Guía Cereza
Publicado hace 7 horas Categoría: Tríos 77 Vistas
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Mi nombre es Sandra, y mi esposo, Carlos, siempre ha sido el cómplice perfecto. Durante meses, nuestra misión fue rescatar a Laura de la tristeza de su divorcio. Carlos se encargaba de todo: él elegía los bares más exclusivos, nos llevaba en el coche y, tras dejarnos allí para que habláramos, volvía a recogernos entrada la noche, siempre puntual, siempre protector. Pero esa dinámica de "chofer" y confidente empezó a teñirse de una curiosidad eléctrica.

Aquella noche, el alcohol en el último bar nos había soltado la lengua. Sentados los tres en el salón de casa al regresar, la conversación se desvió hacia el sexo. Hablábamos de fantasías, de lo prohibido. Laura, con las mejillas encendidas, confesó que a veces nos imaginaba. El aire se volvió irrespirable de puro deseo.

Me acerqué a ella en el sofá, en ese momento le hable al oido y le dije que esa noche "Carlos nos va quitar el estres". Laura se puso rígida. "Sandra, no puedo... es Carlos, es tu esposo, me da miedo arruinar esto", susurró con la voz temblorosa. Pero sus ojos estaban fijos en los labios de Carlos. Él se acercó por el otro lado, rodeando sus hombros con su brazo fuerte.

"Solo es una noche, Lau. "Nadie nos ve", le dijo él con esa voz profunda que me debilita. Yo la besé en el cuello, sintiendo su pulso acelerado. Carlos empezó a besarla en la comisura de los labios. Laura soltó un gemido ahogado, una mezcla de pánico y ganas; no repetía que no podía. Finalmente, el deseo pudo más que el miedo. Se giró hacia Carlos y lo besó con una furia contenida de meses, mientras mis manos se perdían bajo su falda.

En la habitación, la luz era mínima. Nos desnudamos con una urgencia febril. Los besos de tres eran una danza de lenguas húmedas; Carlos nos devoraba a ambas, alternando su boca entre la mía y la de ella.

Fue entonces cuando tomé la iniciativa. "Lau, ven, vamos a darle las gracias", le dije con una sonrisa pícara. La guíe hacia Carlos, que estaba sentado en el borde de la cama. Le propuse a Laura hacerle un oral doble. Ella dudó un segundo, pero al ver la erección de Carlos, se arrodilló conmigo. Ver nuestras dos cabezas moviéndose rítmicamente sobre él, nuestras lenguas compitiendo por darle placer mientras nos mirábamos a los ojos, fue el detonante final. Laura ya no tenía miedo; estaba hambrienta. Las lenguas de arriba a abajo hasta el tronco, mientras yo me enfocaba en sus bolas. Lau, la punta de esa verga. Yo estaba a mil, nunca había experimentado esto y estaba más excitada de lo normal. Me ponía superhúmeda ver a Laura comiendo. Toda la verga de Carlos.

El encuentro se volvió una batalla de piel y fluidos. Recostamos a Laura en el centro, y Carlos la tomó y comenzó a desnudarla. Yo, mientras me la comía a besos, ardiente. Laura, aun sin saber qué pasaba, solo se dejaba llevar; se notaba que el placer la dominaba. Aun en unos momentos decía que no podía porque esto podía terminar mal; su cara de deseo la hacía querer más.

Por mi parte, comencé a dirigir; le dije a Carlos que bajara. Y comenzó a hacerme un delicioso oral a Lau. Mientras yo le comía los pechos. Luego cambiamos. Y así seguimos. Por un tiempo.

En ese momento le dije a Carlos que la penetrara, mi excitación. Subió aún más. No puedo describir cómo, en lugar de darme celos. Me ponía a mil.

Mientras Carlos la poseía con embestidas profundas y lentas, yo me coloqué detrás de ella, pegando mis pechos a su espalda y acariciando su clítoris con una mano, mientras con la otra guiaba el ritmo de Carlos. Laura estaba en un trance, sus gemidos llenaban la habitación, atrapada entre el hombre que la protegía y la amiga.

Carlos no nos dejaba descansar. En un movimiento experto, me puso a mí debajo de él mientras Laura, ya totalmente desinhibida, se sentaba sobre su cara, entregándose a su lengua mientras él me penetraba a mí. Era una masa de extremidades, sudor y sonidos animales. Sentir la humedad de Laura en la cara de mi esposo mientras él me llenaba a mí era una sobrecarga sensorial insoportable.

La intensidad subió hasta que no pudimos más. Carlos volvió a centrarse en Laura, pero esta vez yo me puse frente a ella, besándola con pasión, compartiendo su aliento y sus gritos. Cuando Carlos llegó a su fin dentro de ella, los espasmos de Laura me contagiaron, y las dos estallamos en un orgasmo coordinado, mientras él nos sujetaba con fuerza contra el colchón.

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🍒 Pregunta Cereza

¿Sabías que muchas personas dicen que la mente es su principal zona erógena?


  • Delicioso y muy bien narrado, que linda experiencia de complicidad, deseo, sexo y ternura. Felicitaciones, esperamos seguir leyendo sus aventuras. Que rico es vivir en complicidad con la pareja, alimenta la relación.
  • hace 6 horas
    Hace tiempos no había un relato así en esta categoría. Ojalá escriban más, que, por ejemplo, cuenten que pasó luego con Laura.