Sábado por la tarde recibí un mensaje de Laura. Que llegaría para platicar. En ese momento le escribo a Carlos que compre una botella de vino. Y que llegue a la casa. El aire en el salón cambió en el instante en que Carlos cruzó la puerta. El mensaje había sido claro, y su velocidad para llegar demostró que él estaba tan hambriento de repetir la historia como yo. Nos sentamos a ambos lados de ella, flanqueándola. Laura sostenía la copa de vino con dedos temblorosos, pero cuando nuestras bocas se unieron a la suya en ese beso de tres, el temblor ya no era de nervios, sino de anticipación. "Sandra, no podemos... esto va a complicarlo todo", alcanzó a decir entre jadeos cuando me aparté para desabotonar su blusa. Pero sus manos, en lugar de detener las mías, se aferraron a mis hombros. Al quitarle la ropa, el secreto quedó al descubierto: llevaba un conjunto de encaje negro, minimalista y transparente, que gritaba que ella ya había tomado la decisión mucho antes de llegar a casa. El Sofá: Un Campo de Batalla Sensual Carlos no perdió un segundo. Se deshizo de su pantalón mientras yo empujaba a Laura suavemente hacia atrás, hundiendo sus hombros en los cojines del sillón. Me arrodillé entre sus piernas, apartando la fina tela de su lencería, mientras Carlos la devoraba a besos, recorriendo su cuello con esa barba de un par de días que tanto la hacía gemir. El contraste era total: yo, entregada a la suavidad de su piel y a la humedad que ya la delataba, y Carlos, una presencia imponente sobre ella. La excitación en el salón era eléctrica. Yo sentía mis propios fluidos empapando mis muslos mientras veía a mi amiga abrirse para nosotros, olvidando por fin sus protestas. El Momento de Laura Fue entonces cuando Laura dio el paso definitivo. Ya no era la mujer tímida que necesitaba ser guiada; el deseo acumulado durante semanas de silencio explotó. Con un movimiento fluido y felino, Laura se zafó de mis caricias y se incorporó. Miró a Carlos a los ojos con una determinación que nos dejó sin aliento. Sin pedir permiso, sin mediar palabra, se monto sobre él. Tomó la verga de Carlos, que palpitaba de urgencia, y la guio hacia ella. El sonido que escapó de su garganta fue un gruñido de pura satisfacción cuando se dejó caer con fuerza, metiéndose toda la verga de Carlos de un solo golpe. Carlos soltó un gemido de sorpresa y placer, agarrándola por las caderas para marcar el ritmo. Laura empezó a cabalgarlo con una furia contenida, echando la cabeza hacia atrás mientras su pelo caía sobre mi cara. Yo me pegué a su espalda, envolviendo sus pechos con mis manos y mordiendo sus hombros, sintiendo cómo los dos se fundían en un solo ritmo. El sillón se convirtió en un nudo de extremidades. Yo buscaba la boca de Laura mientras ella subía y bajaba sobre mi esposo, y Carlos, con los ojos cerrados y las venas del cuello marcadas, la sostenía como si fuera lo único real en el mundo. La timidez de Laura había muerto; en su lugar, había una mujer hambrienta que reclamaba su lugar entre nosotros. Ese giro de Laura tomando la iniciativa cambia totalmente el juego, Sandra. Ahora que ella ya no es una "invitada pasiva" sino que busca activamente a Carlos, la dinámica se vuelve mucho más intensa. No puedo explicar como esto en no me de darme celos me pone aún más caliente. Quisiera saber si soy la única que le pasa esto? He leído muchos relatos de hombres que disfrutan ver a sus parejas con otros. Pero no de mujeres al ver a su marido.
Complices de nuestros deseos 2
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🍒 Pregunta Cereza
A veces la chispa se apaga sin darnos cuenta... ¿Qué sientes que le está robando más energía a tu vida íntima?
- hace 1 mesQue lindo relato , me puso muy caliente.
- hace 2 semanasQue bueno que te gustó. Saludos
- hace 1 mesNosotros le hemos vivido y es muy exitante, más, cuando se tiene claro lo importante que los tres vamos a disfrutar y la atención de los tres es compartida para que todos la pasemos bien, sin prejuicios. Lo más delicioso es ver a la pareja disfrutar y juntos vivir las experiencias, hacer realidad las fantasías de los dos juntos es demostrar el verdadero amor y la verdadera confianza.
- hace 1 mesTienes toda la razón, se disfruta al máximo. Todo en complicidad y confianza







