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Después de varios años de experiencia en la compañía, tuve la suerte de ser asignada al rol de instructora. Llevaba ya un par de años casada y este rol organizaba mucho mis horarios laborales, lo que me serviría para el rol de ser madre. Alejarme de la ajetreada vida del aeropuerto y los uniformes para comenzar a usar ropa formal, tacones y hablar en público suponían nuevos retos y un diferente tipo de estrés laboral.
A lo largo de los años, a medida que mi esposo fue ascendiendo en la empresa, era menos necesario que saliera de viaje, por lo que me había acostumbrado a tener buen sexo de manera regular. No había tenido tanto tiempo de abstinencia sexual hasta un viaje que tuvo que hacer en el que duraría más de un mes. Como siempre he tenido una libido muy activa, teníamos sexo telefónico o por videollamada, pero la autosatisfacción no me hacía sentir completa. Para distraerme de la falta de actividad sexual, me dediqué cada vez más al desarrollo de los nuevos aspirantes. Normalmente siempre hay una o dos personas excepcionales, que no sólo destacan en el aula, sino también en sus actividades extra clase. Ese año no fue la excepción. No sólo hubo un joven que se destacó en ambas áreas, sino que también era extremadamente guapo y sexy. John tenía unos penetrantes ojos azules que podían mojar a cualquier mujer en un instante. Su cuerpo era marcado y musculoso, pero no era sólo que tuviera un cuerpo increíble, su personalidad y carisma eran arrolladoras, buenas habilidades para desempeñar un trabajo de servicio al cliente. Se presentaba más como si fuera un joven de 20 años, lo que lo hacía aún más sexy, si eso era posible. De repente, me encontré soñando y fantaseando con un chico 10 años menor que yo.
Dado que mi satisfacción sexual se había reducido considerablemente, tenía muchos pensamientos fantásticos sobre John mientras me masturbaba frente a la pantalla del celular en las sesiones con mi esposo. En el poco tiempo de enseñanza, nunca había tenido pensamientos similares sobre ningún estudiante, como los que impregnaban mi mente sobre John. Esa noche de jueves de septiembre, aún con un par de noches para que mi esposo volviera, terminé mis clases alrededor de las 3 pm y decidí quedarme a compartir con mis compañeros instructores un tiempo jugando billar (más bien las mujeres viendo a los hombres jugar) en un lugar a un par de calles, sobre las 7 pm nos despedimos y regresé al edificio por mi auto.
J: Señora Sabogal, escuché a lo lejos mientras caminaba. Volteé a revisar tratando de descubrir la sombra que a lo lejos se me acercaba.
T: ¡Ah! John, buenas noches, Contesté cuando pude reconocerlo.
J: ¿Caminando sola por estas calles?, dijo mientras llegaba a mi lado
T: Bueno, en realidad solo regreso al edificio por mi auto, retomamos el camino ahora los dos.
J: ¿Le molesta que la acompañé? Aunque no me sentía temerosa, un hombre acuerpado cuidándome no estaría de más por unos metros. Asentí con un gesto.
Debe vivir cerca y me vio, trataba de convencer a mis pensamientos que en 1 segundo me habían dado un sinfín de posibilidades de porque él estaría allí, ninguna de ellas me decía que era casualidad. Abrí mis labios para preguntar, pero no alcancé a pronunciar nada cuando él habló.
J: La vi en el billar con todos los instructores, no imaginé que ud asistiera a estos sitios. Ok, aclarada mi duda, no lo tome a mal, me refiero a que ustedes siempre están vestidos muy formales.
No hubo mucho más tema de conversación, realmente estábamos muy cerca de mi auto, así que, al llegar a él, John espero que yo entrará y se despidió moviendo la mano. Agotada por completo y con ganas sólo de relajarme en un baño perfumado con una copa de vino, mi nivel de frustración pronto se disparó al intentar arrancar el coche y que no funcionara. El ruido del motor tratando de arrancar en vano alertó a John y vi cuando a lo lejos se detenía, giraba y se quedaba esperando mientras me observaba. Un nuevo giro de la llave ayudado de una súplica finalizó en otro intento fallido. John comenzó a caminar hacia mi nuevamente. Tienes que encender antes que él llegue pensaba mientras hacía un intento más, llena de enojo sabiendo que mi esposo no estaba para salvarme.
J: Parece que no anda, Es apenas obvia la respuesta a tan tonta pregunta, pensé en decirle mientras mi nivel de estrés crecía sin control.
T: Eso parece, respondí recordando que al ser la maestra debía ser cordial.
J: Pues yo no sé nada de mecánica, así que no podré decirle que le ayudo, pero si desea puedo acompañarla mientras llama a un mecánico o lo remolca. Aunque si apreciaba su atención, me decepcioné ya que esperaba que pudiera hacer algo más que solo acompañarme.
Llamar al mecánico y que llegara iba a tardar al menos una hora, no estaba en condiciones de quedarme allí, así que decidí llamarle al día siguiente y tomar un taxi. Al percatarse de esto, John me dijo que no lo llamará, que si lo acompañaba de regreso al billar él podría llevarme. Para esos días habían aparecido 2 ó 3 noticias sobre personas que habían drogado en los taxis y las habían robado, así que no parecía tan mala idea. Acepté, tomé mis cosas y salí del auto. Los pocos metros de regreso buscando el auto de John fueron suficientes para pensar en todas las consecuencias en mi carrera si alguien llegaba a verme subir a su auto, sin embargo, la idea también trajo un gran morbo por estar a solas con aquel joven.
En el camino a casa, sorprendí varias veces a John mirándome las piernas, yo usaba una falda tipo lápiz negra con una abertura a los costados. Me estaba excitando de imaginar los pensamientos que por su mente pasaban. En un momento intentó disimuladamente acomodar su pantalón, quise pensar que era por la erección que comenzaba a tener, lo que me excitaba demasiado, tener a este joven semental mirando mi cuerpo de una manera lujuriosa. Continuamos hablando incluso después de que él se detuvo frente de la entrada. Estaba disfrutando tanto de la compañía de John que no me di cuenta de la hora, pasaban las 9 y media. Me sentí muy cómoda charlando con él, tanto así que me conmovió invitarlo a pasar para continuar nuestra conversación. Mientras charlábamos cómodamente en el sofá, descubrí que el nivel de excitación sexual aumentaba dentro de mí y como no estaba para cohibirme de cosas me levanté, activé la cámara de mi teléfono y lo puse sobre la mesa frente a nosotros, John se sorprendió, pero cuando intentó preguntar, me incliné y lo besé tiernamente en los labios. Mis manos tomaron su rostro mientras continuamos besándonos.
T: Oh, Dios mío, lo siento mucho, no fue mi intención, no debería haberlo hecho, eso fue tan inapropiado de mi parte, dije simulando una repentina sensación de vergüenza mientras saltaba lejos de él, pero esperando que él me siguiera.
J: Oh, señora Sabogal, por favor no se arrepienta, susurro mientras se acercaba de nuevo, he soñado que algo como esto suceda, y entonces se abalanzó sobre mí.
Se volvió más agresivo, me besó profunda y apasionadamente mientras me recostaba suavemente sobre el sofá. Cediendo a mis necesidades más básicas y mis antojos, no lo rechacé ni intenté desanimarlo de ninguna manera. De hecho, lo acerqué más a mí mientras mi lengua exploraba su boca, sintiendo su cuerpo duro sobre mí, era muy estimulante. Mientras nos besábamos, sentí la mano de John deslizarse por la parte interna de mi muslo. Cuando sentí su mano fuerte tocar mi suave piel desnuda por encima de la parte superior de mis medias, abrí más las piernas para darle un mejor acceso. No pude continuar el beso y eché mi cabeza hacia atrás en el cojín por haber sentido su mano rozar mi vagina desnuda y mojada. Dejé escapar un gemido cuando sentí pasar su dedo de arriba hacia abajo sobre mis labios mojados. Estoy segura de que mi excitación aumentó aún más porque hacía algún tiempo que no me tocaban tan íntimamente.
En el calor del momento, llevé mi mano hacia la entrepierna de John. Acaricié su polla semidura a través de su pantalón, me complació gratamente darme cuenta de que iba a ser más grande de lo que en un comienzo imaginaba. Estaba en el punto sin retorno ahora. Sabía que me iba a entregar a él y no había ningún razonamiento que pudiera hacer para detenerme. Estaba fuera de control y realmente no me importaba. En pocas palabras, necesitaba que me follaran, ¡y lo necesitaba ahora! Los dedos nerviosos de mis dos manos lucharon con el botón de su jean, pero pronto superé esa barrera, lo desajusté y junto con su ropa interior lo tiré hacia abajo, él terminó de llevarlo hasta el piso con sus pies. ¡Su joven y dura verga se liberó de su prisión! Agarré su carne palpitante y la acaricié lentamente mientras miraba la cara que John ponía, tenía los ojos cerrados, concentrándose en el sentir de mi clítoris en su mano y de su verga en la mía.
Mi mente luchaba con el conflicto de como bajar mi falda sin interrumpir la tarea de sus dedos, cuando lo logré volví a la mía y seguimos besándonos. Continuó masturbándome unos segundos más, pero yo lo necesitaba adentro. Giré sobre él dejándolo acostado boca arriba, levanté una pierna para pasarla sobre su marcado cuerpo y me senté sobre su pelvis, sin clavarme aún su hombría. Sentí como en un movimiento de mi cadera hacia adelante y luego uno hacia atrás mis labios se acomodaban sobre su verga caliente que goteaba. Mientras me estimulaba el clítoris con su pene, John soltó los botones de mi blusa, bajo mi brasier por mis hombros para descubrir mis tetas e inmediatamente las tomó a dos manos. Solo unos segundos más y hundí toda su polla en mi goteante vagina, sintiendo la deliciosa penetración de su virilidad en mi interior que ardía en llamas, comencé a montarlo como vaquerita sobre su toro.
Con mi mano lo tomé de la parte posterior de su cabeza y atraje su rostro hacia mis tetas. Entendió la instrucción mientras abría la boca, tomaba mi pezón derecho y comenzaba a chuparlo. Nuestra lujuria mutua era pura pasión mientras él mordía mis tetas y yo rebotaba en su joven verga. Perdí el control del tiempo y de mi cuerpo y solo una cosa me sacó del trance:
J: Me quiero correr, dijo con la voz forzada.
De momento pensé en lo rico que sentiría su descarga llena de energía dentro de mí, pero recordé que había dejado de planificar para poder quedar en embarazo. Lo saqué de mi antes que no tuviera retorno. Unos instantes más y toda su leche hubiera salido disparada sobre él y el sofá.
Me deslicé de su regazo hasta el suelo y entre sus piernas. Mientras me arrodillaba ante él recostado en el sofá, agarré su dura carne y metí su palpitante polla en mi boca, saboreando la mezcla de nuestros jugos por mi fogoso arranque. Usé mi lengua para lamer repetidamente desde sus bolas hasta la punta de su polla y viceversa. Él jadeó y gimió ruidosamente mientras yo mostraba mis habilidades para chupar pollas. Metí su verga lentamente hasta mi garganta y me encantó cuando se volvió aún más agresivo, puso sus manos en mi cabeza para asegurarse que está vez no iba a escapar y comenzó a follarme la boca en serio. La emoción de tener no sólo su joven pene en mi boca, sino también el tabú de que él fuera uno de mis alumnos me estaba volviendo loca. Había aprendido a controlar mi respiración y relajarme para no vomitar mientras su carne rozaba mi garganta. Empecé a sentir cómo se contraía su verga entre mis labios. Mi mano suave acarició sus bolas mientras me movía cada vez más rápido. Su respiración se volvió más pesada y superficial, y me di cuenta de que estaba a punto de correrse. Quería sentir su polla explotar en mi boca mientras me alimentaba con su caliente, espesa y cremosa carga de jugo de hombre. Dejó escapar un fuerte grito mientras empujaba sus caderas hacia mi boca. Su primer y segunda descarga de semen golpearon directamente la parte profunda de mi garganta, me tenía tan fuertemente ajustada de la cabeza que solo después de eso pude sentir el salado sabor de su leche cuando perdió un poco de fuerza en sus manos. Chupé y tragué todo mientras él llenaba mi boca. Cuando las últimas gotas de semen fueron drenadas de su polla, sentí que el cuerpo de John se relajaba mientras se recostaba en el sofá.
Me levanté, le sonreí y lo dejé allí vulnerable mientras fui al dormitorio. De regreso terminaba de quitar lo que quedaba de mi ropa y desnuda frente a él, pude verlo inspeccionando mi cuerpo. Estaba obsesionado con mi suave vulva recién depilada. Saqué un preservativo de su empaque, me acerqué a él y me senté en su regazo una vez más.
T: Quiero tu verga dura en mi coño de nuevo, le susurré al oído mientras empezaba a frotar suavemente mis labios calientes y húmedos contra su polla flácida, cuanto más sucio le hablaba, más dura se hacía su verga.
J: He soñado con esto todos los días que estuve en tu clase. Te veía moverte frente a la clase e imaginaba cómo sería hundir mi verga en la maestra, hablaba mientras tocaba y miraba mis tetas.
Mi vagina estaba empapada, John me tomó en sus fuertes brazos, me levantó de su regazo y me puso en el suelo, escuché que mi celular se caía cuando movió la mesa para hacernos espacio. Abrió mis piernas y se ubicó entre ellas, tomó el preservativo y se lo colocó, se hizo sobre mi apoyado sobre su codo al lado de mi cabeza. La presión de su peso sobre mí aumentó aún más mi excitación.
J: Dígame señora Sabogal, dígame que quiere. Preguntó mientras, sin dejar de mirarme, acomodaba la punta de su verga ya dura en mi entrada.
T: Quiero que me la metas, y me cojas fuerte, le supliqué mientras miraba perdidamente dentro de sus profundos ojos azules.
Apenas terminé de decirlo, John me lo empujó sin ceremonias, con su polla abriendo mi coño y hundiéndose profundamente en mí hasta la empuñadura. Gemí y jadeé cuando sentí su pene llenar por completo mi interior.
T: Oh si, que rico, era lo único que atinaba a decir.
El ritmo y fuerza de su bombeo aumentaba con cada embestida. Su polla estaba dura como una roca y tocaba mis puntos sensibles en lo más profundo de mí. Mi respiración se hizo cada vez más pesada, mientras mis gemidos se convertían en gritos. Mi cuerpo comenzó a temblar cuando sentí las primeras ondas orgásmicas formándose profundamente en mi centro.
T: Oh Dios, sí, hazme correr, no pares, no Pareeees, nogggggg, no pude terminar la frase cuando mi cuerpo se sacudió con fuerza por la ola del orgasmo que me golpeaba: Oooohhhhhh Síiiiiikkkkk.
John siguió golpeándome hasta que pude sentir su polla pulsando profundamente dentro de mi vagina. Sabía que estaba cerca a eyacular y luego empezó a contraerse mientras dejaba toda su joven semilla en el condón. Se desplomó encima de mí después de que las últimas corrientes de su semen se dispararon, tomo unos segundos y se tumbó boca arriba a mi lado sin decir una palabra, simplemente disfrutando del polvo salvaje y caliente que acabábamos de tener.
J: Si supiera cuanto había soñado con esto, señora Sabogal, dijo después de lo que pareció una eternidad. Fue incluso mejor de lo que había imaginado. Lo miré a los ojos y sonreí.
Aunque después de esa noche me hubiera podido llamar por mi nombre, me gustaba que me dijera señora Sabogal, me hacía sentir que tenía el poder. Hablamos un par de minutos más, le expliqué lo importante que era que nadie se enterara de nada. Me propuso ir a la cama para estar más cómodos, pero le dije que todo lo que quedara por pasar pasaría fuera del dormitorio. Se quedó un par de horas más en las que nuevamente tuvimos sexo. Esa es una de las ventajas de estos jóvenes, recuperación rápida, energía hasta el final. La naturaleza clandestina de la infidelidad, el morbo de que fuera mi estudiante y un buen periodo de abstinencia habían hecho que todo fuera mucho más excitante.
Después que John se fue, revisé mi celular, la primera parte no había quedado muy centrada y en la segunda parte solo se veía el techo, pero a pesar de eso, escuchar la canción de gemidos a 2 voces me prendía fácilmente. Finalmente, mi auto fue reparado por otro instructor mientras mi esposo llegaba y podía llevarlo al mecánico. John me buscó un par de veces más, pero yo había dejado claro que no volvería a pasar, me había dado una buena cogida y era todo lo que necesitaba.






