su sonrisa nerviosa.
Procedí en circunstancia a formalizar la relación tomando su rostro entre mis manos y dándole un profundo beso con mucha lengua y saliva, correspondido por el despertar de la libido de mi Lolita. Su rostro enrojecido y su mirada de pasión y deseo dieron rienda suelta a su despertar sexual, ahora era ella quien me besaba, me acariciaba, me pedía que la hiciera mujer... La puse de pie y retiré su vestidito de flores, no llevaba sujetador, solo unos cuquitos de corazones que bajé con mis dientes, empezando a recorrer todo su cuerpo con mi lengua viendo como se retorcía cuando lamía sus puntos débiles... metí lentamente la punta de mi lengua en su virginal vaginita, que desprendía un delicioso aroma y empezaba a rezumar sus fluidos, que yo chupaba con deleite, masajeando su clítoris y con mis dedos, ya con mi lengua, hasta que ella aprisionando fuertemente mi cabeza con sus piernas se dejó venir en un intenso primer orgasmo, con frenéticos movimientos de su pelvis arriba y abajo restregando su clítoris con mi lengua y nariz.
La abracé y bese tiernamente, la puse de rodillas y comenzó la lección de mamada de verga....
Continuará.






